Levántate, amada mía
Todos los años, el 21 de diciembre,
dentro de las Ferias Mayores que preceden a Navidad, suena en la celebración
eucarística el Cantar de los cantares:
Levántate, amada mía, paloma mía; déjame
ver tu rostro. Porque ese día – hoy – leemos el Evangelio de la Visitación
de María. María virgen es el Arca de la Alianza – Foederis Archa – que lleva en su seno al Hijo. Salta montañas y
colinas; salta el hijo de Isabel, a reventar de alegría. y como un corderillo
salta también mi corazón.
Levántate, amada mía,
me ha dicho mi
cervatillo,
y a escondidas me
decía:
¡Déjame que yo te miro!
Vi entonces que en mi
nacía
del alma como un
estribillo:
y no sabía otra cosa
sino decirle: ¡Amor
mío!
* * *
Amor que de cielo baja
es todo Dios encendido;
amor más grande no
cabe,
que es el Amor
infinito.
Amor que en mí se
derrama,
sin importar lo que he
sido:
del todo, gratis, por
siempre,
amor nunca merecido.
Amor de Dios, no de
hombre
y en un Hombre
acontecido:
Dios y Hombre: ¿qué
diremos?
desde Jesús es el
mismo.
Ante la cuna de Dios
yo me postro
enternecido
y entrego mi corazón
entero al recién
nacido.
Amor de Dios empeñado
ser amor hasta el
suplicio,
todo por mí, sin
retorno.
amor que me hizo hijo.
Amor que puede borrar
solo quien lo bendijo,
pero si Dios se
retracta
firma su propio suicidio.
Amor Trinidad, locura,
locura que no me
explico
no me expliquen los
teólogos
lo que es secreto
divino.
Te adoro, mi Dios,
atónito.
sin palabras,
confundido,
acepto la Encarnación,
en María a Jesucristo.
¡Cielo y tierra y
cuanto existe
besemos al tierno Niño:
hoy
ha nacido Jesús,
hoy en Belén ha nacido!
Guadalajara,
Jalisco, 21 diciembre 2019
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