domingo, 15 de abril de 2012

226. Felicitación sencilla al Papa Benedicto


Felicitación sencilla
al Papa Benedicto


El 16 de abril de 2012 el Santo Padre Benedicto XVI cumple 85 años; el día 19 de abril completa siete de pontificado.
Le felicitamos de corazón y con palabras sencillas, al ver la obra que Cristo está haciendo en él y a través de él en toda la Iglesia.

1. Felicidades en Pascua,
padre amado Benedicto,
Felicidades con flores,
¡Felicidades en Cristo!

2. Con el rumor del silencio
y el corazón florecido,
humildes y verdaderas,
¡Felicidades en Cristo!

3. Felicidades, Cristiano,
por las aguas del bautismo,
primero entre los hermanos,
¡Felicidades en Cristo!

4. Felicidades, Pastor,
por tu cayado y anillo,
por el palio de tus hombros,
¡Felicidades en Cristo!

5. Felicidades por ser
con  tanta luz tan sencillo,
por tu mirada calmada
¡Felicidades en Cristo!

6. Felicidades, piadoso,
en el Santo Sacrificio,
y en tus palabras valiente,
¡Felicidades en Cristo!

7. Felicidades brindando
con cristal y rojo vino,
por tu salud y alegría,
¡Felicidades en Cristo!

8. Felicidades de amor,
que así lo deseo y digo,
pidiendo tu bendición,
¡Felicidades en Cristo!

9. Felicidades con salmos
rogando por tu servicio,
brille Jesús en tus años,
¡Felicidades en Cristo!

10. Felicidades con gozo,
hoy y siempre agradecidos,
seas la paz de la Iglesia,
¡Felicidades en Cristo!

Alfaro, 15 abril 2012

El Papa y su hermano Georg, sacerdote, venido de Alemania para felicitarle, 
rezando juntos en la capilla privada del Papa
(Foto de L'Osservatore Romano de hoy)


La relación entrañable que durante toda la vida ha unido y sigue uniendo a los dos hermanos, Georg y Joseph, está expuesta  con dato conmovedores en el libro: Georg Ratzinger: Mi hermano, el Papa, editor Michael Hesemann. Ediciones San Pablo 2012, 305 páginas. Georg es tres años mayor que Benedicto XVI, y nació el 15 de enero de 1924.


sábado, 14 de abril de 2012

225. Al coronar la primera semana de Pascua


Meditación y exégesis
sobre el Evangelio de san Juan 20,19-31


Hermanos

1. La liturgia pascual iniciada en la Vigilia de la Pascua del Señor y que va a durar cincuenta días se abrió con los sucesos ocurrido en lo que los Evangelios llaman “el primer día de la semana”. Definitivamente la resurrección del Señor marca la cabeza del calendario, el primer día de la semana, cuando María Magdalena y las otras mujeres acudieron de madrugada al sepulcro.
En ese día se acumularon los acontecimientos. Y siete días después fue de nuevo Jesús al encuentro de los suyos. Es obligado que a la semana de Pascua recordemos lo que sucedió precisamente ese mismo días. Recordad que es el episodio de la aparición de Jesús a los apóstoles, presente Tomas. Para comprender mejor la escena, enlazamos con la primera aparición, y como lo describe san Juan leemos las dos pariciones juntas, escritas por el mismo evangelista. Este es el Evangelio de hoy.

2. ¿Qué pasó cuando Jesús se mostró a los apóstoles? Se abría una puerta definitiva entre el cielo y la tierra, entre nuestra doliente historia y la nueva historia de Jesús; en suma, nacía el mundo nuevo. Si era verdad todo esto, había que repensar todo el fenómeno humano desde sus propias raíces.
Los Evangelios están escritos con la conciencia de que, con el estilo de relatos sencillos, se está dando respuesta necesidades vitales del hombre a toda su historia y su futuro.
Al anochecer de aquel día Jesús entra en comunicación con su comunidad de discípulos. “Al anochecer…” ¿Acaso de una manera tácita se está aludiendo a una reunión en oración que viven los discípulos “con las puertas cerradas por miedo a los judíos”. Podría ser y con esto explicaríamos mejor el carácter mistérico y litúrgico que se establece en las palabras de Jesús. “La paz con vosotros”, les dice, saludo habitual de cortesía y de afecto entre los judíos.
Pero no así lo que sigue: “Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado” (Jn 20,20). Este signo del Señor nos introduce en un mundo totalmente distinto del que corresponde a las relaciones habituales. Les mostró las manos y el costado… ¿Qué es lo que realmente les mostraba, y qué pretendía con ello? Ningún gesto de este género acontece en vida de Jesús. Es el Jesús espiritual de la resurrección el que puede manifestarse así, insinuando una intimidad amorosa, que es el tránsito de lo humano a lo divino. Si muestra el costado, es porque muestra la llaga del costado. Y si muestra las manso y el costado, es porque efectivamente en manos y costado están mostrando su intimidad.

Cabe, a partir de ahora, una relación personal nueva del crucificado. Que no habría podido darse anteriormente. Nos encontramos, de este modo, con la primera revelación que hace Jesús a su comunidad. Con este gesto, Jesús les entrega el don de su cuerpo y de su intimidad.
La respuesta fue la alegría honda y liberadora que experimentaron los discípulos. El eco de aquella alegría resuena hoy en el Evangelio: “Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor” (v. 20). La fuente de la alegría cristiana es ver al Señor, y esa fuente nunca nos ha de faltar. La alegría la tenemos asegurada si la alegría es un don que recibimos, no un producto que nosotros fabricamos.
Estamos de lleno, como bien podemos apreciar, en una escena espiritual, una escena que pertenece a la mística cristiana, a la que estamos invitados en la medida en que avanzamos por los caminos de Dios.
La relación de intimidad que aquí se expresa, se abre y queda inaugurada para los cristianos. Jesús con su muerte nos ha posibilitado un modo nuevo de relación con Dios, que él nos lo garantiza. Entrar en la senda de la meditación y contemplación de los Evangelios es abrir las puertas a la confianza y a la familiaridad con Dios.
“Dentro de tus llagas, escóndeme”, rezamos en la oración del “alma de Cristo”. Esa aspiración de entrar y vivir en las llagas de Cristo se basa en los Evangelios, y, en especial, en el pasaje que estamos meditando.

3. Ahora Jesús da a su comunidad una encomienda: la misión contemplada en su raíz auténtica y pura: “Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Y dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo…”
Nos encontramos, hermanos, en la pura teología de la Trinidad. El Padre es el origen no originado y el que envía; el Espíritu es el que santifica, pues nada puede ser santificado si no ha sido transformado por el Espíritu de Dios.
En esta escena se encadena la era y la misión e Jesús con la era y la misión de la Iglesia. La Trinidad es la fuente de la misión, ayer y hoy. Somos enviados desde Dios, somos santificados por el Espíritu Santo, somos destinados a llevar la santidad de Dios al mundo, mediante el perdón de los pecados”.

4. Siguiendo con el relato, advertimos que en el grupo apostólico falta Tomás, y los discípulos le anunciaron: ¡Hemos visto al Señor! Tomás exige una prueba: ver y tocar el cuerpo divino del Señor, donde está la historia de la Pasión y la vida de la resurrección. Y Jesús, que ha negado a los fariseos las pruebas para creer, le brinda a Tomás, amorosamente, la prueba del tacto para que se rinda y lo acepte como Hijo de Dios resucitado.
“¡Señor mío y Dios mío!” es el acto de adoración y entrega de Tomás, que tanats veces los cristianos han proferido cuando el sacerdote alza y muestra la hostia consagrada.
El final de la escena es un a bienaventuranza que el Señor nos dirige a nosotros: “¡Bienaventurados los que crean sin haber visto!”(v. 29).
Fue grande el privilegio de los apóstoles contemporáneos del Señor. No es menor el nuestro, porque la fe alcanza los mismos bienes celestiales que se dieron a los apóstoles de Jesús.

5. Al llegar a esta coronación semanal de la Pascua de Jesús, hay un pensamiento dominante que puede ser el resumen de todo lo que hemos vivido. La Pasión y Muerte de Jesús, a la que ha seguido su santa Resurrección, nos llevan a una evidencia: Dios nos ha amado. Nos ha amado infinitamente porque Dios es infinito; nos ha amado de una manera mayor que la cual no era posible. Porque nos ha amado dándonos a su propio Hijo.
El Beato Juan Pablo II, siguiendo una inspiración de una santa a la que él mismo le declaró el honor de los altares, Santa Faustina Kowalska, decreto que es Domingo siguiente a Pascua sea llamado el Domingo de la misericordia.
Domingo de la Divina Misericordia porque Dios es amor, y todo el amor de Dios se nos ha dado en su Hijo.
Señor Jesús, amor del Padre, concédeme llenarme de este amor. Y ser entre mis hermanos un signo humilde y real, fresco y fragante de ese amor que tú nos has entregado. Amén.

Felicidades al Papa

El día de mañana (16 de abril de 2012) el Santo Padre Benedicto XVI cumplirá, con la gracia de ds, siete años de pontificado; el día 19 fue elegido Papa y a partir de este día en los documentos su firma será: en el octavo año de pontificado.
En estos siete años Benedicto XVI podemos resumir así el balance externo de su ministerio:

-23 viajes internacionales (el último a México y Cuba);
-23 países visitados;
-26 viajes dentro de Italia;
-4 sínodos de obispos;
-3 jornadas mundiales de la juventud;
-3 encíclicas e infinidad de otros documentos, como las catequesis en las audiencias públicas de los miércoles, en las que ha recorrido toda la historia de la Iglesia, a través de los santos,
- llama especialmente la atención sus homilías, que nos encantan por su sencillez y dabiduría
-2 años dedicados uno a San Pablo y otro al Sacerdocio;
-2 libros, Jesús de Nazaret y Luz del mundo.
Y lo que san Pablo dice: "La solicitud por todas las iglesias". Y una solicitud especialísima ha sido la purificación de la Iglesia en los graves abusos sexuales ocurridos. 
El Señor sea su bendición, su consuelo y su fuerza, y cuente con el amor sincero de la Iglesia.

Sábado, 14 abril 2012.

224. Cristo, colmena, panal y miel


Una Canción de Pascua
en una determinada circunstancia

Come miel, hijo mío, que es buena,
el panal es dulce al paladar;
así es la sabiduría para tu vida;
si la encuentras tendrás porvenir,
tu esperanza no fracasará (Pro 24,13).


Es Pascua y seguimos cantando a Cristo.
Cada anhélito de nuestro corazón es un canto de amor a Jesucristo, y todo cuanto en la vida acontece podemos vivirlo, en lo más vivo, verdadero e íntimo del corazón, como vivencia pascual.
También el que los hermanos menores capuchinos de España nos hayamos reunido en la semana pascual para conversar, con Jesús en medio, sobre nuestra vida de hermanos, sobre nuestra presencia en el mundo, sobre nuestras casas, en una palabra sobre nuestra familia…
No hace falta recalcar lo que salta a la vista: el deterioro de nuestra edad, pero ¿sabéis, amigos, que la pasión por Jesús crece conforme los años avanzan? Las nuevas realidades están en manos del Señor. Entretanto, mirándole a él y abrazando al mundo hermano, seguimos cantando.
Quiera el Señor concedernos el frescor y la fragancia de su santa Pascua.

 (Nota. El convento de capuchinos de El Pardo guarda, para la devoción de los fieles,  en una urna de cristal un bellísimo Cristo yacente de Gregorio Hernández, siglo XVII, urna de cristal que el poeta quiere verla como una colmena - con panal y exquisita miel - en el monte de El Pardo de abejas y miel).

1.  La miel exquisita
de humildes abejas
mi madre tenía
en una alacena.
¿Dónde está esa miel,
que quiero comerla,
que a viejos y jóvenes
les da nueva fuerza?

2. Yo toda mi vida,
de días ya llena,
la miel he querido
y miel de la buena.
Un tarro oloroso
de miel de la sierra
yo sé que en El Pardo
en Pascua se encuentra.

3. Como enamorado
de pura belleza
la miel de Francisco
yo quiero tenerla.
No huele a papeles,
de Espíritu esencia,
vigor, profecía
y dulce presencia.

4. La miel amorosa,
que nutre y deleita,
decid, mis hermanos,
la tengo bien cerca.
Si cree tu pecho,
confiesa tu lengua,
si es Pascua tu vida,
la miel te alimenta.

5. Yo canto a la miel,
porque es primavera,
canciones y amores
que el céfiro impregnan.
Se van mis hermanos,
se mueren abejas,
mas Cristo en El Pardo
es Cristo colmena.

6. Salid de la larva,
abejas pequeñas,
saciaos de flores,
batid alas nuevas.
Y nunca olvidéis
la esperanza cierta:
que Cristo en El Pardo
es Cristo colmena.


El Pardo, Jueves de Pascua 2012
Fr. Rufino María Grández

viernes, 13 de abril de 2012

223. Mistagogía: Sábado de Pascua


Meditación y exégesis
sobre el Evangelio de san Marcos 16,9-15


Hermanos:

1. ¡Qué cosa tan grande y admirable es la fe! Sencillamente es divina.
El Evangelio de las apariciones queda coronado en Marcos con una apoteosis de fe, inmediatamente precedida por una reprensión de Jesús por no haber creído.
María Magdalena: no creyeron.
Dos discípulos peregrinos: ni a ellos creyeron.
Tuve que venir Jesús en persona. Era la evidencia del misterio, y Jesús les echó en cara su incredulidad, la dureza de su corazón.

2. Estos no invita a una atenta meditación de la fe, que es la plataforma indispensable del misterio. Sin la fe Dios queda diluido, desaparece; diríase que se repliega de este mundo, aunque Él siga siendo Dios por siempre.
María Magdalena es la primera favorecida y la primera testigo, dos títulos que nadie se los podrá quitar, que le dan una gloria del todo especial en la Iglesia. María Magdalena, “de la cual había echado siete demonios”, recuerda Marcos (v. 9). Si Jesús  de un publicano, llamado Leví, había hecho un apóstol; pudo hacer y lo hizo de una mujer, presa de siete demonios (acaso siete demonios de enfermedades) su primera mensajera, su confidente y embajadora. Nunca podremos ponderar bastante lo que esto supone de honor y de confianza. María Magdalena se aproxima de esta manera al mismo oficio de los ángeles, a los cuales Dios les asignó ser transmisores y pregoneros del Misterio de la Encarnación (“El ángel del Señor anunció a María”) y en la tumba ser ministros de la resurrección. María Magdalena, apóstol de los apóstoles, se le ha dado este ministerio de la resurrección. El mensaje de Cristo resucitado ha sido anunciando al mundo, ante todo, por la ternura y la valentía de una mujer.
En la historia de la manifestación de Dios en la historia, a María Magdalena tenemos que ponerle junto a los ángeles.
Pero he aquí que los apóstoles no creyeron. No era el rechazo de la mujer lo que significaba aquella cerrazón de los apóstoles, sino el mensaje que ella misma portaba. En rigor el texto no dice “no la creyeron”, sino escuetamente “no creyeron” (es cierto que el sentido equivalente es “no la creyeron”. Más abajo se dirá: “ni a ellos creyeron”).
No  creyeron. La mujer mensajera de Cristo Resucitado ejerció una mediación, por de pronto, estéril; pero su nombre ha quedado grabado para toda la historia de la Comunidad visible de los hijos de Dios, que es la Iglesia.
Bien merece como título este: María Magdalena de la resurrección del Señor, puesta la santa resurrección es lo que ha iluminado y hermoseado toda su vida.

3. Segundo momento de este Evangelio: la evocación de cuando Jesús se apareció “en figura de otro” (v. 12) a dos discípulos caminantes. Estos, impulsados por una obvia llamada interior, van a llevar el anuncio al grupo de los apóstoles.
Nueva frustración: “ni tampoco a aquellos creyeron”. Hipotéticamente se podría objetar que el testimonio femenino no alcanzaba la credibilidad necesaria, según arcaicas ideas. Pero esa benévola despensa para el autor sagrado es excusa. No creyeron a los discípulos.
El dilema es creer o no creer el testimonio de Dios, nos venga por labios de una mujer, o del varón.
Lo que contaba era creer, y desde la fe ver que se inicia un mundo nuevo.

4. Llegamos a otra aparición. Ahora Jesús se muestra a todo el Colegio apostólico. Al celebrar aquel recuerdo, queda para enseñanza de la Iglesia, el reproche pronunciado por Jesús: les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón.
La “dureza de corazón”, vieja expresión de la Biblia en diversos estratos de tradición, es la resistencia personal cuando el enviado de Dios nos su mensaje.
El autor sagrado es un místico y un moralizador y nos está mostrando cómo si n o creemos, y en las cosas en que no creemos, ha habido una infidelidad personal al Señor. La fe, por tanto, no es un don que se recibe pasivamente, ajeno el sujeto a esa drama de fidelidad y de entrega voluntaria que se está trabajando en el corazón. La fe se nos da, pero en el mismo momento de recibirla reclama que tú te entregues a ella, dejando fuera todas las sutiles comodidades que son insidias muy sutiles para el corazón creyente.

5. La lección está dada, aunque sea en ese omento. Está dada, pero quede atrás para gozarnos con la misión que ahora el Señor nos encomienda.
La misión de envío y anuncio, remate de las apariciones, tiene unas palabras esplendorosas que, de repente, pueden traspasar de luz mi vida toda, y entregarme como simbiosis cristiana mi genuina vocación de aquí y ahora siempre. Dice el Señor
Id al mundo entero
y proclamad el Evangelio a toda la creación.

6. La misión entregada en aquella ocasión a los apóstoles es la misión que al mismo tiempo se le entrega a la Iglesia como tal. Y es la misión que se me da a mí. El campo de acción a ser el mundo entero. “Id”… (“Identes”. Instituto Id de Cristo Redentor, fundado en Tenerife, 1959, por Fernando Rielo 1923-2004. Instituto que echa sus raíces en una espiritualidad profundamente místico y contemplativa).
“El mundo entero” expresión que se vierte con otra: “toda la creación”. No hay rincón en el mundo al que no debe llegar el anuncio del resucitado. “Toda la creación”: no hay un reducto en la creación que no esté destinado a dejarse llenar de la luz del Señor Resucitado.
Esto es la apoteosis de la Resurrección de Jesús.
Y aquí nos e trata de proselitismo sino de otra cosas: llenar el mundo de Dios, y hacer que del mundo entero, y de la misma creación materia (que nunca jamás ha de poder ser descubierta por su magnitud ilimitada) emerja la verdadera figura de Jesús Resucitado.
El mundo entero es un icono de Cristo glorioso, pero es necesario que haya misioneras y misioneros que vayan a decírselo.

7. Miremos la faz de Cristo, hermanos. Esto es lo que a nosotros se nos encomienda.
Pedimos una gracia para emprender con valor la misión:
¡Señor Jesús,
para que yo pueda llevarte al mundo entero, para que puedan comunicarte con la creación entera,
y aposéntate en lo más íntimo de mi corazón! Amén.

13 abril 2012

jueves, 12 de abril de 2012

222. Mistagogía: Viernes de Pascua


Meditación y exégesis
sobre el Evangelio de san Juan 21,1-14


Hermanos:

1. Realmente las apariciones de Jesús contadas por los Evangelios son un banquete para el alma. La del viernes de la octava pascual, aparición de Jesús junto al lago de Tiberíades habla también de un banquete místico que Jesús ha preparado para aquellos siete discípulos de la escena: Pedro, Tomás, Natanael, los Zebedeos (es decir, Santiago y Juan) y otros dos discípulos.
Este pasaje que, al parecer, ha sido añadido cuando el Evangelio ha sido cerrado – porque al final del capítulo anterior hay una conclusión a todo el Evangelio (Jn 20,30-31) – nos invita a avanzar más y más en el conocimiento interior de Jesús, que en última instancia, es el conocimiento que de verdad acierta, y es el preámbulo de aquella escena solemne en que Jesús pide una profesión de fe a Pedro para darle el pastoreo de las ovejas y corderos del rebaño de Dios.
Si la mistagogía pretende adentrarse por esos caminos interiores del conocimiento amoroso por ósmosis y del deleite de la experiencia del resucitado, la escena que nos ocupa es, desde el principio al final, pura mistagogía.

2. “Tercera aparición” de Jesús al grupo apostólico, de acuerdo al testimonio del Evangelio del discípulo amado: la primera fue la tarde pascual, encerrados ellos en una casa por miedo a los judíos; la segunda, ocho días después, presente ahora Tomás, y se supone que en el mismo lugar; la tercera, de madrugada, cuando un grupo de discípulos se encuentran en su faena, después de una noche de trabajo estéril. El escenario de las apariciones ha cambiado de Jerusalén a Galilea; nos encontramos en el sitio donde Jesús comenzó el anuncio del reino con la llamada a los primeros discípulos en el lago.
Jesús les aguarda en la ribera, y entra con una frase coloquial para abrir conversación, que traducida a nuestro estilo de conversación sonaría así:
- Muchachos…, ¿qué? ¿Habéis cogido algo?
- Nada.
Y aquel hombre, que no parece que sea un pescador sino un paseante matutito por la playa, les da un consejo de pesca:
- Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.
Y así ocurrió: la red se llenó repleta, que no podían sacarla del agua.
En estas condiciones salta el profeta que llevamos en el alma. El discípulo amado le dice a Pedro:
- ¡Es el Señor!
Aquí comienza la mistagogía. ¿Qué instinto divino nos lleva a “adivinar” (en un sentido radicalmente verbal, no supersticioso o mágico) las cosas divinas? Dios las ha puesto dentro del alma, y al paso del Espíritu se despiertan
Y Pedro se lanza, cruzando los cien metros que separan el lugar de la barca de los trabajadores en faena y Jesús que está en la ribera, mirándoles con ojos penetrantes. Esa pareja de Juan y Pedro ante el Señor es la misma que la de la Última Cena cuando Juan reclinó su cabeza sobre el pecho del Señor. Juan es el hombre de la confidencia y del amor; Pedro es el jerarca solícito que tiene que velar por la Iglesia. Pedro es el que se ha lanzado; Pedro va a ser a continuación el que remolque la barca hasta la ribera para sacar la red y contar el número de peces.

3. Era el Señor, y el Señor les había preparado sobre unas brasas un pescado y allí junto un pan.
¿De dónde había venido aquel pescado? ¿De dónde aquel pan? Eran venidos de la mano del Señor; no hay más que preguntar.
Ahora Jesús, el Señor, pide que le den algo de los 153 peces que acaban de coger, porque les invita a almorzar:
- Vamos, almorzad.
Y se describe aquel banquete, que hemos llamado un banquete místico: “Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y los mismo el pescado” (Jn 21,13).
Este entregar él, personalmente, el pan, y acto seguido el pescado, está evocando la entrega de la Eucaristía.
Estamos en un plano de relaciones que no son las de un mero episodio humano. Es Jesús Resucitado el que ha llamado y convocado y el que ahora entrega, el mismo Jesús que hoy en mi vida está en acción, llamando y entregando. El Evangelio está describiendo lo que ocurre en el ámbito real de mi vida. Jesús es un banquete: él me da el pan y el pescado; él me da la Eucaristía; él se me da a sí mismo.
He de repetirme a mí mismo sin cesar con gozo pascual: Jesús es un banquete, Jesús es mi banquete.

4. A la altura de estas reflexiones, emerge del fondo del corazón la pregunta de la realidad: Pero ¿será verdad? ¿Estoy tocando la realidad o vagando por la ilusión? ¿Estamos en un vuelo etéreo que, de pronto, ilusiona la fantasía, pero en sí mismo inconsistente cuando haya que tornar a la realidad de lo cotidiano y vulgar?
De hecho, estamos en una escena de trabajo, en la pesca, a la que se ha dedicado una noche estéril. El evangelista narrador es simultáneamente teólogo de su propia narración, y, aunque el mero narrar ya sea teología – la “teología narrativa”, base de la “teología especulativa” – el escritor detiene su pluma para hacernos entrar en una confidencia reflexiva antes de comenzar el banquete: “Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor” (v. 12).
¿Será o no será el Señor? es la pregunta de vida para saber a qué atenerse y cuál es el valor de la experiencia que estamos viviendo. ¿Será no será el Señor? es igualmente la pregunta que cruza nuestro horizonte para garantizar si estamos en la verdad o en el ensueño de nuestras propias creaciones. Vivir en la verdad, “caminar en la verdad”, es el certificado de que nuestra vida es verdaderamente lo que es. La verdad y el amor fluyen y concluyen en la misma dirección, y si el término de llegada es Jesús, al final se identifican. En él lo bueno y verdadero nacen del mismo corazón.
Ninguno se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. La certidumbre que da la fe, pero es una certidumbre interior, que, para gustarla, pide una oblación plena de nuestra parte. Son certezas de vida, certezas para la generosidad, para hacer de nuestra vida una vida teología en comunión con Dios y el mundo. La vida es un banquete de amor, siendo un banquete de comunión.

5. Para entender lo que estamos recibiendo y explicando, necesitamos meternos dentro de la escena, y vernos allí y hoy como comensales de este banquete. El Señor nos tiene junto a sí. Pero él está en el cielo y nosotros en la tierra. Ahora bien, el sacramento nos une. Estamos en la misma área que ha establecido el amor creador de Dios. Jesús, el pan y yo; Jesús, venido de la Trinidad, el pan que me dan sus manos y este yo que anhela y habla, estamos celebrando el banquete del amor divino. La transcendencia y la inmanencia se han sentado en la misa mesa, y todo ello es fruto de la santa resurrección de Jesús.
Él es el que vive, el que vive en el Padre, por el Espíritu, el que vive en mí.
Él es mi coloquio.
¡A ti, Jesús, mi mirada, y sobre mí sea tu misericordia! Amén.

12 abril 2012