Entra en mi gozo, hijo mío
Intra in gaudium
Domini tui (Mt 25,21.23)
La parábola nos habla del siervo “bueno”
y “fiel”, que merece la felicitación de su amo. No creo traicionar a la
exégesis, si tras la palabra veo a la comunidad celebrante que espera la vuelta
del Señor Jesús.
Tras la felicitación viene la
invitación: “Entra en la alegría de tu Señor”.
Entiendo que no hace falta apurar la metáfora, para traducir la alegría (jará) por “banquete” (Pasa al banquete de tu señor), y la
nueva versión del Epsicopado ha recobrado la versión tradicional: “Entra en el gozo de tu Señor”.
La parábola nos invita a preguntarnos: ¿Quién
es Dios para mí…? Dime quién es tu Dios y te diré quién eres tú. Ciertamente el
tercer personaje no nos da al Dios de la Biblia, cuando intenta
autojustificarse: Te tuve miedo…
San Agustín comenta el explosivo salmo
95:
“Aclamen
los árboles del bosque, delante del Señor, que ya llega, ya llega a regir la
tierra. Vino una primera vez, pero vendrá
de nuevo. […]
En efecto, ¿qué clase de
amor a Cristo es el de aquel que teme su venida? ¿No nos da vergüenza,
hermanos? Lo amamos y, sin embargo, tememos su venida. ¿De verdad lo amamos?
¿No será más bien que amamos nuestros pecados?” (S. Agustín, Comentario
al salmo 95).
Pensamiento, o más bien
sensaciones, que nos llevan por la vía estética a cantar “el gozo de mi Señor”,
en el que yo entro, en el que yo me pierdo.
1. Entra en mi gozo, hijo mío,
el de la frente cansada:
los talentos han rendido,
que viste el triunfo en mi gracia.
2. Que viste el rostro de Dios
como la fuerza del alba,
Dios de la vida rompiente,
siempre más cuando te abraza.
3. Siervo bueno, siervo fiel,
¡felicidades y palmas!
Entra en mi gozo y comparte
el banquete de mi alma.
4. Mi vida no tiene muerte,
porque es vida en abundancia;
no hay números de contar
donde la vida es mi estancia.
* * *
5. Yo nací para esta vida
con infinita nostalgia,
desperté de amor herido
y el amor me hiere y sacia.
6. Ni los talentos importan,
ni calcular las ganancias,
entrar en tu gozo sí,
abriéndome tú la entrada.
7. Me quedo en tus ojos puros,
con el ansia traspasada;
de viaje te fuiste un día
heme aquí, a tu llegada.
Guadalajara,
domingo XXXIII del tiempo ordinario, ciclo A.
19
noviembre 2017
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