Me entrego yo a mi esposa como esposo.
La comunión al eco de la parábola de las diez vírgenes
Mateo 25,1-13
Entonces se parecerá el reino de
los cielos a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo (Mt 25,1).
La milenaria lectura de la Vulgata (exierunt
obviam sponso et sponsæ: salieron al encuentro del esposo y de la esposa)
ha sido abandonada en la Nova Vulgata (1979): exierunt obviam sponso,
de acuerdo a la lectio critica de los
manuscritos, según leemos ya en nuestras Biblias. En esta boda que Jesús describe
¡no hay novia! Para saber dónde está la novia hay que ir a al Apocalipsis; y el
novio, el Esposo es él. “«Aleluya. Porque
reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo, alegrémonos y gocemos y démosle
gracias. Llegó la boda del Cordero, su esposa se ha embellecido, y se le ha
concedido vestirse de lino resplandeciente y puro —el lino son las buenas obras
de los santos—».Y me dijo: «Escribe: “Bienaventurados los invitados al banquete
de bodas del Cordero”» (Ap 19,6-9).
El triunfo definitivo de Jesús en la Parusía, cuando viene en la gloria del
Padre, es el inicio de las Bodas del Cordero. Y a estas nupcias somos invitados
cada vez que participamos en la Eucaristía: Dichosos
los invitados a la cena del Señor (exactamente “ad Caenam Agni”).
La Eucaristía nos remite no tanto a la Cena pretérita del Señor en el Cenáculo
cuanto a la Cena venidera del Señor, que es la Cena del Cordero. La Eucaristía es
el comienzo del vino nuevo del que Jesús habló en la cena de despedida.
Según ello, Jesús es el esposo a quien la Iglesia esposa recibe en la Eucaristía,
la Iglesia, que soy yo.
Y ¿cuál es el regalo que el Esposo entrega a su Esposa? El verdadero esposo
que ama no entrega cosas a su esposa (tengo una carrera, tengo una casa, tengo
un capital…); nada de eso interesa a la esposa.
- Pues ¿qué esperas…? ¿Qué quieres?
- Tu corazón.
El verdadero esposo entrega a su esposa “su corazón”: ese es el único
regalo digno de la Esposa. En el corazón del esposo están todos los tesoros,
todos los bienes.
Al entregarse Jesús a su esposa en la Sagrada Comunión, le entrega su corazón,
todo sus corazón. Es la entrega escatológica de las nupcias eterna que hoy
comienzan. Eso es la comunión.
Es lo que pretendemos cantar en este himno al eco del Evangelio de Mt
25,1-13.
1. Me entrego yo a mi esposa como
esposo,
le doy mi corazón, mi amor
entero:
¡es tuyo, amada mía, todo tuyo,
y dártelo es mi gozo sempiterno!
2. Te entrego yo mi Espíritu
divino,
el don que al encarnarme me hizo
cuerpo,
el mismo que hizo Virgen a mi Madre,
que fue mi yo recóndito y
sincero.
3. Te entrego, amada mía, la
ternura,
de Dios Abbá, de lágrimas y besos,
mi Padre amado, mi origen y
horizonte,
que fue mi historia y mi Evangelio.
4. Te entrego, amada mía, la Escritura,
secreto fiel de todos mis
senderos;
te entrego yo mis labios y mi voz,
escucha estos latidos muy
adentro.
5. Te entrego eternidad y parusía,
memoria de la Cena en sacramento,
del vino nuevo sorbo misterioso
primicias de las nupcias que hoy
celebro.
6. ¡Te adoro, mi Señor, esposo mío,
estremecidos cuerpo y universo;
te adoro y me abandono en gozo y paz,
mi Dios de quien me fío y en
quien creo! Amén.
Guadalajara, Jalisco, 12 noviembre 2017 (domingo XXXII del tiempo
ordinario, ciclo A).
Efectivamente una revisión crítica de los textos griegos ha producido la “desaparición” de la esposa (la novia) del texto latino de la Vulgata.
ResponderEliminarLa ceremonia de la boda, propiamente dicha, se celebraba en la casa de la novia, a la que llegaba el novio, ricamente vestido, en grupo con sus amigos y parientes.
Ese grupo era recibido en la calle por las amigas de la novia provistas de lámparas o con antorchas contra el viento (Mateo 25).
La ceremonia se desarrollaba bajo un baldaquín, o, por lo menos, bajo un manto (tallet), que simbolizaba la cohabitación y la protección que el marido debía a la esposa.
Así pues, queda aclarada dónde se hallaba la novia en el día de la boda….
Saludos. Juan José.