sábado, 21 de diciembre de 2024

2018 (962). Dom IV Adviento C - La Madre de mi Señor

  La Madre de mi Señor

Lc 1,39-45

Texto

 39En aquellos mismos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; 40entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. 41Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel de Espíritu Santo 42y, levantando la voz, exclamó: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! 43¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? 44Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. 45Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá»

 

Hermanos:

1.  El domingo IV de Adviento, este año 22 de diciembre, está centrado en la Virgen, la joven madre de Nazaret, que con su consentimiento ha hecho posible la Encarnación del Hijo de Dios. Todos los años, en este domingo, tenemos un Evangelio referido a la Virgen, y este año nos ha tocado el Evangelio de la Visitación. Volvamos a recordar que el primer domingo nos presenta la figura de venida de Jesús al final de los tiempos, el veredicto final a todas las naciones, porque Jesús, el Hijo de Dios, ha sido constituido por su Padre, Señor y Juez del mundo. En los domingos segundo y tercero, se nos presenta la figura de Juan el Bautista, , anunciador y precursor del Mesías, que pide la conversión de los corazones, con hechos concretos, para recibir al que viene, del cual él, el Bautista, no es digno de desatarle la correa de sus sandalias. Y este domingo la Visitación de la Virgen María a su parienta santa Isabel. Al decirle el ángel que para Dios no hay nada imposible y que ha favorecida a Isabel, estéril y anciana, con el don de la maternidad,  al punto María se levantó y corrió de Nazaret a Ain Kharem, junto a Jerusalén, a felicitarla y bendecir al Señor por esta gracia y a ofrecerle los servicios que requería en estos tres meses anteriores al parto.

 

2. La visita de María a su parienta Isabel es el Evangelio que hace unos días proclamábamos aquí en México para celebrar la solemnidad de la Virgen de Guadalupe. Tantas reflexiones nos trae esta escena…, llena de verdad, de encanto y poesía.

En esta proximidad de Navidad, hay un pensamiento central, del cual queremos recibir luz y armonía de fe, que es el siguiente: Dios, para llevar a cabo su propósito eterno de que su Hijo se hiciera hombre y unir así, en una familia, lo humano y lo divino, quiso servirse del concurso de una mujer. El Concilio Vaticano II afirmaba esta verdad con palabras solemnes: “Pero el Padre de la misericordia quiso que precediera a la encarnación la aceptación de la Madre predestinada, para que, de esta manera, así como la mujer contribuyó a la muerte, también la mujer contribuyese a la vida. Lo cual se cumple de modo eminentísimo en la Madre de Jesús por haber dado al mundo la Vida misma que renueva todas las cosas y por haber sido adornada por Dios con los dones dignos de un oficio tan grande” (Lumen Gentium, 56).

 

3. Misterio que nos deja sin palabras.

Primero: Dios quiso la Encarnación de su Hijo. Dios lo quiere y esto transforma la visión que podríamos tener del mundo. Dios quiere que el mundo sea divino, porque en él va a habitar el mismo Hijo de Dios. En ese instante Dios diviniza el mundo. Y si es un querer divino, nadie lo puede impedir.

Segundo: Pero Dios quiso el libre consentimiento de una Mujer para esta obra que él iba a hacer. Y aquí es donde se estrellan todas nuestras ideas. El plan de Dios es absoluto y total; pero una mujer, como criatura humana, como hija de Adán, es limitada; posee una voluntad frágil, que puede decir sí y puede decir no, porque eso es la libertad.  El acto de la Virgen fue libre; bien pensado el acto más libre y hermoso que se ha producido en la historia humana. María dijo: Sí, aquí está ala esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. El sí humano de María trajo al mundo el hecho divino de la encarnación.

 

4. El Hijo de Dios, que se va a llamar Jesús de Nazaret, comenzó a ser hombre, desde esa célula inicial en el útero de una joven madre; comenzó a ser uno de nosotros siguiendo todo el proceso generativo que se produce en las entrañas de una madre, hasta que a los nueve meses fue dado a luz a través de un parto, parto que no empañó su ser virginal. La historia se transforma: a partir de ahora la historia humana es historia divina, e incluso toda la historia anterior es recompuesta, porque toda la historia, desde la creación del mundo, era la preparación para lo que ahora acontece. El mismísimo Hijo de Dios es miembro de la familia humana, porque una mujer dijo: Sí, acepto la voluntad de Dios.

 

5. Este es el acontecimiento central para ubicarnos en la historia y en la vida. La mujer adquiere una dignidad, que nadie jamás la habría podido imaginar. Parece que es una conquista de la cultura moderna el feminismo. Entramos en un terreno confuso. Naturalmente que la mujer, sea quien sea en su procedencia racial, es poseedora de una dignidad igual al hombre. Esto es del todo cierto, y se evidencia más si nuestro punto de partida es la fe. El hombre no es más digno que la mujer, ni la mujer es más digna que el hombre. Pero hombre y mujer, siendo iguales en su ser y dignidad, nacemos con características distintas, y mutuamente nos necesitamos y nos complementamos.

La presencia de María y la referencia a ella es la revelación mayor que Dios nos ha dado para saber cuál es la dignidad única que ella posee y cuál es la misión que ha de cumplir en este mundo.

Son puntos de iluminación, hermanos, que nos sucita este IV domingo de Adviento, a la espera de la venida del Señor en Navidad.

 

6. Pero sigamos nuestra reflexión viendo lo que sucede reciba en su casa a la que llama la Madre de mi Señor. ¿De dónde ha sabido Isabel lo que ha ocurrido en María? Lo dice la misma Escritura: quedó llena del Espíritu Santo. La presencia de María irradia al Espíritu: en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Ese hijo que Isabel lleva en sus entrañas ya ha sentido lo que dice el Cantar de los cantares: llega el Amado brincando por montañas y colinas. Isabel, que es la voz de toda la Iglesia, ha exclamando diciendo lo que nadie podría haber dicho: ¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?

Isabel confiesa que María, hoy desconocida, vecina de una aldea sin importancia, que es Nazaret, es la mujer bendita entre todas las mujeres, es decir, la mujer más bendita de todas las mujeres de la tierra.

Y la llama la Madre de mi Señor. Este es el título más grande que ha recibido la Virgen en los Evangelios. El Señor para un judío es el Señor a quien se reza en los salmos, el verdadero Dios de Israel. Pues esta es la Mujer que merece, y ella sola lo merece, este título: la Madre de mi Señor Dios.

Cuando san Lucas escribe estas cosas, es toda la Iglesia la que está confesando la fe de los cristianos. La Virgen María es la Madre del Señor, la Madre de Dios.

Hermanos, estamos hablando de cosas divinas. No son fantasías legendarias; no es el folklore de una cultura religiosas. Son las verdades que desde el principio hemos recibido de nuestra Madre la Iglesia, y que gozosamente profesamos y celebramos en los actos sagrados de la liturgia. Esta es la Navidad que tenemos delante.

Nos unimos, pues, a la voz de Israel, para decirle a la Virgen:

 

¡Bendita tú entre todas las mujeres, pro ese Hijo que llevas en tu vientre y que es nuestra salvación y la salvación del mundo entero! Tú eres la Madre de Jesús, Hijo de Dios, y por eso eres también nuestra Madre. Por ti nos vino la salvación, pues nos entregaste a Jesús, y por ti nos ha de venir todo el bien en nuestra vida. Amén.

 

Cuautitlán Izcalli, sábado 21 diciembre 2024.

viernes, 20 de diciembre de 2024

2017 (961) Preparando la Navidad. Dos rima – Peregrinos de esperanza. María amaba a José

 

Peregrinos de esperanza. María amaba a José



Peregrinos de esperanza

Coplillas de Navidad, sobre la Bula del Jubileo de 2925, Spes non confundit

(al aire gozoso de un instrumento)

 

 

1. Peregrinos de esperanza

nos llegamos a Belén;

aquí comenzó la vida

y aquí  nació el “Paz y Bien”.

 

2. Es la hija del amor,

y lo es también de la fe:

Fe, Esperanza y Caridad,

juntas Dios las ve a las tres.

 

3. Espero porque Él ha amado

hasta hacerse Dios bebé,

que a los pechos de una madre

su alimento ha de sorber.

 

4. Dios es niño y es sonrisa,

y no hay nada que temer,

con sus ojitoos me dice

quién soy yo y quién es Él.

5. Ha venido a perdonar

cuanto a Dios pudo ofender;

Él es Santo, todo Santo

y fuego vino a traer.

 

6. Mi corazón como brasa

en su amor quise encender,

para amar a todo el mundo

de verdad, con sencillez.

 

7. No haya guerra, no haya muerte,

que el odio es de Lucifer;

las armas se hagan arados

con hoces para la mies.

 

8. No haya pobreza inhumana

de quien no puede comer;

preparemos todos juntos

una mesa y un mantel.

 

9. En el belén de mi casa

hay una mula y un buey,

hay pastores y ovejitas

y gente que viene a ver.

 

10. ¿Qué ha pasado?, ¿qué ha pasado?,

que yo lo quiero saber,

que después de veinte siglos

hoy vivimos lo de ayer.

 

11. Hoy, Nochebuena, ha nacido

Jesús, mi Dios y mi Rey;

 

hoy ha nacido en mi alma

Quien me creó y dio el ser.

 

12. Hoy se abrazan cielo y tierra,

y mi Dios sabe por qué,

porque al hacerse uno nuestro,

somos uno, alma y piel.

 

13. Él es vida, toda vida,

la venidera también,

vida feliz para siempre

si yo la quiero acoger.

 

14. Qué dulzura me traspasa,

si yo me llego a creer

lo que digo, y me lo creo

porque así me lo hace ver.

 

15. Dios excelso en un pesebre

de animales de pacer,

humildad que Dios inventa,

que solo Él puede hacer.

 

16. Dios de gloria entre pañales

de lavar y de coser,

que una madre lo acaricia

con cariños de mujer.

 

17. Y es por mí, porque me amaba,

muy antes de amanecer,

que por mí en su Hijo amado,

que por mí quiso nacer.

 

18. Vivir es amar del todo

en Belén y en Nazaret,

y anunciar el Evangelio

con voz, con sangre o papel.

 

19. Y amar es mi vocación,

porque el amor encontré,

él vino amando primero,

y allí yo me perderé.

 

20. ¡Que viva la Navidad!,

llorando a puro placer,

Dios es nuestro, Dios es mío,

¡y hasta morir le amaré! Amén. 


María amaba a José

 

En el Evangelio de este miércoles de la III semana de Adviento escuchamos: “ (Mt 2,20)José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo”. José era justo. José no pensaba mal de María: Aquí, ¿qué ha pasado? Yo no lo sé. Yo no lo sé; Dios está aquí, yo me retiro. Y el ángel le dijo: No te retires; tienes un gran misión que cumplir Este versículo provoca el canto que viene a continuación.

¿Quién es el José del Evangelio?

El último gran testimonio de la Iglesia es la Carta Apostólica “Patris corde” que escribió, de modo tan personal, el Papa Francisco, para convocar un año dedicado a san José (año 2020-2021).

“Sabemos que fue un humilde carpintero (cf. Mt 13,55), desposado con María (cf. Mt 1,18; Lc 1,27); un «hombre justo» (Mt 1,19), siempre dispuesto a hacer la volun-tad de Dios manifestada en su ley (cf. Lc 2,22.27.39) y a través de los cuatro sueños que tuvo (cf. Mt 1,20; 2,13.19.22). Después de un largo y duro viaje de Nazaret a Belén, vio nacer al Mesías en un pesebre, porque en otro sitio «no había lugar para ellos» (Lc 2,7). Fue testigo de la adoración de los pastores (cf. Lc 2,8-20) y de los Magos (cf. Mt 2,1-12), que representaban respectivamente el pueblo de Israel y los pueblos paganos”.

Y luego nos da la semblanza de san José en siete rasgos, fijándose en estos aspectos:

1. Padre amado / 2. Padre en la ternura / 3. Padre en la obediencia / 4. Padre en la acogida / 5. Padre de la valentía creativa / 6. Padre trabajador / 7. Padre en la sombra.

Preparando la santa Natividad del Señor, nos acercamos a José, esposo de María, que por gracia del Espíritu santo, cumplió las funciones de padre de Jesús, a quien llamaron “el hijo del carpintero”

 


María amaba a José

como una esposa a su esposo,

y José correspondía

amando del mismo modo.

 

Una dulce intimidad

de confidencias y gozos

fundía sus corazones

hechos los dos uno solo.

 

Para los dos una vida

vista con los mismos ojos,

y en medio un Hijo divino

por el que daban el todo.

 

Es verdad lo que tú piensas,

humilde José hasta el fondo:

“Dios está aquí, no lo entiendo

Yo me retiro y escondo”.

 

Mas no te retires, no,

de este misterio asombroso:

Dios está ahí, y te llama

para que seas Custodio.

 

No eres digno, mas Dios quiere

que seas padre y apoyo,

que seas la compañía

y el secreto silencioso.

 

Y José aceptó a María

como el más bello tesoro,

Es la Sagrada Familia,

lugar de paz para todos.

 

Dios es silencio sagrado,

revelación a su tono,

el Dios de la Encarnación

en Belén puso su trono.

 

José, humildad y acogida,

y trabajo sin agobio;

el pan del Hijo de Dios,

tú lo vas ganando a trozos.

 

Eres padre, oh José;

bajo tu tienda y tu toldo

fue creciendo y se hizo hombre

Jesús misericordioso.

 

Tu saber no te enseñaron

altos estudios de otros;

el Espíritu enseñaba

tu fe y temple valerosos.

 

Eres padre muy amado,

en obediencia y arrojo,

padre lleno de ternura,

que es decir padre amoroso.

 

Dios cumplió las Escritura

llamando a José piadoso,

el Niño que va a nacer

tendrá un mullido rebozo.

 

Una virgen toda pura

y un padre maravilloso,

de la estirpe de Judá,

y de su tronco glorioso.

 

No temas, José, no temas,

de dar el nombre precioso

al Salvador de los hombres,

que en tus brazos es dichoso.

 

José, llamado castísimo,

al que llevas yo le adoro;

él es tuyo y él es nuestro

y Gloria damos a coro.

 

Dulce Jesús Nazareno,

que eres verdad, siempre asombro,

por lo que hiciste en José

hoy cantamos nuestro gozo.

 

Oh Divino Redentor,

cuyo amor llegó hasta el colmo,

tu Iglesia es santificada

y es san José su Patrono.

 

Bendito tú para siempre

y benditos los devotos

que cantan tus alabanzas

ya en tu Reino esplendoroso.

 

Unidos José y María,

porque Dios hizo el consorcio,

mirándoles les decimos

que intercedan por nosotros. Amén.

Cuautitlán Izcalli, 18 diciembre 2024

 

lunes, 16 de diciembre de 2024

2016 (960). Coplillas para preparar la Navidad. Peregrinos de esperanza

 

Peregrinos de esperanza

Coplillas de Navidad,

sobre la Bula del Jubileo de 2025, Spes non confundit

(al aire gozoso de un instrumento)



 


1. Peregrinos de esperanza

nos llegamos a Belén;

aquí comenzó la vida

y aquí nació el “Paz y Bien”.

 

2. Es la hija del amor,

y lo es también de la fe:

Fe, Esperanza y Caridad,

juntas Dios las ve a las tres.

 

3. Espero porque Él ha amado

hasta hacerse Dios bebé,

que a los pechos de una madre

su alimento ha de sorber.

 

4. Dios es niño y es sonrisa,

y no hay nada que temer,

con sus ojitoos me dice

quién soy yo y quién es Él.

 

5. Ha venido a perdonar

cuanto a Dios pudo ofender;

Él es Santo, todo Santo

y fuego vino a traer.

 

6. Mi corazón como brasa

en su amor quise encender,

para amar a todo el mundo

de verdad, con sencillez.

 

7. No haya guerra, no haya muerte,

que el odio es de Lucifer;

las armas se hagan arados

con hoces para la mies.

 

8. No haya pobreza inhumana

de quien no puede comer;

preparemos todos juntos

una mesa y un mantel.

 

9. En el belén de mi casa

hay una mula y un buey,

hay pastores y ovejitas

y gente que viene a ver.

 

10. ¿Qué ha pasado?, ¿qué ha pasado?,

que yo lo quiero saber,

 

que después de veinte siglos

hoy vivimos lo de ayer.

 

11. Hoy, Nochebuena, ha nacido

Jesús, mi Dios y mi Rey;

hoy ha nacido en mi alma

Quien me creó y dio el ser.

 

12. Hoy se abrazan cielo y tierra,

y mi Dios sabe por qué,

porque al hacerse uno nuestro,

somos uno, alma y piel.

 

13. Él es vida, toda vida,

la venidera también,

vida feliz para siempre

si yo la quiero acoger.

 

14. Qué dulzura me traspasa,

si yo me llego a creer

lo que digo, y me lo creo

porque así me lo hace ver.

 

15. Dios excelso en un pesebre

de animales de pacer,

humildad que Dios inventa,

que solo Él puede hacer.

 

16. Dios de gloria entre pañales

de lavar y de coser,

que una madre lo acaricia

con cariños de mujer.

17. Y es por mí, porque me amaba,

muy antes de amanecer,

que por mí en su Hijo amado,

que por mí quiso nacer.

 

18. Vivir es amar del todo

en Belén y en Nazaret,

y anunciar el Evangelio

con voz, con sangre o papel.

 

19. Y amar es mi vocación,

porque el amor encontré,

él vino amando primero,

y allí yo me perderé.

 

20. ¡Que viva la Navidad!,

llorando a puro placer,

Dios es nuestro, Dios es mío,

¡y hasta morir le amaré! Amén.


Domingo, 15 diciembre 2024

 

Fr. Rufino María Grández

sábado, 14 de diciembre de 2024

2015 (959). Dom III Adviento C - La venida del Señor causa de nuestra alegría

 

2015 (959). Dom III Adviento C -   La venida del Señor causa de nuestra alegría

La venida del Señor causa de nuestra alegría

Lc 3,10-18




Texto

 10La gente le preguntaba: «Entonces, ¿qué debemos hacer?». 11Él contestaba: «El que tenga dos túnicas, que comparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo». 12Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron: «Maestro, ¿qué debemos hacer nosotros?». 13Él les contestó: «No exijáis más de lo establecido». 14Unos soldados igualmente le preguntaban: «Y nosotros, ¿qué debemos hacer?». Él les contestó: «No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie con falsas denuncias, sino contentaos con la paga». 15Como el pueblo estaba expectante, y todos se preguntaban en su interior sobre Juan si no sería el Mesías, 16Juan les respondió dirigiéndose a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego; 17en su mano tiene el bieldo para aventar su parva, reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga». 18Con estas y otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo el Evangelio. 

 

Hermanos:

1.  Estamos en el domingo III de Adviento. Em la organización de este tiempo sagrado, compuesto de cuatro domingos, los Evangelios se presentan de eta manera. En el primero contemplamos la venida final de Jesús, el Señor de la historia humana, que como redentor nuestro tiene la última palabra; los domingos segundo y tercero están dedicados a san Juan Bautista, Precursor del Señor; y el domingo IV, ya inmediato a la Navidad, todos los años el Evangelio nos habla de la Virgen María, en suyo seno se hizo carne el Hijo de Dios, como hijo de la raza humana, como hermanos nuestros.

Y, por otra parte, este domingo III, como lo apreciamos por las dos primeras lecturas es el Domingo de la alegría, domingo Gaudete, en las palabras latina del texto sagrado. Alegraos en el Señor. ¡Qué mayor alegría que la venida del mismo Hijo de Dios entre nosotros! Hablemos, pues, de estos dos mensajes, de Juan Bautista y de la alegría que nos trae el Señor.

 

2. Apareció recorriendo el valle del Jordán y predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. El decía que él bautizaba con agua, pero que el que venía detrás de él iba a bautizar con Espíritu Santo, es decir, con una transformación total. Se lo acabamos de escuchar en el Evangelio de hoy. Preparad el camino del Señor, nos decía el domino anterior. El anunciaba, pues, la venida de Dios, un mensaje espiritual y sublime. Él se consideró el Precursor. Ahora bien, los grandes anuncios tienen que verse reflejados en la vida ordinaria.

Y así entramos en el Evangelio de hoy: La gente le preguntaba: «Entonces, ¿qué debemos hacer?».  He aquí la respuesta: 11Él contestaba: «El que tenga dos túnicas, que comparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo».

Es decir, el mensaje austero de Juan termina siendo un mensaje social.  La fe, las grandes ideas tienen que traducirse en obras. Los apóstoles, san Pablo en especial, cuando escribían sus cartas a las comunidades que había evangelizado, exponían, ante todo, el misterio de Cristo, la fuente de donde todo deriva; pero, en un segundo momento, pasaban a las obligaciones que estos con lleva: obligaciones para con uno mismo, que ha asumido una concepción de vida distinta de la de los paganos, obligaciones para con la comunidad cristiana, obligaciones para con la familia – esposos entre sí, padres e hijos, dueños y criados – y obligaciones para con la sociedad como tal. La fe debe influir en todo. No se puede decir, por ejemplo: una cosa es la política y otra la fe; el político cristiano debe ser consecuente con su fe hasta en la misma política.

¿Qué debemos hacer?». «El que tenga dos túnicas, que comparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo. Este es el principio. En el mundo no tiene que haber hambre, porque hay pan para todos; en el mundo no tiene que haber pobreza, porque hay recursos para compartirlos.

 

3. La misma sociedad es muy variadas y ahora vienen las especificaciones. Los publicanos eran funcionarios públicos, que, entre otras cosas se encargaban del cobro de los impuestos. Cuántos abusos podía haber en un tiempo en que no existían los medios de información y control que hoy existen. 12Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron: «Maestro, ¿qué debemos hacer nosotros?». 13Él les contestó: «No exijáis más de lo establecido». La doctrina está clara.

Otro ejemplo, los soldados, la policía… 14Unos soldados igualmente le preguntaban: «Y nosotros, ¿qué debemos hacer?». Él les contestó: «No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie con falsas denuncias, sino contentaos con la paga».  Los abusos han existido y existirán, y el más fuerte puede abusar.

 

4. Viene el Señor y él puede transformar todo desde dentro, donde comienzan las verdaderas transformaciones. Y, por resumir el mensaje, san Lucas termina con estas palabras:  1Con estas y otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo el Evangelio. El mensaje de Juan pertenece al Evangelio, porque, en definitiva, Juan el Bautista anuncia a Cristo.

Viene el Señor. El vino, él viene, él vendrá. Con él vienen todos los bienes, viene la salvación. Adviento, tiempo de piadosa y piadosa expectación. Este era el eslogan inicial del Adviento. Y hoy resuena de modo especial:

Qué cosas más sencillas y hermosas nos dice hoy san Pablo:  Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos. Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. El Señor está cerca. Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y en la súplica, con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios (Flp 4,4-6). Claro que no lo dice pensando en un misterio particular de la vida del Señor; lo dice hablando de la vida cristiana como tal. Este es el talante y la tónica de nuestra vida: una alegría que no el jolgorio y alboroto de una fiesta, que, como fuegos artificiales, brilla y se deshace. Es una alegría permanente y serena, que termina siendo paz.

Pero esta alegría puede tener unos momentos más vibrantes, y así debe ser la experiencia de la alegría navideña. El Señor está cerca, el Señor viene.

Hay momentos en que esta alegría puede ser festiva y explosiva.

 Un texto de un profeta nos lo dice, el profeta Sofonías. El pueblo de Dios ha cumplido ya su pena del destierro, y el profeta irrumpe:

“Alégrate hija de Sión,

grita de gozo Israel,

regocíjate y disfruta con todo tu ser, hija de Jerusalén.

El Señor ha revocado tu sentencia,

ha expulsado a tu enemigo.

El rey de Israel, el Señor,

está en medio de ti, | no temas mal alguno” (Sof 3,14-16).

La vieja sabiduría dice que en la vida hay tiempo de llorar y tiempo de reír. Es cierto que hay tiempo de estar triste, porque también la tristeza pertenece a la condición humana. Pero la tristeza no puede ser tónica dominante. Pero la alegría, sí, aunque a veces la alegría sea una alegría como retenida y silenciosa. Un enfermo sufre, pero en el fondo de su sufrimiento está resignado y alegre.

¿No hemos oído, en ocasiones, a personas que te dicen: ¡Pero si estoy contento, contenta…!, y te lo dicen con lágrimas.

Hermanos, llegan las fiestas de Navidad, que, a lo mejor, los comercios llaman “fiestas decembrinas”. Alegrémonos, porque el Señor viene y nos trae la salvación. San Francisco llamaba a la Navidad la fiesta de las fiestas. Pero ¿cómo…? La fiesta más grande y origen de todas las fiestas es la Pascua. Pero san Francisco, desde sus pensamientos decía: Es que desde el momento en que el Hijo de Dios se ha hecho hombre, ya podemos dar pro segura nuestra salvación. Es decir, desde ahí nos vinieron todos los bienes.

Concluyamos, hermanos: Alegrémonos en el Señor, sí, alegrémonos.

Señor Jesús,

 Que nos has traído la alegría, la paz y todos los bienes, vuelve a nosotros; haz que desaparezca la guerra, que la hemos inventado nosotros. Tráenos la verdadera alegría a nuestros corazones y a nuestras familias. Amén.

 

Cuautitlán Izcalli, sábado 14 de diciembre de 2024 (San Juan de la Cruz).