viernes, 16 de abril de 2021

1582. La alegría de mi vida - Rima orante del Evangelio (Lc 24,35-48)

 

La alegría de mi vida

Se puede orar de mil maneras, porque la oración es la conciencia activa de que yo estoy con Dios. Se puede orar yendo en el tren y contemplando el paisaje. Se puede orar caminando en la calle y viendo lo que pasa. Se puede orar con la guitarra, quien tenga la dicha de poder tocarla. Se puede orar cantando canciones. Se puede orar componiendo unos versos por la noche o al amanecer. Se puede orar en poesía, porque la oración – dicen las Constituciones de los Hermanos Menores Capuchinos – es la respiración del amor. Se puede orar en poesía…; pues he aquí una oración en poesía, una oración al eco de la homilía (del III Domingo de Pascua).

 

La alegría de mi vida

es anunciarte en tu Pascua,

y decir a los hermanos

que tú vives y nos amas.

 

Es vivir enamorado

de un amor que  nunca acaba,

que es sorpresa cada día,

novedad cada mañana.

 

Cada mañana me instruye

el Viviente que me alza,

y es misión que me confía

la tarea cotidiana.

 

Nada me puede impedir

que la gracia sea gracia,

que viene de solo él

y a este hijo la regala.

 

En todo tiempo y lugar

yo puedo ser su palabra,

con mis labios o mis manos

o con solo la mirada.

 

Su presencia habita en mí

y se nota que traspasa,

que no hace falta argumentos

cuando la vida nos habla.

 

Ser la Pascua de Jesús

es la misión confiada,

ser su Pascua en comunión,

ser en él en cuerpo y alma.

 

Que  el Espíritu me instruya

y me dé conciencia clara

de que murió el hombre viejo,

cuando él en cruz expiraba.

 

Y de que fue sepultado,

cuando a la tumba bajada,

y nacía en el bautismo,

mi alma en su luz bañada.

 

En aquel día feliz,

primero de la semana,

Cristo vivo a sus discípulos

manos y pies les mostraba.

 

Tocadme, palpadme y ved

que este ser no es un fantasma;

soy sacramento del Padre

para la Iglesia, mi amada.

 

Y el don de las Escrituras,

que solo él lo guardaba,

nos lo daba a los discípulos

cual don de su Pascua santa.

 

Y desde entonces podemos

leer la Página sacra;

nuestros ojos son sus ojos,

nuestra mente iluminada.

 

Y los Salmos de David

nos abrían sus entrañas;

vida y Pasión del Mesías,

como él mismo los oraba.

 

Llevad a todos los pueblos

el perdón de mi Alianza,

primero Jerusalén,

por siempre ciudad amada.

 

¡Oh mi Jesús, siempre vivo,

mi Dios, que vive en mi casa,

dame una fe siempre viva,

ardiente y pacificada!

 

Seas tú cielo en la tierra

con tu presencia adorada,

en la espera de aquel día

de mirarte cara a cara. Amén. Aleluya.

 

Madrid, sábado II semana de Pascua, 17 abril 2021

No hay comentarios:

Publicar un comentario