Por la mañana y la noche
Estamos en una “semana eucarística” adentrándonos en el capítulo 6 de San Juan: Lunes vv. 22-20 – Martes 30-35 – Miércoles 35-40 – Jueves 44-52 – Viernes 53-60 – Sábado 61-70.
30 Le replicaron: «¿Y qué signo haces tú, para que veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? 31 Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Pan del cielo les dio a comer”». 32 Jesús les replicó: «En verdad, en verdad os digo: no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. 33 Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo». 34 Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de este pan». 35 Jesús les contestó: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás”
En el Libro de la Sabiduría leemos: “A tu pueblo, en cambio, lo alimentaste con manjar de ángeles, | y les mandaste desde el cielo un pan preparado sin esfuerzo, | lleno de toda delicia y grato a cualquier gusto. Este sustento revelaba a tus hijos tu dulzura, | pues se adaptaba al gusto de quien lo tomaba | y se convertía en lo que cada uno quería” (Sab 16,2-21).
Por la mañana y la noche,
mes y mes y cada día,
el dulcísimo maná
no había mayor delicia.
Año y año hasta cuarenta,
en la larga travesía,
y milagroso manjar:
pan de ángeles decían.
Perfecto a gusto de adultos,
para niños golosina,
de sabores infinitos
cada quien como quería.
Y de nunca empalagar,
ni cansaba ni aburría
que era regalo de amor
que de arriba descendía.
Todos los dones de Dios
el maná los contenía,
era el pan de la unidad,
que la familia comía.
Siglos y siglos después
lo cantaba y bendecía
con amor y gratitud
la hermosa Sabiduría.
No hay palabras reverentes,
no hay lira ni poesía
para alabar al Señor,
por el maná de ambrosía.
* * *
Callad, Moisés, callad,
para escuchar la homilía,
que en la ciudad pescadora
el Nazareno decía.
Así fue en Cafarnaúm,
en sinagoga judía;
los altos cielos arriba
de estupor se estremecían.
No le llaméis pan del cielo,
aunque del cielo venía,
a aquel maná del desierto
frente al maná del Mesías.
Pan del cielo, Pan divino
Pan de Dios en mis encías,
Pan sustancial en mi ser
Pan que a mí me diviniza.
El Pan de la Encarnación,
que fue carne de María,
es hoy carne de la Iglesia
y carne del alma mía.
El Pan de la Trinidad
- silencio, Teología -
este es pan verdadero
que en Jesús el Padre envía.
Jesús es pan para mí
y en su pan está su vida,
sus milagros, el Calvario
y la Pascua hecha comida.
Cuando el discípulo amado
estas cosas transmitía,
tenía en su corazón
la Cena de despedida.
Repose la adoración
y quede el alma tranquila,
Dios es más grande que todo
y a su mesa nos convida. Amén. ¡Aleluya!
Madrid, martes de la III semana de Pascua, 20 abril 2021
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