Su cuerpo no es un fantasma
El Jueves de Pascua hemos leído Lc 24,35-48: “Palpadme y daos cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo». Dicho esto, les mostró las manos y los pies. … «¿Tenéis ahí algo de comer?». Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos”.
¿Qué es lo que esto quiere significar? Pues que el cuerpo del resucitado – Jesús y nosotros – tiene una realidad esplendorosa, cuya naturaleza ignoramos. No es la recuperación de lo que aquí fuimos, porque la resurrección no es reviviscencia, sino nueva creación hacia adelante. Aquí el cuerpo “come” y “descome”. Allí será distinto…, dice Jesús: “no se casarán” (Mc 12,25). Hemos de “entender las Escrituras y el poder de Dios” (v. 24).
Jesús resucitado nos está diciendo que hay una relación concreta, individual, totalizadora, concreta de alma y cuerpo con él. ¿Cómo? Solo él lo sabe; pero si es nuestra y “mía” llega hasta mí. Yo quiero ver a Jesús, yo quiero “palpar” a Jesús…
Su cuerpo no es un fantasma,
es real y verdadero,
es lo que yo seré un día
por la gracia que yo espero.
Acercaos y palpadme
y sentid que soy más vuestro,
cuanto Dios es cercanía,
intimidad y misterio.
Yo soy el tú que transciende,
reposo del pensamiento,
y si quieres dialogar
yo soy el tú más concreto.
De día igual que de noche,
presencia en todo momento,
soy la apertura del ser
que todo hacia ti me vuelco.
¿Tenéis algo de comer,
que yo tome de alimento?
Y ante sus ojos comió
un pescado que sirvieron,
Atónito, sin palabras,
sin entender lo que veo,
mi Jesús Resucitado
es más hombre, más adentro.
Yo confieso agradecido
que Cristo es el Hombre Nuevo,
y que en esta novedad
en su cerco yo me encuentro.
Todo es divino y humano,
todo, todo sin remedio,
y en esta onda de Espíritu
en paz me rindo y acepto.
Hoy yo comienzo a nacer,
como un día Nicodemo;
mi vida la dejo a él,
que yo medirme no puedo.
Lo de siempre ya es distinto,
si Dios humano es mi centro,
si puedo hablar y escuchar
al Tú que adoro y venero.
Una amistad sin barreras,
roto el espacio y el tiempo,
es lo que anhela el Amigo,
que esto el puro Evangelio.
Un imposible posible,
un coloquio a tacto y beso,
una fe en mí encarnada
que dé salida al deseo.
Oh Señor Resucitado,
como amante y como siervo,
te pido humildad y paz
en tu Pascua Sacramento. Amén, aleluya.
Madrid, Sábado Pascual 2021.
No hay comentarios:
Publicar un comentario