Bien podemos decir que el Corazón de Jesús, como
la Cruz, como el Misterio Pascual es el centro de la fe cristiana. Es el punto
de encuentro del amor “descendente” de Dios al hombre, y del amor “ascendente”
del hombre a Dios, amor perfecto porque es el amor de Jesús, Hijo de Dios
encarnado.
Todo el Evangelio es el Corazón de Jesús. ¿Qué
texto escoger para este día? Acabamos de escuchar el de este año: la lanzada
(Jn 19,31-37); otro año: Venid a mí, todos los que andáis cansados y agobiados
(Mt 11,25-30); y otro: la oveja perdida, (Lc 15,3-7).
Específicamente en el Evangelio de San hay tres
momentos muy singulares del Corazón de Jesús: en la Cena, cuando el discípulo
amado, que estaba en el “costado” de Jesús se recuesta sobre el “pecho” (supra
pectus) para entrar en una confidencia de Jesús: ¿Quién es el traidor?; en la
Cruz, como lo acabamos de ver, para que miremos al Traspasado; en la tarde de
la Resurrección, cuando se aparece Jesús a los discípulos, y “les enseñó las
manos y el costado” (Jn 20,20).
Meditando estos pasajes y este misterio, han
brotado del corazón estos versos.
Corazón de
Dios en carne que en la
Cruz quedó rasgado, eres amor
infinito que mana y
sigue manando.
En la cena
palpitabas para el
Discípulo amado, eras secreto
divino del misterio
confiado.
Y aquella
tarde pascual el corazón y
las manos se abrieron
dando la paz con el
Espíritu Santo.
Corazón del
todo amor para el
hombre perdonado, para mí,
allí escondido, y por mi
Dios cobijado.
Corazón,
historia viva, de Jesús,
Verbo Encarnado, Corazón Eucaristía y Evangelio
comulgado.
Corazón del
mundo entero y todo dolor
humano, de toda pena
sufrida y todo gozo
anhelado.
Corazón que
late en mí y va
marcando mis pasos, Corazón que
es mi destino para
acogerme en su abrazo.
Corazón que
está en el cielo, vida del
Resucitado, en la santa
Trinidad, ¡te amamos y
te adoramos! Amén, aleluya.
Cuautitlán
Izcalli, Víspera del Sagrado Corazón, 6 junio 2024
23Sucedió
que un sábado atravesaba él un sembrado, y sus discípulos, mientras caminaban,
iban arrancando espigas. 24Los fariseos le preguntan: «Mira,
¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido?». 25Él les
responde: «¿No habéis leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se
vieron faltos y con hambre, 26cómo entró en la casa de Dios, en
tiempo del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes de la proposición, que
solo está permitido comer a los sacerdotes, y se los dio también a quienes
estaban con él?». 27Y les decía: «El sábado se hizo para el
hombre y no el hombre para el sábado; 28así que el Hijo del
hombre es señor también del sábado».
31Entró otra vez en la sinagoga y había allí un
hombre que tenía una mano paralizada. 2Lo estaban observando,
para ver si lo curaba en sábado y acusarlo. 3Entonces le dice
al hombre que tenía la mano paralizada: «Levántate y ponte ahí en medio». 4Y
a ellos les pregunta: «¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo
malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?». Ellos callaban. 5Echando
en torno una mirada de ira y dolido por la dureza de su corazón, dice al
hombre: «Extiende la mano». La extendió y su mano quedó restablecida. 6En
cuanto salieron, los fariseos se confabularon con los herodianos para acabar
con él.
Hermanos:
1. Este Domingo,
que es el domingo siguiente a la Santísima Trinidad, en tantos países y lugares
– en casi toda España – se celebrará la fiesta del Corpus Cristi, solemnidad
que la liturgia identifica como Solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo,
que en el Calendario universal de la Iglesia está puesta en el Jueves que acaba
de pasar. En México se ha celebrado el jueves, y hoy es el IX Domingo del Tiempo
Ordinario, continuando con la lectura de san Marcos.En torno a este domingo se centra nuestra
homilía.
Estamos en una
secuencia de episodios que nos presentan la entrada de Jesús en acción, su modo
de presencia y acción, que marcan el sentido y la orientación de su vida. Y hoy
asistimos a dos incidentes que ocurren en sábado: las espigas arrancadas y
comidas en sábado, y en la sinagoga el enfermo de la mano paralizada en sábado.
Estas dos presentaciones de Jesús giran en torno a dos palabras o dos momentos:
Jesús afirma con una autoridad que no ha tenido ni Moisés ni nadie: el Hijo del hombre es señor también del sábado.
k Y el desenlace de la otra escena: 6En cuanto salieron, los fariseos se confabularon
con los herodianos para acabar con él. Comienza la Pasión del
Señor, cuando apenas acaba de comenzar su vida.
Como cualquier lector
inteligente puede apreciar, los dos episodios no son dos incidentes
circunstales, anecdóticos de la vida de este Rabino singular. Cada uno de ellos
es la revelación total de su personalidad y de su misión. Así ocurre en la
vida: una pequeña anécdota puede ser la revelación de toda una persona.
2. Veamos, pues, primero
como el Hijo del Señor es Señor del Sábado, una atribución que en exclusiva
pertenece solo a Dios y que Jesús se la apropia a sí mismo. Cuando dios creó
cielo y tierra en sesis dáis, según lo va marcando el primer relato del
Génesis, el ´séptimo día descansó, y así creó el Shabbat, que es el día divino
por excelencia. Y al pueblo de Israel, como pueblo elegido, se el otorga la
gracia de paicipar en el Shabbat de Dios, en el descanso e Dios, en la vida divina que vive Dios. Es un
privilegio único que se otorga a Israel como pueblo de la elección de Dios, con
el cual Dios hizo una Alianza de amor.
Como saben todos los que
han estudiado la historia de Israel. Los pueblos antiguos – Mesopotamia,
Egipto, Grecia, Roma – con las grandes culturas que han legado a la humanidad
han ido desapareciendo. El caso de Israel es único. Tenía que haber
desparecido, pero no ha sido así. . El Shabat, unido a la Torá, es lo que lo ha
mantenido en pie hasta hoy, pese a todos los vaivenes de la historia.
Pedimos al Señor por
nuestros hermanos Hebreos, que estos dos pilares, rectamente entendidos, sean
en el futuro el encuentro con el Mesías. San Pablo, ha penetrado con alma, vida
y corazón en el misterio de Israel; en la Carta a los Romanos se ha explayado
largamente y tiene la convicción, en un salto increíble de fe, que Israel, al
fin, encontrará a su Señor “pues los dones y la llamada de Dios son
irrevocables” (Rom 11,29), dice rotundamente.
Veamos, con un poco de
detalle, cual es la anécdota. Las antiguas leyes de Israel son de un humanismo
que nos dejan desconcertados, porque está inspiradas por el amor de la alianza,
y encontramos sentencias como estas: “Cuando seguéis la mies de vuestras
tierras, no desorillarás el campo, ni espigarás los restos de tu mies. Tampoco
harás rebusco de tu viña ni recogerás las uvas caídas. Se lo dejarás al pobre y
al emigrante. Yo soy el Señor vuestro Dios” (Lev 19,9-10).
Y en el libro del
Levítico leemos: “Si entras en la viña de tu prójimo, come las uvas que
quieras, hasta saciarte, pero no metas nada en tu cesta. Si entras en la mies
de tu prójimo, arranca espigas con tu mano, pero no metas la hoz en la mies de
tu prójimo” (Deut 26,23-24). Somos un pueblo de hermanos: Si yo voy caminando y
paso por un viñedo, por un trigal, puedo coger y comer; eso no es robar. Robar
sería meter provisión en la cesta y llevármelo.
Las leyes sagradas
fácilmente las sacralizamos con detalles que no estaban mandados. ¿Qué es lo
que están haciendo mal los apóstoles? ¿Comer las espigas? No. Pueden comer las
espigas, si tienen hambre, pero no pueden arrancarlas, molerlas con sus dedos,
porque eso es un trabajo, y el trabajo está prohibido en sábado. Son sutilezas
de los puros observantes, y a nada que sutilicemos en estas cosas. Jesús
rechaza ese tipo de interpretación, y pone el ejemplo de David y sus soldados,
lo cual tampoco resulta fácil entender, si no estamos en teología y mentalidad
judía, pero, al fin termina, tajante con dos frases:
-El sábado
se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado;
-Y: el
Hijo del hombre es señor también del sábado».
Hemos de respetar las
cosas de Dios, los mandatos de Dios, los grandes y los peueños, pero no podemos
hacer de la religión una malla de esclavitud. Somos hijos de Dios y en todo
debemos obrar con anchura de corazón.
Además, hay otro principio
superior: Jesús, Hijo de Dios, tiene la misma autoridad de Dios, y si Dios, que
es su padre, ha establecido el Sábado, él puede interpretarlo como nadie pro
él, como Dios, es Señor del Sábado.
3. Pues esto mismo,
desde otro perfil, es lo que se proclama en la siguiente escena. ¿Se puede
curar en Sábado? En los demás días de la semana sí; en Sábado no, porque curar
es trabajar.
Tendríamos que decir
lo contrario: curar es un acto de amor, de alegría, de esperanza. ¿Cómo no se
va a poder curar en Sábado, si curar es salvar?
El Evangelio nos dice,
hermanos, que Jesús tuvo una mirada de ira y de tristezas, al ver a aquellos
doctores de la Ley. Pero curó. Dios estaba con él. El Sábado podemos hacer todo
el bien que queramos.
4. La consecuencia fue
clara: los fariseos se
confabularon con los herodianos para acabar con él. Fariseos
y herodianos no eran amigos entre sí, pero para acabar con Jesús, sí. Se ha
iniciado, pues, el destino final de Jesús.
La consecuencia de todo
esto, hermanos, es que en Jesús tenemos el secreto de toda nuestra vida.
Hagamos el bien en nuestra vida, pase lo que pase y digan lo que digan. El
bien, con desinterés y con amor, porque todo lo que se hace con amor, por
insignificante que parezca, fructifica.
Señor
Jesús, te pedimos y te pido una gracia para toda mi vida: ser una persona de
bien, que todo lo que realice en mi vida sea desde la sinceridad y la verdad,
desde el amor y el servicio, queriendo que tu bondad se manifieste a través de
mi persona. Amén.
Jueves Santo es el Día de la Eucaristía. Este
jueves de la Solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo es una fiesta de
supererogación, impulsada por la piedad de los fieles, que dignidad la pura
ofrenda e amor que quiere vivir la Iglesia. Fue en el año 1264 cuando el Papa
Urbano IV instituyó esta fiesta con la bula Transiturus
de hoc mundo.
“Aunque este sacramento sagrado sea celebrado
todos los días en el solemne rito de la misa, sin embargo, cree-mos útil y
digno que se celebre, al menos una vez en el año, una fiesta más solemne, en
especial para confundir y refutar la hostilidad de los herejes.
Pues en el Jueves Santo, día en que Cristo lo
instituyó, la Iglesia universal, ocupada en la confesión de los fieles, en la
bendición del crisma, en el cumplimiento del man-dato del lavatorio de los pies
y en otras muchas sagradas ceremonias, no puede atender de lleno a la
celebración de este gran sacramento”.
El Pontífice deja fluir sus sentimientos,
recogiendo la piedad de los hijos de la Iglesia. He aquí uno de los párrafos de
esta bula transida de devoción:
“Es un glorioso memorial que llena de gozo al alma
de los fieles, infunde alegría y hace brotar lágrimas de devoción. Nos llenamos
de gozo al pensar en la Pasión del Se-ñor, por la que hemos sido salvados, pero
no podemos contener el llanto. Ante este recuerdo sacrosanto sentimos brotar en
nosotras gemidos de gozo y emoción, alegres en el llanto lleno de amor,
emocionados por el gozo devoto; nuestro dolor queda templado por el gozo;
nuestra alegría se mezcla con el llanto y nuestro corazón rebasa de dicha,
deshaciéndose en lágrimas”.
Al eco de los sentimientos espirituales que
suscita esta celebración va esta sencilla rima espiritual.
(Nota.
En la sección “Comentario” se puede encontrar el enlace o link de la
intervención que tuvimos en la Radio Diocesana San Juan Diego, el lunes pasado,
sobre “Cuerpo y Sangre de Cristo”, en el programa de Ericka León, Una aventura
de Fe”).
16Los once discípulos se
fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. 17Al verlo, ellos se
postraron, pero algunos dudaron. 18Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado todo poder en
el cielo y en la tierra. 19Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos
en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; 20enseñándoles a guardar
todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días,
hasta el final de los tiempos».
Hermanos:
1. Después de
Pentecostés, que celebramos el domingo pasado coronando la Pascua del Señor, en
la Iglesia celebramos unas fiestas importantes, que han tenido un hondo
calado en el corazón de los fieles, y que son: la Santísima Trinidad, Corpus
Christi, o fiesta del Cuerpo y la sangre de Cristo, el Sagrado Corazón de
Jesús.
El Domingo de hoy se
titula Domingo de la Santísima Trinidad. Pero ¿esq ue la Santísima Trinidad
requiere una fiesta particular en el calendario espiritual de la Iglesia?
Ciertamente que no. La Santísima Trinidad la celebramos en todo momento. Para
comenzar la Misa, cada vez que celebramos estos santos misterios, comenzando
haciendo la señal de la Cruz y diciendo: En el nombre del padre y del Hijo y del
Espíritu, y si damos una bendición, por el motivo que sea la Santísima Trinidad
habita en nuestros corazones, vienen estas palabras: Que Dios te bendiga en el
nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
En la fe hemos
recibido nuestro Dios es uno y trino; es un misterio de vida y amor que jamás podremos
entender, y desde pequeño se nos enseñó que, que cuando recibimos el santo
bautismo, fuimos bautizados como proclama el Evangelio de hoy en el nombre del
Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Es una fiesta de
regalo, de supererogación para que nos detengamos a pensar, a admirar, adorar,
a gozar de la presencia de Dios que lo llena todo.
2. Todos hemso tenido
en el mundo una padre y una madre que nos dieron la vida y con la vida todo lo demás.
¿Podemos saber o recordar cuál fue aquel momento en que yo supe que esta mujer
que me tenía en brazos poque me daba de comer era mi madre? No, no existe ese
momento, porque ese momento va metido dentro de mi ser desde siempre. No existe
ese momento como no existe ese momento filosófico en que yo supe que yo era yo,
distinto de mis compañeros, como persona individual en mediod e la familia
humana. Cuando corrieron los años yo supe que ella fue mi madre, que me trajo
al mundo por amor, que sin ella mi vida no habría sido nada, que a ella y a mi
padre se lo debo todo, aunque es verdad que yo, con mis propio esfuerzo, he ido
labrando mi vida.
Llega un momento en que
un niño, que ya ha comenzado a reflexionar por propia cuenta, se ha hecho
preguntas y se ha ido dando repuesta. ¿Quién ha hecho esta casa donde vivo? ¿La
ha hecho mi padre? No, mi padre no es albañil y no sabe hacer estas cosas. La
ha hecho otro y mi padre la ha comprado, o la ha heredado o lo que sea. Pero
esta casa tiene alguien que la ha hecho, alguien que la ha dibujado, porque
tiene hierro y tiene cemento y tiene baldosas y tiene electricidad. Estamos
haciendo filosofía, que no es filosofía barata para tontos, sino filosofía muy
sabia para personas inteligentes.
3. Por, como
comprendemos, hermanos, el asunto no es un cuentecillo curioso que uno se
inventa.El asunto es más grande que mi
propia casa. ¿Quién ha hecho el mundo? ¿Quién ah hecho el sol, al luna, las
estrellas, los campos, las flores que me gustan, los vientos, los mares…?
Nadie. Se han hecho solos; se han hecho por sí mismo… Es uan respuesta necia
que no me puede convencer. La respuesta correcta es que Dios ha creado el mundo;
que Dios ha creado la vida y la evolución de todas las cosas. La cosa es
absolutamente seria, porque ahora la conclusión necesaria es que yo vivo dentro
el mundo, luego yo vivo en Dios.
San Pablo, cuando no
era san Pablo, sino Saulo de Tarso, haciendo un discurso en la Plaza de Atenas,
en el Areópago, les dijo a los atenienses: en Dios vivimos, nos movemos y existimos; así lo han dicho incluso algunos de
vuestros poetas: “Somos estirpe suya”.
Hasta los mismos
paganos llegaron a decir: Somos estirpe de Dios, somos hijos de Dios.
4. Uno comeinza a
deshilar estas verdades y empieza a entender la vida de otra manera, pensando
en al dirección que quiera:
Si este mundo lo ha
hecho Dios, yo vivo dentro e Dios, y felizmente no puedo escapar de us mirada,
como dicen los salmos.
Hemos encontrado la
presencia de Dios en el mundo. Y de repente el mundo se hace infinitamente más
bello para mí si pienso que todo este mundo sin fronteras Dios lo ha hecho
precisamente para mí, para que yo lo disfrute; para mí y todos sus hijos, para
que todos lo disfrute.
Pero con la presencia
de Dios yo encuentro igualmente la providencia de Dios, es decir, la solicitud
constante de Dios para que el universo entero siga en la dirección que Dios le
ha marcado. Jesús nos dijo. Mi Padre trabaja y yo también trabajo. Y los judíos
explicaban que es verdad que Dios descanso al séptimo día e instituyó el sábado
para que nosotros entremso en el descanso de Dios, en la vida más íntima de
Dios, en el disfrute de Dios, pero Dios sigue trabajando y no deja un instante
de trabajar, porque la conservación del mundo es la providencia de Dios. No
tengo más que abrir los ojos, observar la vida y me encuentro con Dios.
5. Todo esto, hermanos,
que es infinitamente bello – bello hasta
cansar mi corazón, Dios mío, dice un himno litúrgico – no es más que el
preámbulo de la Trinidad.
Porque al relación nos
dice que Dios se ha hecho hombre entre los hombres, Dios se ha encarnado, se ha
hecho uno de nosotros, nacido bajo la Ley, nacido de mujer, para tenernos a
todos como hermanos carnales, hermanos en el Espíritu y llevarnos hasta la
última intimidad con Dios.
Dios es hombre y aquí
nace la revelación de la Trinidad. Dios Padre, Dios Hijo, Dios Es
Y vendremos a él y haremos
morada en él.
Hermanos, son verdades
que nos exceden en absoluto, nos exceden hasta lo infinito, pero son verdades
concretas, que por gracias podemos vivir en nuestro corazón. Vivirlas y
experimentarlas como verdades que configuran el contorno de nuestra vida. Para
esos e ah establecido la solemnidad de la Santísima Trinidad en el Domingo que
sigue a Pentecostés.
La Santísima Trinidad
es mi familia.
Soy hijo de Dios, soy
hermano de Jesús; el Espíritu Santo, que es el Espíritu de Jesús, es el que me colma
con sus dones. Todo ello para gloria y alabanza del Padre, fuente de todos los
dones.
La historia santa, que
llamamos historia de salvación, y que comienza a contarse desde la primera
línea de la Biblia, es la historia de esta presencia.
.32Pregunta a los tiempos antiguos, que te han precedido, desde el
día en que Dios creó al hombre sobre la tierra; pregunta desde un extremo al
otro del cielo, ¿sucedió jamás algo tan grande como esto o se oyó cosa
semejante? 33¿Escuchó algún pueblo, como tú has escuchado, la voz de Dios,
hablando desde el fuego, y ha sobrevivido? 34¿Intentó jamás algún dios venir a escogerse una nación entre
las otras mediante pruebas, signos, prodigios y guerra y con mano fuerte y
brazo poderoso, con terribles portentos, como todo lo que hizo el Señor,
vuestro Dios, con vosotros en Egipto, ante vuestros ojos?
Queridos hermanos,
esta es nuestra fe. Creemos en un Dios vivo y verdaderos, en un Dios que creó
un mundo como morada para su Hijo ya para mí, en un Dios que me acompaña y que
un día ma ha de recibir en sus brazos en el cielo. Este es el misterio de la
Santísima Trinidad.
Dios mío y mi todo,
oraba san Francisco.
Pues nosotros decimos
lo mismo.
Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti
madrugo; mi alma tiene ansia de ti. En ti creo, en ti, confío, en ti es pero.
Tú eres el sentido total de mi vida, de mi muerte y de mi eternidad. Amén. Dios
mío, te amo.
19Al anochecer de aquel día, el primero de la semana,
estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los
judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a
vosotros». 20Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el
costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. 21Jesús
repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío
yo». 22Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; 23a quienes les perdonéis los pecados, les quedan
perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».
Hermanos:
1. Pentecostés,
culminación y coronación de la Pascua del Señor. Las dos solemnidades forman
una unidad indisoluble. Estamos en el momento principal del año de la Iglesia.
De aquí, de este misterio unitario de la pascua del Señor, nace todo lo demás.
La Navidad nace de la Pascua, y la Pascua llega a su esplendor cuando Jesús
entrega el Espíritu a la Iglesia.
El Evangelio de
san Juan, como lo acabemos de escuchar, nos dice cómo el mismo día de la
Resurrección gloriosa Jesús entregó el Espíritu a su Iglesia.
Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el
Espíritu Santo.
Con este gesto
Jesús nos remite al momento principal de la creación, cuando Dios, Creador de
cielo y tierra, creó al ser humano como corona de todas sus obras, Y entonces
Dios Creador insufló, de su propio ser, aliento de vida, su propio Espíritu, y
entonces el hombre comenzó a ser hombre, ser viviente, no comparable a ningún
otro ser del universos, a ninguna estrella ni galaxia, a ningún animal –
volátil, acuático o terrestre -, a ninguna planta. El hombre era rey del
universo por el Espíritu de Dios, por gracia se le daba una dignidad divina que
no la podía ni perder ni profanar. El hombre surgía en la tierra para ser santo
con la santidad de Dios; había sido creado, como lo dice otra frase del
principio de la Iglesia, a imagen y semejanza de Dios; “hombre y mujer los
creó”, con la misma grandeza y dignidad. No es superior el hombre a la mujer,
ni es superior al mujer al hombre; los dos han nacido directamente de las manso
de Dios, los dos son hijos de Dios, cada uno con su característica propia.
En este momento
en que nace la Iglesia de la muerte y Resurrección de Jesús, en este momento en
que el Resucitado les muestras las manos y el costado, en este momento infunde
el Espíritu, que va a ser el alma de la Iglesia. Recibid el Espíritu Santo, les
dice Jesús a los apóstoles la tarde de la Resurrección.
Les habla del
perdón de los pecados; es una manifestación de la presencia del Espíritu, pero
de ninguna manera se dice que sea la única.
El Espíritu bien
podemos decir que es la vida de la Iglesia y allí donde hay vida, está el
Espíritu.
2. Todos los años,
en este día leemos lo que ocurrió, como lo cuenta san Lucas en los Hechos de
los Apóstoles:
“1Al
cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. 2De
repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente,
y llenó toda la casa donde se encontraban sentados. 3Vieron
aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de
cada uno de ellos. 4Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a
hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse.5Residían entonces en
Jerusalén judíos devotos venidos de todos los pueblos que hay bajo el
cielo. 6Al oírse este ruido, acudió la multitud y quedaron
desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua”.
Babel había sido
la ruptura de la unidad humana y la dispersión de la humanidad, cada quien por
su propio lado. Pentecostés es el signo de la reconciliación y de la unidad.
Babel hoy es la
guerra, en Ucrania y en Rusia, en Palestina e Israel. Y en otras regiones del
mundo, cuyos ecos no nos alcanzan a través de la prensa. Y Pentecostés es el
diálogo y la paz, porque toda guerra es un crimen contra Dios y contra los
hijos de Dios, que somos todos y cana uno. Pentecostés es la unidad y el amor.
3. Todos los años
en este día leemos y escuchamos las mismas palabras de san Pablo, que escribe a
la comunidad de Corinto:
“6y hay diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios
que obra todo en todos. 7Pero a cada cual se le otorga la manifestación del
Espíritu para el bien común. 8Y así uno recibe del Espíritu el hablar con
sabiduría; otro, el hablar con inteligencia, según el mismo Espíritu. 9Hay
quien, por el mismo Espíritu, recibe el don de la fe; y otro, por el mismo
Espíritu, don de curar. 10A este se le ha concedido hacer milagros; a aquel,
profetizar. A otro, distinguir los buenos y malos espíritus. A uno, la
diversidad de lenguas; a otro, el don de interpretarlas. 11El
mismo y único Espíritu obra todo esto, repartiendo a cada uno en particular
como él quiere”.
4. El Espíritu Santo, hermanos, es el alma de
la Iglesia. Estos días, concretamente con fecha 17 de mayo, acaba de publicarse
un largo documento titulado: “normaspara proceder en el
discernimiento de presuntos fenómenos sobrenaturales”.En la PresentaciónA la
escucha del Espíritu que obra en el Pueblo fiel de Dios”, se dice: “Quien se
deja llevar dócilmente por el Espíritu Santo tiene experiencia de la presencia
y de la acción de la Trinidad, por lo que una existencia así vivida, como
enseña el Papa Francisco, se traduce en una vida mística que, si bien «aun
privada de fenómenos extraordinarios, se propone a todos los fieles como
experiencia diaria de amor»[13].
En este mismo documento se nos explica cómo
el Espíritu de Dios habita en cada uno de nosotros por el bautismo, y cómo los
caminos de Dios en cada uno son maravillosos e inescrutables:
“San Juan de la Cruz constataba «cuan bajos y
cortos y en alguna manera impropios son todos los términos y vocablos con que
en esta vida se trata de las cosas divinas».[1] Ninguno puede expresar
plenamente los caminos inescrutables de Dios en las personas: «los santos
doctores, aunque mucho dicen y más digan, nunca pueden acabar de declararlo por
palabras, así como tampoco por palabras se pudo ello decir».[2] Porqué «este
camino de ir a Dios es tan secreto y oculto para el sentido del alma como lo es
para el del cuerpo el que se lleva por la mar, cuyas sendas y pisadas no se
conocen».[3] En realidad, «pues es él el artífice sobrenatural, él edificará
sobrenaturalmente en cada alma el edificio que quisiere».[4]
5. Creyendo firmemente que Dios es grande y
maravilloso, que Dios está presente en todas las razas y culturas, hemos de
pedirle que por su amor y misericordia siga manifestándose en medio de nosotros
en esta época de la historia que nos ha tocado vivir. El Espíritu de Dios no
produce ruptura y odio, división, venganza, egoísmos; todo lo contrario, el
Espíritu de Dios produce amor, que es la herencia que Jesús dejó en la tierra.
En las cartas de los apóstoles hay una frase que nos sorprende en san Pablo y
en la Primera de san Pedro: Saludaos unos otros con el beso santo; o con el
beso de amor.
Terminamos, pues, mis queridos hermanos, con
esa frase que se repite en las reuniones sagradas de la liturgia: Ven, Espíritu Santo, y renueva la faz de la
tierra. Ven, Espíritu Santo, y cambia mi corazón; y que yo, con un corazón
humilde, sea artífice de un mundo de Paz y Bien, de Paz y Amor.