Texto evangélico:
35 Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. 36 Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dice: «Paz a vosotros». 37 Pero ellos, aterrorizados y llenos de miedo, creían ver un espíritu*. 38 Y él les dijo: «¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro corazón? 39 Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo». 40 Dicho esto, les mostró las manos y los pies. 41 Pero como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: «¿Tenéis ahí algo de comer?». Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. 43 Él lo tomó y comió delante de ellos.
44 Y les dijo: «Esto es lo que os dije mientras estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo escrito en la Ley de Moisés y en los Profetas y Salmos acerca de mí». 45 Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. 46 Y les dijo: «Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día 47 y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. 48 Vosotros sois testigos de esto. 49 Mirad, yo voy a enviar sobre vosotros la promesa de mi Padre; vosotros, por vuestra parte, quedaos en la ciudad hasta que os revistáis de la fuerza que viene de lo alto».
Hermanos:
1. Hoy, día viernes, al grabar esta
homilía, no puedo menos de recordar que en este 16 de abril el Papa Benedicto
XVI cumple 94 años de edad. Hace ocho años, en febrero de 2013, pensó y meditó
seriamente que su salud no daba para más y que tenía que entregar a la Iglesia
el ministerio que Dios le había confiado. Así lo hizo después de haberlo
pensado y orado durante meses, y hoy, viendo la absoluta debilidad de sus
fuerzas, vemos mejor que hizo bien. La Iglesia le debe una inmensa gratitud por
su entrega, por su sabiduría, por su humildad. Un ilustre escritor, Peter
Seewald, que anteriormente había escrito diversos libros sobre el Papa, fruto
de sus entrevistas con él, ahora nos
ofrece esta biografía para la historia de más de 1.100 páginas. Que el Señor
bendiga a nuestro querido Benedicto XVI en su ancianidad.
2. El Evangelio de este Domingo tiene dos partes: una es la aparición; y otra es la misión. Y las dos partes son Evangelio viviente para nosotros. Queremos tomar conciencia clara y personal de que Jesús se nos ha aparecido a nosotros, él, que vive junto al Padre y que nos ha confiado una misión. Y dicho de una manera más concreta: Jesús se me ha aparecido a mí y me ha confiado una misión. ¿Cuál es esta aparición y cuál es esta misión? He aquí el fruto de nuestra Eucaristía dominical, que es siempre encuentro con Jesús, el Viviente.
3. Cuando un hermano se va, cuando alguien de vivo pasa a ser difunto, ¿adónde va? ¿Adónde va el cuerpo, adónde va el alma? ¿Qué provisión le preparamos para el camino misterioso que emprende? Hay tantas creencias populares, y hay tantos ritos en conformidad con estas creencias… Una creencia judía era que durante un tiempo el alma vagaba por así; era un espíritu antes de pasar al destino eterno.
Cuando viene Jesús a sus discípulos les dice, lo primero, que él no es un espíritu, una especie de fantasma que anda por ahí, revoloteando por los espacios, antes de alcanzar el destino eterno. Él es el que es y el que va a ser para siempre. Él es el Viviente, Palpadme y daos cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo. Bien sabemos que el ser que ha pasado la barrera de la muerte entra en un espacio y tiempo diferentes; pero Jesús quiere inculcarnos una verdad absoluta: que Él vive, que Él es el Viviente. Y esto es tan verdad y tan actual para ellos como para nosotros. Jesucristo es el viviente; es alguien con el que yo me puedo relacionar en la integridad de mi ser, en cuerpo y alma. Yo entro en comunión con Jesús. Y esto es la fe, que la expresamos principalmente por medio de la oración. Cuando yo oro, me comunicó con Dios, entrando en relación con él, en alma y cuerpo. Escucho y respondo; pienso, adoro, contemplo. La Iglesia vive de este acto fundamental de oración y de fe.
Es un primer mensaje que podemos percibir del Evangelio de hoy. En la última catequesis de los miércoles, el Papa ha hablado de la oración, de la oración sencilla de los cristianos, que nos pone en comunicación con Dios. Sin la oración la Iglesia se disuelve.
4. Pero ahora viene la misión. La misión de Jesús pasa a ser la misión de los discípulos de Jesús, la misma; no son dos distintas.
Jesús acaba de dar su identidad de viviente, y ahora nos da su identidad histórica. Jesús ha tenido una vida como la nuestra, llena de personas y lugares, como nosotros. Ahora bien, la vida de Jesús venía de lejos, porque era la historia de Dios con los hombres desde los tiempos antiguos. Acabamos de escuchar el texto sagrado. Esto es lo que os dije mientras estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo escrito en la Ley de Moisés y en los Profetas y Salmos acerca de mí.
La identidad de Jesús penetra las santas Escrituras. Un judío que dice “la Ley y los Profetas” está queriendo decir: todas las santas Escrituras. Jesús toma esta expresión, pero añade una palabra muy significativa: y en los Salmos, que es, por excelencia, el libro de la Oración de la Fe. Queda claro que para orar con los Salmos hay que orar con Jesús y desde Jesús.
5. Y ahora viene un detalle absolutamente precioso, sin el cual no se puede entender la misión que sigue: “Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras”.
Hermanos, seamos serios con las palabras del Señor. Sin el don de la Escrituras no se puede hacer una homilía, no se puede dar una clase de Teología, no se puede ir a la Misión a decir cosas bonitas que a mí se me ocurran. Sin el don de la Escritura no hay Teología posible, no hay Misión verdadera en la Iglesia.
6. Y entonces sí: Id a anunciar el evangelio a todas las naciones, comenzando por Jerusalén. Y aquí no tenemos una táctica operativa, de quien traza en el papel un plan de misión. Jerusalén tiene un significado especial en el corazón de Jesús, Jerusalén tiene una preferencia. Es el punto de llegada de Jesús, porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén, y es el punto de partida de la Iglesia, porque en Jerusalén es donde va a venir el Espíritu Santo. Jerusalén significa toda esa historia de amor que Dios ha tenido con su pueblo.
Hermanos, esta es la misión de la Iglesia.
7. Pero hay un punto esencial que se está recalcando fortísimamente estos años: la misión bautismal. Todo cristiano, al ser bautizado, queda constituido en discípulo de Jesús, por lo tanto, en testigo de la vida y doctrina de Jesús. Y esto es ser misionero: ser un testigo viviente de la vida de Jesús, el Señor.
Señor Jesús, tu santa resurrección ilumina la vida de los cristianos. Que yo perciba en la fe que estás vivo y activo, y que esta fe me lleve a ser un valiente testigo tuyo. Amén. Aleluya.
Madrid, viernes 16 de abril de 2021
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