El Evangelio en verso
Sobre el Evangelio de hoy
Lc 17,1-6
En el corazón de muchos cristianos (en
el mío) hay un libro que uno quisiera escribir: “el Libro de Jesús”. Esto es
tan viejo como el último versículo del IV Evangelio, que dice: “Muchas otras
cosas hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni el mundo entero
podría contener los libros que habría que escribir”.
Quisiera volver a Jerusalén, donde en un
tiempo estudié. Pisar de nuevo la Vía Dolorosa. Ir a Galilea, sentarme en el
Monte de las Bienaventuranzas, tomar el texto griego de Mateo y de cara al
lago, el Mar de Galilea, soñar…
¿Cómo era Jesús?
¿Un poeta…? Sí, por decir algo, que casi
me parece una frivolidad…
¿Un Maestro? ¿Un Rabbí…? Sí, el Rabbí, si
se lo digo con los besos de María Magdalena, la primera vidente del Resucitado.
Quisiera… Pero ya lo tengo hoy en la Eucaristía,
y estoy escuchando que habla real y verdaderamente…; me habla.
Tomo el texto griego, lo leo, lo
imprimo, lo toco. Y me habla, pero no en griego ni en castellano. Me habla en Espíritu
de amor, que es el único lenguaje que entiende el corazón.
Esas frases de flecha, que aparecen en
el Evangelio, no son las palabras de un excelso Pedagogo. Si Jesús hubiera sido
un pedagogo el Evangelio sería un libro más de la Biblioteca Universal; cosa
sublime, pero nada más.
Cada frase de Jesús es revelación y
amor. Dejemos, pues, que el corazón hable al corazón, cor ad cor loquitur. Si no
leo revelación, no leo el Evangelio.
El Evangelio en verso…, el Evangelio en
anhélito de amor.
He aquí el Evangelio del día (Lc 17,1-6)
en coplas ligeras, como canción de juglares, sencillamente nada más. He aquí
una página de “el Libro de Jesús”.
I
La rueda de molino
(Lc 17,1-3)
“1 Dijo, pues, a sus
discípulos: «Es imposible que no haya escándalos; pero ¡ay de quien los
provoca! 2 Al que escandaliza a uno de estos pequeños, más le
valdría que le ataran al cuello una piedra de molino y lo arrojasen al mar. 3 Tened
cuidado”.
1. Una rueda de
molino
al cuello como
un collar,
bien dispuesta,
bien segura,
para arrojarle
en el mar.
2. Al Mar
Muerto, ahí abajo,
lleno de agua y
de sal,
una rueda de
molino,
que ya no pueda
nadar.
3. Que no es
digno de vivir
con santa
comunidad…,
una piedra de
molino
y con ella se ha
de ahogar.
4. A aquel que hiera
a un pequeño
en su pura
castidad,
el que toque a
un vulnerable
a quien yo vine
a salvar.
5. A un pequeño
de los míos,
no me importa a
cuál edad…,
mi pequeño
rebañito,
que es mío y de
nadie más.
6. Una rueda de
molino…,
¡fuera, fuera
sin piedad!;
y que venza la
ternura
a favor de la
humildad.
II
Siete veces
(Lc 17,3-4)
Si tu
hermano te ofende, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo; 4 si
te ofende siete veces en un día, y siete veces vuelve a decirte: “Me
arrepiento”, lo perdonarás».
1. Si siete
veces al día
tu hermano llega
a pecar,
siete veces,
siete veces…
le tendrás que perdonar.
2. Si humillado
siete veces,
siete veces
llorará…,
siete veces,
siete veces,
dale el abrazo
de paz.
3. Es de locos
siete veces,
eso es de locos
de atar;
siete veces:
manicomio,
no reglas de
santidad.
4. Pero así Jesús
hablaba
y no por exagerar,
que Pedagogo no era
sino Dios hombre
verdad.
5. Nadie lo
puede entender,
si no se va a
confesar,
y humildemente
postrado
a Dios le pide
piedad.
6. Siete veces,
siete veces,
hermano de mi
amistad,
que yo rezo el
Padrenuestro
y allí me perdón
está.
III
Si tuvierais fe sencilla
(Lc 17,5-6)
5 Los apóstoles le dijeron al
Señor: «Auméntanos la fe». 6 El Señor dijo: «Si tuvierais fe
como un granito de mostaza, diríais a esa morera: “Arráncate de raíz y plántate
en el mar”, y os obedecería
1. Si tuvierais
fe…, la fe,
aunque fuera
pequeñita,
como un grano de
mostaza,
fe humilde, fe
sencilla…
2. Diríais a
esta morera:
Árbol que estás
a mi vista
“¡arráncate de
raíz!”,
y al punto
obedecería.
3. Auméntanos
nuestra fe,
tú, Señor, que nos
fascinas,
y danos lo que
tú tienes
que ninguno lo
podría.
4. Si tuvieras
esa fe
que al Padre Dios
se confía,
la fe para el
mundo nuevo
nada imposible
sería.
5. Si la fe
fuera de amor,
solo el amor a
porfía,
el Reino que ya
ha irrumpido
todo entero
reinaría.
6. ¡Oh…, auméntanos
la fe,
que estamos en
carestía,
y solo tú estás
lleno
de lo que tu Fe
destila!
Guadalajara,
Jalisco, lunes-martes semana XXXII del tiempo ordinario 2017
Ciertamente los textos evangélicos no constituyen una biografía de Jesucristo, tan como hoy se contempla, ni tampoco lo pretendían sus autores cuando lo escribieron. Por eso el evangelista san Juan, al final de sus Evangelio, hace esa aclaración a los lectores.
ResponderEliminarIr a Jerusalén, para algunos, es soñar. Para otros es “recordar” (históricamente hablando), y emocionarse. Es la única ciudad del mundo antiguo que sufrió en sus carnes “los días de la venganza” (Lucas 21).
Jerusalén produce sentimientos muy fuertes. Incluso se habla del “síndrome de Jerusalén”. Se ha visto a algunos que la vista de Jerusalén, desde el Monte de los Olivos, les produjo emocionadas lágrimas (y no precisamente de alegría). Tal vez esas emociones sean producidas al recordar el dramático y sangriento relato del historiador Flavio Josefo…
Hoy la ciudad de Jerusalén, como se sabe, no es la misma por la paseó Jesucristo. Esa ciudad yace a varios metros por debajo de la actual. El emperador romano Tito, y posteriormente el emperador Adriano, se “encargaron” de enterrarla en el olvido. Los romanos arrasaron las casas y sobre esos restos, y cadáveres de guerreros, construyeron otra ciudad con magníficas losas de mármol en sus calles.
Saludos. Juan José.