Hoy, a los 500 años de la Reforma, 31 octubre 1517-2017
Reflexión dirigida a quienes andamos por los rumbos
de la Exégesis de la Biblia y de la Teología, y a cuantos hermanos y hermanas
que han comprendido que la unidad en el amor es el corazón de la Iglesia.
Unas palabras diferentes
He aquí cómo comienza u documento que se ha firmado hoy, y que se titula “Declaración
conjunta de la Federación Luterana Mundial y el Pontificio Consejo”
“El 31 de octubre de 2017, último día del año de conmemoración ecuménica
común de la Reforma, estamos muy agradecidos por los dones espirituales y
teológicos recibidos a través de la Reforma, conmemoración que compartimos
juntos y con nuestros asociados ecuménicos del mundo entero. Asimismo, pedimos
perdón por nuestros fracasos, las formas en que los cristianos han herido el
Cuerpo del Señor y se han ofendido unos a otros durante los 500 años
transcurridos desde el inicio de la Reforma hasta hoy.
Nosotros, luteranos y católicos, estamos profundamente agradecidos por el
camino ecuménico que hemos recorrido juntos en los últimos 50 años. Esa
peregrinación, sostenida por nuestra oración común, el culto y el diálogo
ecuménico, redundó en la eliminación de prejuicios, una mayor comprensión mutua
y la identificación de decisivos acuerdos teológicos. Frente a tantas
bendiciones a lo largo del camino, elevamos nuestros corazones en alabanza al
Dios Trino por la misericordia recibida”.
Más abajo se recuerda:
Nos alegra que la Declaración conjunta sobre la doctrina de la
justificación, firmada en un acto solemne por la Federación Luterana Mundial y
la Iglesia Católica Romana en 1999, también fuera firmada en 2006 por el
Consejo Metodista Mundial y por la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas en este
año de conmemoración. Además, hoy mismo será acogida y recibida por la Comunión
Anglicana en una ceremonia solemne en la abadía de Westminster. Sobre esta base
nuestras comuniones cristianas pueden construir un vínculo más estrecho de
consenso espiritual y testimonio común en el servicio del evangelio.
Nos alegra que la Declaración
conjunta sobre la doctrina de la justificación, firmada en un acto solemne por
la Federación Luterana Mundial y la Iglesia Católica Romana en 1999,
también fuera firmada en 2006 por el Consejo Metodista Mundial y por la
Comunión Mundial de Iglesias Reformadas en este año de conmemoración. Además,
hoy mismo será acogida y recibida por la Comunión Anglicana en una ceremonia
solemne en la abadía de Westminster. Sobre esta base nuestras comuniones
cristianas pueden construir un vínculo más estrecho de consenso espiritual y
testimonio común en el servicio del evangelio”.
Más allá de todos los documentos
Gracias a Dios, hoy tenemos unos documentos preciosos – serios, serenos,
profundos – para resituar personas y cuestiones que antes las habíamos tratado
de otro punto. Ahora bien, hace falta valor para entrar en esta documentación.
Hace falta verdadero “fuerzo intelectual” para entrar en estos mundos.
Para preparar el Año de la Reforma – este 2017 – una Comisión Luterano-Católica
preparó en 2013 un Informe (así calificaron este documento). Era todo un
pequeño libro, titulado Del conflicto a la comunión (Sal
Terrae, 124 pp). Nunca anteriormente habíamos tenido esta oportunidad: dialogar
en espíritu ecuménico, es decir sin que yo vea al contrario como mi adversario,
mi contrario me vea a mí como adversario.
Es evidente que nadie pueda hablar despiadado y despectivo contra Lutero si
antes no sabe responder correctamente a esta pregunta: Tú ¿Qué has leído de
cosas escritas por Lutero…, no acerca de lo que otros escribieron de Lutero?
Esto supone una pureza y sinceridad de corazón que solo Dios nos la puede
otorgar. Yo, católico sincero, “instintivamente” me negaré a dar a Lutero un título
como “testigo del Evangelio” o “testigo de Jesucristo”. Esos documentos ecuménicos
se lo dan… Humildemente uno se queda pensativo, abierto y diciendo: ¿En qué
sentido…?
Uno se queda un tanto reticente por esa superposición y fusión entre “doctrina”
(tantas veces maravillosa y fascinante) y “persona”: si Lutero fue un buen
fraile, fervoroso, luego aborreció la vida religiosa. El prior general de la Orden
de San Agustín remarcaba estos contrastes “También es cierto que Lutero no solo
abandonó la Orden, sino que abominó de la vida religiosa con todas sus fuerzas,
rechazó las practicas ascéticas y de piedad, el rezo del breviario y otras
obligaciones, modificó radicalmente la teología sacramentaria, condenó los
votos y promovió el abandono y la fuga masiva de los consagrados. El daño
causado a la Orden y a la vida religiosa en Alemania fue enorme. Lutero fue
hermano nuestro durante un tiempo y compartió nuestro carisma, pero él mismo se
situó fuera de la Orden con sus opciones, sus iniciativas y sus decisiones.
La Orden de San Agustín, a la que perteneció Lutero, no tiene motivos para
celebrar los 500 años del inicio de la Reforma pero sí para conmemorarlos. Y lo
hacemos con serenidad, resaltando los aspectos positivos que originó: la
revalorización del individuo, la reforzada confianza en Dios, la centralidad de
la Sagrada Escritura, el acercamiento de la liturgia al pueblo, el desarrollo
del sentido comunitario, la sana laicidad, la necesidad de reforma entendida
como retorno a lo esencial…” (Roma, 28 de septiembre de 2017 P. Alejandro Moral
Antón. Prior General OSA).
El Papa Benedicto XVI, con su luminosa inteligencia, y con su bondad a
raudales, hablaba así de Lutero en Erfurt, donde Lutero estudió Teología:
“Como Obispo de Roma, es para mí un momento de profunda emoción
encontrarlos aquí, en el antiguo convento agustino de Erfurt. Hemos escuchado
que aquí, Lutero estudió teología. Aquí celebró su primera Misa. Contra los
deseos de su padre, no continuó los estudios de derecho, sino que estudió
teología y se encaminó hacia el sacerdocio en la Orden de San Agustín. Y en
este camino, no le interesaba esto o aquello. Lo que le quitaba la paz era la
cuestión de Dios, que fue la pasión profunda y el centro de su vida y de todo
su camino. “¿Cómo puedo tener un Dios misericordioso?”: Esta pregunta le
penetraba el corazón y estaba detrás de toda su investigación teológica y de
toda su lucha interior. Para Lutero, la teología no era una cuestión académica,
sino una lucha interior consigo mismo, y luego esto se convertía en una lucha
sobre Dios y con Dios.
“¿Cómo puedo tener un Dios misericordioso?” No deja de sorprenderme en el
corazón que esta pregunta haya sido la fuerza motora de su camino. ¿Quién se
ocupa actualmente de esta cuestión, incluso entre los cristianos? ¿Qué
significa la cuestión de Dios en nuestra vida, en nuestro anuncio? La mayor
parte de la gente, también de los cristianos, da hoy por descontado que, en
último término, Dios no se interesa por nuestros pecados y virtudes. Él sabe,
en efecto, que todos somos solamente carne. Si hoy se cree aún en un más allá y
en un juicio de Dios, en la práctica, casi todos presuponemos que Dios deba ser
generoso y, al final, en su misericordia, no tendrá en cuenta nuestras pequeñas
faltas. La cuestión ya no nos preocupa. Pero, ¿son verdaderamente tan pequeñas
nuestras faltas? ¿Acaso no se destruye el mundo a causa de la corrupción de los
grandes, pero también de los pequeños, que sólo piensan en su propio beneficio?
¿No se destruye a causa del poder de la droga que se nutre, por una parte, del
ansia de vida y de dinero, y por otra, de la avidez de placer de quienes son
adictos a ella? ¿Acaso no está amenazado por la creciente tendencia a la
violencia que se enmascara a menudo con la apariencia de una religiosidad? Si
fuese más vivo en nosotros el amor de Dios, y a partir de Él, el amor por el
prójimo, por las creaturas de Dios, por los hombres, ¿podrían el hambre y la
pobreza devastar zonas enteras del mundo? Y las preguntas en ese sentido podrían
continuar. No, el mal no es una nimiedad. No podría ser tan poderoso, si
nosotros pusiéramos a Dios realmente en el centro de nuestra vida. La pregunta:
¿Cómo se sitúa Dios respecto a mí, cómo me posiciono yo ante Dios? Esta
pregunta candente de Lutero debe convertirse otra vez, y ciertamente de un modo
nuevo, también en una pregunta nuestra, no académica, sino concreta. Pienso que
esto es la primera cuestión que nos interpela al encontrarnos con Martín
Lutero.
Y después es importante: Dios, el único Dios, el Creador del cielo y de la
tierra, es algo distinto de una hipótesis filosófica sobre el origen del
cosmos. Este Dios tiene un rostro y nos ha hablado, en Jesucristo hecho hombre,
se hizo uno de nosotros; Dios verdadero y verdadero hombre a la vez. El
pensamiento de Lutero y toda su espiritualidad eran completamente
cristocéntricos. Para Lutero, el criterio hermenéutico decisivo en la
interpretación de la Sagrada Escritura era: “Lo que conduce a la causa de
Cristo”. Sin embargo, esto presupone que Jesucristo sea el centro de nuestra
espiritualidad y que el amor a Él, la intimidad con Él, oriente nuestra vida” (Encuentro
con los representantes del Consejo de la "Iglesia evangélica en Alemania",
23 septiembre 2011).
La última palabra de Lutero
(febrero 1546), la última enseñanza
Lutero murió cristianamente, piadosamente en Eisleben, quiso morir donde
había nacido.
Para quienes nos ocupamos para anunciar y explicar de continuo la Sagrada Escritura
nos resulta emocionante – por su íntima verdad – esta hoja que escribió Lutero
pocos días antes de morir, su último escrito de humanista, de teólogo, de
creyente:
1. Virgilium in Bucolicis nemo potest intelligere,
nisi fuerit quinque annis Pastor. Virgilium in Georgicis nemo potest
intelligere, nisi fuerit quinque annis Agricola.
2. Ciceronem in epistolis (sic praecipio) nemo
integre intelligit, nisi viginti annis sit versatus in Republica aliqua
insigni.
3. Scripturas sanctas sciat se nemo degustasse
satis, nisi centum annis cum Prophetis, ut Elia et Elisaeo, Ioanne Baptista,
Christo et Apostolis Ecclesias gubarnarit.
Hanc tu ne divinam Aeneida tenta,
Sed vestigia pronus adora.
Wir sind Bettler, Hoc est verum.
"Nadie puede entender a Virgilio
en las Bucólicas, si no ha sido
pastor durante cinco años. Nadie puede entender a Virgilio en las Geórgicas si no ha sido agricultor durante
cinco años. A Cicerón en las epístolas
(así lo ordeno) nadie le ha de entender enteramente si antes no se ha implicado
en una República insigne durante veinte años.
Y nadie piense que ha saboreado
bastante las santas Escrituras, si no ha gobernado durante cien años las Iglesias
con los Profetas, como Elías y Eliseo, Juan Bautista, Cristo y los Apóstoles.
(Y aludiendo de nuevo a Virgilio).
No intentes esta divina Eneida. Solo, postrado en tierra, adora. Wir sind
Bettler = (en alemán) Nosotros somos mendigos. Esto es
verdad".
Efectivamente, en esto Lutero
tiene razón. La Escritura no es academia, la Escritura no es teología, la Escritura
es el misterio de Dios con su Iglesia. Al final, solo Él.
Han sido 500 años de mucho dolor.
El Señor en su misericordia nos
conduzca, como así lo hace.
Mi Señor me justifica
“Porque en él se revela la
justicia de Dios de fe en fe,
como está escrito: El
justo por la fe vivirá” (Rom 1,17).
1. Mi Señor me justifica,
dulce poder de la gracia,
que revela el Evangelio,
y el alma toda se sacia.
2. No es ni Romanos ni Gálatas;
es Jesús que adentro habla,
mi Jesús que trae el Reino
con las Buenaventuras.
3. Su vida toda y pasión
y la mañana de Pascua,
cubren puras mi conciencia,
y vivo bajo sus alas.
4. Mi libertad es regalo,
que yo soy hijo de casa,
rey de un imperio de amor
del Hijo que reina y ama.
5. Soy todo yo siendo suyo,
de Cristo la esposa santa,
yo soy su misericordia,
soy su gloria y alabanza.
6. Por obra del santo Espíritu
que en mi frente se derrama,
soy la nueva creatura
bañada y santificada.
7. Soy de Jesús: él lo sabe,
mi Pastor y suave vara;
todo de Dios siendo hombre
y la Trinidad me abraza. Amén.
Guadalajara,
31 octubre 2017,
Víspera
de Todos los Santos,
En
el 500 aniversario.
Tambien Jesús fué un reformador,,,
ResponderEliminarNo conviene comparar personas o cosas entre sí, para evitar que alguna se sienta menospreciada o porque cada una tiene sus propios valores.
ResponderEliminarComparar al reformador Lutero con Jesucristo no lo considero en absoluto acertado. Incuso diría que es muy desafortunado.
Lutero destruyó. Jesucristo perfeccionó. Decía Benjamín Franklin que EL PASADO NADIE PUEDE CAMBIARLO, PERO TODO EL MUNDO PUEDE CONTARLO AL REVÉS.
En los textos evangélicos Jesucristo mismo lo afirma de forma terminante. No vino a destruir, sino a cumplir hasta la última palabra.
No hay comparación.
Lutero entra entre la pléyade de personajes históricos del cristianismo que fueron excomulgados como consecuencia de sus “reformas”.
En la historia del cristianismo esos “reformadores” son legión. Ya san Pablo, en sus cartas, se lamenta que en su época pastoral había “iluminados”:
MAS SI AÚN NOSOTROS, O UN ÁNGEL DEL CIELO, OS ANUNCIARE OTRO EVANGELIO DIFERENTE DEL QUE OS HEMOS ANUNCIADO, SEA ANATEMA. COMO ANTES HEMOS DICHO, TAMBIÉN AHORA LO REPITO: **SI ALGUNO OS PREDICA DIFERENTE EVANGELIO DEL QUE HAN RECIBIDO, SEA ANATEMA**
Nihil novis sub sole.
Saludos. Juan José.