Entre mil voces que vuelan
Del Evangelio de hoy (Jn 10,22-30), martes de la IV semana de Pascua, escogemos dos versículos (vv. 27-28), que dicen:
2) y yo las conozco,
3) y ellas me siguen,
4) y yo les doy la vida eterna;
5) no perecerán para siempre,
6) y nadie las arrebatará de mi mano”.
Me place citar a la gran mística española, la monja concepcionistas Ángeles Sorazu (*Zumaya 1873 - +Valladolid 1921), en su año centenario: “La verdadera espiritualidad y la mística más elevada consiste en la vida de fe, en asimilarse las realidades divinas que encierra el Santo Evangelio, la vida de nuestro Señor Jesucristo, sus palabras divinas, etc., que la Santa Iglesia propone a la consideración de los fieles en la santa liturgia en las diversas festividades del año; asimilarse dichos misterios, por la fe amorosa y la práctica de las virtudes que encierran” (Al P. Mariano de Vega, capuchino, 26 agosto 1920).
Entre mil voces que vuelan
una, clara, he distinguido:
era la voz del Pastor,
que ya conozco su silbo.
Mil voces que me confunden
de política y políticos,
mil voces que no se aclaran
entre ataques y rugidos.
Y también en los pastores,
que no suenan a lo mismo,
y que inventaron palabras
como antiguo y progresismo.
Pero allá en el corazón
viene un susurro al oído,
que es suave y llena de paz
y persiste con ahínco.
II
Ese sí que me conoce
y con él me identifico,
viejas querencias que están,
que delatan al amigo.
Me sabe sin argumentos,
como soy y como he sido,
y con él yo sé quién soy,
que de él lo he aprendido.
Y ¡qué intimo placer
saber que soy conocido,
y que me puedo olvidar
de un pasado malherido!
Ser conocido o amado
es igual en su sentido,
si es mi Dios quien me conoce,
quien me dio vida y destino.
III
Y mis ovejas me siguen,
ha dicho el Pastor divino,
como nos dijo que es
Vida, Verdad y Camino.
¿Dónde quién vamos a ir,
si a ti, Jesús, no seguimos?
le dijo Pedro al Maestro
ante muchos fugitivos.
Si tú solo, solo tú,
en esos labios benditos,
tienes palabras de vida
que son vida de los vivos.
porque tú mes has perseguido,
para un ¡feliz día aquel!
hacerte el encontradizo.
IV
que desborda mis sentidos:
Evangelio, Eucaristía,
Espíritu derretido.
Vida real que sustenta
día a día este mi ritmo,
vía eterna tú la llamas,
porque del Padre ha venido.
Ahora es la vida en la fe,
celebrada en sacros signos,
vida humana, que es divina
por ser vida de tus hijos.
Y un día será la Pascua,
sentados juntos contigo,
escanciando el vino nuevo
en secreto envejecido.
V
Y nunca han de perecer
las ovejas de mi aprisco,
que perdición es la ruina,
y jamás a nadie arruino.
no vine para castigo;
Yo soy Jesús Salvador,
en mi nombre definido.
Puedo llamarte Ternura,
porque así yo te he sentido,
o decirte Compasión,
porque eres el Compasivo.
Mi Jesús de mis amores,
nadie escuche estos suspiros;
tú sabes que eres mi amor,
y a nadie más se lo digo.
VI
Y nadie arrebatará
ovejas ni corderitos,
que el Padre ha puesto en mis brazos
y suyos son y son míos.
Mas yo puedo escapar,
y volver al enemigo,
Jesús, ten piedad y líbrame
del insensato peligro.
Así Jesús nos hablaba,
y nos hablaba dolido,
porque algunos no creían
tal mensaje, nunca oído.
¡A ti, Jesús, Buen Pastor,
la Iglesia te entona un himno!
Gloria a ti, triunfe el amor
por los siglos de los siglos.
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