jueves, 20 de agosto de 2020

1420. Asunta 2020 y 5 - Humilde, yo te pido una palabra


Humilde, yo te pido una palabra

A las hermanas
del Císter de Esmeraldas (Ecuador),
Monasterio de Santa María de la Esperanza,
que a diario cantan,
como esposas vigilantes,
al Cordero Inmaculado.
Agradecido.
Fr. Rufino María Grández, OFMCao

Humilde, yo te pido una palabra,
para anunciar, María, tu hermosura,
que no sea de libros eruditos,
que sea, oh Madre, tuya, solo tuya.

Que haya sido en mi seno concebida,
y dada a luz cual Hijo de tu cuna,
un poema divino, muy sencillo,
y digno de ser canto en la liturgia.

Ayúdenme, hermanas de Esmeraldas,
ayúdame Bernardo, blanca túnica,
y Roberto, Alberico con Esteban,
valientes tres de férvida aventura.

Todo templo es iglesia de María,
todo salmo el Magníficat susurra;
mil nombres y coronas amorosas
los hijos a la Madre le tributan.

La sangre de Hijo y Madre fue la misma,
por eso, le decimos Toda Pura;
y Dios la quiso pobre, la más pobre,
pues la quiso fulgor de su ternura.

Te alabaré, oh Santa, cual creyente,
vocero de esa Gracia que te inunda;
Tú eres, dulce Madre, toda nuestra,
sencillez y Evangelio en nuestra ruta.

Al coronar los días de este valle,
recíbenos contigo, Madre Asunta,
en la Pascua de luz y de alabanza,
en la dichosa paz, que eterna dura.

Madrid, Jesús de Medinaceli, 20 agosto 2020, San Bernardo.

miércoles, 19 de agosto de 2020

1419. Asunta 2020/4 – María, Mujer eucarística


Hágase, dijo María

“En cierto sentido, María ha practicado su fe eucarística antes incluso de que ésta fuera instituida, por el hecho mismo de haber ofrecido su seno virginal para la encarnación del Verbo de Dios. La Eucaristía, mientras remite a la pasión y la resurrección, está al mismo tiempo en continuidad con la Encarnación. María concibió en la anunciación al Hijo divino, incluso en la realidad física de su cuerpo y su sangre, anticipando en sí lo que en cierta medida se realiza sacramentalmente en todo creyente que recibe, en las especies del pan y del vino, el cuerpo y la sangre del Señor.
Hay, pues, una analogía profunda entre el fiat pronunciado por María a las palabras del Ángel y el amén que cada fiel pronuncia cuando recibe el cuerpo del Señor. A María se le pidió creer que quien concibió « por obra del Espíritu Santo » era el « Hijo de Dios » (cf. Lc 1, 30.35). En continuidad con la fe de la Virgen, en el Misterio eucarístico se nos pide creer que el mismo Jesús, Hijo de Dios e Hijo de María, se hace presente con todo su ser humano-divino en las especies del pan y del vino.
« Feliz la que ha creído » (Lc 1, 45): María ha anticipado también en el misterio de la Encarnación la fe eucarística de la Iglesia. Cuando, en la Visitación, lleva en su seno el Verbo hecho carne, se convierte de algún modo en « tabernáculo » –el primer « tabernáculo » de la historia– donde el Hijo de Dios, todavía invisible a los ojos de los hombres, se ofrece a la adoración de Isabel, como « irradiando » su luz a través de los ojos y la voz de María. Y la mirada embelesada de María al contemplar el rostro de Cristo recién nacido y al estrecharlo en sus brazos, ¿no es acaso el inigualable modelo de amor en el que ha de inspirarse cada comunión eucarística?”
(S. Juan Pablo II, Ecclesia de Eucharistia [Jueves Santo 2003], n. 55).

Hágase, dijo María,
dándose en plena oblación:
el sí más bello del mundo,
el sí de la Encarnación.

Sí por la vida del Hijo,
por su Cruz y su Pasión;
sí del Misterio Pascual,
sí de la Resurrección.

Sí de la Eucaristía,
Amén de consagración;
Sí de la Iglesia que vino
en el Espíritu don.

Feliz por haber creído
en la venida de Dios,
feliz por ser el Sagrario
que al Verbo Santo albergó.

Feliz que pudo abrazarle
con besos de adoración,
feliz, que su vida era
unidad y Comunión.

¡Santísima Eucaristía,
Amor sobre todo amor,
la Iglesia adora y bendice
y entrega su corazón! Amén.

Madrid, 19 agosto 2020, San Ezequiel Moreno.

martes, 18 de agosto de 2020

1418. Asunta 2020/3 – Ángelus, La casita de María


Ángelus, La casita de María


Las casas de Palestina podían ser de adobe, podían ser de piedra. De adobe y paja, como antiguamente las había en los pueblos. En la hermosa Basílica de Nazaret, hay una casa-cueva, cavada en la roca… Y allí cerca graffiti antiguos, antiquísimos, saludando a María. Allí en la casa, un agujero, como para atar algo. Aquí podía atar el burrito san José, nos decía el eruditísimo P. Virgilio Ravanelli (1927-2014), a los alumnos del Studium Biblicum Franciscanum. Acaso… Nada de esto pertenece a la fe.
Pero “la Casita de María” existe en el ámbito de nuestra fe. Es la casa de la Encarnación, donde el Verbo nos hizo sus hermanos por las entrañas de una madre Virgen. Yo puedo visitar, en alas del Espíritu, esa casa, punto de encuentro de Dios con la Tierra. Yo puedo ir allí cada día. Yo puedo orar, y adorar y dar gracias. Eso es el Ángelus, que la piedad cristiana quiere rezar tres veces al día.
Hoy María de la Anunciación es María Asunta que intercede por nosotros.

La casita de María,
que en Nazaret habitaba,
era humilde como todas,  
acaso de adobe y paja.

O mejor…, era una cueva,
partida con dos estancias,
y un agujero a la izquierda,
donde al burrito lo ataban.

Y a esta casita tan pobre,
bella con santas sandalias,
se acercó la Trinidad
con un ángel de embajada.

La pureza de una virgen
el recinto perfumaba,
y el Mensajero del cielo
otro cielo allí encontraba.

“Hágase su voluntad,
que yo soy la humilde esclava”,
y en aquel divino instante
de Dios quedó embarazada.

Yo quiero llegarme allí,
para besar con mi alma
aquel suelo de la tierra
donde Dios puso su planta.

No fue un palacio precioso
con columnas de oro y plata;
fue una vivienda de aldea
donde se reza y se ama.

Y eso escogió el Rey del cielo
para su digna morada;
fue la primera Basílica
en el mundo dedicada.

Tres visitas cada día
puedo hacer desde mi  casa,
para llenar mi respiro
de la que es llena de gracia.

Al alba de mis quehaceres
Ángelus de la mañana,
y otra vez al mediodía
y al concluir la jornada.

Tres Ángelus saludando
a la Pura Inmaculada,
y recogiendo con fe
la oración con que ella oraba.

Ángelus de los sencillos,
Evangelio de la Infancia,
para seguir a Jesús
de Nazaret a la Pascua.

Madrid, 18 de agosto de 2020