viernes, 5 de septiembre de 2014

590. Domingo XXIII A – En la Iglesia de Jesús: discípulo y comunidad



Homilía en el domingo XXIII del tiempo ordinario, ciclo A

Mt 18,15-20

 

Texto evangélico:
Si tu hermano ha pecado contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano.
Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto que confirmado pro b oca de dos o tres testigos.
Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si  no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano.
En verdad os digo que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos.
Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en el cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio  de ellos.


Hermanos:

1. Los dos últimos domingos hemos estado insistiendo en una idea central: la Iglesia de Jesús. ¿Cuál esa Iglesia, que Jesús llama “mi Iglesia”, que la funda él y nadie más sobre la fe que Dios da y que Pedro la ha confesado? Y el domingo pasado: ¿Quién es el verdadero discípulo de Jesús en esta Iglesia? La respuesta de Jesús era taxativa: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.
Avanzando en el Evangelio de san Mateo, que vamos proclamando este año, y pasando al capítulo 18, vamos a escuchar lo que Jesús nos dice acerca del discípulo y la comunidad.

2. La comunidad de los discípulos de Jesús tiene que ser una comunidad de amor, de unidad, de paz; en suma, de felicidad, en cuanto la felicidad es posible en esta tierra.
Pero la experiencia dice que tristemente los conflictos surgen, y las enemistades y los escándalos. Somos una comunidad de pecadores, una comunidad santa de pecadores: santa, porque Jesucristo y el Espíritu Santo nos santifican. El amor de Dios se ha derramado sobre nosotros; y el bien, se vea o quede oculto de pronto a los ojos, siempre sale vencedor. Una comunidad santa compuesta de pecadores.
Las ofensas y escándalos puede surgen entre nosotros, y de hecho se dan. Para estas situaciones existe el perdón: el amor de Dios que sana nuestras heridas, que nos restablece y nos abre un camino nuevo hacia adelante. Debemos pensar que Dios siempre quiere poner en orden nuestras desavenencias.
     Con todo, hermanos, ¿qué hacer cuando nos resistimos, y permanecemos en nuestra dureza y división?
     Esta página del santo Evangelio, que procede de Jesús, recoge, por otra parte, la disciplina penitencial existente en la Iglesia al tiempo en que se iba escribiendo el texto sagrado de los cuatro Evangelios.

     3. Jesús nos habla de tres pasos, incluso, en último extremo, de un cuarto paso: la exclusión de la comunidad. Veámoslo.

     Primer paso. Si tu hermano e ofende - se entiende, en un asunto grave y verdaderamente importante - vete a encontrarte a solas con él; házselo entender, arreglaos, perdónale.
     Si te escucha, si te hace caso, has conseguido algo inmenso. Dice el texto sagrado: ¡Has salvado a tu hermano! Y dice el proverbio cristiano: Quien salva un alma, salva la suya.
Puede ocurrir que no se trata de una ofensa personal a mí, sino de una acción mala y escandalosa, que perjudica a la comunidad. Corrígele a solas, salvando su fama. Habrás hecho una gran obra. Esto se llama la corrección fraterna. Si yo puedo con mis palabras enderezar por el buen camino a una persona que va desviada, ¿por qué no ofrecerle este servicio de caridad?

El segundo paso. Puede ocurrir tristemente que el pecador, obstinado por su orgullo, no me hace caso a mí que he tratado de ir con humildad. ¿Cómo proceder? También con discreción. Sin pasar todavía a publicar la cosa, voy de nuevo a él, pero ya de una manera oficial: con dos o tres testigos. Según las leyes de Israel, la presencia de dos o tres testigos eran garantía de verdad. La presencia de estos testigos puede hacer entrar en razón al pecador, y convencerle de su error.
Si aquí se terminan las cosas, ¡bendito sea el Señor!  ¡Felicitémonos!
Pero desgraciadamente, a lo mejor aquí no se terminan las cosas, sino que uno sigue empecinado en su pecado. Bueno, pues, dejémoslo pasar... No, hermanos, no se resuelven las cosas, cerrando los ojos y dejándolas pasar.

Tercer paso. Este es el momento serio y grave en que  la cosa pasa a ser pública, y entra en juego la competencia y autoridad de todos los hermanos. Si no te hace caso, díselo a la comunidad.
La Iglesia es comunidad de hermanos: una comunidad jerárquica, ciertamente, en la que hay una autoridad que manda y da cohesión al grupo; pero esto no quita la fuerza y el sentido de la comunidad, junto con el sentido de responsabilidad, que nos implica a todos. Todos somos responsables de la marcha común, que es bien de todos.
Volviendo al caso que plantea Jesús: lo que hasta ahora era un asunto reservado, con el tratamiento conocido sólo por dos o tres, ahora pasa a ser asunto público.
¿Qué opina la comunidad frente a este hermano? No se nos dice aquí que esto se resuelve por la autoridad personal del superior, y punto; por la autoridad del obispo, por ejemplo. Aquí, en las palabras de Jesús, en la perspectiva que tiene el evangelista ante sus ojos, cuando se escribe esta página, que la han de leer las comunidades del tiempo.
Si de verdad somos cristianos, la comunidad no puede consentir que dentro de ella haya unos hermanos que vivan en escándalo y... aquí no pasa nada. Respeto a todo el  mundo y que cada cual siga su conciencia. Eso ciertamente no es comunidad.
“Aquí no sobra nadie”, “aquí hay sitio para todos”… Frases ambiguas que pueden producir más oscuridad que claridad. Aquí no sobra nadie, ciertamente, si uno, por débil y pecador que sea, quiere seguir el camino de Jesús. Pero si no quiere seguir este camino, aquí está de sobra: siga por su sendero.

4- El Evangelio de hoy tiene al final una frase entrañable: donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio  de ellos. Los judíos decían que para hacer comunidad y tener la presencia de Dios, la shekiná, debían juntarse, al menos, diez varones. Jesús nos dice: bastan tres, incluso dos…, y no hablemos de varón  ni de mujer. Allí está Jesús, y la oración que entonces se dirige al Padre es oración infalible, porque Dios escucha a su Hijo amado.
Hermanos, esto es la Eucaristía. Esto nos da un consuelo infinito.

5. Señor Jesús, abre nuestros ojos para ver y sentir tu presencia, y danos el gozo de experimentar que todo lo que pedimos en tu nombre, el Padre celestial nos lo concede. Amén.

Guadalajara, Jal., viernes, 5 septiembre 2014.


miércoles, 3 de septiembre de 2014

589. Lectura de la Biblia: san Gregorio Magno



Lectura de la Biblia

(Al cobijo de la memoria de san Gregorio Magno)

He aquí, de modo espontáneo (con el valor propio que tiene la espontaneidad de lo cotidiano)  algunos indicadores que nos pueden servir para la lectura de la Biblia. Establecida una singular Alianza con Dios en los votos religiosos, dimanantes de la consagración bautismal, la Biblia pasa a ser, para mí, palabra directa del Dios de mi amor, palabra de todos los días. No hacemos votos de leer la Biblia todos los días…, pero acaso sería una forma de expresar qué es la vida religiosa, como actualización del Bautismo.

1.     Lectura informada, con una introducción esencial: composición y líneas teológicas de este libro. Partimos de este viejo principio: Los grandes conocedores de la Biblia no son los que han leído mucho “acerca de la Biblia”, sino los que han leído, con sabiduría, “mucho” la Biblia.

2.     Lectura de la Biblia en sí misma, como expresión de la Fe de un Pueblo. Lectura, por tanto, desde donde se ha escrito, no desde el punto de vista de adónde queremos llevarla, apelando a una “lectura para la vida”. No una lectura condicionada: Biblia del joven, Biblia de la familia, Biblia para los pueblos de América Latina… Buscamos una lectura no hipotecada por ninguna teología.

3.     Lectura con gusto literario. Primer libro de la literatura universal: saber apreciarlo sencillamente como libro. Es una lectura en comunión con la cultura humana.

4.     Lectura con una relación afectivo-personal al libro sagrado
o   Es una lectura para mí, no para un examen de clase.
o   Una lectura gozosa, sosegada, inteligente, mía.
o   Una lectura sabrosa, que acaba siendo una lectura apasionada.
o   Lectura de un libro que me pertenece y pertenece a toda la comunidad humana.

5.     Lectura cual corresponde a un libro sagrado. Aquí comienza una lectura directamente religiosa. Es la lectura de “hondura” en diálogo con los problemas eternos del hombre, desde el inicio de la Biblia.
6.     Lectura directamente “espiritual”. La Palabra queda habitada por el Espíritu de Jesús, por Jesús. Ya se ha convertido en “lectio divina” con múltiples modalidades, sin confinar la “lectio divina” a un método.

7.     Lectura como dirección espiritual de la Fe de la Iglesia y de la fe que palpita en mí.

8.     Lectura programada, teniendo en cuenta la pauta litúrgica que nos da la Iglesia, en la variedad de ciclos.

9.     En fin, lectura cotidiana, sencillamente como lectura de mi libro.

3 septiembre 2014, memoria de san Gregorio Magno.

Es muy bella y consoladora la última frase de la homilía de san Gregorio escogida para su fiesta. Dice así:

¿Qué soy yo, por tanto, o qué clase de atalaya soy, que no estoy situado, por mis obras, en lo alto de la montaña, sino que estoy postrado aún en la llanura de mi debilidad? Pero el Creador y Redentor del género humano es bastante poderoso para darme a mí, indigno, la necesaria altura de vida y eficacia de palabra, ya que por su amor, cuando hablo de él, ni a mí mismo me perdono.




Mi Biblia

A los seminaristas de mi querido Seminario Guadalupano de Cuautitlán, para que la Palabra y la Eucaristía sean su amor y su vida.

ACuando suba al trono real, deberá escribir esta Ley para su uso, copiándola del libro de los sacerdotes levitas. La llevará consigo; la leerá todos los días de su vida para aprender a temer a Yahveh su Dios, guardando todas las palabras de esta Ley y estos preceptos, para ponerlos en práctica@ (Deut 17,18-19).

Mi Biblia llevo conmigo,
yo la venero y la beso,
con ella mi fe confieso
con ella a mi Dios bendigo;
es mi defensa y mi abrigo.

Mi Biblia y mi Crucifijo,
mi corazón en Dios fijo:
y la santa Eucaristía
con ternura cada día:
(soy discípulo, soy hijo!

Cuautitlán Izcalli, 27 de febrero de 2009