martes, 28 de noviembre de 2017

1023. Estas piedras relucientes - El Evangelio en verso – Lc 21,5-11



Estas piedras relucientes
El Evangelio en verso – Lc 21,5-11

La vida es un misterio – es obvio – que no cae bajo el control de ninguna criatura; y cosa igual se ha de decir del misterio de la muerte. En Jesús el “mysterium vitae” y el “mysterium mortis” se muestran de tal forma unidos que uno y el otro son uno. La vida de Jesús no tiene sentido sin la muerte, ni la muerte de Jesús tendría sentido sin la vida.
Ahora bien, los Evangelios nos posibilitan detalles para aproximarnos más al misterio. El misterio de la vida/muerte de Jesús está unido al templo. Jesús muere por el Templo para levantar el Templo nuevo. Esa misma vida/muerte está vinculada a la destrucción de Jerusalén, y finalmente esa vida/muerte está unida al triunfo de Dios en la Parusía, que no es otra cosa sino el triunfo del Hijo del hombre, la justificación de su vida.
La ruina de Jerusalén es su propia ruina: pertenece a su muerte. Y la venida en gloria está fusionada con la vida que espera, que arranca de la vida que viene. Hay categorías de espacio y de tiempo; mas todo esto salta por el aire. Las palabras evangélicas nos pueden dar, al menos en apariencia, visiones contradictorias del destino de Jesús. ¿El reino de Dios va a irrumpir inminentemente, ya? Parece que sí, parece que no…
Es justo que así sea. La aparente contradicción del ser no es más que el reflejo del “mysterium vitae”, “mysterium mortis”. En Lc 21 (lectura de hoy y de los días sucesivos) se mezclan: destrucción de Jerusalén y tiempo final de la Parusía.
Los discípulos preguntan “cuándo” y “qué signos”. En la respuesta de Jesús se unifica todo. Estamos en el misterio desbordante.

1. Estas piedras relucientes
un día serán de ruina,
y hoy, por sagradas que sean,
me están quitando la vida.

2. He de morir por el Templo,
porque es mi joya querida,
la sede de la Torá,
la Schekiná que allí habita.

3. Un Templo de santidad,
el Templo del agua vida,
brotará de mi costado
y yo seré la acogida.

4. He llorado por los muros
de  mi Ciudad combatida,
por mi Ciudad de David
que desde niño es mía.

5. Con ella sacrificado
soy ofrenda y flor de harina;
mi Dios, asumo el Pecado
que todo mal origina.

6. Y el Hijo del hombre humilde
que en mi corazón respira,
se vuelve el Hijo glorioso
que en las nubes se avecina.

7. Mi hora es todos los hombres,
sus gozos y sus fatigas,
apocalipsis y lucha
y divina poesía.

8. Redentor, Jesús amado,
morador de dos orillas,
con infinita ternura
te digo “Gracias” cumplidas.

Gadalajara, Jalisco, martes de la sem. XXXIV

4 comentarios:

  1. En la parábola de los viñadores homicidas que expone Jesucristo está el secreto de su propia muerte y la ruina de Jerusalén. Los viñadores, al no respetar al hijo del dueño de la viña, han sentenciado su ruina.

    Jesucristo revela a los jefes del pueblo de Israel el alcance de los actos que están tramando con él. Espera que reflexionen, pues el tiempo se agota por momentos.

    Jesucristo vincula el destino de Israel al suyo propio. Si lo rechazan, Dios revisará su pacto con Israel, pues Dios está comprometido con Jesucristo, su Hijo, y Dios dice siempre la última palabra. Su Hijo es intocable. Quien ose poner su mano sobre él lo pagará muy caro.

    Evidentemente Jesucristo no muere por el Templo, sino que es el Templo el que desaparece como una relación de causa/efecto por la muerte violenta de Jesucristo, que contrariamente es resucitado y glorificado. La ruina de Jerusalén y el pacto de alianza en su Templo se produce precisamente a causa de esa muerte de Jesucristo.

    Jesucristo quiso acobijar a Jerusalén como una gallina guarda a sus pollitos bajo sus alas, pero Jerusalén no quiso. Eso fue la ruina de Jerusalén. La muerte violenta de Jesucristo supuso la condena de Jerusalén y de Israel. Jesucristo avisó con tiempo, pero fue inútil.

    Saludos. Juan José.

    ResponderEliminar
  2. El comentario anterior hace una puntualización
    al autor del Blog,pero el suyo es bastante discutible.

    ResponderEliminar
  3. Muchas gracias por su amable opinión.
    Juan José.

    ResponderEliminar
  4. Entiendo que en este blog se exponen reflexiones. Se supone que esas reflexiones, evidentemente, no son "ocurrencias" del autor. Si no se está de acuerdo se debe decir en qué. Tachar una reflexión de "discutible" no es decir nada. En una clase de escuela superior no se admitiría por el profesor que un alumno diga "discutible", sin más.
    Saludos. Juan José.

    ResponderEliminar