sábado, 16 de marzo de 2024

1947. Dom II Cuaresma B. Jesús transfigurado en monte


Jesús transfigurado en monte

Mc 9,2-10



Texto

2Seis días más tarde Jesús toma consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, sube aparte con ellos solos a un monte alto, y se transfiguró delante de ellos. 3 Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. 4 Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. 5 Entonces Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». 6 No sabía qué decir, pues estaban asustados. 7 Se formó una nube que los cubrió y salió una voz de la nube: «Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo». 8 De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos. 9 Cuando bajaban del monte, les ordenó que no contasen a nadie lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. 10 Esto se les quedó grabado y discutían qué quería decir aquello de resucitar de entre los muertos.

Hermanos:

1. Todos los años el primer domingo de Cuaresma es el desierto y las tentaciones; y el segundo domingo, todos los años, es el Evangelio de la Transfiguración de Jesús delante de los tres predilectos: Pedro, Santiago y Juan.  En un caso y en otro cambian los Evangelios, pero no las es penas. Este contraste nos dice algo. El desierto habla del arduo camino que hay que recorrer, Jesús va delante; la Transfiguración anticipa el punto de llegada: la Pascua. Sin desierto no hay Pascua, peor también sin Pascua no hay desierto. El protagonista es el mismo, y se trata de un solo misterio.

Y la vida humana es así: un misterio de contraste, el dolor y el gozo de una felicidad que es nuestra se funden en una misma persona.

2. En todo caso, la Transfiguración del Señor es un momento de la vida de Jesús, que pone ante los ojos un retrato total de quien es Jesús; es un tratao completo de cristología. No nos sorprenda que la Iglesia, siguiendo la tradición de neustros hermanos de Oriente, haya tomado la Transfiguración de Jesús para venararla no solo como una estampa de Cuaresma, sino como una fiesta en sí misma. El día 6 de agosto se celebra todos los años la Transfiguración del Señor.

Tengo entendiendo que en el Oriente cristiano, los que s3 dedicaban a pintar los santos iconos del Señor, de la Madre de Dios, de los Santos, comenzaban su itinerario espiritual pintando la Transfiguración, y la pintaban de rodillas, en ayuno y oración.

 

3. Vamos ahora a precisar detalles para gustar de este misterio de alegría que se nos propone para que lo descubramos.

Seis días después, dice el evangelista. Seis días después, ¿de cuándo? Seis días después del primer anuncio solmene de la pasión, muerte y resurrección de Jesús, que siguió a la confesión valiente e iluminada de Pedro: Tú eres el Mesías.

Efectivamente, Jesús aceptó este título: el Mesías, sí, ero no el Mesías triunfal que ellos imaginaban, sino el Mesías rechazada y sufriente, que el Dios del cielo habría de reivindicar por la resurrección. Seis días después de que Jesús dijo a Pedro “Apártate de mí, Satanás, tú piensas como los hombres, no como Dios”, seis después, tomó Jesús aparte a tres predilectos, Pedro, Santiago y Juan, y los llevó a ellos solos – precisamente a esos tres que más tarde los apartó consigo cuando llegaron al Huerto de los Olivos – a un monte alto. No sabemos qué monte era, pero la tradición lo ha identificado como el monte Tabor, el monte más alto de Galilea, la tierra de Jesús. Quisiéramos saber los detalles puntuales. ¿Los llevó para transfigurarse? Es lícito pensar que no. San Lucas en este punto nos da un detalle esencial: los llevó consigo para orar.

4. Estamos en un momento crucial de la vida de Jesús. Aquel entusiasmo del principio se ha ido amainando, y dentro el grupo apostólico pueden surgir dudas ante el panorama fututo que se va oscureciendo. Jesús habla del rechazo y la muerte como camino necesario para que Dios pueda implantar su reino en el mundo. Verdaderamente los caminos de Dios son muy distintos de los caminos del hombre. Y es necesaria la luz y la fuerza de la oración.

Y allá en el monte ocurre lo que nadie había proyectado, que de pronto, aparecen los amigos de Jesús que él llevaba por dentro. No vinieron de fuera; vinieron de dentro, hablaban con Jesús.

Jesús, humano y al mismo tiempo Hijo de Dios, vivía el mundo de Dios en su propio ser. Estaba viviendo la profecía, representada por Elías, el más sorprendente de los profetas; estaba viviendo la Lay de la Alianza de Dios con los hombres, representada por Moisés. San Marcos nos da este detalle bellísimo y conmovedor: que los vestidos de Jesús se hicieron de una blancura divina, que no hay tintorería en el mundo que pueda dar ese color. Jesús es todo divino ciertamente.

Fue una escena acaso de segundos no más, el tiempo necesario, no más, para que Pedro, en un éxtasis que nunca había tenido en la vida, dijera: Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.

Pero más importante que lo que Pedro dijo era lo que el padre declaró: Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo.

5. Y de pronto, volvieron la mirada, y no había nada, lo de siempre: Jesús solo, Jesús normal. ¿Pero es que había cambiado la realidad interior? ¿No nos daremos cuenta de que, aunque no lo veamos, Jesús es el que vive con Dios, el que mora en esas realidades maravillosas de las santas Escrituras, en compañía de Elías, de Moisés, de todos los personajes que han escrito los libros santos?

Hermanos, seguramente que a lo largo de nuestra vida no se nos va aparecer el Señor en una visión esplendorosa delante de los ojos, como con frecuencia se cuenta de los santos: Jesús Niño en los brazos, como se pinta a San Antonio y a otros Santos, Jesús Crucificado como se apareció a san Francisco cuando recibió las llagas, Jesús Resucitado…, o u brazo de Jesús como vio Santa Teresa, Jesús en al Hostia santa de la Eucaristía. No se nos va aparecer; pero no hace falta. Ellos vieron la cabeza y era el Jesús de todos los días, el habitual, todo normal y corriente. Pero, repitamos el pensamiento dicho: Jesús ¿era menos Jesús, menos maravilloso, con su ropa de todos los días, que con la túnica resplandeciente como el sol o como la nieve? Era el mismo, era el Hijo de Dios. Los ojos de la fe nos lo hacen descubrir, y a lo mejor, una lucecita clara del corazón te loe stá diciendo: es él, es el Jesús del Evangelio.

No lo contéis a nadie…. No lo podrían entender. Aguardad a que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos. Y los tres apóstoles privilegiados se preguntaban entonces: ¿Qué querrá decir eso de “resucitar de entre los muertos”?

Nosotros, hermanos, somos afortunados. Sabemos qué quiere decir eso de “resucitado de entre los muertos”.

Concluyendo, hermanos, el misterio de la Transfiguración, por la gracia de la fe, lo tengo yo en mi casa y lo puedo experimentar, lo tengo en la iglesia, ante el Sagrario y en todas las celebraciones cristiana, lo tengo también en mi trabajo. La presencia de Jesús, el Viviente, es la presencia de Jesús TRANSFIGURADO. Es el Hijo amado, gocémonos con él. El Padre nos dice: Escuchadle. Escuchadle quiere decir: obedeced. Escucha, Israel, el Señor nuestro es solamente uno, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu emnte, con todas tus fuerzas. Era el Schemá, el comienzo y síntesis de toda la Ley. Nuestro Schemá es Jesús, el Hijo amado, presentado por el Padre: Escuchadle.

Señor Jesús, por la fe que me las dado, te veo ante mis ojos. Eres el Hijo amado del Padre, te escucharé, te obedeceré. Tú será el Evangelio de toda mi vida. Amén. 

Cuautitlán Izcalli, viernes 23 febrero 2024


1946. Soy el bendito del Padre - Rima cuaresma, lunes primera semana

 

1946. Soy el bendito del Padre
Rima cuaresmal al eco del Evangelio del día. Lunes primero de Cuaresma.




Entonces dirá el rey a los de su derecha: “Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo (Mt 25,34)


Soy el bendito del Padre
y así me llamo y me siento
y Jesús me dio este nombre
cual parte de su misterio.

Los ”Benditos de mi Padre”,
nos llamaba el Hijo eterno,
el Rey que en trono de gloria
era el Juez del mundo entero.

Y compartía su herencia,
que era gracia y era premio,
el galardón de la vida
haciendo el balance neto.

Benditos desde el principio,
cuando la tierra y el cielo,
quedaban constituidos
por un divino proyecto.

Estaba yo en los orígenes,
como hijo, no cual siervo,
hijo amado en el Amado
amado en Jesús sin tiempo.

Venid, Benditos, decía,
usando el nombre más bello,
el que mi Padre pensó,
cuando creó el universo.

Bendito es proyecto y nombre;
y mi apellido señero
es Jesús, hermano mío,
hermano de carne y hueso.

Mi ruta terrena toda
no será el despeñadero
que me derrumba en la nada
muertos el alma y el cuerpo.

Mi ruta era bendición,
muy florido mi sendero,
porque mi Padre de amor
cuidaba mis pies tan tiernos.

Bendecido, bendecido,
por gracia, sin merecerlo,
y nunca me cansar
de decir y agradecerlo.

Bendecido, bien seguro,
humildemente sin miedo,
por dentro divinizado,
por fuera uno más del gremio.

Mis venas se calcifica
y el corazón baja el remo,
y a esta hora postrera
te vienen presentimientos.

Bendecido, bendecido,
desde adentro, muy adentro,
con la caricia de Dios,
que me hace ser hombre nuevo.

Vosotros a la derecha,
decía el juez justiciero;
que empieza el juicio final
y cada quien en su puesto.

Venid, Benditos, venid,
venid conmigo derechos,
y heredad como benditos
conmigo mi propio Reino.

Yo canto y yo cantaré
lo que me sale del pecho,
este cántico de amor
para el día de mi entierro.

Si entonces mis labios mudos
yacen quietos en silencio,
la Iglesia, mi Madre amada,
cantará con estos versos.



Cielo y tierra en sinfonía
con la paz del firmamento,
haremos un coro juntos
dulcemente bullanguero.

Venid, Benditos, venid,
cumplidos vuestros deseos,
su Gloria de Santidad
os da mi Padre, que es vuestro.

Y oí la voz que decía:
Exultantes adoremos,
al que era y al que es
y a Jesús, nuestro concierto.

Jesús, Jesús, dulce amor,
remanso de mis anhelos,
de tus palabras me fío,
con ellas mi vida sello.

Tú serás mi Apocalipsis
y eres ya el seguro puerto;
eres tú el primer Bendito
y en tu Bendición me pierdo. Amén.


Primer lunes de Cuaresma 202, 19 febrero 2024

1945. La levadura de Jesús. - Rima espiritual, festiva, sobre Mc 8,15

1945. La levadura de Jesús.

Rima espiritual, festiva, sobre Mc 8,15 - Martes antes del Miércoles de Ceniza (Numeración incorrecta; sería 1943)



 

Jesús y los discípulos iban en la barca. Se les había olvidado llevar pan, y no tenían más que uno. Jesús entonces les dijo: Cuidado con la levadura de los Fariseos y la de Herodes. ¿Qué más les dijo sobre la levadura? No lo sabemos. Los Fariseos eran una levadura que hacía perder la masa. ¡Qué frase más dura! Pero es que Jesús tiene otras iguales contra los fariseos; fue terrible, terrible. Los Fariseos, al parecer los garantes más autorizados de la pureza de la Ley, según Jesús eran los que destruían el sentido auténtico de la Ley de Dios, que se basa en al revelación del Amor. Esta era la imagen fatal que tenía Jesús del conjunto del mundo fariseos. Pro también tenían una imagen pésima de Herodes (Lc 13,12). ¿Es un juicio político que emite sobre la gestión? Sin duda que no; era por otra cosa.

Jesús nos ha confiado a sus discípulos, en el Sermón de la Montaña, que seamos sal de la tierra y  luz del mundo (Mt 5,13-14). Y ha hablado también de la levadura en relación con el crecimiento del Reino de Dios (Lc 13,21).

Con estas referencias y de un modo sencillo y festivo componemos esta rima.


Levadura: Fariseos

y levadura de Herodes:

dos levaduras distintas,

que tienen distintos nombres.

 

Levadura hipocresía:

ese fue el cruel reproche,

que dijo a los fariseos,

los perfectos cumplidores.

 

Con la Ley de Moisés

se creían los mejores,

y ataban cargas pesadas

a las viudas y los pobres.

 

De ternura y compasión,

que es lo más puro del orden,

no sabían los maestros

para sus predicaciones.

 

Y a ese Dios que es puro amor,

prendidos en sus razones,

no predicaban al pueblo,

que era como ser ladrones.

 

Una fe que no es amor

da amargor y  sinsabores,

aunque parezca sublime

para sus consumidores.

 

Fue duro Jesús con ellos,

con un lenguaje sin flores,

¿Exageraba al hablar

con aquellas maldiciones?

 

Tiemblo, Jesús, cuando pienso

en este revuelto trote,

por si yo soy fariseo

de otro modo y otro lote.

 

Y hasta he pensado en partidos

con sus líderes y voces,

van llenos de levadura

que pronto se reconoce.

 

10. Y ¿cuál es mi levadura,

para mi ciencia y capote,

la que se mueve por dentro

para que goce o que llore.

 

Esa es el santo Evangelio,

sin raras explicaciones,

el Evangelio que cala

y en mi corazón se esconde.

 

El Espíritu es el Huésped,

si mi alma le responde,

y susurra suavemente

y hasta me da de sus dones.

 

Sal de la tierra nos dijo

que somos sus seguidores,

y mi Señor no mentía

cuando así hablaba en el Monte.

 

Y luz del mundo, lo mismo,

sin cuenta de otros faroles,

faro en la mar turbulenta

que guía a navegadores.

 

Sois levadura en la masa

del Reino que crece enorme,

porque es el Reino de Dios,

el Rey de los corazones.

 

Mi Jesús, yo pequeñito,

a ti, Doctor de doctores,

te escucho con mucho agrado

en todo lo que propones.

 

 Hazme discípulo fiel,

 y sin otras pretensiones

que cumplir lo que me digas,

sea de día o de noche.

 

Que tu Palabra divina

sea mi gozo y mi dote,

y sea la levadura

de un sencillo sacerdote. Amén.

Cuautitlán Izcalli, martes, 13 febrero 2024.

1944. Dom I Cuaresma B. Jesús en el desierto


Jesús en el desierto

Mc 1,12-15

Texto:

12A continuación, el Espíritu lo empujó al desierto. 13Se quedó en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás; vivía con las fieras y los ángeles lo servían. 

14Después de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; 15decía: «Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio». 

Hermanos:

Un Evangelio extremada breve e intenso. Son cuatro versículos. En los versículos se nos habla de Jesús en el desierto, y en dos versículos del comienzo de la predicación del Señor.

Acabamos de empezar la santa Cuaresma; nos vamos a detener especialmente en el significa de los dos primeros versículos.

La Cuaresma es un tiempo e gracia que el Señor nos concede, un camino espiritual, ene seis etapas, en seis domingos, que nos lleva hasta la Pascua de Jesús, centro de la año litúrgico y de la espiritualidad de la Iglesia. El protagonista de la Pascua es Cristo, como aparece evidente: Cristo, vencedor del pecado y de la muerte, Cristo el Viviente, Rey inmortal, Cristo nuestra vida y sentido de nuestra vida. El protagonista de la Cuaresma no es el hombre pecador, llamado a la conversión creyendo en el Evangelio. El protagonista de la Cuaresma es Cristo; si no, romperíamos la unidad del único misterio.

Es oportuno recordar aquellas palabras que decía San Agustín a los cristianos hace tantísimos siglos (1.600 años) hablándoles de Jesús en el desierto, de las tentaciones y de la victoria:

'"Cristo era tentado por el diablo y en Cristo eras tentado tú, porque Cristo tomó tu carne y te dio su salvación, tomó tu mortalidad y te dio su vida, tomó de ti las injurias y te dio los honores, y toma ahora tu tentación para darte la victoria.

 Si fuimos tentados en El, vencimos también al diablo en El. ¿Te fijas en que Cristo es tentado y, sin embargo, no consideras su triunfo? Mírate a ti tentado en El y conócete a ti vencedor en El. Pudo impedir al demonio que se le acercara, pero, de no ser tentado, no te hubiese dado la lección de la victoria”.

Cuando nuestros hermanos judíos celebraban anualmente la Pascua de Israel, es decir, la salida de la esclavitud de Egipto y el paso del Mar Rojo, pensaban y decían: Tú estabas allí cuando Dios hacía estos prodigios en favor de su pueblo, porque ya desde antiguo, desde siglos atrás, tú estabas en la semilla del Padre Abraham, que que procedemos como pueblo de Dios.

Hay, pues, una vinculación misteriosa entre lo de antes y nosotros. San Agustín habla con este lenguaje espiritual. El centro de su teología es lo que llama el CRISTO TOTAL, un modo de pensar que ya procede de san Pablo, que define al cristiano como el que es “en Cristo Jesús”.

Hablamos, pues, hermanos no de simples verdades históricas que sucedieron en el tiempo, y se fueron con el tiempo, cosas que ya pasaron, y las recordamos, para sacar bueno ejemplos y animarnos. No son cosas de antes, sino que son cosas de hoy. En definitiva, con misterio que giran en torno al único misterio, que es Cristo Jesús, el Señor.  Por eso no nos sorprenda que, en las oraciones de este domingo primero de Cuaresma, por dos veces, se habla con una expresión que, de repente suena extraña: “el sacramento cuaresmal”, “el venerable sacramento cuaresmal”.

Los sacramentos son siete, ya los sabemos: Bautismo, Confirmación, Eucaristía, estos son los centrales, los tres sacramentos de la iniciación cristiana; luego viene el sacramento de la Penitencia, si hemos perdido la gracia bautismo, el Matrimonio y Orden Sacra dotal, según la vocación de cada uno, y el Sacramento de la Unión de los Enfermos.

No hay más que siete sacramentos, y, sin embargo, se habla de la Iglesia como sacramento universal de salvación. Pues en el mismo sentido espiritual se habla, se puede hablar, más bien, del sacramento cuaresmal: conjunto de signo espirituales que la Iglesia ha establecido para que a través de ellos se nos comunique la gracia de la penitencia y de la comunión de Dios. El ayuno, la oración y la limosna son los tres signos que configuran el sacramento cuaresmal.

Y, al decir oración, decimos, sobre todo, la oración de las celebraciones litúrgicas. La Iglesia, a través de un orden de lecturas sagradas, que ha experimentado durante siglos nos va introduciendo más y más adentro en el misterio de Cristo, centro de toda la vida cristiana.

Jesús, conducid por el Espíritu fue al desierto, ante todo, para estar con el Padre. La intimidad con Dios es la vivencia más hermosa a la que nos invita la santa Cuaresma; ene ste sentido, lo mismo que la Pascua.

Pero la Cuaresma tiene un rasgos muy específico: tiempo de conversión, tiempo de prueba, tiempo de tentación. ¿Cuál fue la tentación del diablo a Jesús? Y ¿cuál es la tentación del Tentador a nosotros?

Los otros dos Evangelios – Mateo y Lucas – nos hablan de tres tentaciones: Si eres Hijo de Dios, haz esto y esto. La tentación a Jesús y la tentación a Adán, en el fondo, es al misma: Dejar a Dios a un lado y suplantar a Dios por criterios del diablo, por criterios nuestros.

Podemos comer de todos los árboles del jardín, pero de este no, porque si comemos de este moriremos.

Y el diablo sugiere: No es verdad; lo que ocurre es que si coméis de este árbol seréis inmortales como Dios; por eso Dios os ha dicho que no podéis comer.

Si eres Hijo de Dios, que esta piedra se convierta en un bollo de pan; hazme caso a mí.

Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, que te vena, que te aplaudan. Y Jesús responde, aunque las palabras sean distintas: Como soy Hijo de Dios escojo el último lugar, prque la redención del mundo no se va a hacer por triunfos y conquistas, sino por el sufrimiento y el dolor.

Si eres Hijos de Dios, póstrate ante mí y te daré todo el reinado del mundo entero. Como soy Hijo de Dios, nub ca me postraré ante ti, ni quiero ningún reinado humano, pero seré el rey de los corazones.

Y el demonio se retiró hasta otro momento. Será Getsemaní y la Pasión.

Jesús consideró tan importante la tentación, que la puso en el Padrenuestro. “No nos dejes caer en la tentación”.

Caer en la tentación es poner a Dios a un lado y no hacer de él el centro de la vida. Por eso, el mundo ha caído en la tentación. Dios no importa; si existe, que se quede en su sitio. Pero nosotros somos los que debemos organizar estar vida y nuestra historia, y haremos lo que nos parezca. Esto es caer en la tentación: no contar con Dios y organizarse según los propios gustos.

Hermanos, la sociedad ha caído en la tentación: vamos a ser buenas personas, pero sin contar con Dios.

Hemos caído en la tentación: las dos guerras horrorosas que estamos viviendo son una demostración evidente. La guerra se puede terminar mañana. Nos sentamos, hablamos, y nos damos un abrazo como hermanos; pero no queremos, porque nos odiamos. Y el odio viene de Satanás.

Y lo que decimos de la guerra a lo que pasa en nuestras familias, y más, en concreto, a lo que pasa en el corazón. El que da la espalada a Dios cae en la tentación, y el que cae en la tentación es un esclavo. No hay peor esclavitud que el pecado: te mete en el barro y te cierra los ojos.

Señor Jesús, basta de palabras. Quiero ir al desierto y escucharte en mi corazón, porque solo tú me puedes decir la verdad. Señor Jesús, que por tu gracia no caiga en la tentación. Quiero ser un hijo de Dios que viva en la libertad y el amor. Amén.

Cuautitlán Izcalli, domingo 18 febrero 2024

1943. Hoy me han puesto la ceniza – Rima espiritual para el Miércoles de Ceniza, arranque de la Cuaresma

 

Hoy me han puesto la ceniza 
Rima espiritual para el Miércoles de Ceniza, arranque de la Cuaresma

Hoy iniciamos la santa Cuaresma, tiempo de gracia que nos lleva a la Pascua del Señor. La Cuaresma dura cuarenta días, la Pascua cincuenta. En tiempos entregué a una editorial litúrgica, un pequeño libro titulado El camino cuaresmal. Ha tenido cierto éxito por su carácter pedagógico, divulgativo y ha sido traducido al italiano y portugués. Se puede encontrar en Internet, en mercabá.

No nos detenemos en este tema que da tanto para reflexionar. La Iglesia lo ha tallado con verdadera maestría a través de las seis semanas de Cuaresma, la última la Semana Santa.

En estas rimas que vamos componiendo, vamos a reflexionar sobre un signo del Miércoles de Ceniza. Durante siglos, al imponer la ceniza la iglesia ha tomado aquella palabra que Dios dijo a Adán, después del pecado: “Comerás el pan con sudor de tu frente, | hasta que vuelvas a la tierra, | porque de ella fuiste sacado; | pues eres polvo y al polvo volverás» (Gen 3,19).

Es la frase que puede decir el ministro al imponer la ceniza: Recuerda que eres polvo y al polvo has de volver.

Pero, de preferencia, hoy decimos otra frase tomada del Evangelio, cuando Jesús comenzó a predicar el Reino: Conviértete y cree en el Evangelio.

Volvamos a la ceniza. ¿Qué nos sugiere la ceniza?

 

Amor constante, más allá de la muerte Francisco de Quevedo

Alma a quien todo un dios prisión ha sido,

venas que humor a tanto fuego han dado,

medulas que han gloriosamente ardido,

su cuerpo dejará, no su cuidado;

serán ceniza, mas tendrá sentido;

polvo serán, mas polvo enamorado

Hoy me han puesto la ceniza
sobre mi frente pelada,
y otra ceniza más suave
caía sobre mi alma.

Ceniza de pensamientos
que mi corazón dictaba,
y con cariño decían:
Todo pasa, todo pasa.

Y nunca te olvidaremos,
pusieron sobre la lápida,
pero no fueron a verle,
cuando fue el Día de Ánimas.

Todo pasa, me susurran
los pensamientos que hablan:
todo, todo, todo…mira,
que hasta los pensares pasan.

De abuelos de los abuelos
los nietos no saben nada;
no hay fotos que los recuerden
en los armarios de casa.

Ya se fueron; son historia,
pero historia muy lejana;
ya se perdieron los nombres,
lo último que quedaba.


La vida es río que fluye,
Heráclito aseguraba;
Es verdad: lo estamos viendo,
un río hecho riada.

Y en esa abrupta corriente,
que todo lo arrasa y traga,
iré yo a parar un día,
quizás en fecha cercana.

He estado en el camposanto,
y he visto tumbas vaciadas:
hacía falta más sitio
para las nuevas entradas.

No era él, mas era yo,
el que allí desenterraban
unos huesos recogidos
para ser ceniza en llamas

Pero “polvo enamorado”,
un Poeta así cantaba,
y decía la verdad
con su lira desgarrada.



Hasta aquí mis pensamientos,
que son de tan mala cara…;
hablemos de otra manera
con las páginas sagradas.

+++

Todo pasa, yo lo sé,
y el Amor se yergue y clama:
Yo estoy vivo y viviré,
y la Muerte está a mis plantas.

Todo pasa, no el Amor,
que es invicto por ser Pascua;
de amor se teje mi vida,
y es mi hoy y mi esperanza.

Esta ceniza fugaz
me recuerda una enseñanza:
que todo que amor no sea,
será ceniza abrasada.

Todo pasa y nada queda,
pero vendrá la alborada…,
y quien camina con Cristo
camina en la luz que irradia.

Todo pasa, no es verdad
si mi Jesús me acompaña:
porque él es ayer y hoy,
siendo también mi mañana.

El amor se ha eternizado
en su divina mirada,
y en ese amor caminamos
hasta que él diga: Ya basta.



De amor a amor es el hilo
de comunión y de Alianza,
el tictac de ese reloj
que nuestras vidas engarza.

Amor que no se define,
que está, que vibra y abraza,
que vive en cosas menudas,
capaz de grandes hazañas.

Mas no lo digáis a nadie,
así Jesús enseñaba,
que de las cosas de Dios
es Dios mismo quien se encarga.

Amor humilde y sublime,
seas tú mi bienandanza;
nada pido, seas Tú
el Dios que guía en mis aguas. Amén.

Cuautitlán Izcalli, 14 febrero 2024, Día del amor y la amistad.

1942. Dom VI B. Jesús y el leproso: Quiero, queda limpio

 

Jesús y el leproso: Quiero, queda limpio

Mc 1,29-39


Texto:

40 Se le acerca un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme». 41 Compadecido, extendió la mano y lo tocó diciendo: «Quiero: queda limpio». 42 La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio. 43 Él lo despidió, encargándole severamente: 44 «No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio». 45 Pero cuando se fue, empezó a pregonar bien alto y a divulgar el hecho, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en lugares solitarios; y aun así acudían a él de todas partes

Hermanos:

1.Vamos leyendo, párrafo a párrafo el evangelio de san Marcos. El Evangelio de hoy es el punto y seguido del Evangelio del domingo pasado, como el del domingo pasado era el punto y seguido del anterior. El domingo que viene la cosa será distinta, porque esta semana va a empezar la santa Cuaresma con el Miércoles de Ceniza.

San Marcos, como ya dijimos, es el Evangelio más sencillo, al parecer el más antiguo. Pero, no nos confundamos, No podemos preferir a un Evangelio sobre el otro; cada uno tiene su propia característica, pero cada uno quiere entregarnos la imagen del Cristo total. No podemos decir que uno superior a otro. Los recibimos a los cuatro eon el mismo aprecio, porque cada uno de ellos y los cuatro en conjunto tienen la misma dignidad.

Estas pequeñas escenas del Evangelio de Marcos nos dan cada una de ella un retrato de Jesús, pero ese retrato, tomado de una escena, es un retrato total. Y esto nos ocurre hoy en esta escena: Jesús y el leproso.

Si quieres, puedes limpiarme». Compadecido, extendió la mano y lo tocó diciendo: Quiero: queda limpio.

Este es Jesús; esto es el retrato de su obra y su misión.

¿Quién es Jesús? Nos lo ha dicho san Marcos al principio: el Hijo de Dios.

¿Quién es el leproso? Aquel leproso, sí; pero, al leer el Evangelio hoy, el leproso soy yo, el leproso es la humanidad.

¿Y por qué obra Jesús así? Porque tiene amor: Compadecido, extendió la mano y lo tocó.

¿Qué debo hacer yo? O ¿Qué debe hacer la humanidad? Ponerme de rodillas y pedir: Si quieres, puedes limpiarme.

Y ¿qué es lo que va a suceder después? Lo que ya está escrito en el Evangelio: Quiero: queda limpio.

Pues este es el título de nuestra homilía.  Hermanos, he dicho todo lo que tenía que decir, y con ello, podría cerrar esta predicación.

Todo es sencillo, humilde y maravilloso.

Pero, mirando a Jesús, que él es el que preside neustar celebración vamos a ahondar nuestros pensamientos.

Los hombres nos entendemos por palabras, por signos, por símbolos, por la música, por la poesía, por al pintura, por todas las artes.

Si a un pintor cristiano, que vive la fe que predicamos, le dijéramos: Píntame en una imagen que me sugiera todo lo que es Jesús, podría respondernos: Te voy a pintar a Jesús como en Buen Samaritano. Un hombre tirado en el camino, herido y maltrecho, y este samaritano, un buen hombre, que va de camino, que baja de su cabalgadura, que mira, lo atiende, lo acaricia y comienza a curarlo y lo monta consigo para llevarlo al mesón. Es la imagen de lo que Jesús hizo y lo que sigue haciendo hoy en el mundo. Efectivamente Jesús es el Buen Samaritano. Esa imagen me consuela, me ilumina y me da paz.

 

Una sola imagen basta para todo un mensaje.

 

Jesús lanzando demonios es igualmente imagen de su ser y de su misión: Jesús es el vencedor de todo mal y el que nos da una vida nueva en libertad. Con esto estamos dando una imagen muy fecha del mundo, suponiendo que está poseído por el Maligno. Pero es una imagen recurrente en el los Evangelios, porque la realidad es esa, aparte de todas las bondades que también podríamos hablar del mundo.

Las curaciones de enfermos se multiplican en los Evangelio, y cualquiera de ellas, valdría para dar una semblanza de Jesús.

Jesús ha curado a los ciegos, a un ciego de nacimiento, a quien le mandó lavarse en la piscina de Siloé – que significa “Enviado” (dice san Juan); ¿y no es verdad que andamos a tientas y ciegos en la vida?

 Jesús ha curado a paralíticos, y al curar a aquel paralítico, le dijo: Hijo, tus pecados quedan perdonados. ¿Y nos es verdad, hermanos, que nuestros pecados son la parálisis de nuestra vida y que quien vive en el pecado es un paralítico?

Pus con esas consideraciones volvamos al Evangelio de hoy. ¿Quién es un leproso? En los tiempos de Jesús, un leproso era el enfermo más enfermos. Era la miseria mayor. Un leproso da asco; un leproso contamina…, al menos así se creía. La primera lectura de hoy, del libro del Levítico, nos lo ha recordado. Podemos ir al capítulo 13 del libro del Levítico para nuestra información. Baste solo una frase: “El enfermo de lepra andará con la ropa rasgada y la cabellera desgreñada, con la barba tapada y gritando: “¡Impuro, impuro!”. Recuerdo que siendo joven sacerdote, una religiosa misionera que había trabajado en una leprosería, me dijo: Nosotras no leemos estos textos a los enfermos; nos los entenderían.

Un leproso, pues, es un desecho de la humanidad.

Gracias a Dios, la medicina ha avanzado, y, si todavía lepra no ha sido, vencida – esperamos que un día lo sea – ya no tiene aquel carácter fatídico. En este punto me place anotar que nosotros, capuchinos, vamos a tener seguramente a un santo capuchino leproso. El P. Daniel de Samarate, italiano, era un joven capuchino que en Brasil contrajo la lepra sirviendo a los leprosos, probablemente atendiendo a una anciana. Cuando todavái el virus no se había manifestado en la piel el virus que ay tenía, los superiores le llamaron a Italia, para que se tratara el caso con plena competencia. Fue a Lourdes a pedirle a la Virgen al gracia de la curación para seguir siendo misionero. Em la procesión con el Santísimo Sacarmento hizo con toda fe la oración del leproso de hoy: Señor, si quieres, puedes curarme. ¿Y qué pasó? Que oyó una voz clara en su corazón: No quiero; se leproso. Volvió a la misión, pero ya no fue el misionero heroico que sirve a los leprosos, sino un leproso más en la leprosería. Las fotos que se ven en Internet nos muestran cómo la lepra le comió los dedos de las manos. Diez años con lepra hasta su santa muerte. En 2017 el Papa Francisco declaró las virtudes heroicas de quien es hoy Venerable Padre Daniel de Samarate.

Hermanos, Si quieres, puedes curarme, es la oración de este día.

Para eso tenemos que ponernos de rodillas, es decir, pedir con humildad de corazón: Si quieres, puedes curarme.

Y a lo mejor, como el Padre Daniel, oímos una voz muy suave, muy pura: No, hijo mío, hija mía, quiero que sigas con ese cáncer, o con esa dificultad que nadie sabe, porque el sufrimiento es el camino de la redención. ¿No conocemos todos, hermanos, hermanas, a enfermos, a enfermas que, postrados en el lecho del dolor con como un milagro a la vista de todos, que nos da envidia por la paz que reflejan?

Por el silencio Dios obra maravillas en el mundo.

Son solo unas reflexiones, porque, cada quien, guiado por el Espíritu Santo puede sacar otras.

Volvamos al centro: el centro es Jesús. Él es el que debe regir nuestra vida en toda circunstancia. Es lo que queremos y pedimos, que él esa nuestro Salvador, el Salvador de nuestra familia y de nuestra sociedad.

Estoy hablando desde América, peor la sangre no es agua. Y de continuo mis ojos vuelven a mi patria. Y estos días veo carreteras colapsadas por tractores de labradores, yo qye soy de un pueblo de labradores. Que haya diálogo, verdad y concordia. Nada humano puede ser ajeno a neutro corazón de cristianos.

Señor Jesús, si quieres, puedes curarme; si quieres, puedes curarnos.

A ti dirigimos nuestro corazón; que la fe y el amor dirija nuestra vida, sabedores de que tú te interesas por todas nuestras necesidades, del alma y del cuerpo, porque tú eres nuestro Creador y Salvador. En ti confiamos. Amén.

Cuautitlán Izcalli, viernes, 9 febrero 2024.

1941. Dom V B. Jesús anunciando el Reino, expulsando demonios y sanando

 

Jesús anunciando el Reino, expulsando demonios y sanando

Mc 1,29-39

Texto:

29Y enseguida, al salir ellos de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a la casa de Simón y Andrés. 30La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, e inmediatamente le hablaron de ella. 31Él se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. 32Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. 33La población entera se agolpaba a la puerta. 34Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar. 35Se levantó de madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se marchó a un lugar solitario y allí se puso a orar. 36Simón y sus compañeros fueron en su busca y, 37al encontrarlo, le dijeron: «Todo el mundo te busca». 38Él les responde: «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido». 39Así recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.

Hermanos:

1.Estamos leyendo este año el Evangelio según san Marcos. Una vez más hemos de recordar la primera frase de este escrito, al parecer el más primitivo de los cuatro Evangelios. Esta primera frase, que es al mismo tiempo, el título del libro, dice así: Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Todo lo que se va a narrar en este Evangelio tiene un protagonista, que es el Hijo de Dios.

Seamos muy conscientes, hermanos, de todos y cada uno de los cuatro Evangelio no son simples relatos de una historia que ya pasó. Todos los Evangelios son relatos de fe. El centro de los Evangelio es la persona de Jesús, que un día fue y que hoy sigue siendo; todo lo que un día lo sigue haciendo hoy, incluso, como se nos recuerda en san Juan, hará cosas mayores, porque me voy al Padre.

2. La primera imagen que se nos da de Jesús se apoya en cuatro verdades, pilares fundaméntales de nuestra fe.

Primera. Jesús anuncia la revelación de Dios, el Reino, que se abraza con un requisito esencial: Convertíos. Sin conversión no hay Evangelio.

Segunda verdad: El Evangelio, trayendo el perdón de los pecados, trae la derrota de Satanás. Lo veíamos el domingo pasado en el episodio de la sinagona de Cafarnaúm: ¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios.

La tercera verdad es Jesús, dando el Evangelio da, lo mismo la sanación del cuerpo; lo cual nos anuncia que Jesús es la salvación integral del hombre.

Y la cuarta es que todas estas maravillas las hace él por la fuerza de su Palabra. La palabra de Jesús es la Presencia y la Fuerza del poder de Dios.

 

3. Ese es el Jesús en quien creemos y al que celebramos en el culto. No nos sorprenda, por tanto, que en esta primera página del Evangelio - estamos todavía en el capítulo Primero de san Marcos – se nos presente esta escena, que parece un apocalipsis, poco menos que un cuento y fantasía: todos los males de la ciudad se abalanzan sobre Jesús, se le echan encima. Y él, con el amor y el poder de Dios, arroja demonios y cura a enfermos.

4. Ahora bien, en este Evangelio que acabamos de escuchar hay un detalle que todavía no hemos mencionado, y que en el conjunto de la escena es mucho más que un detalle del cual se pueda prescindir, porque resulta ser esencial. Escuchemos con atención: Se levantó de madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se marchó a un lugar solitario y allí se puso a orar.

Sin la oración Jesús deja de ser el que es. Él ha ido al desierto para estar con Dios, no para preparar un plan táctico de batalla y de conquista. Se oyó una voz desde los cielos: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco». Esto es lo que pasó en el bautismo, y aquí se nos da la total identidad de su persona. Jesús es el Hijo amado del Padre. Se lo está diciendo el Padre, que él ya lo sabe. Se lo está diciendo para que lo oigamos todos, y no nos confundamos. ¿Quién es Jesús? Es el Hijo amado del Padre tiene que disfrutarlo él, tenemos que disfrutarlo nosotros. No nos confundamos y queramos presentar en nuestra predicación como a un líder que nos va a librar de nuestras esclavitudes. Jesús es el liberador de los pobres, el que dijo y sigue diciendo: Tuve hambre y me disteis de comer, y todo lo demás. Sí, Jesús es todo eso; pero en el bautismo Dios le dijo: Tú eres mi Hijo amado, y en i me complazco; tú eres mi felicidad.

Por eso dice a renglón seguido el evangelista: A continuación, el Espíritu lo empujó al desierto. Y ese mismo Espíritu lo ha empujado esta mañana a levantarse, el primero, y quitarle tiempo a la noche para orar. Orar, hermanos, es sencillamente estar con Dios, gastar el tiempo con Dios, escuchar a Dios, sentir el consuelo y la caricia de Dios que todos necesitamos para navegar por los mares de esta vida y también por el mar oscuro de nosotros mismos.

De este comportamiento de Jesús, claramente podemos deducir que el tesoro de su vida es Dios. Y lo mismo debe ser para nosotros: vivir la vida de Dios como vida nuestra es el mayor logro, la mayor dicha y felicidad. Cuanto más dinero, más felicidad; cuantos más éxitos sociales, más felicidad. Todo ello es muy movedizo, pero, aunque tuviéramos tales conquistas, al punto veríamos que semejantes logros no llenan los vacíos del corazón. Solo Dios es plenitud.

5. Siguiendo con el Evangelio, vemos que los apóstoles van a buscarle: se lo figuraban. Y le dicen en un tono, que casi puede sonar a regaño y reproche: Todos te buscan.

Ya lo sé, dice Jesús, pero hay algo más importante y por eso he venido aquí. Se ha olvidado de tomar un bocado de desayuno, porque el Padre le espera.

Y, al final, contesta: Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido.

Si quisiéramos escribir sobre Jesús, se perfilan los grandes capítulos y titulares:

Jesús y la intimidad con Dios, su Padre: esto es la clave de todo.

Jesús y la apertura a todo dolor humano, pero desde Dios, no en un plan altruista de buenas personas. Vámonos a otra parte, dice el Señor; Vámonos a otra parte para predicar también allí; que para eso he salido.

Es la misión que la Iglesia debe cumplir, y nosotros como hijos de la Iglesia: anunciar a Dios con nuestra vida transparente, inconfundible, y, cuando sea oportuno también con nuestras palabras.

Job ha aparecido hoy en la primera lectura. Job es el símbolo del mundo sufriente. El dolor está ahí, la a vuelta de la esquina; quizás en nuestra propia casa. Jesús traea la consolación, la paz, y, si es necesario, el milagro. No es algo que ya pasó; hoy es lo mismo.  Y nosotros somos los enviados de Jesús.

Señor Jesús, yo quiero ser cristiano entero y verdadero. Quiero vivir contigo, con Dios, en tu intimidad. Y quiero pasar mi vida haciendo el bien, como dijeron de ti: “Pasó haciendo el bien”. Como tu fiel discípulo san Pablo, quiero también poder decir: Todo lo hago por el Evangelio. Que esta fe que tú me has dado me lleve a todas sus consecuencias. Amén.

Cuautitlán Izcalli, sábado, 3 febrero 2024.