Una viuda pobrecilla
Viduam
pauperculam (Lc 21,2)
Varias cosas dice el Evangelio de esta
viuda pobre:
- que era una “viuda pobrecilla” (viduam
pauperculam),
- que, como pobre que era, pasaba
necesidad,
- que “de su pobreza” dio todo sus
haberes.
Esta amable mujercita nos recuerda las
Bienaventuranzas.
A un franciscano esta mujer viuda
pobrecilla, nos recuerda a la Virgen María como la vieron Fracisco y Clara: “No
recordaba sin lágrimas la penuria que rodeó aquel día a la Virgen pobrecilla. Así, sucedió
una vez que, al sentarse para comer, un hermano recuerda la pobreza de la
bienaventurada Virgen y hace consideraciones sobre la falta de todo lo
necesario en Cristo, su Hijo. Se levanta al momento de la mesa, no cesan los
sollozos doloridos, y, bañado en lágrimas, termina de comer el pan sentado
sobre la desnuda tierra” (2Cel 200).
Santa Clara tiene frases enternecedoras,
porque ella misma se considera una “pobrecilla madre”, escribiendo a Inés de
Praga: “Estando en esta contemplación acuérdate de tu
pobrecilla madre…” (4ª carta, n. 33).
Y justamente porque María es “la
pobrecilla” es la toda bendecida por la Trinidad, hasta ser la esposa del Espíritu
Santo.
En suma, estamos en las puras esencias
del Evangelio.
1. Era viuda y
era pobre
y era además
pobrecilla
Mujer de rango
humildad
como la Virgen María.
2. Cada vez que
al Templo iba
ella entera se
ofrecía.
Si ya todo está
entregado,
¿qué de más… dos
moneditas?
3. Jesús miraba
y miraba
pensando en lo
que veía:
ofrendas muy
generosas
en la dorada
alcancía.
4. Y aquella
viuda piadosa,
que carestía
sufría,
feliz echó de
limosna
todo cuanto ella
tenía.
5. Jesús la
canonizaba
con alabanzas
divinas,
ella era puro Evangelio
que a Jesús enternecía.
6. ¿A quién se
le asemejaba
aquella viuda escondida?
Jesús en alguien
pensaba
que en su
corazón vivía.
7. Viuda de
Semana Santa,
que hoy nos
evangelizas,
gracias por ser
lo que eres:
una joya del
Mesías.
Guadalajara,
lunes de la sem. XXXIV, 27 nov. 2017
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