jueves, 15 de abril de 2021

1580. Pascua encarnada, Pascua mística, Pascua mía

 Cuando el Hijo se encarnó

 

De la unidad y santidad de la Iglesia san León Magno, papa (+461), hablaba así

“Él mismo, nacido de la Virgen Madre por obra del Espíritu Santo, es quien fecunda con el mismo Espíritu a su Iglesia incontaminada, para que, mediante la regeneración bautismal, una multitud innumerable de hijos sea engendrada para Dios, de los cuales se afirma que traen su origen no de la sangre ni del deseo carnal ni de la voluntad del hombre, sino del mismo Dios.

Es en él mismo en quien es bendecida la posteridad de Abraham por la adopción del mundo entero, y en quien el patriarca se convierte en padre de las naciones, cuando los hijos de la promesa nacen no de la carne, sino de la fe.

Él mismo es quien, sin exceptuar pueblo alguno, constituye, de cuantas naciones hay bajo el cielo, un solo rebaño de ovejas santas…” (De los Sermones de San León Magno, Miércoles II semana de Pascua).

Cuando el Hijo se encarnó

en un útero escogido,

se encarnaba al mismo tiempo

en todo humano nacido.

 

Prestadme toda atención,

que esto no suena al oído,

que no es Pregón que yo cante,

que en la Biblia lo he leído.

 

Y si digo Encarnación

igual de la Pascua digo,

que cuando él resucitó

me levantaba consigo.

 

Igual de la Tentación,

tentado por el Maligno,

yo con él era tentado

en esta miseria unido.

 

Pero igual en su victoria,

cuando venció al enemigo;

su victoria era la mía,

y mío el ramo de olivo.

 

Con Jesús yo caminaba,

frío y calor eran míos,

el Cristo total era Uno

él y yo, el Cristo místico.

 

¿Será verdad el mensaje?,

¿será febril desvarío?

Entender, yo no lo entiendo,

si no lo explicas tú mismo.

 

No cuadran las paradojas,

esto es pensar de capricho:

mezclar a Dios con el hombre,

nos a llevar al abismo.

 

Mas una voz me salía,

de adentro como un suspiro:

¿Quién da a la flor su esplendor

y su perfume cautivo?

 

Y ¿quién le hace una familia,

dispersa en huertos distintos?

Unas mueren y otras nacen,

y no muere el apellido.

 

Acaso una flor me inicie

en que existe el Cuerpo Místico;

acaso una flor me anuncie

que a todos nos une Cristo.

 

En la médula más médula,

- análisis prohibido –

hay un misterio de vida,

por Dios mismo dirigido.

 

Lo quiera yo o no lo quiera,

yo siempre con otro existo;

soy individuo y soy miembro

sin ser de ningún partido.

 

Dios Creador no se parte,

que el Hijo no es exclusivo,

por todos ha muerto Uno,

que por todos ha nacido.

 

Y Jesús nos ha llevado

en su secreto más íntimo,

justo allí donde la Virgen

recibió el germen divino.

 

Jesús y yo, unidad

como el Padre lo ha querido;

la carne es carne y no puede,

pero hay Espíritu activo.

 

No puedo vivir la Pascua

sin ser un contemplativo,

no puedo gozar el don

distraído de mí mismo.

 

Sin sentirme todo hermano

de un mundo en él redimido,

mi vida termina en mí,

pobre, desnudo y raquítico.

 

Oh Pascua bella en Jesús,

abierta a un mundo infinito,

a ti, Señor, me consagro,

que seas tú mi camino. Amén. Aleluya.

 

Madrid, Jueves de la II semana de Pascua, 15 abril 2021

No hay comentarios:

Publicar un comentario