lunes, 23 de diciembre de 2024
sábado, 21 de diciembre de 2024
2018 (962). Dom IV Adviento C - La Madre de mi Señor
La Madre de mi Señor
Lc 1,39-45
Texto
39En aquellos mismos días, María se levantó y se puso en camino
de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; 40entró en casa de
Zacarías y saludó a Isabel. 41Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó
la criatura en su vientre. Se llenó Isabel de Espíritu Santo 42y, levantando la voz,
exclamó: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu
vientre! 43¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? 44Pues, en cuanto tu
saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. 45Bienaventurada la que
ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá»
Hermanos:
1. El domingo IV de Adviento, este año 22
de diciembre, está centrado en la Virgen, la joven madre de Nazaret, que con su
consentimiento ha hecho posible la Encarnación del Hijo de Dios. Todos los
años, en este domingo, tenemos un Evangelio referido a la Virgen, y este año
nos ha tocado el Evangelio de la Visitación. Volvamos a recordar que el primer
domingo nos presenta la figura de venida de Jesús al final de los tiempos, el
veredicto final a todas las naciones, porque Jesús, el Hijo de Dios, ha sido
constituido por su Padre, Señor y Juez del mundo. En los domingos segundo y
tercero, se nos presenta la figura de Juan el Bautista, , anunciador y
precursor del Mesías, que pide la conversión de los corazones, con hechos
concretos, para recibir al que viene, del cual él, el Bautista, no es digno de
desatarle la correa de sus sandalias. Y este domingo la Visitación de la Virgen
María a su parienta santa Isabel. Al decirle el ángel que para Dios no hay nada
imposible y que ha favorecida a Isabel, estéril y anciana, con el don de la
maternidad, al punto María se levantó y
corrió de Nazaret a Ain Kharem,
junto a Jerusalén, a felicitarla y bendecir al Señor por esta gracia y a
ofrecerle los servicios que requería en estos tres meses anteriores al parto.
2. La visita de María a su parienta Isabel es el
Evangelio que hace unos días proclamábamos aquí en México para celebrar la
solemnidad de la Virgen de Guadalupe. Tantas reflexiones nos trae esta escena…,
llena de verdad, de encanto y poesía.
En esta proximidad de Navidad, hay un pensamiento
central, del cual queremos recibir luz y armonía de fe, que es el siguiente:
Dios, para llevar a cabo su propósito eterno de que su Hijo se hiciera hombre y
unir así, en una familia, lo humano y lo divino, quiso servirse del concurso de
una mujer. El Concilio Vaticano II afirmaba esta verdad con palabras solemnes:
“Pero el Padre de la misericordia quiso que precediera a la encarnación la
aceptación de la Madre predestinada, para que, de esta manera, así como la
mujer contribuyó a la muerte, también la mujer contribuyese a la vida. Lo cual
se cumple de modo eminentísimo en la Madre de Jesús por haber dado al mundo la
Vida misma que renueva todas las cosas y por haber sido adornada por Dios con los
dones dignos de un oficio tan grande” (Lumen Gentium, 56).
3. Misterio que nos deja sin palabras.
Primero: Dios quiso la
Encarnación de su Hijo. Dios lo quiere y esto transforma la visión que podríamos
tener del mundo. Dios quiere que el mundo sea divino, porque en él va a habitar
el mismo Hijo de Dios. En ese instante Dios diviniza el mundo. Y si es un
querer divino, nadie lo puede impedir.
Segundo: Pero Dios quiso
el libre consentimiento de una Mujer para esta obra que él iba a hacer. Y aquí
es donde se estrellan todas nuestras ideas. El plan de Dios es absoluto y
total; pero una mujer, como criatura humana, como hija de Adán, es limitada; posee
una voluntad frágil, que puede decir sí y puede decir no, porque eso es la
libertad. El acto de la Virgen fue libre;
bien pensado el acto más libre y hermoso que se ha producido en la historia humana.
María dijo: Sí, aquí está ala esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra.
El sí humano de María trajo al mundo el hecho divino de la encarnación.
4. El Hijo de Dios, que se va a llamar Jesús de
Nazaret, comenzó a ser hombre, desde esa célula inicial en el útero de una
joven madre; comenzó a ser uno de nosotros siguiendo todo el proceso generativo
que se produce en las entrañas de una madre, hasta que a los nueve meses fue
dado a luz a través de un parto, parto que no empañó su ser virginal. La
historia se transforma: a partir de ahora la historia humana es historia
divina, e incluso toda la historia anterior es recompuesta, porque toda la
historia, desde la creación del mundo, era la preparación para lo que ahora
acontece. El mismísimo Hijo de Dios es miembro de la familia humana, porque una
mujer dijo: Sí, acepto la voluntad de Dios.
5. Este es el acontecimiento central para ubicarnos
en la historia y en la vida. La mujer adquiere una dignidad, que nadie jamás la
habría podido imaginar. Parece que es una conquista de la cultura moderna el
feminismo. Entramos en un terreno confuso. Naturalmente que la mujer, sea quien
sea en su procedencia racial, es poseedora de una dignidad igual al hombre.
Esto es del todo cierto, y se evidencia más si nuestro punto de partida es la
fe. El hombre no es más digno que la mujer, ni la mujer es más digna que el
hombre. Pero hombre y mujer, siendo iguales en su ser y dignidad, nacemos con
características distintas, y mutuamente nos necesitamos y nos complementamos.
La presencia de María y la referencia a ella es la
revelación mayor que Dios nos ha dado para saber cuál es la dignidad única que
ella posee y cuál es la misión que ha de cumplir en este mundo.
Son puntos de iluminación, hermanos, que nos sucita
este IV domingo de Adviento, a la espera de la venida del Señor en Navidad.
6. Pero sigamos nuestra reflexión viendo lo que
sucede reciba en su casa a la que llama la Madre de mi Señor. ¿De dónde ha
sabido Isabel lo que ha ocurrido en María? Lo dice la misma Escritura: quedó
llena del Espíritu Santo. La presencia de María irradia al Espíritu: en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la
criatura saltó de alegría en mi vientre. Ese hijo que Isabel lleva en sus
entrañas ya ha sentido lo que dice el Cantar
de los cantares: llega el Amado brincando por montañas y colinas. Isabel,
que es la voz de toda la Iglesia, ha exclamando diciendo lo que nadie podría
haber dicho: ¡Bendita tú entre las
mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la
madre de mi Señor?
Isabel confiesa que María, hoy desconocida, vecina
de una aldea sin importancia, que es Nazaret, es la mujer bendita entre todas
las mujeres, es decir, la mujer más bendita de todas las mujeres de la tierra.
Y la llama la Madre de mi Señor. Este es el
título más grande que ha recibido la Virgen en los Evangelios. El Señor para un
judío es el Señor a quien se reza en los salmos, el verdadero Dios de Israel.
Pues esta es la Mujer que merece, y ella sola lo merece, este título: la Madre de mi Señor Dios.
Cuando san Lucas escribe estas cosas, es toda la
Iglesia la que está confesando la fe de los cristianos. La Virgen María es la
Madre del Señor, la Madre de Dios.
Hermanos, estamos hablando de cosas divinas. No son
fantasías legendarias; no es el folklore de una cultura religiosas. Son las
verdades que desde el principio hemos recibido de nuestra Madre la Iglesia, y
que gozosamente profesamos y celebramos en los actos sagrados de la liturgia.
Esta es la Navidad que tenemos delante.
Nos unimos, pues, a la voz de Israel, para decirle
a la Virgen:
¡Bendita
tú entre todas las mujeres, pro ese Hijo que llevas en tu vientre y que es
nuestra salvación y la salvación del mundo entero! Tú eres la Madre de Jesús,
Hijo de Dios, y por eso eres también nuestra Madre. Por ti nos vino la
salvación, pues nos entregaste a Jesús, y por ti nos ha de venir todo el bien
en nuestra vida. Amén.
Cuautitlán Izcalli, sábado 21 diciembre 2024.
viernes, 20 de diciembre de 2024
2017 (961) Preparando la Navidad. Dos rima – Peregrinos de esperanza. María amaba a José
Peregrinos de esperanza. María amaba a José
Peregrinos
de esperanza
Coplillas de
Navidad, sobre la Bula del Jubileo de 2925, Spes
non confundit
(al aire
gozoso de un instrumento)
1.
Peregrinos de esperanza
nos llegamos
a Belén;
aquí comenzó
la vida
y aquí nació el “Paz y Bien”.
2. Es la
hija del amor,
y lo es
también de la fe:
Fe,
Esperanza y Caridad,
juntas Dios
las ve a las tres.
3. Espero
porque Él ha amado
hasta
hacerse Dios bebé,
que a los
pechos de una madre
su alimento
ha de sorber.
4. Dios es
niño y es sonrisa,
y no hay
nada que temer,
con sus
ojitoos me dice
quién soy yo
y quién es Él.
5. Ha venido
a perdonar
cuanto a
Dios pudo ofender;
Él es Santo,
todo Santo
y fuego vino
a traer.
6. Mi
corazón como brasa
en su amor
quise encender,
para amar a
todo el mundo
de verdad,
con sencillez.
7. No haya
guerra, no haya muerte,
que el odio
es de Lucifer;
las armas se
hagan arados
con hoces
para la mies.
8. No haya
pobreza inhumana
de quien no
puede comer;
preparemos
todos juntos
una mesa y
un mantel.
9. En el
belén de mi casa
hay una mula
y un buey,
hay pastores
y ovejitas
y gente que
viene a ver.
10. ¿Qué ha
pasado?, ¿qué ha pasado?,
que yo lo
quiero saber,
que después
de veinte siglos
hoy vivimos
lo de ayer.
11. Hoy,
Nochebuena, ha nacido
Jesús, mi
Dios y mi Rey;
hoy ha
nacido en mi alma
Quien me
creó y dio el ser.
12. Hoy se
abrazan cielo y tierra,
y mi Dios
sabe por qué,
porque al
hacerse uno nuestro,
somos uno,
alma y piel.
13. Él es
vida, toda vida,
la venidera
también,
vida feliz
para siempre
si yo la
quiero acoger.
14. Qué
dulzura me traspasa,
si yo me
llego a creer
lo que digo,
y me lo creo
porque así
me lo hace ver.
15. Dios
excelso en un pesebre
de animales
de pacer,
humildad que
Dios inventa,
que solo Él
puede hacer.
16. Dios de
gloria entre pañales
de lavar y
de coser,
que una
madre lo acaricia
con cariños
de mujer.
17. Y es por
mí, porque me amaba,
muy antes de
amanecer,
que por mí
en su Hijo amado,
que por mí
quiso nacer.
18. Vivir es
amar del todo
en Belén y
en Nazaret,
y anunciar
el Evangelio
con voz, con
sangre o papel.
19. Y amar
es mi vocación,
porque el
amor encontré,
él vino
amando primero,
y allí yo me
perderé.
20. ¡Que
viva la Navidad!,
llorando a
puro placer,
Dios es nuestro,
Dios es mío,
¡y hasta morir le amaré! Amén.
María amaba a José
En
el Evangelio de este miércoles de la III semana de Adviento escuchamos: “ (Mt
2,20)José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura
que hay en ella viene del Espíritu Santo”. José era justo. José no pensaba mal
de María: Aquí, ¿qué ha pasado? Yo no lo sé. Yo no lo sé; Dios está aquí, yo me
retiro. Y el ángel le dijo: No te retires; tienes un gran misión que cumplir
Este versículo provoca el canto que viene a continuación.
¿Quién
es el José del Evangelio?
El
último gran testimonio de la Iglesia es la Carta Apostólica “Patris corde” que
escribió, de modo tan personal, el Papa Francisco, para convocar un año
dedicado a san José (año 2020-2021).
“Sabemos
que fue un humilde carpintero (cf. Mt 13,55), desposado con María (cf. Mt 1,18;
Lc 1,27); un «hombre justo» (Mt 1,19), siempre dispuesto a hacer la volun-tad
de Dios manifestada en su ley (cf. Lc 2,22.27.39) y a través de los cuatro
sueños que tuvo (cf. Mt 1,20; 2,13.19.22). Después de un largo y duro viaje de
Nazaret a Belén, vio nacer al Mesías en un pesebre, porque en otro sitio «no
había lugar para ellos» (Lc 2,7). Fue testigo de la adoración de los pastores
(cf. Lc 2,8-20) y de los Magos (cf. Mt 2,1-12), que representaban
respectivamente el pueblo de Israel y los pueblos paganos”.
Y
luego nos da la semblanza de san José en siete rasgos, fijándose en estos
aspectos:
1.
Padre amado / 2. Padre en la ternura / 3. Padre en la obediencia / 4. Padre en
la acogida / 5. Padre de la valentía creativa / 6. Padre trabajador / 7. Padre
en la sombra.
Preparando
la santa Natividad del Señor, nos acercamos a José, esposo de María, que por
gracia del Espíritu santo, cumplió las funciones de padre de Jesús, a quien
llamaron “el hijo del carpintero”
María amaba a José
como una esposa a su esposo,
y José correspondía
amando del mismo modo.
Una dulce intimidad
de confidencias y gozos
fundía sus corazones
hechos los dos uno solo.
Para los dos una vida
vista con los mismos
ojos,
y en medio un Hijo
divino
por el que daban el
todo.
Es verdad lo que tú
piensas,
humilde José hasta el
fondo:
“Dios está aquí, no lo
entiendo
Yo me retiro y escondo”.
Mas no te retires, no,
de este misterio asombroso:
Dios está ahí, y te
llama
para que seas Custodio.
No eres digno, mas Dios quiere
que seas padre y apoyo,
que seas la compañía
y el secreto silencioso.
Y José aceptó a María
como el más bello
tesoro,
Es la Sagrada Familia,
lugar de paz para todos.
Dios es silencio
sagrado,
revelación a su tono,
el Dios de la
Encarnación
en Belén puso su trono.
José, humildad y acogida,
y trabajo sin agobio;
el pan del Hijo de Dios,
tú lo vas ganando a
trozos.
Eres padre, oh José;
bajo tu tienda y tu
toldo
fue creciendo y se hizo
hombre
Jesús misericordioso.
Tu saber no te enseñaron
altos estudios de otros;
el Espíritu enseñaba
tu fe y temple
valerosos.
Eres padre muy amado,
en obediencia y arrojo,
padre lleno de ternura,
que es decir padre
amoroso.
Dios cumplió las
Escritura
llamando a José piadoso,
el Niño que va a nacer
tendrá un mullido
rebozo.
Una virgen toda pura
y un padre maravilloso,
de la estirpe de Judá,
y de su tronco glorioso.
No temas, José, no
temas,
de dar el nombre
precioso
al Salvador de los
hombres,
que en tus brazos es
dichoso.
José, llamado castísimo,
al que llevas yo le
adoro;
él es tuyo y él es
nuestro
y Gloria damos a coro.
Dulce Jesús Nazareno,
que eres verdad, siempre
asombro,
por lo que hiciste en
José
hoy cantamos nuestro
gozo.
Oh Divino Redentor,
cuyo amor llegó hasta el
colmo,
tu Iglesia es
santificada
y es san José su
Patrono.
Bendito tú para siempre
y benditos los devotos
que cantan tus alabanzas
ya en tu Reino
esplendoroso.
Unidos José y María,
porque Dios hizo el
consorcio,
mirándoles les decimos
que intercedan por nosotros. Amén.
Cuautitlán Izcalli, 18 diciembre 2024
lunes, 16 de diciembre de 2024
2016 (960). Coplillas para preparar la Navidad. Peregrinos de esperanza
Peregrinos de esperanza
Coplillas
de Navidad,
sobre
la Bula del Jubileo de 2025, Spes non
confundit
(al
aire gozoso de un instrumento)
1. Peregrinos de esperanza
nos llegamos a Belén;
aquí comenzó la vida
y aquí nació el “Paz y Bien”.
2. Es la hija del amor,
y lo es también de la fe:
Fe, Esperanza y Caridad,
juntas Dios las ve a las tres.
3. Espero porque Él ha amado
hasta hacerse Dios bebé,
que a los pechos de una madre
su alimento ha de sorber.
4. Dios es niño y es sonrisa,
y no hay nada que temer,
con sus ojitoos me dice
quién soy yo y quién es Él.
5. Ha venido a perdonar
cuanto a Dios pudo ofender;
Él es Santo, todo Santo
y fuego vino a traer.
6. Mi corazón como brasa
en su amor quise encender,
para amar a todo el mundo
de verdad, con sencillez.
7. No haya guerra, no haya muerte,
que el odio es de Lucifer;
las armas se hagan arados
con hoces para la mies.
8. No haya pobreza inhumana
de quien no puede comer;
preparemos todos juntos
una mesa y un mantel.
9. En el belén de mi casa
hay una mula y un buey,
hay pastores y ovejitas
y gente que viene a ver.
10. ¿Qué ha pasado?, ¿qué ha pasado?,
que yo lo quiero saber,
que después de veinte siglos
hoy vivimos lo de ayer.
11. Hoy, Nochebuena, ha nacido
Jesús, mi Dios y mi Rey;
hoy ha nacido en mi alma
Quien me creó y dio el ser.
12. Hoy se abrazan cielo y tierra,
y mi Dios sabe por qué,
porque al hacerse uno nuestro,
somos uno, alma y piel.
13. Él es vida, toda vida,
la venidera también,
vida feliz para siempre
si yo la quiero acoger.
14. Qué dulzura me traspasa,
si yo me llego a creer
lo que digo, y me lo creo
porque así me lo hace ver.
15. Dios excelso en un pesebre
de animales de pacer,
humildad que Dios inventa,
que solo Él puede hacer.
16. Dios de gloria entre pañales
de lavar y de coser,
que una madre lo acaricia
con cariños de mujer.
17. Y es por mí, porque me amaba,
muy antes de amanecer,
que por mí en su Hijo amado,
que por mí quiso nacer.
18. Vivir es amar del todo
en Belén y en Nazaret,
y anunciar el Evangelio
con voz, con sangre o papel.
19. Y amar es mi vocación,
porque el amor encontré,
él vino amando primero,
y allí yo me perderé.
20. ¡Que viva la Navidad!,
llorando a puro placer,
Dios es nuestro, Dios es mío,
¡y hasta morir le amaré! Amén.
Domingo, 15 diciembre
2024
Fr. Rufino María Grández
sábado, 14 de diciembre de 2024
2015 (959). Dom III Adviento C - La venida del Señor causa de nuestra alegría
2015 (959). Dom III Adviento C - La
venida del Señor causa de nuestra alegría
La venida del Señor causa de nuestra
alegría
Lc 3,10-18
Texto
10La gente le preguntaba: «Entonces, ¿qué debemos hacer?». 11Él contestaba: «El que
tenga dos túnicas, que comparta con el que no tiene; y el que tenga comida,
haga lo mismo». 12Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron:
«Maestro, ¿qué debemos hacer nosotros?». 13Él les contestó: «No exijáis más de lo establecido». 14Unos soldados
igualmente le preguntaban: «Y nosotros, ¿qué debemos hacer?». Él les contestó:
«No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie con falsas denuncias, sino
contentaos con la paga». 15Como el pueblo estaba expectante, y todos se preguntaban en su
interior sobre Juan si no sería el Mesías, 16Juan les respondió dirigiéndose a todos: «Yo os bautizo con
agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la
correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego; 17en su mano tiene el
bieldo para aventar su parva, reunir su trigo en el granero y quemar la paja en
una hoguera que no se apaga». 18Con estas y otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo el
Evangelio.
Hermanos:
1. Estamos en el domingo III de Adviento.
Em la organización de este tiempo sagrado, compuesto de cuatro domingos, los
Evangelios se presentan de eta manera. En el primero contemplamos la venida
final de Jesús, el Señor de la historia humana, que como redentor nuestro tiene
la última palabra; los domingos segundo y tercero están dedicados a san Juan
Bautista, Precursor del Señor; y el domingo IV, ya inmediato a la Navidad,
todos los años el Evangelio nos habla de la Virgen María, en suyo seno se hizo
carne el Hijo de Dios, como hijo de la raza humana, como hermanos nuestros.
Y,
por otra parte, este domingo III, como lo apreciamos por las dos primeras
lecturas es el Domingo de la alegría, domingo Gaudete, en las palabras latina del texto sagrado. Alegraos en el
Señor. ¡Qué mayor alegría que la venida del mismo Hijo de Dios entre nosotros!
Hablemos, pues, de estos dos mensajes, de Juan Bautista y de la alegría que nos
trae el Señor.
2.
Apareció recorriendo el valle del Jordán y predicando un bautismo de conversión
para el perdón de los pecados. El decía que él bautizaba con agua, pero que el
que venía detrás de él iba a bautizar con Espíritu Santo, es decir, con una
transformación total. Se lo acabamos de escuchar en el Evangelio de hoy. Preparad
el camino del Señor, nos decía el domino anterior. El anunciaba, pues, la
venida de Dios, un mensaje espiritual y sublime. Él se consideró el Precursor. Ahora
bien, los grandes anuncios tienen que verse reflejados en la vida ordinaria.
Y
así entramos en el Evangelio de hoy: La gente le preguntaba: «Entonces, ¿qué debemos
hacer?». He aquí la respuesta: 11Él contestaba: «El que tenga dos
túnicas, que comparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo
mismo».
Es
decir, el mensaje austero de Juan termina siendo un mensaje social. La fe, las grandes ideas tienen que
traducirse en obras. Los apóstoles, san Pablo en especial, cuando escribían sus
cartas a las comunidades que había evangelizado, exponían, ante todo, el
misterio de Cristo, la fuente de donde todo deriva; pero, en un segundo
momento, pasaban a las obligaciones que estos con lleva: obligaciones para con
uno mismo, que ha asumido una concepción de vida distinta de la de los paganos,
obligaciones para con la comunidad cristiana, obligaciones para con la familia
– esposos entre sí, padres e hijos, dueños y criados – y obligaciones para con
la sociedad como tal. La fe debe influir en todo. No se puede decir, por
ejemplo: una cosa es la política y otra la fe; el político cristiano debe ser
consecuente con su fe hasta en la misma política.
¿Qué debemos hacer?». «El que tenga dos
túnicas, que comparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo
mismo. Este es el principio. En el mundo no tiene que haber hambre, porque hay pan para todos;
en el mundo no tiene que haber pobreza, porque hay recursos para compartirlos.
3.
La misma sociedad es muy variadas y ahora vienen las especificaciones. Los
publicanos eran funcionarios públicos, que, entre otras cosas se encargaban del
cobro de los impuestos. Cuántos abusos podía haber en un tiempo en que no
existían los medios de información y control que hoy existen. 12Vinieron también a bautizarse unos
publicanos y le preguntaron: «Maestro, ¿qué debemos hacer nosotros?». 13Él les contestó: «No exijáis más de
lo establecido». La doctrina está
clara.
Otro
ejemplo, los soldados, la policía… 14Unos soldados igualmente le preguntaban: «Y
nosotros, ¿qué debemos hacer?». Él les contestó: «No hagáis extorsión ni os aprovechéis
de nadie con falsas denuncias, sino contentaos con la paga». Los abusos han existido y existirán, y el más
fuerte puede abusar.
4.
Viene el Señor y él puede transformar todo desde dentro, donde comienzan las
verdaderas transformaciones. Y, por resumir el mensaje, san Lucas termina con
estas palabras: 1Con estas y otras muchas
exhortaciones, anunciaba al pueblo el Evangelio. El mensaje de Juan pertenece al Evangelio,
porque, en definitiva, Juan el Bautista anuncia a Cristo.
Viene el Señor. El vino, él viene, él vendrá. Con
él vienen todos los bienes, viene la salvación. Adviento, tiempo de piadosa y
piadosa expectación. Este era el eslogan inicial del Adviento. Y hoy resuena de
modo especial:
Qué cosas más sencillas y hermosas nos dice hoy san
Pablo: Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos. Que vuestra
mesura la conozca todo el mundo. El Señor está cerca. Nada os preocupe; sino
que, en toda ocasión, en la oración y en la súplica, con acción de gracias,
vuestras peticiones sean presentadas a Dios (Flp 4,4-6). Claro que no lo
dice pensando en un misterio particular de la vida del Señor; lo dice hablando
de la vida cristiana como tal. Este es el talante y la tónica de nuestra vida:
una alegría que no el jolgorio y alboroto de una fiesta, que, como fuegos
artificiales, brilla y se deshace. Es una alegría permanente y serena, que
termina siendo paz.
Pero esta alegría puede tener unos momentos más
vibrantes, y así debe ser la experiencia de la alegría navideña. El Señor está
cerca, el Señor viene.
Hay momentos en que esta alegría puede ser festiva
y explosiva.
Un texto de
un profeta nos lo dice, el profeta Sofonías. El pueblo de Dios ha cumplido ya
su pena del destierro, y el profeta irrumpe:
“Alégrate
hija de Sión,
grita
de gozo Israel,
regocíjate
y disfruta con todo tu ser, hija de Jerusalén.
El
Señor ha revocado tu sentencia,
ha
expulsado a tu enemigo.
El
rey de Israel, el Señor,
está
en medio de ti, | no temas mal alguno” (Sof 3,14-16).
La vieja sabiduría dice que en la vida hay tiempo
de llorar y tiempo de reír. Es cierto que hay tiempo de estar triste, porque
también la tristeza pertenece a la condición humana. Pero la tristeza no puede
ser tónica dominante. Pero la alegría, sí, aunque a veces la alegría sea una
alegría como retenida y silenciosa. Un enfermo sufre, pero en el fondo de su
sufrimiento está resignado y alegre.
¿No hemos oído, en ocasiones, a personas que te
dicen: ¡Pero si estoy contento, contenta…!, y te lo dicen con lágrimas.
Hermanos, llegan las fiestas de Navidad, que, a lo
mejor, los comercios llaman “fiestas decembrinas”. Alegrémonos, porque el Señor
viene y nos trae la salvación. San Francisco llamaba a la Navidad la fiesta de
las fiestas. Pero ¿cómo…? La fiesta más grande y origen de todas las fiestas es
la Pascua. Pero san Francisco, desde sus pensamientos decía: Es que desde el
momento en que el Hijo de Dios se ha hecho hombre, ya podemos dar pro segura
nuestra salvación. Es decir, desde ahí nos vinieron todos los bienes.
Concluyamos, hermanos: Alegrémonos en el Señor, sí,
alegrémonos.
Señor
Jesús,
Que nos has traído la alegría, la paz y todos
los bienes, vuelve a nosotros; haz que desaparezca la guerra, que la hemos
inventado nosotros. Tráenos la verdadera alegría a nuestros corazones y a
nuestras familias. Amén.
Cuautitlán Izcalli, sábado 14 de diciembre de 2024
(San Juan de la Cruz).