lunes, 2 de diciembre de 2019

1281. Un retiro de Adviento 2019


Un retiro de Adviento 2019

El Adviento que vivió Jesús,
esencia del Adviento

Orientación de base

Un retiro no es una elucubración teológico-espiritual sobre un tema. Un retiro no es una planificación pastoral para el buen funcionamiento de una parroquia.
Un retiro, igual que unos Ejercicios espirituales, es un encuentro personal con Dios, para que, a la escucha de su palabra interior, se abra el corazón a la conversión y a la entrega total al Señor.
Y la misma finalidad, de modo equivalente, cuando el retiro es retiro de la comunidad.
Viene a mi mente, como antiguo alumno del Bíblico de Roma, haberle escuchado célebre biblista jesuita, luego cardenal Martini, en uno de esos excursos que se permiten familiarmente los profesores: Non troppo Bibbia (que traducido significa: ¡Ojo!, no demasiada Biblia…)
Valga este criterio para las hojas que siguen, que serán útiles solo en tanto en cuanto me ayuden a formularme la pregunta más simple:
Jesús ¿qué me estás diciendo?, ¿qué quieres que haga por ti?

(Si el lector de estas páginas es aficionado a la teología, le invito, en este espíritu a leer el Documento “Indirizzo di saluto”, de extraordinaria sinceridad, que el Papa Benedicto acaba de dirigir a la Comisión de Teológica Internacional con motivo del 50 aniversario de la creación de la misma, y que concluye con esta confesión de humildad, de verdad y amor: "Personalmente el trabajo de la Comisión Teológica Internacional me ha dado la alegría de encontrarme con otros lenguajes y formas de pensamiento. Pero, sobre todo, ha sido para mí una continua ocasión de humildad, que ve los límites de lo que nos es propio, y abre así el camino a la Verdad más grande.
Solo la humildad puede encontrar la Verdad, y la Verdad, a su vez, es el fundamento del Amor, del cual en última instancia todo depende” (22 octubre 2019, publicada el 29 de noviembre de 2019)

I. Panorámica

Para el aficionado a la liturgia el Adviento es un tiempo maravilloso. Es como una primavera espiritual de colorido y perfume.
La liturgia de Adviento puede ser perfectamente el rito de iniciación para quien con ánimo abierto y pura intención ansía ser iniciado en los misterios divinos.
El sentido general lo marca, muy claro, la explicación del Calendario en el Misal del altar. Allí leemos: “El tiempo de Adviento tiene una doble índole: es el tiempo de preparación para las solemnidades de Navidad, en las que se conmemora la primera venida del Hijo de Dios a los hombres, y es a la vez el tiempo en el que por este recuerdo se dirigen las mentes hacia la expectación de la segunda venida de Cristo al fin de los tiempos. Por estas dos razones el Adviento se, nos manifiesta como tiempo de una expectación piadosa y alegre” (Normas… Calendario, 39).
Una primera información del Adviento la podemos recibir de las introducciones del Calendario Litúrgico-Pastoral que anualmente publica la Comisión Episcopal para la Liturgia (México), donde se explica el sentido teológico de este tiempo, en esa triple dimensión que se celebra en el misterio, desde el antiguo Israel: lo que sucedió, lo que sucede, lo que sucederá, el “ya” y el “todavía no” de los teólogos.
Para saborear los genuinos sabores de la Liturgia prestemos atención, con conocimiento de detalles:
- Sentido y porqué de las tres lecturas de la Misa en el ciclo A (este año 2019-2020), ciclo B, ciclo C.
- La ordenación de las lecturas feriales: antes del 17 de diciembre, y a partir del 17 de diciembre.
- La ordenación del ciclo bienal de lecturas en el Oficio de lectura.
- Las antífonas de Adviento: las pequeñas antífonas y lecturas breves de la hora intermedia, con referencia constante a la Virgen
- Las Siete antífonas de la O (acrónimo: ERO CRAS, estaré mañana) del Magníficat con la hondura y la belleza de su melodía gregoriana. Sabiduría, Adonai, Rey, Emanuel, Clave (Llave), Oriente, Emanuel. No olvidemos que el canto gregoriano de las Antífona de la O ha sido una de las experiencias espirituales más entrañables que ha aportado el Adviento a las almas que oran. Poner las Antífonas de la O como “cantos” o “himnos” de Adviento, no procede; es falsificar el sentido de las antífonas.
- Al mencionar las antífonas de la O, viene a la mente el “Rorate, caeli, desuper” (Is 45,8), pieza que lleva siglos de densidad espiritual (canto recogido también en el Cantoral Anglicano…)
- Prestar cuidadosa atención a las Preces de Laudes y de Vísperas.
- Isaías, Juan Bautista, la Virgen María son tres referencias de Adviento: cómo y en qué momentos.
- La Himnodia de Adviento (en latín muy bella, con célebres piezas; en castellano hoy muy deficiente).
- Todo esto nos da un venero fecundo de vida y experiencia espiritual, que recibimos como regalo.
Junto a ello apreciamos el Santoral de Adviento: San Francisco Javier, (San Juan Damasceno), San Ambrosio, San Juan Diego, San Juan de la Cruz, que habrá que combinar con sabiduría para no anular la dinámica espiritual del Adviento.
- Consustancial al Adviento la presencia de la Virgen María:
Ø  La Inmaculada
Ø  La Virgen de Guadalupe
Ø  Por primera vez este año: Ntra. Sra. de Loreto, que pasa al Misal Romano como memoria libre (decreto del 7 de octubre de 2019).
Ø  [La antigua expectación del Parto o Virgen de la Esperanza, 18 dic.]

Añádase
o   La Corona de Adviento
o   La preparación del Belén.
o   Preparación de pastorelas
o   Y en México la devoción importantísima de Las Posadas

Una nota eclesial: El Papa el día 13 de diciembre celebrará sus 50 años de consagración sacerdotal (el 17 de diciembre cumplirá 83 años de edad).

Aviso de última hora. Después de haber escrito este retiro,  aparece en la prensa del 2 de diciembre la carta apostólica “Admirabile signum” sobre el significado y el valor del belén, firma “en Greccio, en el santuario del Pesebre, el 1 de diciembre de 2019”. Amplia carta que merece una lectura atenta para el tema que tratamos.

“Con esta Carta quisiera alentar la hermosa tradición de nuestras familias que en los días previos a la Navidad preparan el belén, como también la costumbre de ponerlo en los lugares de trabajo, en las escuelas, en los hospitales, en las cárceles, en las plazas... Es realmente un ejercicio de fantasía creativa, que utiliza los materiales más dispares para crear pequeñas obras maestras llenas de belleza. Se aprende desde niños: cuando papá y mamá, junto a los abuelos, transmiten esta alegre tradición, que contiene en sí una rica espiritualidad popular. Espero que esta práctica nunca se debilite; es más, confío en que, allí donde hubiera caído en desuso, sea descubierta de nuevo y revitalizada” (n. 1).

II. El Adviento de Jesús

Jesús, Hijo de Israel
Para entender el Adviento de Jesús, que definimos como “esencia del Adviento”, el punto de arranque es este: Jesús es Hijo de Israel. ¿Qué es lo que esto significa?
1)     Que Jesús lleva sangre judía, facciones judías, alma judía.
2)     Que su genealogía es hebrea (Mt y Lc), en un sentido biológico, que es simultáneamente “teológico-espiritual”.
3)     Que su lengua es la lengua que le han dado sus padres, el arameo, y tras ella el Hebreo, y que en Hebreo puede leer las Escrituras
4)     Que su Dios es el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob
5)      Que la Sinagoga ha sido su escuela y su casa de oración todos los sábados, y un día será casa de oración y de predicación.
6)     Que el Templo es la Casa de su Dios y Padre, el Templo desde Salomón, hijo de David, hasta Herodes.
7)     Que la Alianza de Dios con su pueblo es su verdadera Alianza,
8)     Que Moisés y los Profetas son sus libros
9)     Que el Reino de Dios es su predicación total y su pasión, su proyecto, su único proyecto.
10)Que, bajo la inspiración de Ezequiel y de Daniel, él se define como “Hijo de hombre” (o Hijo del hombre).
11) Que conscientemente ha escogido su diminuta Tierra de Israel como la Tierra de su misión, sin pretender anunciar el Reino ni en la Diáspora ni en la Gentilidad (como Pablo).
12) Que todo su proyecto de la Comunidad Mesiánica de Israel, a la que se anuncia el Reino, lo va a construir desde aquí.

De donde se deduce:
o   Que desvincular a Jesús del judaísmo es hacer una traición total a su persona.
o   Que el fracaso de su misión es, de alguna manera, el fracaso de su vida, porque su pueblo es él. Así el anuncio de la profanación y destrucción del Templo es una puñalada contra sí mismo, porque el Templo no es la “casa de los judíos”, sino la “casa de mi Padre”, por tanto “mi casa”.
o   Que el paso de “Hijo del hombre” a “Hijo del Bendito” es un salto infinito en la Fe, y allí uno se pierde estremecido.

Historia de Jesús viviendo su Adviento en la magnitud del Reino de Dios

1. El punto álgido de la revelación del Adviento de Jesús es la declaración al Sanedrín, declaración que le lleva a la muerte (Mc 15,55-64).
El sumo sacerdote, levantándose y poniéndose en el centro, preguntó a Jesús: «¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que presentan contra ti?». Pero él callaba, sin dar respuesta. De nuevo le preguntó el sumo sacerdote:
- «¿Eres tú el Mesías, el Hijo del Bendito?».
Jesús contestó:
- «Yo soy. Y veréis al Hijo del hombre sentado a la derecha del Poder y que viene entre las nubes del cielo».
El sumo sacerdote, rasgándose las vestiduras, dice: «¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Habéis oído la blasfemia. ¿Qué os parece?». Y todos lo declararon reo de muerte” (Mc 14,55-64).
Este pasaje, en la hora suprema de afrontar la muerte, es el testimonio hoy y ante los siglos de la verdadera identidad de Jesús:
- Lo que ha sido.
- Lo que es.
- Lo que será.
La declaración de Jesús, motivo jurídico de su muerte ante el Sanedrín, ha combinado dos pasajes que Jesús se los apropia como clave de su identidad: Salmo 110 (Oráculo del Señor a mi Señor: Siéntate a  mi derecha), y la visión profética del Dan 7,13, del Hijo del Hombre que se acerca al Anciano de Dios y al que se da un reino para siempre.

2. El discurso escatológico de Jesús (Mt-Mc-Lc), las palabras sobre el juicio ante las naciones (Mt 25) van en la misma línea.
Jesús, al lado del Padre, tiene la palabra definitiva de la historia. Ese es su Adviento; esa es su identidad.  “Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y gloria…” (Mc 13,16).
Y con el mismo lenguaje describe Jesús en Mt 25,31ss la venida “en su gloria” del Hijo del Hombre, y él dirá: “Venid, benditos de mi Padre…” o “Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno…”
En el lenguaje de San Juan encontramos estas declaraciones de Jesús. “Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo todo el juicio, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió” (Jn 5,22-23).

3. La predicación del Reino de Dios, tema central y total de Jesús, manifiesta de modo continuo, por palabras y obras, el Adviento de Dios en Jesús.

Y esto queda de manifiesto tanto en los que le acogen como en los que le rechazan.
Los que le acogen son beneficiarios de toda la Misericordia de Dios que, sin límites, se vuelca sobre ellos.
Las Sinagoga, los dirigentes oficiales, no lo acogen, y el choque que se producen es frontal, con palabras que nosotros, predicadores de Jesús, no nos atrevemos a pronunciar como Jesús las ha pronunciado frente a esta generación incrédula y adúltera. Jesús recrimina a sus conciudadanos, a “esta generación” (expresión que la encontramos más de 20 veces), que, aunque ellos se lo imaginen, no son los descendientes de Abraham y los Profetas… La Alianza de Dios ha sido adulterada.
Jesús se manifiesta con un autoridad interna para hablar de esta manera. Realmente ninguno ha hablado como él.
Ya a los 12 años Jesús hablaba con un tono único: el Templo era la “casa de mi Padre”, en definitiva “mi Casa”.
Esa mentalidad de que Dios está con él, de que él es la llegada de Dios, el Adviento de Dios, le acompaña siempre.

Y con esto llegamos a la Cena del Señor para vivir hoy el Adviento. La Eucaristía es
- la desembocadura de toda la Historia de salvación del Antiguo Testamento, centrada en la Alianza
- y la desembocadura de toda la vida de Jesús (nacimiento, ministerio, pasión, muerte y resurrección),
- que constituye la razón de ser de la Iglesia como memorial en acto de la vida de Dios, del misterio de la Encarnación, de la venida del Espíritu Santo. La Eucaristía, a través de la Cena pascual del Señor, se nos entrega como la suprema mística que puede alcanzar el ser humano en la tierra. De la Eucaristía al cielo. En este sentido ser sacerdote no es otra cosa que ser “ministro del Memorial del Señor hasta su vuelta”, tratando de que la irradiación de este misterio, que es muerte y resurrección, configure en muerte y resurrección la vida humilde del ministro.

III. Vivencia del Adviento

0. Aclaración previa: Adventus – Nativitas – Epihania. Tres palabras diferentes, que en el fondo, las tres apuntan a la totalidad de un misterio único, íntegro y total. Adventus en latín es en griego, Parousía (de par-eimi: hacerse realmente presente). Nativitivas es “Navidad”. Epifanía es griego: Epiphaneia, Manifestación esplendorosa de lo que antes estaba oculto.
Las utilizamos como tres tiempos litúrgicos, pero en su sentido íntimo y global llevan a la misma realidad: la totalidad de Cristo, se nos revela y nos da por la fe.
Mucho hay que cuidar para que la Navidad no sea un “mito”, y el “belén” un folclore cultural, una especie de juego para entretenimiento de los niños.
Mucho hay que cuidar para que la Navidad no se coma al Adviento, como comercialmente ocurre, y para que la Navidad sea solo Navidad, y el Adviento, solo Adviento.

1. La Eucaristía centro del Adviento de Jesús. Jesús entendió la Eucaristía como el enlace de su historia y misión con su Pascua, y en  este dinamismo la hemos de vivir. En verdad que este memorial que Jesús instituye fue la gran sorpresa de su final. Era verdad la Alianza de Dios con el pueblo elegido, firmada en el Sinaí para las generaciones. Esa Alianza la retoma Jesús dándole un sentido que nadie pudo darle. Esa alianza en su sangre es la nueva y eterna Alianza hasta el Reino en la Mesa del Padre. Como la vivió Jesús la explicó Pablo a los Corintios.

Distorsionamos absolutamente la Eucaristía cuando la convertimos en un acto de piedad, el más sublime de todos, pero “acto de piedad” que hasta se puede fotografiar y hacer de ella espectáculo…
Las mismas “intenciones” en la celebración de la Eucaristía… nos pueden despistar…, como si la Eucaristía fuese un “Banco espiritual”…

La Eucaristía no nace repentinamente de Jesús como una divina “ocurrencia”. Es la desembocadura coherente de toda su existencia, que es entregada a la Iglesia…

2. La sabia lectura de los Profetas. Si los Profetas son el ápice de la Escritura del Antiguo Testamento, en cuanto que son la instancia de la Torá, donde se alcanza la cumbre de la revelación divina, ahora percibimos que los profetas culminan en Jesús, y anuncian el misterio pascual. Todos los profetas hablan de él.
El Papa Benedicto XVI (Verbum Domini) y recientemente el Papa Francisco (Aperuit illis, 30/IX/2019) nos han enseñado que solo se puede entender la Escritura transcendiéndola.
Así entenderé a los Profetas (por ejemplo Is 2, primer Domingo de Adviento), como Adviento de Jesús.

3. La oración contemplativa. Oración contemplativa quiere decir “oración tomada por Dios”. El Espíritu de la Encarnación, el que trajo el Verbo al mundo, es el que viene a mí y me dirige, para que mis pensamientos se sometan a su dominio, se aquieten en él, y entonces vea al Dios del amor, siempre sorprendente, siempre hacedor de maravillas. Así rezamos el Benedictus, así el Magníficat, esencialmente como oración contemplativa. El Adviento nos invita a contemplar lo que nunca jamás podremos demostrar.

4. Ascesis y mística de la “expectación piadosa y alegre”. Lo “natural” no es estar alegre, sino preocupado, abrumado… y triste, porque como adultos, no como niños, vemos que los problemas rebasan las soluciones; y que las personas están saturadas de dolor El mundo (política, mundo social y de placer…) es un laberinto de ambición y de placer malsano. Pero yo puedo estar permanentemente en gozo espiritual por el don del Espíritu, y llevar mi tristeza, cuando ocurra, a la confesión, porque veré que la tristeza es fruto de mi pecado. Y el don del Adviento es la alegría expectante. (No nos metemos ahora en otras consideraciones psicológicas sobre los varios estados del alma peregrina).

5. Adiestrarse en una espiritualidad “escatológica”. Efectivamente el “ésjaton” de Dios es la realidad de la Iglesia. Al hablar de “escatología” no hablamos de la preparación a la buena muerte, cosa absolutamente sensata y útil. Sino que decimos que Jesús es la última palabra para la historia (véase la lectura de san Juan de la Cruz, el lunes de la II semana de Adviento), que esa palabra es siempre sorprendente, nueva y creadora. Yo estoy justo en esta palabra, y mi vida, no evaluada, por los criterios comunes de lo que vale, de lo que influye, de lo que tiene eficacia… es una vida que solo puede resplandecer cuando queda bañada por la gloria pascual de Cristo, mi Señor. Él es mi escatología.

6. La purificación mediante el Sacramento de la ternura de Dios. Si yo entiendo el sacramento de la ternura y la misericordia, comprenderé que, aun no siendo el Adviento un tiempo específicamente “penitencial” (anteriormente sí se le había equiparado a la Cuaresma), es un tiempo providencial para celebrar el encuentro con Dios en la forma del Sacramento de la ternura.
- Solo el corazón puro puede recibir, como María, la presencia del verbo Encarnado;
- solo el corazón purificado puede sostener la mirada de Cristo en su venida. “Y ahora, hijos, permaneced en él para que, cuando se manifieste, tengamos plena confianza y no quedemos avergonzados lejos de él en su venida” (1Jn 2,28).

7. Lo que ningún guía me puede decir. En la historia personal de cada uno con Dios hay algo que no se ha de encontrar en ningún manual. Soy yo y solo yo…, y es él y solo él. Y en el fondo de mi corazón él, sólo él, me va a decir lo que le agrada de mí. En ese detalle para él, sí, está el secreto de mi fidelidad en el Adviento.  El Señor me lo haga ver por el Espíritu (Ver Sab 1,5).
Esta vivencia personal de las inspiraciones del Señor me puede llevar a cosas “baladíes” referentes a mi conducta personal, que no las puede imponer normativamente a nadie, pero que inciden en puntos significativos en la historia de mi amor y fidelidad…; como por ejemplo, privarme de tal capricho, reglamentar mi horario de trabajo, ser rígido con la televisión o el internet, etc.
Obviamente en un retiro “comunitario” con reunión fraterna, se toman decisiones organizativas o más comprometedoras que afectan a toda la fraternidad.

8. La intimidad con la Virgen María. La “vida de intimidad con la Virgen María” es gracia que algunos santos la han sentido de manera muy sensible. Un ejemplo:  sorprende la larga carta que el Papa S. Juan Pablo II escribe al arzobispo Pasquale Macchi (15 agosto 1993), Delegado Pontificio para la Santa Casa de Loreto, con motivo de la celebración del VII centenario de Loreto. En ella se dice: “La Santa Casa de Loreto es icono, pero no de verdades abstractas, sino de un evento y de un misterio: la encarnación del Verbo. Siempre produce una fuerte emoción, al entrar en la venerada ca­pilla, leer las palabras escritas sobre el altar: Hic Verbum caro factum est: Aquí el Verbo se hizo carne. La Encarnación, que nos recuerdan esas paredes sagradas, recupera de pronto su genuino significado bíblico; no se trata de una mera doctrina sobre la unión entre lo divino y lo humano, sino, más bien, de un acontecimiento acaecido en un punto preciso del tiempo y del espacio, como ponen admirablemente de manifiesto las palabras del Apóstol: « Al llegar la plenitud de los tiempos, en­vió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos la adopción filial” (Gal 4,4-5).

***
Son puntos que sencillamente brindo como una posible guía (“un” retiro de Adviento) con el ánimo que expresó san Pablo en la primera de sus cartas: caritate fraternitatis invicem diligentes (1Tes 4,9).

30 noviembre 2019

Fr. Rufino María Grández, Misionero de la Misericordia

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