martes, 14 de noviembre de 2017

1012. El Evangelio en verso El Evangelio de hoy



El Evangelio en verso

Sobre el Evangelio de hoy
Lc 17,1-6

En el corazón de muchos cristianos (en el mío) hay un libro que uno quisiera escribir: “el Libro de Jesús”. Esto es tan viejo como el último versículo del IV Evangelio, que dice: “Muchas otras cosas hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni el mundo entero podría contener los libros que habría que escribir”.
Quisiera volver a Jerusalén, donde en un tiempo estudié. Pisar de nuevo la Vía Dolorosa. Ir a Galilea, sentarme en el Monte de las Bienaventuranzas, tomar el texto griego de Mateo y de cara al lago, el Mar de Galilea, soñar…
¿Cómo era Jesús?
¿Un poeta…? Sí, por decir algo, que casi me parece una frivolidad…
¿Un Maestro? ¿Un Rabbí…? Sí, el Rabbí, si se lo digo con los besos de María Magdalena, la primera vidente del Resucitado.
Quisiera… Pero ya lo tengo hoy en la Eucaristía, y estoy escuchando que habla real y verdaderamente…; me habla.
Tomo el texto griego, lo leo, lo imprimo, lo toco. Y me habla, pero no en griego ni en castellano. Me habla en Espíritu de amor, que es el único lenguaje que entiende el corazón.
Esas frases de flecha, que aparecen en el Evangelio, no son las palabras de un excelso Pedagogo. Si Jesús hubiera sido un pedagogo el Evangelio sería un libro más de la Biblioteca Universal; cosa sublime, pero nada más.
Cada frase de Jesús es revelación y amor. Dejemos, pues, que el corazón hable al corazón, cor ad cor loquitur.  Si no leo revelación, no leo el Evangelio.
El Evangelio en verso…, el Evangelio en anhélito de amor.
He aquí el Evangelio del día (Lc 17,1-6) en coplas ligeras, como canción de juglares, sencillamente nada más. He aquí una página de “el Libro de Jesús”.


I
La rueda de molino
(Lc 17,1-3)
1 Dijo, pues, a sus discípulos: «Es imposible que no haya escándalos; pero ¡ay de quien los provoca! 2 Al que escandaliza a uno de estos pequeños, más le valdría que le ataran al cuello una piedra de molino y lo arrojasen al mar. 3 Tened cuidado”.
1. Una rueda de molino
al cuello como un collar,
bien dispuesta, bien segura,
para arrojarle en el mar.

2. Al Mar Muerto, ahí abajo,
lleno de agua y de sal,
una rueda de molino,
que ya no pueda nadar.

3. Que no es digno de vivir
con santa comunidad…,
una piedra de molino
y con ella se ha de ahogar.

4. A aquel que hiera a un pequeño
en su pura castidad,
el que toque a un vulnerable
a quien yo vine a salvar.

5. A un pequeño de los míos,
no me importa a cuál edad…,
mi pequeño rebañito,
que es mío y de nadie más.

6. Una rueda de molino…,
¡fuera, fuera sin piedad!;
y que venza la ternura
a favor de la humildad.

II
Siete veces
(Lc 17,3-4)

Si tu hermano te ofende, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo; 4 si te ofende siete veces en un día, y siete veces vuelve a decirte: “Me arrepiento”, lo perdonarás».

1. Si siete veces al día
tu hermano llega a pecar,
siete veces, siete veces…
le tendrás que perdonar.

2. Si humillado siete veces,
siete veces llorará…,
siete veces, siete veces,
dale el abrazo de paz.

3. Es de locos siete veces,
eso es de locos de atar;
siete veces: manicomio,
no reglas de santidad.

4. Pero así Jesús hablaba
y no por exagerar,
que Pedagogo no era
sino Dios hombre verdad.

5. Nadie lo puede entender,
si no se va a confesar,
y humildemente postrado
a Dios le pide piedad.

6. Siete veces, siete veces,
hermano de mi amistad,
que yo rezo el Padrenuestro
y allí me perdón está.

III
Si tuvierais fe sencilla
(Lc 17,5-6)

5 Los apóstoles le dijeron al Señor: «Auméntanos la fe». 6 El Señor dijo: «Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”, y os obedecería

1. Si tuvierais fe…, la fe,
aunque fuera pequeñita,
como un grano de mostaza,
fe humilde, fe sencilla…

2. Diríais a esta morera:
Árbol que estás a mi vista
“¡arráncate de raíz!”,
y al punto obedecería.

3. Auméntanos nuestra fe,
tú, Señor, que nos fascinas,
y danos lo que tú tienes
que ninguno lo podría.

4. Si tuvieras esa fe
que al Padre Dios se confía,
la fe para el mundo nuevo
nada imposible sería.

5. Si la fe fuera de amor,
solo el amor a porfía,
el Reino que ya ha irrumpido
todo entero reinaría.

6. ¡Oh…, auméntanos la fe,
que estamos en carestía,
y solo tú estás lleno
de lo que tu Fe destila!

Guadalajara, Jalisco, lunes-martes semana XXXII del tiempo ordinario 2017

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Ciertamente los textos evangélicos no constituyen una biografía de Jesucristo, tan como hoy se contempla, ni tampoco lo pretendían sus autores cuando lo escribieron. Por eso el evangelista san Juan, al final de sus Evangelio, hace esa aclaración a los lectores.

Ir a Jerusalén, para algunos, es soñar. Para otros es “recordar” (históricamente hablando), y emocionarse. Es la única ciudad del mundo antiguo que sufrió en sus carnes “los días de la venganza” (Lucas 21).

Jerusalén produce sentimientos muy fuertes. Incluso se habla del “síndrome de Jerusalén”. Se ha visto a algunos que la vista de Jerusalén, desde el Monte de los Olivos, les produjo emocionadas lágrimas (y no precisamente de alegría). Tal vez esas emociones sean producidas al recordar el dramático y sangriento relato del historiador Flavio Josefo…

Hoy la ciudad de Jerusalén, como se sabe, no es la misma por la paseó Jesucristo. Esa ciudad yace a varios metros por debajo de la actual. El emperador romano Tito, y posteriormente el emperador Adriano, se “encargaron” de enterrarla en el olvido. Los romanos arrasaron las casas y sobre esos restos, y cadáveres de guerreros, construyeron otra ciudad con magníficas losas de mármol en sus calles.

Saludos. Juan José.

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