Himno de NAVIDAD 2019
Al eco de “Aperuit illis”
El día 30 de septiembre
de este año 2019, “Memoria litúrgica de San Jerónimo en el inicio del 1600
aniversario de la muerte”, el Papa Francisco firmó la exhortación apostólica
“Aperuit illis” “con la que se instituye
el Domingo de la Palabra de Dios”.
Al eco de esta exhortación ha nacido este himno navideño.
Experimentemos el
nacimiento sacramental de Jesús por la acción del Espíritu Santo, recordando
estos principios, citas literales de la Exhortación:
“«La sacramentalidad de
la Palabra se puede entender en analogía con la presencia real de Cristo bajo
las especies del pan y del vino consagrados. Al acercarnos al altar y
participar en el banquete eucarístico, realmente comulgamos el cuerpo y la
sangre de Cristo. La proclamación de la Palabra de Dios en la celebración
comporta reconocer que es Cristo mismo quien está presente y se dirige a
nosotros para ser recibido» (Benedicto XVI, Exhort. ap. Verbum Domini, 56)” (núm. 2, nota 2).
“10.
La acción del Espíritu Santo no se refiere sólo a la formación de la Sagrada
Escritura, sino que actúa también en aquellos que se ponen a la escucha de la
Palabra de Dios. Es importante la afirmación de los Padres conciliares, según
la cual la Sagrada Escritura «se ha de leer e interpretar con el mismo Espíritu
con que fue escrita» (Const. dogm. Dei Verbum, 12). Con Jesucristo la revelación de Dios alcanza
su culminación y su plenitud; aun así, el Espíritu Santo continúa su acción. De
hecho, sería reductivo limitar la acción del Espíritu Santo sólo a la
naturaleza divinamente inspirada de la Sagrada Escritura y a sus distintos
autores. Por tanto, es necesario tener fe en la acción del Espíritu Santo que
sigue realizando una peculiar forma de inspiración
-
cuando la Iglesia enseña la Sagrada Escritura,
-
y cuando cada creyente hace de ella su propia norma espiritual.
En
este sentido podemos comprender las palabras de Jesús cuando, a los discípulos
que le confirman haber entendido el significado de sus parábolas, les dice:
«Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es
como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo» (Mt
13,52).
11.
[…]
12.
Cuando la Sagrada Escritura se lee con el mismo Espíritu que fue escrita,
permanece siempre nueva. El Antiguo Testamento no es nunca viejo en cuanto que
es parte del Nuevo, porque todo es transformado por el único Espíritu que lo
inspira. Todo el texto sagrado tiene una función profética: no se refiere
al futuro, sino al presente de aquellos que se nutren de esta Palabra. Jesús
mismo lo afirma claramente al comienzo de su ministerio: «Hoy se ha cumplido
esta Escritura que acabáis de oír» (Lc 4,21). Quien se alimenta de la
Palabra de Dios todos los días se convierte, como Jesús, en contemporáneo de
las personas que encuentra; no tiene tentación de caer en nostalgias estériles
por el pasado, ni en utopías desencarnadas hacia el futuro”.
Mi corazón, Jesús, es el pesebre,
tu tierna y dulce cuna es la Escritura,
tu carne virginal es la Palabra
que el Espíritu entrega y transfigura.
Hoy has nacido en mí, contemporáneo,
en este pleamar de la ternura,
que, al entrar en la Biblia de la fe
cada hoja divina me susurra.
Jesús viviente, eterno y encarnado
la Profecía es hoy presencia pura,
los versos de Isaías son los lienzos
que te ciñen y sirven de envoltura.
Estás latiendo y yo te adoro y beso
voz en mis labios, cálida lectura,
y cual Francisco en Nochebuena, en Greccio,
quiero lamer el poso de dulzura.
Admiración de amor que no fenece,
y hasta la Parusía vive y dura,
oh Libro de Belén y de la Cruz
y de la Pascua invicta, luz futura.
¡Jesús, nacido en prístinas promesas,
portal de Dios y toda su espesura,
a ti elevamos súplicas y cantos,
uniendo cielo y tierra en la liturgia! Amén.
Guadalajara, 14 de
diciembre de 2019, san Juan de la Cruz
La piedad judía ha
interiorizado así el gozo y el éxtasis
de la Palabra
divina

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