Perdido entre las arrugas
En el camino hacia Jerusalén, san Lucas introduce, de pronto, la parábola del grano de mostaza (Lc 13,18-19), que en Mc y Mt está en la sección de parábolas (Mc 4,30-32; Mt 13,31-32), parábola de corte “masculino”, que va unida a otra de corte “femenino”. En ambas parábolas Dios es el protagonista: el Reino de Dios hoy es pequeño, Dios mismo se encargará de que sea… lo que él quiere que sea. Jesús contempla el milagro de Dios.
Al componer esta rima espiritual, volvemos afectivamente a nuestros años de estudio en Jerusalén (Studium Biblicum Franciscanum, 1984-87), cuando el profesor de muy grata memoria, P. Virgilio Ravanelli, en el huerto de los franciscanos de Betania nos explicó ante un arbusto de mostaza qué era la semilla de mostaza y que era la parábola. El texto bíblico, nos remite a la profecía de Ezequiel, al árbol que Dios va a plantar: “Aves de todas clases anidarán en él, anidarán al abrigo de sus ramas. (17,23).
Perdido entre las arrugas
de la palma de mi mano,
un granito de mostaza
me estaba quieto mirando.
Esto fue en la Tierra Santa
en el huerto franciscano,
que en el pueblo de Betania
tienen allí mis hermanos.
Y el profesor de Escritura
mientras tanto iba explicando:
Mirad este gran arbusto
que ha nacido de este grano.
El gran profeta Ezequiel,
que vivió días aciagos,
vio que las aves del cielo
anidaban en un árbol.
Era un árbol que Dios mismo
hermoso había plantado,
y aves de todas las gentes
venían a su resguardo.
¿A qué lo compararé,
decía el Rabbí enseñando,
si el reino es reino de Dios
y solo Dios es su amo?
Es un grano de mostaza,
el mínimo de los granos,
mas Dios es fuerte, es mi Padre
y él se encarga de cuidarlo.
El Reino es universal
y en Jesús está empezando,
la Iglesia es la servidora
del único y Solo Santo.
Dios reina y la tierra goza,
que en ella se está gozando,
por el Hijo de su amor,
que es Jesús, Verbo Encarnado.
Y mirando a las discípulas,
arrimadas a su lado,
¿a qué lo compararé?,
les decía preguntando.
Con imágenes caseras
misterios iba explicando.
Es como la levadura
de una mujer amasando.
Una cosa tan pequeña
fermenta a grande tamaño;
igual el reino pequeño
será grande y soberano.
Dios es Rey, el solo Rey,
Rey de todos los humanos,
y ha de reinar infinito,
abriendo a todos sus brazos.
Parábolas de esperanza
que Jesús ha predicado,
y doctrina de verdades
que quizás las olvidamos.
Único Doctor, Jesús,
ven otra vez a enseñarnos,
que stamos sufriendo mucho
y también desanimados.
Danos tu luz, que serena,
y abre cauces revelados,
¡ábrenos tu Corazón,
que en ti, Jesús, confiamos! Amén.
Madrid, martes sem. XXX, 26 octubre 2021.