martes, 26 de octubre de 2021

1680. Perdido entre las arrugas – El Juglar del Evangelio sobre Lc 13,18-21

 Perdido entre las arrugas

 

En el camino hacia Jerusalén, san Lucas introduce, de pronto, la parábola del grano de mostaza (Lc 13,18-19), que en Mc y Mt está en la sección de parábolas (Mc 4,30-32; Mt 13,31-32), parábola de corte “masculino”, que va unida a otra de corte “femenino”. En ambas parábolas Dios es el protagonista: el Reino de Dios hoy es pequeño, Dios mismo se encargará de que sea… lo que él quiere que sea. Jesús contempla el milagro de Dios.

Al componer esta rima espiritual, volvemos afectivamente a nuestros años de estudio en Jerusalén (Studium Biblicum Franciscanum, 1984-87), cuando el profesor de muy grata memoria, P. Virgilio Ravanelli, en el huerto de los franciscanos de Betania nos explicó ante un arbusto de mostaza qué era la semilla de mostaza y que era la parábola. El texto bíblico, nos remite a la profecía de Ezequiel, al árbol que Dios va a plantar: “Aves de todas clases anidarán en él, anidarán al abrigo de sus ramas. (17,23).

 

Perdido entre las arrugas

de la palma de mi mano,

un granito de mostaza

me estaba quieto mirando.

 

Esto fue en la Tierra Santa

en el huerto franciscano,

que en el pueblo de Betania

tienen allí mis hermanos.

 

Y el profesor de Escritura                                                          

mientras tanto iba explicando:

Mirad este gran arbusto

que ha nacido de este grano.

 

El gran profeta Ezequiel,

que vivió días aciagos,

vio que las aves del cielo

anidaban en un árbol.

 

Era un árbol que Dios mismo

hermoso había plantado,

y aves de todas las gentes

venían a su resguardo.

 

¿A qué lo compararé,

decía el Rabbí enseñando,

si el reino es reino de Dios

y solo Dios es su amo?

 

Es un grano de mostaza,

el mínimo de los granos,

mas Dios es fuerte, es mi Padre

y él se encarga de cuidarlo.

 

El Reino es universal

y en Jesús está empezando,

la Iglesia es la servidora

del único y Solo Santo.

 

Dios reina y la tierra goza,

que en ella se está gozando,

por el Hijo de su amor,

que es Jesús, Verbo Encarnado.

 

Y mirando a las discípulas,

arrimadas a su lado,

¿a qué lo compararé?,

les decía preguntando.

 

Con imágenes caseras

misterios iba explicando.

Es como la levadura

de una mujer amasando.

 

Una cosa tan pequeña

fermenta a grande tamaño;

igual el reino pequeño

será grande y soberano.

 

Dios es Rey, el solo Rey,

Rey de todos los humanos,

y ha de reinar infinito,

abriendo a todos sus brazos.

 

Parábolas de esperanza

que Jesús ha predicado,

y doctrina de verdades

que quizás las olvidamos.

 

Único Doctor, Jesús,

ven otra vez a enseñarnos,

que stamos sufriendo mucho

y también desanimados.

 

Danos tu luz, que serena,

y abre cauces revelados,

¡ábrenos tu Corazón,

que en ti, Jesús, confiamos! Amén.


Madrid, martes sem. XXX, 26 octubre 2021.

 

lunes, 25 de octubre de 2021

1679. Una mujer encorvada – El Juglar del Evangelio Lc 13,10-17

 

Una mujer encorvada


El Evangelio de este lunes de la semana XXX del tiempo ordinario nos habla de la mujer enferma curada en sábado. “…12 Al verla, Jesús la llamó y le dijo: «Mujer, quedas libre de tu enfermedad». 13 Le impuso las manos, y enseguida se puso derecha. Y glorificaba a Dios. 14 Pero el jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado, se puso a decir a la gente: «Hay seis días para trabajar; venid, pues, a que os curen en esos días y no en sábado». 15 Pero el Señor le respondió y dijo: «Hipócritas: cualquiera de vosotros, ¿no desata en sábado su buey o su burro del pesebre, y los lleva a abrevar? 16 Y a esta, que es hija de Abrahán, y que Satanás ha tenido atada dieciocho años, ¿no era necesario soltarla de tal ligadura en día de sábado?»”.

Una mujer encorvada,

anónima y pobrecilla,

un día en la sinagoga,

a Jesús, Maestro oía.

 

Y cuánta consolación

aquella mujer sentía,

que, enferma en dieciocho años,

no conocía tal dicha.

 

Era aquel día sagrado,

Sábado por más noticia,

y el pueblo había acudido

a orar con las Profecías.

 

A Jesús le emocionó

ver aquello que veía,

que corazón y ternura

todo su ser revolvían.

 

Sin pedir permiso a nadie,

sabiendo bien lo que hacía,

“Dios te ha curado, mujer”

dijo con una sonrisa.

 

Y puso su mano suave,

suave como una caricia,

sobre el velo y la cabeza

de aquella mujer bendita.

 

Pero aquello fue un pecado

por ser sábado aquel día,

y al punto intervino el jefe

 a atajar tal tropelía.

 

Seis días a la semana

hay trabajo y medicina,

pero el Sábado es de Dios,

y aquí se lo santifica.

 

Ya el Señor no pudo más

y pronunció una diatriba:

con divina indignación

“Hipócritas” les decía.

 

¿No soltáis el buey y el asno

y los lleváis de la brida

a beber también en sábado,

porque así lo necesitan?

 

¿Y no puedo yo soltar

las cadenas que esclavizan

a esta hija de Abrahán

amada por Dios y mía?

 

Mi Jesús Liberador,

tus palabras se deslizan,

como bálsamo y perfume

por mi alma compungida.

 

Nos has revelado amor,

que eso solo fue tu vida;

eres tú el Señor del Sábado,

eres salud y alegría.

 

Eres mi hoy y futuro,

eres luz en mis pupilas,

eres palabra en mi boca

y sabor en mi saliva.

 

Eres mi contemplación,

la faz que me mira y mima,

eres Tú solo quien eres

y yo soy tu maravilla. Amén.

 

Madrid, lunes 25 octubre 2021