Un divino balbuceo
Hemos visitado a nuestras hermanas
capuchinas, hemos compartido las Vísperas con bellos cánticos, hemos quebrado
la piñata y hemos cenado fraternalmente. Muy grata, gratísima, convivencia.
Gracias, hermanas; pero…, al fin, añadiendo fiesta y fiesta navideña, uno tiene
la sensación de que la primera palabra del misterio está todavía por
pronunciarse. Navidad es el Nacimiento de Dios en la tierra. Y esto, ¿qué
quiere decir? Una misteriosa sensación interior – casi una vocación
contemplativa – te susurra: Sí, la primera palabra está todavía por decirse. En
silencio recibe el amor infinito, y exprésalo… como puedas.
Un divino balbuceo,
y nada más…, ¡oh Dios
mío!
son mis cantos y
liturgia,
mi salmodia y mi suspiro.
Y un infinito silencio,
todo él de amor
transido,
quiero llevar a la
cuna,
de rodillas, dulce
Niño.
Cantaron los Evangelios
desde hace ya veinte
siglos,
Santos Padres y
Doctores
Teólogos y Concilios.
Cantando siguen las
gentes,
los sabios y los
sencillos,
y la primera palabra
quizás nadie la haya dicho…
¿Qué es la santa
Navidad,
si es la venida del
Hijo?
Si es esto la prima veritas,
quizás no haya
villancico.
Solo el amor increado,
solo el amor recibido,
el amor que surge en fe
y es amor esclarecido.
Mi Navidad sea amor,
no pensamientos
tejidos,
sea ternura y dulzura
amor con humildes
signos.
Mis años suman y suman
y quizás voy de
cumplido…;
mas en la cima
gloriosa,
¿qué es lo que llevo
aprendido?
Mi Jesús, Jesús amado,
mi confidencia es
contigo:
me parece que te
escucho
y que miro y te sonrío.
Nada sé; tan solo creo
que eres Dios y que has
venido;
que ya nadie me lo
explique,
solo tú cuando haya
ido.
Te adoro, mi Dios
excelso,
que eres Dios
enternecido;
perdonaste mis pecados,
solo sé que en ti yo
vivo. Amén.
Guadalajara,
Jalisco, noche 30 diciembre 2019.
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