sábado, 20 de noviembre de 2021

1693. Dom. XXXIV, B – Jesús es nuestro Rey eterno


Jesús es nuestro Rey eterno

Jn 18,33b-37

Texto bíblico

33 Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo: «¿Eres tú el rey de los judíos?». 34 Jesús le contestó: «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?». 35 Pilato replicó: «¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?». 36 Jesús le contestó: «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí». 37 Pilato le dijo: «Entonces, ¿tú eres rey?». Jesús le contestó: «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz».

 

Hermanos:

1. Si el Evangelio es revelación y solo lo podemos entender como revelación, como repetidamente lo vemos diciendo, ¿qué significa exactamente la revelación de que Jesús es Rey?

Hay que ser de la verdad, hijo de la verdad de Dios, para poder recibir esta revelación de que Jesús, un hombre sencillo de Nazaret, que llamó mucho la atención, y que al fin murió del modo más ignominioso en la cruz, desnudo y ultrajado, sea proclamado, en la cúspide de nuestra fe, Rey, Rey, Hijo de Dios con un título que ningún mortal ha tenido.

 

2. Humildemente tenemos que acercarnos a los textos de la celebración de hoy para entrar en esta divina verdad.

Nosotros conocemos por la experiencia de la historia qué es un rey humano, rey que puede llamarse emperador si sus poderes y dominios transcienden los límites de su propio país. Rey, Emperador, Faraón son títulos que responden a realidades que han existido en la historia de los hombres.

 

Un jurista, un filósofo, nos dirá qué implica ser rey. Rey es el que tiene el poder legislativo: el que hace Leyes. Rey es el que pone en funcionamiento esas leyes, porque gobierna. Rey es el que ejecuta con castigo el incumplimiento de esas leyes. El Rey ideal es el que tienen en sus manos los tres poderes de la convivencia humana: legislativo, gubernativo y judicial.

A estas alturas de la humanidad, ese Rey no existe y los tres poderes, que en última instancia radican en el pueblo, en la voluntad popular, son tres poderes diferentes y separados; y las monarquías que existen son monarquías parlamentarias, es decir, monarquías sujetas a un Parlamento, y el parlamento se elige por la voluntad popular. El Rey reina, pero el Rey no gobierna. El Rey reina, pero no juzga: juzga el poder judicial.

Por otra parte, en un reino hay un ejército, que se encarga de defender los límites y derechos del reino. Por propia autoridad es el general, generalísimo, del ejército.

Hermanos, estamos hablando en términos humanos, para seguir pidiendo la luz de Dios, y continuar diciendo: nada de esto es Jesús, cuando decimos que Jesucristo es nuestro Rey, Rey del universo. Jesucristo nunca ha sido un rey de la historia, ni nunca lo va a ser. Acaso nos hayamos confundido cuando hemos querido aplicar conceptos mundanos a realidades que son divinas.

 

3. He aquí el primer mensaje de las lecturas de hoy que nos llevan a la revelación de la realeza divina de Jesús. El profeta Daniel, en la principal visión de su libro, nos narra que vio el cielo y allí a Dios como un anciano de días. Dios no tiene figura, pero de alguna manera hay que representarlo para nuestra comprensión imaginativa. Vio multitud de seres celestiales que servían a Dios. Y de pronto, vio un ser humano, más importante que todos los seres celestiales. Lo cuenta así:

“Y en mi visión nocturna | vi venir una especie de hijo de hombre entre las nubes del cielo. | Avanzó hacia el anciano y llegó hasta su presencia. | A él se le dio poder, honor y reino. | Y todos los pueblos, naciones y lenguas lo sirvieron. | Su poder es un poder eterno, no cesará. | Su reino no acabará”. (Dan 7,13-14).

 

De todos los títulos de la Biblia, Jesús ha escogido uno para sí: “Hijo de hombre”, y se refería a este pasaje sublime.

A este hijo de hombre, a este que ha sido hombre como yo, siendo en realidad Hijo de Dios, después de su resurrección se le ha dado lo que a nadie se le ha dado ni se le puede dar: se le ha dado honor, poder y reino, un reino que no acabará.

Jesús había muerto de la manera más ignominiosa y lamentable, sin que en ningún momento perdiera su dignidad; pues a ese Jesús, muerto de esa manera, se le ha dado la dignidad que le correspondía como Hijo de Dios, se el ha dado poder y gloria.

Cosas divinas había visto el profeta Daniel, pero no había alcanzado a ver lo que nosotros estamos viendo: que Jesús Resucitado, el Viviente, ese es nuestro Rey.

 

4. El apóstol san Juan lo vio en el Apocalipsis: “Jesucristo, | el testigo fiel, | el primogénito de entre los muertos, | el príncipe de los reyes de la tierra. | Al que nos ama, | y nos ha librado de nuestros pecados con su sangre, | y nos ha hecho reino y sacerdotes para Dios, su Padre. | A él, la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén” (Jn 1,4-5).

 

El Evangelio de san Juan, más que ningún otro, nos ha expuesto la verdadera realeza de Cristo. El punto culminante de la Pasión y Muerte de Jesús se centra en su realeza divina. «Entonces, ¿tú eres rey?». Jesús le contestó: «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz».

 Pilato mandó escribir la causa de la condena: JESÚS EL NAZARENO, EL REY DE LOS JUDÍOS. Y cuenta el evangelista: Entonces los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: «No escribas “El rey de los judíos”, sino: “Este ha dicho: Soy el rey de los judíos”». Pilato les contestó: «Lo escrito, escrito está» (Jn 19,21-22).

 

5. Hermanos, Jesús es nuestro Rey. Esta verdad central orienta completamente nuestra vida personal. Y ciertamente que no podemos imponer nuestra fe a nadie; pero, como toda sociedad descansa y se construye desde una pensamiento, yo debo utilizar mi visión cristiana que deriva de la figura de Jesús, Rey y Revelador, para defender mis principios. Por ejemplo, la esclavitud, la pena de muerte, la eutanasia, la prostitución yo las puedo y las debo rechazar como formas de convivencia humana, porque contradicen a la dignidad del ser humano – hombre o mujer – que yo tengo como tejido de mis convicciones humanas, y que no tendría si no me hubiera encontrado con la persona de Jesús, Hombre, Hijo de Dios, Rey del Universo.

Mi tarea es, pues, entregarme sin condiciones al reinado de Jesús en mi propio ser, en mi familia, en mi profesión y trabajo y en la vida social en que puedo influir.

Jesús en la cruz nos aguarda para darnos la dulzura infinita de su amor. Jesús vence muriendo, reina muriendo, y él es el manantial de nuestra alegría y felicidad.

Día de Cristo Rey, en la Iglesia Católica Jornada Mundial de l Juventud. Pero es mucho más que todo eso.

Jesús es el sentido de mi vida: Jesús es mi ruta; Jesús es mi felicidad y mi futuro.

 

Señor Jesús, te acepto como mi Dios, mi Rey y mi todo. Haz que toda mi vida esté llena de ti, y allí donde esté, donde viva y trabaje, mis palabras mi comportamiento, estén diciendo amablemente a todos que tú eres el verdadero y único Rey del Universo, para gloria del Padre. Amén.

 

Madrid, sábado, 20  nov. 2021.

 

 

HIMNO A JESUCRISTO REY

 

(Al eco de esta homilía, vaya este Himno para la liturgia de esta solemnidad)

 

Jesús, oh Rey de amor, que al mundo envuelves

en el perdón en cruz, que mana sangre,

eres Rey declarado en el suplicio:

tu vida entera fue nuestro rescate.

 

A ti te bendecimos y adoramos,

fiador por nosotros ante el Padre,

hermano y rey por ser el Hijo santo,

que en ti tomaste, tuya nuestra carne.

 

Testigo fiel, ternura compasiva

Verdad de Dios, verdad de las verdades,

descienda tu palabra hasta la entraña,

y tu vida contigo nos iguale.

 

Y sea así el reinado que tú quieres,

unidad de amor que nos compartes;

un solo corazón en cielo y tierra

un solo corazón que vive y late.

 

Tú eres nuestro rey: nos entregamos,

has ganado, Jesús, en tu combate;

que amor divino es siempre vencedor

y tu amor ha aniquilado nuestros males.

 

Jesús Resucitado, a ti la gloria,

que tu reino prometes y nos abres;

las gracias infinitas de tu iglesia

acéptalas cual íntimo homenaje. Amén.

jueves, 18 de noviembre de 2021

1692. Las lágrimas de Jesús – Rima espiritual

 

Las lágrimas de Jesús

 

Tres veces nos habla el Nuevo Testamento de las lágrinas de Jesús. Ante la tumba de Lázaro: Viendo llorar a Marta y a los judíos que la acompañaban, “Jesús se echó a llorar” (Jn 11,35). En el Huerto de la agonía: “en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, siendo escuchado por su piedad filial” (Heb 5,7). Y en la semana final, al bajar del monte de los Olivos (Dominus flevit) el Evangelio de hoy, jueves de la sem. XXXIII (Lc 19,41-44) dice:  “41 Al acercarse y ver la ciudad, lloró sobre ella, 42 mientras decía: «¡Si reconocieras tú también en este día lo que conduce a la paz! Pero ahora está escondido a tus ojos. 43 Pues vendrán días sobre ti en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco de todos lados, 44 te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra. Porque no reconociste el tiempo de tu visita».

Alguien me dice: “¿Lloraría hoy por su Iglesia? Creo que no porque en medio de muchas debilidades hay santidad, fe, esperanza y amor...”

 

Las lágrimas de Jesús

son de dolor y dulzura.

Llora el Amor, y si llora

esas lágrimas me curan.

 

¿Lloras por Jerusalén

viendo en tus ojos su ruina?

¿Cómo lloras por tu esposa,

a quien amas con locura?

 

Jerusalén, amor mío,

mi amor y mi desventura,

si al menos hoy conocieras…

no sería noche oscura.

 

Jerusalén, por ti lloro,

por ti muero en esta angustia,

y nueva vas a nacer

conmigo en mi sepultura.

 

Serás espiga dorada

y bendición y ventura,

y en ti se bendecirán

razas, pueblos y culturas.

 

Serás Iglesia preciosa;

mi pecho será tu cuna,

la promesa de Abraham

no ha de quedar infecunda.

 

¿Hoy lloraría Jesús,

al ver la túnica sucia?

Confieso, sí, mi Señor,

que las manchas son mis culpas.

 

Pero tu eterna belleza

resplandece toda pura,

y el amor vence al pecado

y yo veo tu hermosura.

 

Y la esposa del Cantar,

que danza al aire y exulta,

sigue cantando a su esposo,

el cantar que a él le gusta.

 

Goza Jesús con su esposa

en la divina liturgia,

goza en amor servicial,

derroche sin cuenta alguna.

 

Goza Jesús con su Iglesia,

su amada, la Iglesia suya,

la que mira a sus pupilas,

joven sin mancha ni arruga.

 

Vive la Iglesia, vive el amor;

vive, venid a la escucha.

Vive el Espíritu santo:

Sentidlo, vive y actúa.

 

Y yo también quiero ser

luz del monte o llama oculta,

que la gente vea en mí

que la Luz del mundo alumbra.

 

No llores, Jesús; sonríe,

y bríndame tu aleluya;

mis ojos lo necesitan,

y que mi fe no sucumba.

 

Manantial de toda paz,

gozo en las horas nocturnas,

tú que eres seguridad

sé nuestra segura brújula.

 

Si todo amor saca amor,

de tu Amor el nuestro fluya,

y sea la Iglesia un prado

de tu infinita ternura. Amén.

 

Madrid, jueves sem. XXXIII, 18 nov. 2021

sábado, 13 de noviembre de 2021

1691. Dom. XXXIII, B – El Hijo del hombre con gran poder y gloria

 


El Hijo del hombre con gran poder y gloria

Mc 13,24-32


 

Texto bíblico

24 En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, 25 las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. 26 Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y gloria; 27 enviará a los ángeles y reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo. 28 Aprended de esta parábola de la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; 29 pues cuando veáis vosotros que esto sucede, sabed que él está cerca, a la puerta. 30 En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda. 31 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. 32 En cuanto al día y la hora, nadie lo conoce, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, solo el Padre.

 

 

Hermanos:

1. Nosotros, como cristianos, por la gracia de Dios, tenemos una fe, que es la que nos da el sentido de la nuestra existencia, sometida a tanos dolores, la seguridad, la paz, la esperanza.

Nuestra fe está, toda ella, en los santos Evangelio. Y el Evangelio que es un libro, es, por encima de todo, una persona. Jesús es nuestra fe, él es el amor y la seguridad de nuestra vida.

El Señor ha vivido toda su existencia en unión plena con el Padre, como Hijo, en una intimidad que ha sido su vida entera. Es el misterio de su propia persona, que nunca nosotros, humildes criaturas, podremos abarcar.

Jesús ha visto su muerte en cruz como parte esencial de su existencial. Sin la muerte en cruz la vida de Jesús dejaría de ser su vida. En la trayectoria de su vida pública, repetidamente la ha anunciado. Recordemos el primero de los tres anuncios solemnes de la Pasión: “Y empezó a instruirlos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser reprobado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días»” (Mc 8,31).

El anuncio de la muerte, que de pronto los discípulos no entienden, no termina en la muerte, sino en la resurrección.

 

2. Con todo, hermanos, el Evangelio hoy nos presenta una escena terminal, más allá de la resurrección de Jesús. Bien podemos pensar que esta es la revelación final, expresada de varios modos en los distintos Evangelios. Se trata de la revelación última que Jesús hace de sí mismo, de la conciencia que él tiene de sí, de la misión que se la ha confiado, del triunfo último al lado del Padre, como Señor de la creación y de la historia humana.

Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y gloria; enviará a los ángeles y reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.

Dios tiene la palabra final de la historia, la palabra sobre la creación y sobre el hombre.

Esta creación pasará y vendrá el mundo nuevo, Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva, pues el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, dice san Juan en el Apocalipsis (21,1).

Pertenece, pues, al ámbito gozoso de nuestra fe esta visión de Jesús en su triunfo final, que no es otro sino el triunfo mismo de Dios.

Los libros sagrados del pueblo elegido han hablado de la protección del arcángel Miguel en la hora de la suprema lucha, como lo hemos escuchado en primera lectura: Por aquel tiempo se levantará Miguel, el arcángel que se ocupa de tu pueblo: serán tiempos difíciles, como no los ha habido desde que hubo naciones hasta ahora. Entonces se salvará tu pueblo: todos los inscritos en el libro (Dan 12).

Jesús, que sepamos, nunca ha hablado del arcángel san Miguel como proyector del pueblo elegido, cuando él mismo es el que va a aparecer como nuestro juez triunfante y liberador.

Pero sí ha hablado de los ángeles como enviados suyos: enviará a los ángeles y reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.

 

3. Esta imagen de Jesús, lleno de gloria y de amor, nos produce confianza, mirando nuestro futuro. Hemos orado:

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti

El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;

mi suerte está en tu mano.

Tengo siempre presente al Señor,

con él a mi derecha no vacilaré.

 

En esta imagen de fe hemos visto a Cristo nuestro Sacerdote ante el Padre:

Cristo ofreció por los pecados, para siempre jamás, un solo sacrificio; está sentado a la derecha de Dios … Con una sola ofrenda ha perfeccionado para siempre a lo que van siendo consagrados. Donde hay perdón, no hay ofrenda por los pecados.

 

El próximo domingo vamos a coronar el año litúrgico con la fiesta de Cristo Rey: Jesucristo, Rey del universo.

 

4. La vida avanza, hermanos, y con la vida avanzan nuestros pensamientos. A medida que se van acumulando los años, es lógico que aumenten nuestras preocupaciones. La imagen de Jesús, revelada en los Evangelio, tal como él mismo se nos ha presentado nos conforta.

Los grandes poderes que dominan el mundo, que son la economía, la política, y el deseo desenfrenado de cuanto produce placer, no pueden ser las fuerzas definitivas de la historia; ni pueden ser tampoco, como es evidente, las fuentes de nuestra felicidad. Lo que el ser humano ansía lo encuentra en Dios, puesto que ha sido creado con un ansia indestructible de inmortalidad.

En Jesús encontramos sentido y paz. Y esto vale lo mismo para darnos serenidad en los acontecimientos mundiales, si los grandes problemas de la humanidad nos preocupan (se acaba de celebrar los días pasados la cumbre de Glasgow sobre el cambio climático y el deterioro del planeta), como los acontecimientos familiares que nos afectan en carne propia; y todavía más, la propia situación personal que puede pasar por trances difíciles.

Jesús nos da seguridad y confianza en toda ocasión.

No es evadirnos de los problemas, que como familia humana que compartimos a todos nos importan y a todos nos afectan, sino que es ir a la raíz de las cosas, de donde nace la luz y de donde viene el equilibrio y la confianza.

Para nosotros, creyentes, es Dios.

Para nosotros, cristianos, es Jesús.

Él pasó por la Cruz y un día aparecerá en gloria. El nos asiste, él nos va a juzgar. En el Evangelio de Juan leemos estas manifestaciones que nadie sino él habría podido hacer: el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo todo el juicio, para que todos honren al Hijo como honran al Padre (Jn 5,22-23).

 

Concluimos mirando a ese Cristo, Hijo de Dios que ha de venir.

Señor Jesús, un día vendrás en gloria y será nuestro juez; haz que nuestra vida brille en tu presencia y que nuestro juicio final sea un abrazo contigo por toda la eternidad. Amén.

 

Madrid, sábado, 13 nov. 2021.