domingo, 19 de mayo de 2024

1975. Domingo de las Ascensión 2024

 

                    Domingo de las Ascensión 2024

                                            Mc 16,15-20

Texto

15Y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. 16El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado. 17A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, 18cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos». 19Después de hablarles, el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios. 20Ellos se fueron a predicar por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.

 

Hermanos:

1. Hoy es la Ascensión del Señor.  Una vez más vuelven a neustros oídos aquellos sonsonetes que coreábamos de niños, aprendidos seguramente en la catequesis infantil: “Tres jueves hay en el año / que relucen más que el sopl: / Jueves Santo, Crospus Christi / ý el Día d elas Ascensión”.

El día de la Ascensión lo celebra la Iglesia 40 días después de la Resurrección, ateniéndose la calendario que nos da san Lucas al comienzo de su libro: Hechos de los Apóstoles, que viene a ser la segunda parte del Evangelio. Y en Roma así lo han celebrado. El jueves pasado, 9 de mayo, ha sido la fecha escogida por el Papa Francisco para firmar la bula convocatoria del próximo Jubileo de la Redención, Spes non confundit, la esperanza no defrauda, Dado en Roma, en San Juan de Letrán, el 9 de mayo, Solemnidad de la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo, del año 2024, duodécimo de Pontificado.

La bula comienza con este párrafo que es bueno escucharlo precisamente en este día de la Ascensión del Señor a los cielos:

2. “«Spes non confundit», «la esperanza no defrauda» (Rm 5,5). Bajo el signo de la esperanza el apóstol Pablo infundía aliento a la comunidad cristiana de Roma. La esperanza también constituye el mensaje central del próximo Jubileo, que según una antigua tradición el Papa convoca cada veinticinco años. Pienso en todos los peregrinos de esperanza que llegarán a Roma para vivir el Año Santo y en cuantos, no pudiendo venir a la ciudad de los apóstoles Pedro y Pablo, lo celebrarán en las Iglesias particulares. Que pueda ser para todos un momento de encuentro vivo y personal con el Señor Jesús, «puerta» de salvación (cf. Jn 10,7.9); con Él, a quien la Iglesia tiene la misión de anunciar siempre, en todas partes y a todos como «nuestra esperanza» (1 Tm 1,1)”.

 

3. El misterio de la Ascensión de Jesús lo tenemos expresado hoy en los tres lecturas de la misa.

Al empezar a escribir los Hechos de los Apóstoles, san Lucas nos dice: “Se les presentó él mismo después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles del reino de Dios. 4Una vez que comían juntos, les ordenó que no se alejaran de Jerusalén, sino «aguardad que se cumpla la promesa del Padre, de la que me habéis oído hablar, 5porque Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo dentro de no muchos días».

Y un momento después continúa: “9Dicho esto, a la vista de ellos, fue elevado al cielo, hasta que una nube se lo quitó de la vista. 10Cuando miraban fijos al cielo, mientras él se iba marchando, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, 11que les dijeron: «Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que ha sido tomado de entre vosotros y llevado al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse al cielo». 12Entonces se volvieron a Jerusalén, desde el monte que llaman de los Olivos, que dista de Jerusalén lo que se permite caminar en sábado”.

Asís pues, el Monte de los Olivos, que había sido el Monte de la Agonía fue el Monte de la Ascensión.

4. El Evangelio de san Marcos no nos da los mismos detalles, y un analista riguroso que quisiera analizar los textos sagrados con los criterios de un acta judicial, nos dirían que no tienen valor porque no coinciden en detalles importantes. Pero ocurre, hermanos, que los textos de la Sagrada Escritura, y específicamente los textos evangélicos, no son la actas históricas de un juicio, consignado por notarios y escribientes; son testimonios de fe de las vivencias de la Iglesia, con las consecuencias imperativas para nuestra vida, porque lo que celebramos no son cosas que un día fueron y se perdieron para siempre, sino realidades celestiales que hoy están ocurriendo, y que están protagonizadas por Jesús, el Viviente, el que vive y reina junto al Padre, el que hoy dirige a la iglesia y que tiene una misión para la Iglesia que nosotros escuchamos y queremos vivir.

¿Qué nos dice, pues, hoy la Ascensión de Jesús? ¿A qué alegría nos invita? ¿A qué tarea nos compromete?

 

5. La Ascensión del Señor cierra la vida terrestre de Jesús, y abre la vida celestial, que nosotros vivimos en la tierra hasta su vuelta.

La última recomendación de Jesús: Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.

Es la misión que tenemos los cristianos: que el Evangelio que Jesús nos ha entregado, en el cual están todos los dones de Dios, llegue no solo a todos los hombres, sino a toda la creación. San Francisco predicaba el Evangelio no solo a las genets sencillas, sino incluso a las aves del campo. Los domingos, en la oración de la mañana decimos

1. Criaturas del Señor, bendecid al Señor;
        ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles de Dios, bendecid al Señor,
        cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor,
        Sol y Luna, bendecid al Señor,
        astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvias y rocío, bendecid al Señor;
        vientos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor,
        ríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor,
        témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Nieves y escarchas, bendecid al Señor,
        noches y días, bendecid al Señor.

Y así vamos recorriendo la creación para que se una a nuestra alabanza y todos juntos formemos un coro. No es lirismo y poesía sin sentido; es un acto de fraternidad y alabanza con todo lo que Dios ha creado.

5. El Señor ha subido al cielo, pero su obra no ha terminado. En la Iglesia hay mil cosas que hacer. Antes de morir san Francisco dijo a sus hermanos: YO he hecho mi parte; el Señor os enseñe la vuestra. No tenemos que repetir lo que él hizo; tenemos que continuar una obra que él comenzó con la gracia de Dios.

Cada generación tiene su obra. Jesucristo al dirige desde el cielo, pro él necesita nuestra colaboración.

Ahora bien, hay un detalle que no debemos olvidar. Aprendamos de memoria esta frase final del Evangelio de san Marcos: 20Ellos se fueron a predicar por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.

Hermanos: El Señor desde el cielos se encarga de dar los signos correspondientes. El Evangelio ha recordados cinco signos portentosos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, 18cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos».

No son el catálogo; son ejemplos de cosas que se han verificado y que estásn testificadas en los Evangelio y el Nuevo Testamentó. San Pablonos dice que ha subido al cielo para llenar el universos, y nos presenta un cuadro maravilloso de lo que Cristo está realizando:

Y él ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelistas, a otros, pastores y doctores, 12para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; 13hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al Hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud. (Ef 4,11-13).

Hermanos, podemos mirar al cielo para trabajar en la tierra. La obra de Jesús nos llena de alegría y esperanza.

Señor Jesús, por tu santa Resurrección y Ascensión colma a la Iglesia de tus dones. Danos seguridad, paz y alegría y que sepamos cumplir, en estos tiempos tan agitados,  la obra que nos has encomendado. Amén.

Cuautitlán, sábado, 11 mayo 2024.

sábado, 11 de mayo de 2024

1974. Día de la madre 2024

 

Día de la madre 2024

Coplas, cantares, 
saetas,jotas, endechas, amores…
para cantar en el Día de la Madre.

Con gozo celebramos el Día de la Madre, 10 de mayo, que no es lo mismo que en mi tierra patria, España (primer domingo de mayo). El Día de la Madre en México, dirían en algunos pueblos de la Rioja, tie-ne “usía”.

Quiero evocar el recuerdo de San Francisco, hijo de Pietro Ber-nardone, comerciante, trabajador, emprendedor, e hijo de su madre Madonna Pica, mujer de muy dulces sentimientos, que los transmitió a su hijo.

Cuando Francisco dio comienzo a su Fraternidad, quiso que el amor entre hermanos fuera un amor “materno”, y en la Regla puso estas palabras: “Y, dondequiera que estén y se encuentren los herma-nos, muéstrense familiares mutuamente entre sí. Y confiadamente manifieste el uno al otro su necesidad, porque, si la madre cuida y ama a su hijo (cf. 1 Tes 2,7) carnal, ¿cuánto más amorosamente debe cada uno amar y cuidar a su hermano espiritual?” (Regla de san Francisco, cap. VI, 7-8).

1

Por el más bello jarrón

yo me fui a la florería,

pero mi madre quería

la flor de mi corazón.

2

Mi madre tiene un altar

en mi celda franciscana,

no con firma vaticana,

sí con la fe de un Juglar.

3.

Mi madre tiene un altar

con seis velas encendidas:

seis hermanos y seis vidas

que al mundo quiso entregar. 

4.

El bebé dijo: Mamá,

y empezó la creación;

mi Dios dio la bendición

y derramó su Maná.

5.

Tuve madre de pequeño

y de mayor también tengo

que no quiero otro abolengo

que mi niño con quien sueño.

6.

¡Ay, madre, madre…!, yo grito,

que me despierto y me espanto,

y cuando ya me levanto:

se fue el demonio maldito

7.

Junto a la cuna y la Cruz

la madre siempre ha de estar

mil besos para empezar

y otros mil en mi ataúd.

8.

Buena, mi madre, tan buena,

la madre que Dios me ha dado,

que, aunque fuera un desalmado,

no he temer tu condena.

9.

De los cinco continentes

todas las madres se unieron,

y ser madres prometieron

con pecho y uñas y dientes.

10.

Ser madre es algo divino,

que Dios en la Encarnación,

no buscó otra solución

que ajustarse a este camino.

11.

El demonio más cruel

es el aborto nefando,

porque al que viene llamando

quita la madre y la piel.

12.

¡Viva la Virgen María!,

según de niño aprendimos,

y la Madre con sus mimos

nos  dio la Teolo

 

Saturnina Lecumberri Labairu nació en Salinas de Ibargoiti, Navarra, el día de San Saturnino, Patrono de Pamplona, 29 noviembre de 1908. Contrajo matrimonio cristiano con Rufino Grández García el 4 de agosto de 1934. Tuvieron 6 hijos. Quedó viuda el 1 de diciembre de 1947, y después de más de 60 años de viudez falleció santamente en Alfaro en la Asunción de la Virgen de 2008. – A su muerte este hijo escribió Sonetos celestiales para mi madre en la Comunión de los Santos, 27 sonetos y un recordatorio (mercaba.org).

Cuautitlán Izcalli, 10 mayo 2024

Fr. Rufino María Grández

domingo, 5 de mayo de 2024

1973. Dom V B Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado

1973. Dom V B  Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado

Jn 15,9-17


Texto

 9Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. 10Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. 11Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. 12Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. 13Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. 14Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. 15Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. 16No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. 17Esto os mando: que os améis unos a otros.

Hermanos:

1. El Evangelio del domingo pasado era el de la vid y los sarmiento. Y la palabra que más se repetía era “permanecer”. Si el sarmiento ha de dar fruto ha de ser permaneciendo unido a la vid, porque sin mí, arrancados de mí, no podéis dar ningún fruto. Yo soy la vida, vosotros los sarmientos.

El Evangelio de hoy es punto y seguido la continuación del Evangelio anterior. Estamos en las palabras de despedida de Jesús en la Cena. Ya la lección de hoy, la recomendación, o, mejor, la revelación es esta: Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.  Todo el Evangelio va en torno del amor. Del amor se habla en las novelas, en las películas, en las canciones.  Jesús nos habla del amor, pero ese lenguaje nadie antes que él lo había empleado, y siempre será nuevo y sorprendente.

Como cristianos debemos saber cuál es la doctrina de Jesús, una doctrina que es mandamiento; y hasta se podría decir que es el único mandamiento, que recoge a todos los demás.

2. Por contraste, para mejor poder perfilar el mensaje de Jesús, podemos acudir a los grandes pensadores de la humanidad para ver cómo ellos nos han hablado del amor y cómo nos habla Jesús. Aristocles, genio de la Filosofía griega, escribió una obra que se llama la Ética, más exactamente la Ética a Nicómaco. Se piensa que Nicómaco era su propio hijo, Avanzando en su propia exposición, dice: “Y ahora vamos a hablar de la amistad, que es lo más necesario de la vida”. Y explica que, si un hombre es rico, muy rico, y no tiene amigos, la riqueza no le puede hacer feliz. Son pensamientos realmente sabios.

Y hablando de la amistad, que es la expresión bella del amor, porque el amor se expresa en la amistad, nos detalla que puede haber amistad por tres razones diferentes:

Te amo, porque me eres útil. Esta es una amistad muy corriente. Esta una amistad comercial. Somos buenos amigos, porque nos aprovechamos mutuamente.

Te amor, porque me causas placer. Lo cual se pueden entender en un sentido grosero y sensual, o en un sentido más elevado. Amar por el placer del sexo parece que es un amor muy interesado, incluso degradante.  Pero hay otros placeres superiores en la vida, que también pueden producir satisfacción y placer. Una buena comida compartida, una diversión… Te amor porque lo pasamos bien, cuando nos juntamos. Es un amor concupiscente. Un amor para llevar satisfacciones y deseos.

Pero hay un tercer amor muy diferente, que diríamos que es el amor perfecto, sin ninguna duda muy superior a los dos anteriores. Te amo por lo que eres, porque te lo mereces, y al amarte me haces feliz y me crezco a mí mismo. Tú eres digno, digna de mi amor, y amándote yo mismo soy más perfecto.

Es claro que este amor es el que merece la pena; los otros dos no. Los otros dos se terminan cuando se termina la utilidad, cuando se termina el placer.

Qué hermoso cuándo se oye a un matrimonio: Yo por nada llevaré a mi padre, a mi madre, a una residencia; lo cuidaremos en casa. Claro que, si la situación lo requiere un hospital, entonces sí lo llevaremos para unos cuidados de medicina que nosotros no podemos darle.

3. Jesús habla del amor y lo resume todo en una frase: Amaos unos a otros como yo os he amado. ¿Queremos más detalles? Pues he aquí lo que dice. 13Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Y el realmente ha dado su vida por nosotros. Podía haber inventado otro modo de vivir. Tenía autoridad y capacidad para entablar una lucha con sus adversarias, y salir a flote de las circunstancias, con una capacidad dialéctica y milagrosa que no tenían sus adversarios; pero no lo hizo, no quiso esos triunfos, que parecen triunfos, pero no son triunfos de amor. San Pablo dirá esta frase de oro: Me amó y se entregó por mí.

Pero sigamos todavía con unos pensamientos más del gran filósofo que hemos citado para apreciar cómo es amor de Jesús, que es amor del Hijo de Dios a nosotros es totalmente distintos de todos los amores. Este genio del pensamiento escribió en su Metafísica que hay una potencia creadora que dio existencia al mundo, al hombre. Y que por lo tanto el hombre debe respetar e incluso amar al que el ha dado el ser. Pero, bien pensado, Dios no tiene que amar; Dios no ama. Si Dios amara a la criatura se mostraría indigente.

Cuando el Papa Benedicto XVI escribió su bella encíclica sobre el amor, Deus caritas est, Dios es amor, recordó este pensamiento de Aristóteles: “La potencia divina a la cual Aristóteles, en la cumbre de la filosofía griega, trató de llegar a través de la reflexión, es ciertamente objeto de deseo y amor por parte de todo ser —como realidad amada, esta divinidad mueve el mundo—, pero ella misma no necesita nada y no ama, sólo es amada” (Metafisica XII,7)”.

En el polo opuesto está lo que hoy nos ha dicho san Juan en la lectura segunda: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados” (1Jn 4,10).  Dios nos amó primero, y nos sigue amando. Y la fe nos dice que no sería Dios si no nos amara.

Dios nos ha amado, es decir, me ha amado y Dios me sigue amando. El amor que Dios nos tiene no s e mide por nuestros méritos; por eso, no nos hemos de comparar con ningún santo. Dios me ama porque sí, porque quiere amarme.

Desde este pensamiento central pueden venir mil aplicaciones. Y el Evangelio  nos da algunas pistas. Así, cuando Jesús sigue diciendo: 15Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.

4. Hermanos, hay siempre un mundo divino por explorar que nunca llegaremos a conocer del todo. Dios me ama, y, al amarme, me ah digno de su amor.

Saquemos las consecuencias. Y las consecuencias, la única consecuencia, es esta: Vamos a corresponder a ese amor. Y Jesús nos dice: Si guardamos sus mandamientos, eso será la señal de que le amamos, de que queremos corresponder a ese amor infinito que nos tiene. Las cosas particulares las saca cada uno de su corazón. Un ejemplo. Estos días, lo mismo en el país de México, donde vivo, que, en España, mi tierra patria, los políticos – hombres y mujeres – en su forma de hablar se lanzan unos a otros palabras que nos hieren a todos. Y parece haberse adoptado este modo de hablar como un lenguaje legítimo en al palestra política donde están. Pero uno que escucha el Evangelio, al punto dice: No, no, es otro mundo; eso no puede ser así.

Hermanos, en nuestra vida persona, privada, tratemos de amar a Dios con todo el corazón, y que todos nuestros pensamientos, sentimientos y palabras, vayan pasando todo por el filtro del verdadero amor.

Baste con estas sencillas reflexiones y que el Espíritu Santo ponga en el corazón de cada uno el verdadero amor que Jesús nos ha enseñado.

Señor Jesús, tú nos has dicho Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Concédeme, concédenos, que este mandamiento yo lo lleve a mi vida íntima más personal, a mi vida familiar, comunitaria, a mi vida social, y que el amor verdadero sea la respiración de mi corazón. Amén, aleluya.

Cuautitlán Izcalli, sábado 4 de mayo de 2024.

 


jueves, 2 de mayo de 2024

1972. Letrillas de amor

1972. Letrillas de amor


La mayor revelación que ha llegado del cielo a la tierra es esta: Dios me ama. Y tiene razón Aristóteles, cuando dice: Dios no ama. Lo recordaba Benedicto XVi, al escribir su primera encíclica “Dios es amor, Deus caritas est”: “La potencia divina a la cual Aristóteles, en la cumbre de la filosofía griega, trató de llegar a través de la reflexión, es ciertamente objeto de deseo y amor por parte de todo ser —como realidad amada, esta divinidad mueve el mundo—, pero ella misma no necesita nada y no ama, sólo es amada” (Metafisica XII,7). Dios no ama, no puede amar, porque el que ama es un indigente de amor, y Dios no necesita nada.

Pues eso es la revelación: que Dios ama; mejor dicho, porque el amor es siempre concreto, “Dios me ama”, hasta morir de amor, morir de amor por mí. Esto es un disparate y una locura infinita. Pues esto es el amor de Dios, y cada ser humano vale lo que vale el amor de Dios a él.

San Pablo llegó a decir: “Estoy crucificado con Cristo; 20vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí. Y mi vida de ahora en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí” (Gal 2,19-20).

Aquí se desquicia toda filosofía. Me amó y se enetregó por mí. Dios muere en Jesús por amor a mí. Es el amor infinito vertido en mi historia finita. Nadie lo puede entender, porque es revelación de fe. Pero el amor de Dios es ese.

No será irrespetuoso cantar unas “letrillas de amor” en torono a ese Amor infinito.



 

Yo soy amado por Dios,

así lo creo y lo siento,

y es un divino portento

que pone mi vida en pos.

 

Amado por Dios, mi Padre,

como Jesús era amado,

y el universo a su lado,

sin nada que lo descuadre.

 

Mi Dios es paz y armonía

que mi vida santifica,

cosa grande, cosa chica

todo suena a sinfonía.

 

Dios es amor infinito,

y yo me pierdo en su playa,

y ahora, cuando me vaya,

leerá su manuscrito.

 

Y me va a felicitar,

por su obra y maravilla,

no soy yo, es él quien brilla

como ofrenda de su altar.

 

Mi virtud es la esperanza,

que es la hija del amor,

y un celeste resplandor

hacia sus brazos me lanza.

 

Dios es milagro divino

que se encarna en cada uno;

no me mido con ninguno,

porque yo soy su destino.

 

Puedo sentir sin falacia

su caricia y su consuelo;

soy su Evangelio y anhelo

que él sea en mí todo gracia.

 

Que soy pecador lo sé,

pero es mayor su perdón,

y de todo corazón

suyo soy y lo seré.

 

Y mi vida es celestial,

si estoy leyendo a San Juan,

porque en sus versos están

las aguas del manantial.

 

El amor es vida entera

desde ya en la concepción;

Dios habita en un embrión

como en patria verdadera.

 

No se puede dialogar

en donde la vida empieza,

si amor y vida es certeza

no es posible negociar.

 

Dios es amor, todo amor,

que es igual que caridad,

y en mí su divinidad

me la dio en su Redentor.

 

Quisiera corresponder,

mas al hacerlo no puedo,

que siempre atrás yo me quedo,

y aquí querer no es poder.

 

Amor que de Dios nos viene

es siempre amor excesivo,

amor gratis, sin recibo,

es el amor que nos tiene.

 

No ha de ser merecimiento

el cielo que nos espera;

será la gracia postrera

del padre al hijo sediento.

 

El ser amado y amar

descubrí cual vocación,

y cantando esta canción

al morir quiero cantar.

 

El amor es sencillez,

historia de cada día,

no quiero otra membresía,

ni otro título ni prez.

 

Ya me amas, y más ámame,

- digo el dislate mayor,

Cuerpo de Dios amador - ,

y cuando haya de ir, llámame.

 

Esa es mi vida cristiana,

que en el bautismo empezó,

y hasta el fin quiero ser yo,

yo en Jesús que amando sana.

 

Es Pascua, hermanos, es Pascua

del Señor Resucitado,

sea él glorificado,

y el corazón brasa y ascua.

 

¡Viva Jesús, el bendito,

en cielo, tierra y el mar,

que el mundo se ha de llenar

de ese su gozo infinito!

Amén, aleluya.

Ciudad de México, 2 mayo 2024.

sábado, 27 de abril de 2024

1971. Yo soy la vid, nos decía – Poema espiritual

 Yo soy la vid, nos decía – Poema espiritual

Nuestra homilía ha girado en torno a dos frases o dos mensajes del texto de este Domingo V de Pascua (Jn 15,1-8):

- Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador (v. 1- Yo soy la vid, vosotros los sarmientos (v. 5).

Es un texto contemplativ0; y en él la palabra “permanecer” aparece 7 veces. Jesús nos quiere llevar, a través de él, hasta el Padre. El Padre, morada permanente de Jesús, es lo infinito, que abarca cielo y tierra, física y psicología, proyecto y destino. El Padre es el summum de nuestra peregrinación, y Jesús nos dice que ya está, que el que ha visto a él ha visto al Padre, como le dijo a Felipe. Él nos pide solo una cosa: “permanecer”. Este es el contenido de esta aspiración que tratamos de poner en verso y también - ¡ojalá! – en poesía.

Yo soy la vid, nos decía,
y mi Padre está conmigo;
mi Padre es el viñador
de este viñedo escogido.

Si un racimo no da fruto,
porque a mí no estaba unido,
lo corta y lo tira afuera
como a sarmiento perdido.

Ay de aquel que no da fruto
que será cual desperdicio,
y juntos los desechados
arderán en su suplicio.

Pero a aquel que fructifica
lo hiere con corte y filo
para que arroje más fruto
unido a mi sacrificio.

Soy sarmiento de mi vid
y de su savia yo vivo
y de esa savia vital
en racimo fructifico

Oh que hermoso y qué sabroso
el racimo esclarecido,
mas no lo digáis a mí,
que de una cepa he surgido.

Cantadle a la cepa fuerte,
que ha engendrado  tales hijos,
y con verdes vestimentas
embellece el colorido.

Viñedos de nuestras tierras,
que a Jesús han conmovido,
y ha tejido alegorías
con su secreto divino.

Yo soy la vid, él proclamaba,
lo ha dicho y lo ha repetido,
y vosotros los sarmientos
de mi seno nutritivo.

Soy su racimo, y un día
seré su copa de vino,
para brindar en la Iglesia
a gloria de Jesucristo.

Permaneced: su consigna,
permaneced en mí mismo,
como yo con el Padre
somos un solo designio.

El Padre y yo con vosotros
somos un trío fundido,
porque el amor unifica
cielo y tierra en un latido.

El cielo es mansión ya vuestra
y el Padre no es un vecino,
el Padre es cielo y visión
es plenitud y respiro.

Vivir en Dios aquí abajo
es haberlo conseguido,
es vivir divinamente
como hijos del Altísimo.

Permaneced, solo eso,
que es un coloquio continuo,
creatura y Creador
en un abrazo divino.

En el trajín cotidiano
y en los momentos más íntimos,
la vida fluye la misma:
es su aliento que transpiro.

Mi horizonte y mis proyectos
hasta el cielo han transcendido,
y por la vid comprendí
que lo divino es sencillo.

Permaneced, solo así,
solo así que él me lo dijo,
porque todo lo demás
a él, Jesús, lo confío.

Ya mi vida es un milagro
en la paz del paraíso,
el dolor y la alegría
son del mismo manantío.

Por eso, pedid sin miedo,
y
 obtendréis vuestro pedido…,
pues al pedir solo quiero
lo que él me ha conseguido.

Soy, Jesús, en tu presencia
de amor pensado y nacido
y vivir en el amor 
es vida y rumbo legítimo.

Gracias, oh revelación,
por cuanto aprendo a tu oído,
y sean las Escrituras
mis manantiales y ríos. Amén, aleluya.

Cuautitlán Izcalli, sábado, 27 abril 2024.


Cuautitlán Izcalli, sábado 27 abril 2024.