La letra del villancico “Bienvenido a nuestro valle”
Hay un villancico muy querido por los
capuchinos, que lo hemos canbtadoi desde el seminario y que no transmitieron
las generaciones pasadas. Es el Bienvenido a nuestro valle. No es un villancico
exclusivo de los capuchinos. Una búsqueda en Internet nos lleva a escuchar a escuchar
estas gozosas melodías en coros sencillos y populares.
Cuando en 2006 recordé los 50 años e mi
noviciado (1955-1956), escribí un librito: Memoria del noviciado…, que alguien,
por su cuenta y devoción, escaneo y subió a Internet. Allí dediqué unos párrafos
a la Navidad tradicional que vivimos en el noviciado, como hijo del “Loquillo
de Belén”, que fue San Francisco. Y allí recordé este villancico, que ahora
recupero, trasladando citas del “Manual Seráfico”-
“7. Maitines
de Navidad. La Navidad nocturna era una creación genial de amor que se
había sedimentado en los conventos con el paso de varios siglos. Comencemos.
“A hora conveniente se despierta a la comunidad, no
como de costumbre [léase: con la estruendosa carraca o con las “tablas”], sino
con devotos villancicos, acompañados de campanillas y otros instrumentos de
alegría, y se quema incienso en los claustros para que los religiosos se llenen
de santo fervor hacia el divino Infante de Belén” (Manual Seráfico, n. 190).
Y comienza la velada, que yo no sabría describirla
mejor de lo que está escrito. Estamos hablando - ¡atención! - de la Nochebuena
en el noviciado de Sangüesa: A continuación “el P. Vicario - es decir, el P.
Alfredo - irá con a la sacristía, y revestido de roquete, capa pluvial blanca,
sin estola [cuidado con el Caeremoniale
Romano-seraphicum], saldrá para la celda del Prelado [que era el P.
Leonardo de Iroz] llevando en brazos una hermosa imagen del Niño Jesús,
acompañado de los acólitos con candeleros, y los demás religiosos con luces.
Llegados a la celda del Prelado [P. Leonardo], entona el Gloria in excelsis Deo [hay que recordar que el P. Alfredo no podía
lucirse de cantor, porque tenía una voz como cascada], que proseguirán los
demás, y continuarán con los villancicos de costumbre” (n. 190).
Los
villancicos de costumbre eran, ante todo, el que podemos llamar “el villancico capuchino”: Bienvenido a nuestro valle, / Pastorcito
celestial, / que el ganado ya perdido / lo pudiéramos cobrar / pero solo con tu
vista / ya se vuelve a restaurar. Yo quisiera saber qué autor barroco
compuso estos últimos versos, si acaso el paso de dos o tres siglos no lo han
corrompido... Y luego, muy bonito: ¡Ay, qué lindo!, ¡Ay, qué bello!, ¡Ay, qué
hermoso! ¡Ay!, ¡Ay!, ¡Ay!
Recuerdos enternecedores de la Navidad capuchina”.
Hoy (Navidad de 2018) he querido indagar dónde y
cuándo apareció este villancico. Letra, como se ve, está
tomada de una “pastorela”. ¿Siglo XVII? ¿Siglo XVIII? Quede aquí recogido, sin
ninguna conclusión informada a la que pueda llegar.
Bienvenido a nuestro valle
Villancico tradicional
que durante siglos hemos cantado
en Nochebuena los Capuchinos
1. Bienvenido a nuestro
valle,
Pastorcito celestial,
que el ganado ya
perdido
lo pudiéramos nombrar;
pero solo con tu vista
ya se vuelve a
restaurar.
Estribillo
¡Ay
qué lindo, ay qué bello,
ay
qué hermoso; ay, ay, ay;
que
el amor a sus ovejas
del
Cielo le hizo bajar.
2. Como al punto que
has nacido
de pastor señas nos
das,
los pastores los
primeros
ya te vienen a
obsequiar;
no deseches las ofertas
que vienen a tributar,
¡Ay
qué lindo, ay qué bello…!
3. Bato te ofrece un
cordero,
y Menga un lindo pañal,
un rico queso Gilote
y un pernil grande
Pascual;
tortas gustosas
Bartolo,
Geroma un dulce panal.
¡Ay
qué lindo, ay qué bello…!
4. Pastorcito de los
cielos,
yo te vengo a regalar
con una blanca paloma,
que es regalo singular;
allá, Niño, en los
Cantares
el misterio lo
hallarás.
¡Ay
qué lindo, ay qué bello…!
5. Una rosca yo te
ofrezco,
pero te la doy con tal
que me libres, Niño
mío,
de tanto pelafustán
que hacen la rosca del
galgo
por querernos enroscar.
¡Ay
qué lindo, ay qué bello…!
6. Yo te ofrezco unas
manzanas
muy dulces al paladar,
porque quites la
aspereza
de la manzana de Adán;
no receles en tomarlas
porque no te amargarán.
¡Ay
qué lindo, ay qué bello…!
7. Pastorcito, Nño
hermoso,
no dudo perdonarás
de los simples pastorcillos
su mucha sinceridad;
el ganado ya nos llama,
adiós, Niño, queda en
paz.
¡Ay
qué lindo, ay qué bello…!
8. Pastorcito que del
cielo
vienes a la tierra a
dar,
si a guardar ganado
vienes,
poco tienes que
guardar,
porque todo en este
mundo,
muy perdido lo
hallarás.
¡Ay
qué lindo, ay qué bello…!
9. Si el rebaño tan
perdido
tú lo quieres
restaurar,
yo me temo, Pastor mío,
tengas harto que
afanar;
pues hay muchas malas
reses,
y si no, tú lo verás.
¡Ay
qué lindo, ay qué bello…!
10. Tus amantes
ovejuelas
compasión te causarán,
porque sin pastor ni
pasto
a todas las has de
hallar;
mas con tu sola
asistencia
de uno y otro gozarán.
¡Ay
qué lindo, ay qué bello…!
11. Ten la honda
prevenida,
si al desierto, Niño,
vas,
que habrá alguno que
con piedras
fiero te acometerá;
mas las piedras de sus
manos
contra él mismo
volverán.
¡Ay
qué lindo, ay qué bello…!
12. Y con estos los
pastores
parabienes hoy te dan,
porque ven que en ti
han logrado
un Pastor que es
celestial.
Adiós, Niño, que el
ganado
nos precisa ya tornar.
¡Ay
qué lindo, ay qué bello…!
Nota.
Texto tomado de Internet de unas hojas tituladas ALEGRES VILLANCICOS AL SANTO
NACIMIENTO DEL HIJO DE DIOS, con referencia de impresión: Madrid. – Despacho:
Arenal, 11, librería.
Guadalajara,
Jalisco, 24 diciembre 2018
Fr. Rufino María
Grández, OFMCap.
muy buena información Fray, esos villancicos los hemos cantado durante años en mi familia.
ResponderEliminarSaludos
Fray Rufino, creo recordar que este villancico forma parte de un "Auto Sacramental" que se venia representando, por las navidades, en un pueblo de la provincia de Guadalajara de España y lo encontré hace algunos años navegando por Internet. Ahora no lo localizo, pero sigo buscando.
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