miércoles, 29 de marzo de 2017

910. Meditaciones de la santa Cuaresma 2017 - 3/5



3/5 -  Dios se me entrega en el Espíritu,
que es el alma de la Iglesia, mi verdadera familia.


Continuamos nuestro mensaje, recordando por qué puntos nos movemos:
1)      Dios es el centro de mi vida, principio y fundamento, el único camino de mi felicidad.
2)      Dios se me está entregando en su Hijo Jesucristo
3)     Dios se me entrega en el Espíritu, que es el alma de la Iglesia, mi verdadera familia.

1. El maravilloso día de Pentecostés
Dónde termina la vida de Jesús
Ayer noche fue un momento maravilloso – me parece – descubrir lo que era la Oración del Señor, el “Padrenuestro”, síntesis de la vida de Jesús.
¿En qué consistía esta maravilla? En que Jesús, mediante esta oración, que va a ser la oración alma de su comunidad mesiánica, quería introducirnos en lo más íntimo de su intimidad. La oración no es “pedir”; antes que pedir es bendecir, exultar, glorificar, dar gracias por haber contemplado al Dios de nuestra fe. La oración es una elevación al Dios de la gloria, para entrar en su intimidad, a la que se nos da acceso, y perdernos en Dios, nuestro Padre, llenos de amor. Por eso en el “Padrenuestro” Jesús nos invita a entrar, ante todo, en la santidad de Dios. Y pedimos al Padre que su santidad se expanda, irradiante; que esa santidad, al resplandecer, irradie en el universo y cielo y tierra queden todos transfigurados en esa santidad, donde no puede morar otra cosa sino la gloria de Dios. Esto es orar a Dios por Dios mismo, que es supremo acto de amor. Uno se olvida de sí y se lanza a Dios para quedar en Él deificado.
Ahí es donde se expansiona el “Padrenuestro” y de ahí toma sentido y derivación todo lo demás. Entrar en la santidad de Dios es anticipar ya la hopar escatológica de nuestro encuentro con Dios, y la hora de toda la Iglesia y de toda la humanidad.
Cosa similar podemos decir en torno a las dos peticiones laudatorias que siguen: la venida del Reino de Dios por la acción poderosa de Dios mismo, y el que se realice la Voluntad de Dios en el cielo y en la tierra. La Voluntad de Dios es el plan de Dios sobre su Creación, plan que se inició y que llegó a su punto culminante en Jesús resucitado.
No hay oración “mística” superior al Padrenuestro, oración sacramental signo de la presencia de Dios, mediador entre el cielo y la tierra.
Sería maravilloso morir rezando sencillamente el Padrenuestro.

En este clima espiritual queremos seguir para hablar ahora del Espíritu Santo.

La vida de Jesús termina en la efusión de su propio Espíritu
Después del recorrido que hicimos de la vida de Jesús, viéndolo como Hijo de Israel, heredero de las promesas de Dios; después de haber visto cómo lo que hace Jesús lo hace enmarcado en la Alianza de Dios con los hombres, que ya había comenzado en el Antiguo Nuevo Testamento, podemos preguntarnos: ¿Dónde termina la vida de Jesús? ¿En el Calvario? Ciertamente que no. La vida de Jesús no termina en su propia muerte. Jesús no es un difunto, cuyo pasado sea su vida. Jesús es el Resucitado, el que inaugura en su cuerpo la vida nueva que nos aguarda. Entonces ¿la vida de Jesús termina en su Resurrección?
Tampoco exactamente ahí. Es del todo necesario hacer un enlace irrompible entre: muerte, resurrección/ascensión, venida del Espíritu.
El Espíritu, que empezó a actuar en el primer momento de la creación, en el versículo segundo de la Biblia (“el espíritu de Dios se cernía sobre la faz de las aguas”) es el que hizo entrar a Jesús en el mundo por las entrañas de la Virgen María (“El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios”, Lc 1,35), es el Espíritu que promete en la última Cena. Lo entrega el día de su Resurrección: “Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos» (Jn 20,22-23).
La vida de Jesús
- ante todo, no se puede separar de los pasos mencionados, de los cuales vemos que la intervención del Espíritu es total,
- y luego vemos que el Espíritu, fruto de la vida de Jesús, donación que sale de sus propios labios, de su aliento vital, tiene una explosión radiante en Pentecostés.

“De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse” (Hech 2,2-4).
Pedro explicará lo que ha pasado, y dirá que es Jesús mismo el que ha derramado el Espíritu: “A este Jesús lo resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. 33 Exaltado, pues, por la diestra de Dios y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo” (vv. 32-33).
He aquí la imagen que se nos presenta a nuestros ojos, que es el remate de la vida de Jesús:
1)    DIOS, EL PADRE, origen de todo, Creador de cielo y tierra, ha resucitado y glorificado a su hijo Jesús.
2)    JESÚS, el Hijo, ha sido exaltado a la derecha del Padre y allí ha recibido la promesa del Padre, que es el Espíritu Santo: “la promesa del Espíritu Santo”.
3)    EL ESPÍRITU SANTO. Y Jesús, que tiene el Espíritu Santo, lo ha derramado sobre su Iglesia.
Se ha realizado la unidad perfecta de esta historia divino-humana. La vida entera de la Trinidad ha llegado hasta nosotros mediante la Encarnación del Hijo de Dios, y este Hijo nos ha entregado el Espíritu Santo.
Esto significa que en el Espíritu Santo está toda la vida de Dios, y esa vida es la que a nosotros se nos ha regalado. La vida cristiana ha quedado divinizada; está inundada de la corriente de la vida divina.

Por el Espíritu poseemos toda la vida de Dios
Nosotros, todos nosotros como cristianos – santificados en Cristo – somos poseedores de Dios mismo. No carecemos de ningún don.
El último acto de la historia de Dios con el hombre será la vuelta del Señor en gloria. San Pablo nos ha explayado este panorama que estamos poniendo ante los ojos con este maravilloso párrafo de acción de gracias al comienzo de al primera carta a los Corintios: “Doy gracias a mi Dios continuamente por vosotros, por la gracia de Dios que se os ha dado en Cristo Jesús; pues en él habéis sido enriquecidos en todo: en toda palabra y en toda ciencia; porque en vosotros se ha probado el testimonio de Cristo, de modo que no carecéis de ningún don gratuito, mientras aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo. Él os mantendrá firmes hasta el final, para que seáis irreprensibles el día de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es Dios, el cual os llamó a la comunión con su Hijo, Jesucristo nuestro Señor” (1 Cor 1,4-9).

Es una gracia sublime de Cristo, que solo se nos puede conceder en la absoluta humildad, considerarnos – considerarme – lleno de todo don gratuito, por cuanto que todo lo que disfruta la Iglesia, que es mi patria y mi familia, es mío, totalmente mío. Nada importa que ese don específico lo tenga un hermano mío o yo; al fin, todo queda en casa: es nuestro, es mío.
San Francisco tenía este pensamiento. “Bienaventurado aquel siervo que no se exalta más del bien que el Señor dice y obra por medio de él, que del que dice y obra por medio de otro” (Admoniciones, XVII).
“Dice el Apóstol: Nadie puede decir: Señor Jesús, sino en el Espíritu Santo (1 Cor 12,3); y: No hay quien haga el bien, no hay ni siquiera uno (Rom 3,12). Por consiguiente, todo el que envidia a su hermano por el bien que el Señor dice y hace en él, incurre en el pecado de blasfemia, porque envidia al mismo Altísimo, que dice y hace todo bien” (Admoniciones, VIII).
Y san Pablo nos dice: “Todo es vuestro, vosotros de Cristo y Cristo de Dios” (1 Cor 3,23).
La Iglesia es la desembocadura de todo lo que Jesús ha hecho por nosotros. Ella tiene el Espíritu de Dios.
Y el Espíritu, a su vez, es la ultimidad de Dios, la exhaustividad de Dios, todos los dones de Dios.


2. Un recorrido de la acción del Espíritu Santo en la Iglesia, escuchando a san Pablo que escribe a sus comunidades

En el 50 aniversario de la renovación carismática
Hermanos, al proclamar este mensaje, quiero recordar que estamos celebrando justamente el 50 aniversario de lo que se llama el Movimiento del Espíritu Santo en la Iglesia Católica (1967-2017).
Ustedes que me escuchan saben que muy cerca de esta iglesia (en la colonia Chapalita, junto al Colegio Anahuac) está la Casa Cornelio. Es el centro oficial de la renovación carismática ene esta arquidiócesis de Guadalajara
(Dirección: Calle Santo Tomas de Aquino 901, Camino Real, 45040 Zapopan, Jal. Teléfono: 01 33 3121 2611).
Casa Cornelio se llama por lo que cuentan los Hechos de los Apóstoles que ocurrió en la casa de aquel ciudadano que se llamaba Cornelio. “Había en Cesarea un hombre llamado Cornelio, centurión de la cohorte llamada Itálica, piadoso y temeroso de Dios, al igual que toda su casa; daba muchas limosnas al pueblo y oraba continuamente a Dios” (Hech 10,1-2).
Esta casa fue visitada por el apóstol Pedro y allí se produjo el milagro de un nuevo Pentecostés; de ahí “Casa Cornelio”: “Todavía estaba exponiendo Pedro estos hechos, cuando bajó el Espíritu Santo sobre todos los que escuchaban la palabra, y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se sorprendieron de que el don del Espíritu Santo se derramara también sobre los gentiles, porque los oían hablar en lenguas extrañas y proclamar la grandeza de Dios. Entonces Pedro añadió: «¿Se puede negar el agua del bautismo a los que han recibido el Espíritu Santo igual que nosotros?». Y mandó bautizarlos en el nombre de Jesucristo. Entonces le rogaron que se quedara unos días con ellos” (Hech 10,44-48).
El Movimiento Carismático Católico comenzó hace 50 años con un pequeño grupo de personas en una Universidad Católica de los Estados Unidos; hoy son muchos millones en todo el mundo los que se juntan en Asambleas de Oración y viven con sencillez y agradecimiento esta acción del Espíritu Santo en la Iglesia.
El Papa Francisco, hablando en cierta ocasión a los carismáticos, les decía así en 2015 en el III retiro mundial de sacerdotes: "Cuando yo comencé a conocer el movimiento carismático, esta corriente de gracia, era curita joven. Y me daba mucha rabia, mucha rabia... me parecía que todos tenían algo mal en la cabeza. Y una vez en un sermón, hablando del Espíritu Santo, dije que hoy día algunos cristianos convierten el Espíritu Santo en una escola do samba. Pasaron los años y me di cuenta cuán equivocado estaba: una gracia, ¡una gracia!" (Pablo J. Ginés, en Religión en Libertad, 16 febrero 2017).
La Biblia Carismática
La Renovación Carismática ha editado la llamada La Biblia Carismática (La Biblia Carismática. Edición personalizada de la Biblia Hispanoamericana para la Renovación Carismática en México. Texto bíblico: La Biblia Hispanoamericana Traducción Interconfesional. 1ª edición 2012). En esta Biblia se destacan tipográficamente todos los textos que mencionan en el Nuevo Testamento al Espíritu Santo, y se añaden numerosas páginas explicativas, especialmente “El Espíritu Santo en el Nuevo Testamento” con paginación de 1c a 79c, después de la página 952 del texto).
De esta edición tomamos las siguientes páginas: 40c-41c

“En la lista de Corintios hay 9 Carismas, que se pueden distribuir en tres grupos:
1. Carismas de la mente: Sabiduría, Ciencia Discernimiento de Espíritus.
2. Carismas de acción: Milagros, Sanaciones, Fe (de la que mueve montañas).
3. Carismas de la lengua: Profecía, Lenguas, Interpretación de lenguas (1Cor 12,8-10).
Además de los famosos 9 carismas hay otros catálogos de dones espirituales en diferentes sitios del Nuevo Testamento. Si reuniéramos esos carismas resultarían en conjunto unos treinta dones.

a) Carismas de “apostolado – enseñanza – gobierno”:
- Apóstoles (1 Cor 12,28; Ef 4,11)
- Profetas (1 Cor 12,28; Ef 4,11)
- Doctores (Ef 4,11; Hech 20,28)
- Maestros (1 Cor 12,28; Rom 12,7; Ef 4,11)
- Evangelistas (Ef 4,11; Hech 21,8)
- Epíscopos, presbíteros, diáconos (Hech 14,23; 15,2; 20,17.28; Flp 1,1; Tit 1,5)
- Presidentes, dirigentes (1Tes 5,12; Heb 13,17)
- Diversas diaconías (Hech 6,1-6; Rom 12,7; Ef 4,12; 1Pe 4,11, 1Cor 16,15-16).

b) Carismas de conocimiento y de palabra:
- Palabra de sabiduría (1Cor 12,8)
- Palabra de conocimiento (ciencia) (1Cor 12,8; Col 1,9)
- Palabra profética (1Cor 12,10; Rom 12,6)
- Revelaciones (1Cor 14,26)
- Penetración de misterios (1Cor 13,2)
- Espíritu de sabiduría y de revelación (Ef 1,17)
- Visiones (Hech 2,17; 9,3-17)
- Idiomas extranjeros – xenoglosia (Hech 2,6.11; Mc 16,17)
- Lenguas o glosolalia (1Cor 12,10.19; Hech 10,46; 19,6)
- Interpretación de lenguas (1Cor 12.10.30)

c) Carismas de servicio
- Funciones administrativas (1Cor 12,28)
- Presidir (Rom 12,8)
- Asistencia en las necesidades (1Cor 12,28)
- Exhortación y consuelo (Rom 12,8)
- Obras de misericordia (Rom 12,8)
- Distribución de los propios bienes (1Cor 13,3)
- Entrega de la propia vida (1Cor 13,3)
- Diferentes diaconías (Rom 12,7; Ef 4,12; 1 Pe 4,1; 1Cor 16,15-16)

d) Carismas de poder
- Fe obradora de milagros (Hech 14,9; 1Cor 12,10.28)
- Obras de poder (Hech 4,30; 1Cor 12,10.28)
- Exorcismos (Mc 16,17)

e) Carismas de estados de vida
- Matrimonio (1Cor 7,7)
- Celibato, virginidad, soltería consagrada (1Cor 7,7.34)”.

Los “dones” y los “carismas” del Espíritu Santo
Hay una doctrina común en al Iglesia, que dsitingue los “dones” del Espíritu Santo de los “carismas”.
“Los dones del Espíritu Santo son hábitos sobrenaturales infundidos por Dios en las potencias del alma. Capacitan al hombre para seguir rápida y fácilmente las iluminaciones e inspiraciones divinas para obrar con facilidad ante las mociones del propio Espíritu. Completan y llevan a la perfección las virtudes de quienes los reciben. Hacen a los fieles dóciles para obedecer con prontitud a la voluntad divina.
Los siete dones del Espíritu Santo son: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Pertenecen plenitud a Cristo, hijo de David (ver Is 11,1-2).
Mientras los CARISMAS SON PARA EDIFICACIÓN DE LA IGLESIA, LOS DONES PARA SANTIFICACIÓN PERSONAL” (Biblia carismática citada, 41c).


3. Mi puesto en la Iglesia bajo la acción del Espíritu Santo

Soy hijo de Dios, miembro de la Iglesia, soy Iglesia de Jesús
Uno de los goces más puros que el Señor nos puede dar es el de sentirnos Iglesia, hijos de la Iglesia. La Iglesia es nuestra Madre. Todos los bienes que el Espíritu, al resucitar a Jesús, ha traspasado a la Iglesia, son míos…, míos…
A nadie tengo que envidiar. Le comprendo perfectamente a san Pablo, cuando escribe a la Iglesia – Comunidad de Filipos  (los Filipenses) y les propone este ideal de crecimiento en el Espíritu todos juntos, avanzando ma´s y más en el discernimiento espiritual.
“Esta es nuestra confianza: que el que ha inaugurado entre vosotros esta buena obra, la llevará adelante hasta el Día de Cristo Jesús. Esto que siento por vosotros está plenamente justificado: os llevo en el corazón, porque tanto en la prisión como en mi defensa y prueba del Evangelio, todos compartís mi gracia. Testigo me es Dios del amor entrañable con que os quiero, en Cristo Jesús. Y esta es mi oración: que vuestro amor siga creciendo más y más en penetración y en sensibilidad para apreciar los valores. Así llegaréis al Día de Cristo limpios e irreprochables, cargados de frutos de justicia, por medio de Cristo Jesús, para gloria y alabanza de Dios” (Flp 1,6-11).

El Espíritu Santo en mi vida personal
No necesito mirar a nadie, compararme con nadie. Puedo ver la presencia del Espíritu de Jesús en mi vida de dos formas.
- Si soy capaz de leer mi “historia de salvación” (historia salutis) como una historia conducida por Dios en todo el curso de mis días. Dios nos da ojos para ver, y al mirar con la mirada de Dios, descubrimos que, pese a todos los pesares, a todos los errores… Dios ha sido el verdadero protagonista de mi vida. Él estaba allí. Y por eso le alabo y le bendigo.
Santa clara murió el 11 de agosto de 1253. Unos meses después se hizo un proceso canónico para su canonización. Sor Felipa, compañera en el mismo monasterio durante la mayor parte de los años de la vida de santa Clara, declaró: “Dijo también la testigo que, estando la dicha madonna y santa madre cercana a la muerte, una noche, al comienzo del sábado, la bienaventurada madre comenzó a hablar, expresándose así: «Vete segura en paz, porque tendrás buena escolta: el que te creó, antes te santificó, y después que te creó puso en ti el Espíritu Santo, y siempre te ha mirado como la madre al hijo a quien ama». Y añadió: «¡Bendito seas Tú, Señor, porque me has creado!» Y dijo muchas cosas hablando de la Trinidad, tan sutilmente, que las hermanas no la podían entender bien” (Proceso de santa Clara, Testigo III, núm. 20).
- Por otra parte, a medida que la vida avanza, uno puede notar que vivir en Dios, con Dios, es lo normal. Es la vida de oración, que da testimonio de nuestra madurez y armonía. La oración es el primer fruto del Espíritu Santo en nuestro corazón.

4. Una maravilla del Espíritu Santo: Emilia, la Canastera, Gitana analfabeta, madre en la cárcel y mártir, a los 24 años (1939)

Dios está presente en su Iglesia y está obrando maravilla, que, a lo mejor, están junto a nosotros y no las conocemos. He aquí un último caso que hace llorar. El sábado pasado (25 de marzo de 2017) fueron beatificados en España el sacerdote José Álvarez-Benavides y de la Torre y de otros 114 compañeros asesinados por «odio a la fe» entre 1936 y 1939. Uno de estos mártires es una Gitana, que nació en una casa-cueva, como antes había en España, que fue bautizada sí, pero nunca fue a la escuela, ni hizo la primera Comunión. El Obispado de Almería ha editado una semblanza, sin poder poner una foto real, porque nunca la tuvo. He aquí un resumen (Religión en Libertad, con esta ocasión).


Su nombre era Emilia Fernández Rodríguez, nacida y bautizada en la parroquia de Santa María de Tíjola el 13 de abril de 1914 con los nombres de Emilia, Gregoria y Margarita. Era la segunda de tres hermanos y vivía, como tantos gitanos, en las casas-gruta. Tenía 4 años cuando la gran gripe tras la Guerra Mundial (la de 1918, la que llamarían "gripe española") mató a unos 50 niños del pueblo: ella sobrevivió. Sus padres le enseñaron a hacer cestos de mimbre y los vendían en los pueblos.
Casada en plena guerra
Llegó la Guerra Civil. Tíjola fue territorio republicano durante toda la guerra y los gitanos trataban de no sentirse involucrados en el conflicto. De hecho, en plena guerra, en febrero o marzo de 1938, Emilia se casó con su pariente Juan Cortés, un año menor que ella, por el rito gitano.  
Pero al poco llegaron milicianos insistiendo en alistar a Juan para el frente. Ella ya estaba embarazada. Idearon un plan para que él no fuese a la guerra. Prepararon una sustancia que pusieron en los ojos de Juan para dejarlo temporalmente ciego y mostrarlo incapacitado para el servicio. Pero cuando un tiempo después los milicianos vuelven y comprobaron que el joven gitano volvía a ver, constataron el engaño y los encarcelaron en prisiones separadas. A él, en la antigua azucarera "El Ingenio", reconvertida en prisión. A ella, en la cárcel de mujeres llamada Gachas Colorás, donde ingresó el 21 de junio.  
Hambre en la prisión de mujeres
Su compañera de prisión María de los Ángeles Roda Díaz describiría así las condiciones en esta prisión republicana con unas 40 presas "de derechas", que a veces eran simplemente mujeres cristianas.
Por las mañanas, "agua sucia" (café) y un pedazo de pan; para comer, "lentejas con gusanos, habas cocidas con sus cáscaras y una torta de arroz cocido"; como cena, pan y agua. "Allí dentro todas nosotras estábamos más bien delgadas y desnutridas, pues el alimento que nos daban era apenas suficiente para vivir. A la gitana le daban la misma ración que a las demás, sin tener en consideración que llevaba un hijo en el seno. Algunas de nosotras en las comidas le pasábamos algo de los víveres que nos traían las familias. Lo mejor que nos llegaba de casa era para ella".
Emilia, embarazada, con su vientre hinchándose, fue juzgada el 9 de julio de 1938: se la condenó a seis años de cárcel.
Al principio, la joven gitana se sentía sola y no hablaba con las otras reclusas. Muchas veces hablaba en caló y sus compañeras ni la entendían. Pero su juventud y su estado despertaron enseguida la simpatía de las presas. Una chica de su misma edad, Dolores del Olmo Serrano, Lola, trabó amistad con ella. Era la que llevaba más tiempo presa allí por su militancia política en Acción Popular, el partido conservador fundado por el Siervo de Dios Ángel Herrera Oria. Al principio de la guerra se había significado demasiado visitando presos y celebrando algunas excarcelaciones.
Las mujeres solían rezar en grupo por las tardes y Emilia pidió a Lola que le enseñase las oraciones y a hacer correctamente la señal de la cruz
Ángeles Roda cuenta que Emilia era "una persona muy buena, humilde y religiosa", una mujer "fascinante". En prisión, con Lola,  aprendió el padrenuestro, el avemaría y el Gloria, todo el rezo del rosario. Las letanías en latín no consiguió memorizarlas, pero a ella le bastaba con responder el "ora pro nobis".
Entonces empezó el martirio propiamente dicho: el testimonio bajo persecución por la fe.
Interrogada por rezar
La directora de la cárcel, Pilar Salmerón Martínez, supo que la joven gitana había aprendido a rezar el rosario y llamó a Emilia para que delatara a su catequista. A cambio le ofrecía un mejor trato, e incluso interceder por su libertad o intentar sacar a Juan de prisión. Probablemente, consideraba que la gitana era la menos integrada en el grupo o la más débil y presionable.
Ninguna de las dos lo sabía, pero dos años antes se había dado una escena similar en Barbastro (Huesca), cuando otro gitano encarcelado, Ceferino "el Pelé", rechazó deshacerse de su rosario -como le proponían algunos mediadores- a cambio de ser liberado. Pero el caso del beato Ceferino, el otro gitano español en los altares, es distinto en el sentido de que él era ya un hombre de 74 años, un cristiano firme y comprometido de toda la vida, y apreciado en la vida pública como comerciante honrado, concejal, hombre generoso y pacificador. Su hija adoptiva ya estaba crecida. En cambio, Emilia no era nadie, sólo una gitana joven. Espiritualmente, ella apenas estaba empezando a crecer en la fe, era una joven recién casada y a punto de dar a luz.
Emilia se negó a delatar a Lola, que ya había estado antes en celdas de aislamiento. Y la directora decidió castigar a la gitana embarazada con esas celdas terribles. Lola, que era vista como la cabecilla evidente y veterana de 3 años de prisión, también fue encerrada en esas celdas que ya conocía. 
Encarnizamiento con la gitana
Con encarnizamiento, la directora mantuvo a Emilia en la celda de castigo en el frío invierno y le recortó la comida. Aunque Emilia pidió al gobernador civil que la liberasen por su embarazo y su delicado estado, no hubo respuesta. 
El 13 de enero, a las dos de la madrugada, Emilia dio a luz en el suelo de la celda a una niña, ayudada por algunas reclusas. Su amiga Lola bautizó a la pequeña esa tarde: se llamó Ángeles. 
Madre e hija fueron llevadas al hospital, pero 4 días después ambas vuelven a la misma celda de castigo pese a sus hemorragias. Emilia empeoró. El 25 de enero una carroza de caballos la llevó moribunda al hospital donde murió. El certificado médico lo atribuye a una infección postparto sumada con una bronconeumonía. 
Para la Iglesia está claro: su caso es como el de otros mártires del siglo XX, por ejemplo en los campos nazis o comunistas, que mueren por el trato inhumano en prisiones a causa de su fe. En este caso está claro que si ella hubiera delatado a su catequista y hubiera renunciado a una vida cristiana visible habría sido premiada con mejores condiciones. 
Está registrado que el cuerpo de Emilia fue arrojado a la fosa común del cementerio municipal de Almería. Juan, el joven viudo, quedaría libre al acabar la guerra y se casaría con Isabel, la hermana pequeña de Emilia. Ambos han muerto ya, al parecer sin hijos.  

¡Bendito sea el Señor por su maravillosa misericordia! Amén.

Guadalajara, Jalisco, 29 de marzo de 2017.

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