jueves, 26 de diciembre de 2019

1294. Navidad 2019 – Y el Verbo se hizo carne


Y el Verbo se hizo carne
Jn 1,1-18

Texto evangélico:
1 En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios. […]
3                     Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.
4                     En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
5                     Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió.
6                     Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan:
7                     este venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.
8                     No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.
9                     El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.       
10                  10 En el mundo estaba; | el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció.
11                  Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron.
12                  Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre.
13                  Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, | ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.
14                  Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.
15                  Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Este es de quien dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo». 
16                  Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.
17                  Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo.
18                  A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

Hermanos:
1. Pascua y Navidad son los dos días centrales de nuestra fe. Por la gracia y la misericordia de Dios, un día nos sentimos llamados a aceptar este mensaje de salvación que es la fe en Jesucristo, nuestro Dios y Señor. O acaso esta fe se nos dio con la lecha materna, con las tradiciones de familia, y a medida que nuestro conocimiento avanzó, pudimos abrazar con la plenitud de nuestro ser este tesoro que un día se nos entregó. Desde Cristo Resucitado vamos a proclamar su Nacimiento, su santa Natividad, palabra de la que ha derivado nuestra Navidad. Es el significado último de este augurio que unos a otros nos deseamos como cristianos: ¡Feliz Navidad!, que significa: ¡Santa Navidad! Santa Navidad, con ese gozo íntimo que solo el Hijo de Dios nos puede dar.

2. Hay tres momentos espirituales en el día de Navidad, que recoge la celebración litúrgica en tres horas diferentes del día:
- El primero es la medianoche, la que llamamos “Nochebuena”: Jesús nace en el portal de Belén y los ángeles cantan Gloria y Paz.
- El segundo es el amanecer: Vayamos a Belén, dicen los pastores para ver lo que se nos ha anunciado. “Fueron corriendo y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre” (Lc 2,16).
- El tercero, en la misa del día, es la contemplación de gloria que nos presenta el Evangelista S. Juan, al principio de su Evangelio, como clave para entender cada una de las escenas que nos va a narrar: “En el principio existía el Verbo” (Jn 1,1). Sin esto no podríamos entender una sola palabra de lo que san Juan nos va a narrar de la vida de Jesús. Ni tampoco una sola palabra de lo que nos enseñó en sus cartas.
¿Quién es, pues, el Verbo? La segunda persona de la Santísima Trinidad… No, el Verbo es Jesús de Nazaret, que nació, que recorrió nuestros caminos, que fue muerto y sepultado.
El Verbo – Jesús de Nazaret – es la última palabra de Dios en la historia, la que compendia todas las demás. Y hoy el Verbo se hizo carne.
El mundo se llena de la alegría que Dios nos trae: “Romped a cantar a coro, | ruinas de Jerusalén, | porque el Señor ha consolado a su pueblo, | ha rescatado a Jerusalén” (Is 52,9, primera lectura).

3. Este Evangelio nos invita a contemplar la aparición de Dios, fuera de sí mismo, en cinco momentos, que de alguna manera podemos explicar así.
Al principio, antes de todo principio, era Dios, solo Dios. “Y el Verbo era Dios” (Jn 1,1).
En realidad, esa soledad infinita no cabe dentro de nuestra mente, confinada por pensamientos finitos. El ser humano solo puede captar lo concreto y finito, y lo infinito lo capta como finito, quitándole los bordes. La inmensidad de Dios es un misterio de adoración, no precisamente de entendimiento.
- El primer acto de Dios, creador de todo lo que existe, fue este: “Exista la luz. Y la luz existió” (Gen 1,3).
- El segundo acto de Dios fue crear la casa de su Hijo: tierra y firmamento, con las estrellas.
- El tercer acto fue crear la vida: plantas y animales, aire con volátiles y mares con peces.
- Y cuando la vida estaba en marcha y plena de ebullición, en el cuarto momento, Dios creó al Hombre, hecho a imagen y semejanza de Dios, síntesis de todo lo creado. Y para el Hombre creó el Sábado, uniendo cielo y tierra en una misma celebración de amor.
- Y así, al final, “cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos la adopción filial” (Gal 4,4-5).
Esto es lo que hoy celebramos, hermanos: la venida del Hijo de Dios a la tierra, la inserción de Dios en la entraña del mundo, la intimida última de Dios con el hombre. Y con esta entrada de Dios en la historia, el don infinito de la filiación divina. Nace Dios para el hombre; nace el hombre para Dios. Un don mayor ni cabe ni puede caber. Soy hijo de Dios para hoy y para toda la eternidad.

4. En este preámbulo del Evangelio S. Juan alude al drama desgarrador, porque al hablar de la aparición de Dios en la tierra habla de la pasión y Resurrección. Lo acabamos de escuchar: el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció. Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron.
Tremendo misterio, pero san Juan no quiere insistir en el rechazo. Escribe para la comunidad creyente, para nosotros, y por eso completa el mensaje: a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre.
Nosotros hemos recibido al Enviado de Dios y por él se nos ha hado el don de la filiación divina y, siendo hijos tenemso todos los bienes.
Este es el anuncio para que vaya penetrando nuestros corazones durante toda la Navidad y siempre. Lo hemos escuchado en la liturgia de hoy: “En muchas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a los padres por los profetas. En esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha realizado los siglos” (Heb 1,1-2).
Señor Jesucristo, Hijo amado del Padre y Hermano mío, gracias por esta infinita revelación. La quiero vivir y gozar, y quiero anunciar al mundo lo que tú, por su santa Nacimiento, pasión y Resurrección, nos has regalado. Amén.

Guadalajara, Jalisco, 25-26 diciembre 2019.
 

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