viernes, 3 de marzo de 2017

899. Cantando la Cuaresma: Esposo que soñaste con tu esposa




 El esposo de la comunidad mesiánica
(Mateo 9,14-15 y paralelos)
Viernes después del Miércoles de Ceniza
Retiro espiritual

Ciñéndonos al Evangelio y leyendo el Evangelio de hoy (Mt 9,14-15) en su contexto y con sus paralelos (Mc 2,18-20; Lc 5,33-39), nuestra meditación puede entrar en una profunda y prolongada lectio sobre el ayuno.
Con todo, mi pensamiento se centra en un título: esposo. Jesús saca un título, el de esposo, que se lo aplica a sí mismo. El intérprete pensativo se pregunta:
- ¿Se trata de una sencilla y feliz metáfora, acaso de una parábola en ciernes (puesto que una parábola arranca de una metáfora y la desarrolla), o se trata de algo que es mucho más que una metáfora?
- Si es algo más que una metáfora, ¿qué significa esa autoconciencia de ser el esposo?
- Si Dios es el esposo de Israel, Jesús ¿pasará ahora a ser el esposo del Nuevo Israel? ¿Cuál es la categoría divina que Jesús reivindica para sí?
- Y ¿quién es exactamente su esposa? ¿Es la comunidad mesiánica la esposa de Jesús? ¿Cuándo Jesús la disfruta?
Al parecer, Jesús se identificó como “eunuco por el reino de los cielos”, reivindicando su celibato. “Hay eunucos que salieron así del vientre de su madre, a otros los hicieron los hombres, y hay quienes se hacen eunucos ellos mismos por el reino de los cielos. El que pueda entender, entienda” (Mt 19,12). Ahora bien, ¿podemos avanzar y seguir pensando que Jesús ha vivido su celibato como bellísima experiencia esponsal con la comunidad mesiánica que nacía de su mensaje? ¿Cómo se puede abordar, con la pureza del Espíritu Santo, el tema de la vivencia de Jesús de su propia sexualidad masculina?
1. Pareciera que solo pronunciar estas palabras es caer en un terreno indecoroso, invadeable… Con todo, los santos han tocado la sexualidad de Jesús, el Señor. En el fondo, lo que uno pretende es dar una respuesta iluminada al anhelo de la mujer, clavado en el ser, como vocación original, según narra el Génesis, al narrar la presentación que Dios hace de la Mujer al Hombre. En un éxtasis de admiración y de amor el Hombre recibe a la Mujer: “Adán dijo: «¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne!” (Gen 2,23). Desde entonces nada más específicamente masculino en el varón que el anhelo unitivo con la mujer, e igualmente nada más femenino en la mujer que el anhelo unitivo con el varón.
Cuando esto no se da, hay que reclamarse al Espíritu Santo, cuya marca de autenticidad es la absoluta novedad de su creación ante Dios soberano, Creador y Padre. La castidad celibataria como don en la Iglesia y para la Iglesia es obra del Espíritu Santo. Así lo fue en María en la Encarnación: la virginidad de María es la novedad esplendorosa de Dios en medio de nosotros, el don de la Encarnación, el don de la Resurrección. María fue virgen por Cristo resucitado.
2. El vigor sexual de Jesús pertenece a su ser varón. Este vigor va orientado desde sí al encuentro con la mujer amada. No salimos de los parámetros de una conciencia recta al proferir tales afirmaciones. Dando curso a una imaginación que trabaja con una “lectio divina” de las divinas Escrituras podemos representarnos estados sucesivos en la convivencia del adolescente, del joven Jesús de Nazaret.
Él ha visto cómo compañeros que se sentaron con él en la que luego se llamará “bet midrash” (la escuela) llegaron a ser “esposos” como esposo fue su padre José. Y cómo sus compañeros de sinagoga celebraron el rito sagrado de los esponsales. Donde hay un esposo, hay una “esposa”, y una esposa es una mujer concreta que ha entrado en mi corazón. Los judíos se casaban muy jóvenes y el primero de los 613 “mitvotz” de la Escritura, según van apareciendo en los libros sagrados era justamente el transmitir la vida de Dios: ser esposo, y ser padre, conforme a la bendición de Dios en el primer capítulo del Génesis. Esta obligación la consideran hoy los judíos como obligación vigente para los varones a partir de los 16 años, y para las mujeres a partir de los 14.
En el mundo de los sentimientos y vivencias en los repliegues íntimos de Jesús de Nazaret ¡han podido ocurrir tantas vivencias, con rostros muy concretos!
3. Han pasado los años. Bien posiblemente Jesús ha pasado a ser un descalificado social… Y, sin embargo, Jesús se siente esposo, y hasta se ha atrevido a decirlo. En realidad, esto lo ha aprendido de Dios, su Padre. Su sentimiento de filiación (que no podemos capturar en nuestro análisis) y su sentimiento de ser esposo, proceden de la misma fuente: del Padre, en el Espíritu. Jesús pasa a ser esposo, como el Dios de la Alianza es esposo de la esposa amada de Israel. Para Jesús la esposa es la comunidad santa que él ofrece, purificada por su sangre, al Padre celestial.
¡Jesús es realmente el esposo de la Iglesia! Y, si tengo valor para decirlo. ¡Jesús es mi esposo! Desde ahí entenderé mui ayuno y mi oración.

1. Esposo que soñaste con tu esposa,
y allá en tu corazón la acariciabas,
de amor y de dolor y de sorpresas
¡oh cuánta hondura a ella confiabas!

2. Jesús de ojos profundos – que los vemos –
de labios amorosos, tersa cara,
tranquilo lago azul y mar bravío:
el dulce amor en ti se desataba.

3. Esposo de Israel el Dios amante
así se declaró a la perdonada;
y tú que lo sabías, tú, Mesías,
del mismo Dios tomaste esa palabra.

4. Y esposo te sentiste y te dijiste,
para una boda esposo en cuerpo y alma,
en esa intimidad que tú conoces
y a mí, si yo la quiero, me regalas.

5. Tu abrazo virginal llegue hasta mí
en esta carne que nació con ansia:
Esposo de la Iglesia pobrecilla,
humilde y pobre y en tu amor sanada.

6. Jesús, pastor y luz de mi Cuaresma,
que al inclinarte en cruz el alba raya,
destella triunfador y ten piedad,
¡oh tú que nos trajiste la esperanza!

Viernes después de Ceniza, 3 marzo 2017.
Fr. Rufino María Grández, OFMCap.

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