jueves, 19 de diciembre de 2019

1291. Adviento A, Dom IV – La Virgen María en el misterio de la Encarnación


La Virgen María en el misterio de la Encarnación

Mt 2,18-24

Texto evangélico:
18 La generación de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. 19 José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. 20 Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. 21 Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados».
22 Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del profeta: 23 «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Enmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”»*.
24 Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer.
(Y concluye el Evangelio: 25 Y sin haberla conocido, ella dio a luz un hijo al que puso por nombre Jesús)

Hermanos:
1. El primer testimonio escrito en torno a la Virgen María nos lo ha dado san Pablo en la carta a los Gálatas, en aquella frase solemne: “Mas cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos la adopción filial” (Gal 4,4-5).
Decimos testimonio escrito hasta hoy conocido, porque las tradiciones evangélicas circulaban por las comunidades cristianas. Y hasta es posible que sobre el año 50 san Mateo hubiese escrito en lengua aramea el Evangelio, que conocemos solamente en griego, la lengua más extendida de aquel tiempo.
Con esta reflexión introductoria abrimos esta homilía, para traer a nuestra conciencia una pregunta que la comunidad cristiana se hizo desde el principio. Si nosotros hemos centrado nuestro culto en Jesús Resucitado, a quien confesamos como Hijo de Dios, ¿qué lugar tiene en este misterio la mujer, y muy en particular, qué lugar tiene la mujer en la entrada del Hijo de Dios en este  mundo?

2. San Pablo nos da una respuesta teológica de plenas consecuencias para calificar la naturaleza humana de este Hijo a quien podemos llamar nuestro hermano, “primogénito de muchos hermanos”. Ante todo, el Hijo de Dios ha venido a este mundo por el camino de la Alianza, es decir, en la Ley que como gracia Dios había dado a Moisés; en la Ley, bajo la Ley, sujeto a la Ley. San Lucas va a subrayar fuertemente en su Evangelio esta pertenencia: Jesús fue circuncidado al octavo día, como todo varón israelita, sujeto a la Ley. María, su Madre, como toda mujer parturienta, cumplió las prescripciones de purificación y consagración; y los padres de Jesús presentaron el niño al Templo, para consagrarlo y rescatarlo, como la Ley ordenaba.

3. San Pablo nos da un segundo subrayado, que es mucho más que una evidencia. Nos dice que cuando en la plenitud de los tiempos Dios envió a su Hijo al mundo, lo envió nacido de mujer. El Hijo no hizo su aparición en medio del mundo como un ángel del cielo, cuyo origen desconocemos; fue de nuestra carne y sangre; fue hijo de una mujer. Era hijo de Adán y Eva, de las descendencias que pusieron en marcha nuestros primeros padres. En suma, el Hijo de Dios, en medio de la raza humana, se hizo nuestro hermano.    

4. Y aquí desde el primer momento aparece algo portentoso, que nosotros hemos de apreciar, si de verdad somos videntes de las cosas de Dios. La Madre que lo trajo al mundo tiene un nombre. María; y esta Madre es Madre virgen. Este es un dato original y constante. San Lucas lo reafirma solemnemente en la escena de la Anunciación, y a esto va dirigido el Evangelio de hoy. María es Virgen. Una verdad que nos deja absolutamente atónitos, sin palabras. Porque lo normal sería que si Jesús ha de venir al mundo de una mujer, venga como todos los demás hemos venido, por el acto conyugal de un hombre y de una mujer.
La virginidad de María es un misterio que no se refiere primariamente a ella, sino a Dios. Pertenece al misterio mismo de la Encarnación. Manifiesta el poder y la gloria de Dios.
La comparación más inmediata que podemos poner para iniciar la contemplación de esta verdad de nuestra fe es el misterio de la resurrección de Jesús. Son dos misterios exactamente paralelos, la entrada y al salida de Jesús en este mundo. Afirmar la virginidad de María es lo mismo que afirmar la resurrección de Jesús. No nos confundamos: el misterio de la virginidad de la Madre del Señor es un misterio cristológico, antes que un misterio mariano.
Del misterio de la virginidad de María con el correr de los siglos la Iglesia ha de inferir el misterio de la misma concepción inmaculada de la Mujer predestinada a ser la Madre del Redentor. Son verdades concatenadas en la unidad y la armonía del misterio de Dios.

5. Hermanos, a medida que uno va entrando más y más en el conocimiento de las cosas de Dios, nos damos más claramente cuenta de que pisamos terreno sagrado, y que las palabras y razones humanas se tambalean todas.
Al considerar esta sublime y divina verdad, hoy los textos sagrados nos presentan una referencia: la figura del esposo de María, José, de la casa de David, de la tribu de Judá, nos dirá san Mateo. ¿Qué sabemos de José? La curiosidad humana quisiera saber la historia de cómo fue: cómo se encontraron, qué se dijeron… De José los Evangelios no dicen ni una sola palabra. Por lo tanto, todo lo que nosotros queramos añadir será invento nuestro, seguramente que bien intencionado, para dar realismo a una historia que tuvo que existir, pero que ignoramos en absoluto. Los Evangelios apócrifos en el siglo II nos contaron la historia del matrimonio de José, y hasta nos pusieron a José como un varón de edad… Todo ello para salvar una verdad primordial que emerge del Evangelio: María es virgen; nadie la tocó.

6. En esta línea va el Evangelio de hoy. En una clase de Biblia, habría muchos matices que discutir y aclarar…, en los cuáles no podemos entrar.
El sentido fundamental es este: José, estás pensando que aquí un secreto divino, y que tú no eres digno de acercarte, por eso piensas retirarte y abandonarla. Tu pensamiento es verdad: Dios está aquí, pero Dios te llama. Tú vas a tener la responsabilidad de “padre”; tú le vas a dar el nombre, que Dios ha escogido: Jesús.
Y para resumir en breves palabras todo lo que ha sucedido, san Mateo da un salto a la Profecía, y de manera sorprendente nos interpreta una oráculo que pronunció en tiempos antiguos Isaías, un oráculo del siglo VIII antes de Jesucristo: la virgen va a concebir y dar a un luz un hijo. Será el signo de que Dios es fiel a las promesas hechas a la dinastía de David.
Es una interpretación espiritual que nos entrega san Mateo, y que antes de él así lo vivía la comunidad cristiana. Todo lo sucedido Dios personalmente lo ha dirigido; Dios en persona es quien nos trae a su Hijo divino; Dios en persona es quien ha escogido a una mujer y la ha hecho virgen.

7. Hermanos, esta historia la hizo Dios y esta historia no terminó. Esta historia llega hasta mí, y se continúa en mí. Dios en persona ha enviado a su Hijo para mí; Dios en persona ha preparado a una Madre Virgen para su Hijo y para mí.

Dios mío, Dios de la Encarnación, venero tus santos misterios, los acepto con infinita gratitud. Que mi celebración de Navidad sea un inmenso canto de amor y gratitud a tu santa gloria. Amén.

Guadalajara, Jalisco, jueves, 19 diciembre 2019.

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