3/5 - Dios se me entrega en
el Espíritu,
que es el alma de la Iglesia, mi verdadera familia.
Continuamos
nuestro mensaje, recordando por qué puntos nos movemos:
1)
Dios es el centro de mi vida, principio y fundamento,
el único camino de mi felicidad.
2)
Dios se me está entregando en su Hijo Jesucristo
3)
Dios se me entrega en el Espíritu, que es el alma de
la Iglesia, mi verdadera familia.
1.
El maravilloso día de Pentecostés
Dónde
termina la vida de Jesús
Ayer
noche fue un momento maravilloso – me parece – descubrir lo que era la Oración
del Señor, el “Padrenuestro”, síntesis de la vida de Jesús.
¿En
qué consistía esta maravilla? En que Jesús, mediante esta oración, que va a ser
la oración alma de su comunidad mesiánica, quería introducirnos en lo más
íntimo de su intimidad. La oración no es “pedir”; antes que pedir es bendecir,
exultar, glorificar, dar gracias por haber contemplado al Dios de nuestra fe.
La oración es una elevación al Dios de la gloria, para entrar en su intimidad,
a la que se nos da acceso, y perdernos en Dios, nuestro Padre, llenos de amor.
Por eso en el “Padrenuestro” Jesús nos invita a entrar, ante todo, en la santidad
de Dios. Y pedimos al Padre que su santidad se expanda, irradiante; que esa
santidad, al resplandecer, irradie en el universo y cielo y tierra queden todos
transfigurados en esa santidad, donde no puede morar otra cosa sino la gloria
de Dios. Esto es orar a Dios por Dios mismo, que es supremo acto de amor. Uno
se olvida de sí y se lanza a Dios para quedar en Él deificado.
Ahí
es donde se expansiona el “Padrenuestro” y de ahí toma sentido y derivación
todo lo demás. Entrar en la santidad de Dios es anticipar ya la hopar
escatológica de nuestro encuentro con Dios, y la hora de toda la Iglesia y de
toda la humanidad.
Cosa
similar podemos decir en torno a las dos peticiones laudatorias que siguen: la venida del Reino de Dios por la
acción poderosa de Dios mismo, y el que se
realice la Voluntad de Dios en el cielo y en la tierra. La Voluntad de Dios
es el plan de Dios sobre su Creación, plan que se inició y que llegó a su punto
culminante en Jesús resucitado.
No
hay oración “mística” superior al Padrenuestro, oración sacramental signo de la
presencia de Dios, mediador entre el cielo y la tierra.
Sería
maravilloso morir rezando sencillamente el Padrenuestro.
En
este clima espiritual queremos seguir para hablar ahora del Espíritu Santo.
La
vida de Jesús termina en la efusión de su propio Espíritu
Después
del recorrido que hicimos de la vida de Jesús, viéndolo como Hijo de Israel,
heredero de las promesas de Dios; después de haber visto cómo lo que hace Jesús
lo hace enmarcado en la Alianza de Dios con los hombres, que ya había comenzado
en el Antiguo Nuevo Testamento, podemos preguntarnos: ¿Dónde termina la vida de
Jesús? ¿En el Calvario? Ciertamente que no. La vida de Jesús no termina en su
propia muerte. Jesús no es un difunto, cuyo pasado sea su vida. Jesús es el
Resucitado, el que inaugura en su cuerpo la vida nueva que nos aguarda.
Entonces ¿la vida de Jesús termina en su Resurrección?
Tampoco
exactamente ahí. Es del todo necesario
hacer un enlace irrompible entre: muerte, resurrección/ascensión, venida del
Espíritu.
El
Espíritu, que empezó a actuar en el primer momento de la creación, en el
versículo segundo de la Biblia (“el espíritu de Dios se cernía sobre la faz de
las aguas”) es el que hizo entrar a Jesús en el mundo por las entrañas de la
Virgen María (“El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te
cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de
Dios”, Lc 1,35), es el Espíritu que promete en la última Cena. Lo entrega el día
de su Resurrección: “Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el
Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a
quienes se los retengáis, les quedan retenidos» (Jn 20,22-23).
La
vida de Jesús
-
ante todo, no se puede separar de los pasos mencionados, de los cuales vemos
que la intervención del Espíritu es total,
- y luego vemos que el Espíritu, fruto de la vida
de Jesús, donación que sale de sus propios labios, de su aliento vital, tiene
una explosión radiante en Pentecostés.
“De
repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba
fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados. Vieron
aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de
cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en
otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse” (Hech 2,2-4).
Pedro
explicará lo que ha pasado, y dirá que es Jesús mismo el que ha derramado el
Espíritu: “A este Jesús lo resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. 33 Exaltado,
pues, por la diestra de Dios y habiendo recibido del Padre la promesa del
Espíritu Santo, lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo” (vv.
32-33).
He aquí la imagen que se nos presenta a nuestros
ojos, que es el remate de la vida de Jesús:
1)
DIOS, EL PADRE, origen
de todo, Creador de cielo y tierra, ha resucitado y glorificado a su hijo
Jesús.
2)
JESÚS, el Hijo, ha sido
exaltado a la derecha del Padre y allí ha recibido la promesa del Padre, que es
el Espíritu Santo: “la promesa del Espíritu Santo”.
3)
EL ESPÍRITU SANTO. Y
Jesús, que tiene el Espíritu Santo, lo ha derramado sobre su Iglesia.
Se
ha realizado la unidad perfecta de esta historia divino-humana. La vida entera
de la Trinidad ha llegado hasta nosotros mediante la Encarnación del Hijo de
Dios, y este Hijo nos ha entregado el Espíritu Santo.
Esto
significa que en el Espíritu Santo está toda la vida de Dios, y esa vida es la
que a nosotros se nos ha regalado. La vida cristiana ha quedado divinizada;
está inundada de la corriente de la vida divina.
Por
el Espíritu poseemos toda la vida de Dios
Nosotros,
todos nosotros como cristianos – santificados en Cristo – somos poseedores de
Dios mismo. No carecemos de ningún don.
El
último acto de la historia de Dios con el hombre será la vuelta del Señor en
gloria. San Pablo nos ha explayado este panorama que estamos poniendo ante los
ojos con este maravilloso párrafo de acción de gracias al comienzo de al
primera carta a los Corintios: “Doy gracias a mi Dios continuamente por
vosotros, por la gracia de Dios que se os ha dado en Cristo Jesús; pues en él
habéis sido enriquecidos en todo: en toda palabra y en toda ciencia; porque en
vosotros se ha probado el testimonio de Cristo, de modo que no carecéis de ningún don gratuito, mientras aguardáis
la manifestación de nuestro Señor Jesucristo. Él os mantendrá firmes hasta el
final, para que seáis irreprensibles el día de nuestro Señor Jesucristo. Fiel
es Dios, el cual os llamó a la comunión con su Hijo, Jesucristo nuestro Señor”
(1 Cor 1,4-9).
Es
una gracia sublime de Cristo, que solo se nos puede conceder en la absoluta
humildad, considerarnos – considerarme – lleno de todo don gratuito, por cuanto
que todo lo que disfruta la Iglesia, que es mi patria y mi familia, es mío,
totalmente mío. Nada importa que ese don específico lo tenga un hermano mío o
yo; al fin, todo queda en casa: es nuestro, es mío.
San
Francisco tenía este pensamiento. “Bienaventurado aquel siervo que no se exalta
más del bien que el Señor dice y obra por medio de él, que del que dice y obra
por medio de otro” (Admoniciones, XVII).
“Dice
el Apóstol: Nadie puede decir: Señor Jesús, sino en el Espíritu Santo (1 Cor
12,3); y: No hay quien haga el bien, no hay ni siquiera uno (Rom 3,12). Por
consiguiente, todo el que envidia a su hermano por el bien que el Señor dice y
hace en él, incurre en el pecado de blasfemia, porque envidia al mismo
Altísimo, que dice y hace todo bien” (Admoniciones, VIII).
Y
san Pablo nos dice: “Todo es vuestro, vosotros de Cristo y Cristo de Dios” (1
Cor 3,23).
La
Iglesia es la desembocadura de todo lo que Jesús ha hecho por nosotros. Ella
tiene el Espíritu de Dios.
Y
el Espíritu, a su vez, es la ultimidad de Dios, la exhaustividad de Dios, todos
los dones de Dios.
2.
Un recorrido de la acción del Espíritu Santo en la Iglesia, escuchando a san
Pablo que escribe a sus comunidades
En el 50 aniversario de
la renovación carismática
Hermanos,
al proclamar este mensaje, quiero recordar que estamos celebrando justamente el
50 aniversario de lo que se llama el Movimiento del Espíritu Santo en la
Iglesia Católica (1967-2017).
Ustedes
que me escuchan saben que muy cerca de esta iglesia (en la colonia Chapalita,
junto al Colegio Anahuac) está la Casa Cornelio. Es el centro oficial de la
renovación carismática ene esta arquidiócesis de Guadalajara
(Dirección:
Calle Santo Tomas de Aquino 901, Camino Real, 45040 Zapopan, Jal. Teléfono: 01
33 3121 2611).
Casa
Cornelio se llama por lo que cuentan los Hechos de los Apóstoles que ocurrió en
la casa de aquel ciudadano que se llamaba Cornelio. “Había en Cesarea un hombre
llamado Cornelio, centurión de la cohorte llamada Itálica, piadoso y temeroso
de Dios, al igual que toda su casa; daba muchas limosnas al pueblo y oraba
continuamente a Dios” (Hech 10,1-2).
Esta
casa fue visitada por el apóstol Pedro y allí se produjo el milagro de un nuevo
Pentecostés; de ahí “Casa Cornelio”: “Todavía estaba exponiendo Pedro estos
hechos, cuando bajó el Espíritu Santo sobre todos los que escuchaban la
palabra, y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se
sorprendieron de que el don del Espíritu Santo se derramara también sobre los
gentiles, porque los oían hablar en lenguas extrañas y proclamar la grandeza de
Dios. Entonces Pedro añadió: «¿Se puede negar el agua del bautismo a los que
han recibido el Espíritu Santo igual que nosotros?». Y mandó bautizarlos en el
nombre de Jesucristo. Entonces le rogaron que se quedara unos días con ellos”
(Hech 10,44-48).
El
Movimiento Carismático Católico comenzó hace 50 años con un pequeño grupo de
personas en una Universidad Católica de los Estados Unidos; hoy son muchos
millones en todo el mundo los que se juntan en Asambleas de Oración y viven con
sencillez y agradecimiento esta acción del Espíritu Santo en la Iglesia.
El Papa
Francisco, hablando en cierta ocasión a los carismáticos, les decía así en 2015
en el III retiro mundial de sacerdotes: "Cuando yo comencé a conocer el
movimiento carismático, esta corriente de gracia, era curita joven. Y me daba
mucha rabia, mucha rabia... me parecía que todos tenían algo mal en la cabeza.
Y una vez en un sermón, hablando del Espíritu Santo, dije que hoy día algunos
cristianos convierten el Espíritu Santo en una escola do samba. Pasaron los años y me di cuenta cuán equivocado
estaba: una gracia, ¡una gracia!" (Pablo J. Ginés, en Religión en
Libertad, 16 febrero 2017).
La
Biblia Carismática
La
Renovación Carismática ha editado la llamada La Biblia Carismática (La Biblia
Carismática. Edición personalizada de la Biblia Hispanoamericana para la
Renovación Carismática en México. Texto bíblico: La Biblia Hispanoamericana
Traducción Interconfesional. 1ª edición 2012). En esta Biblia se destacan
tipográficamente todos los textos que mencionan en el Nuevo Testamento al
Espíritu Santo, y se añaden numerosas páginas explicativas, especialmente “El
Espíritu Santo en el Nuevo Testamento” con paginación de 1c a 79c, después de
la página 952 del texto).
De
esta edición tomamos las siguientes páginas: 40c-41c
“En
la lista de Corintios hay 9 Carismas, que se pueden distribuir en tres grupos:
1.
Carismas de la mente: Sabiduría, Ciencia Discernimiento de Espíritus.
2.
Carismas de acción: Milagros, Sanaciones, Fe (de la que mueve montañas).
3.
Carismas de la lengua: Profecía, Lenguas, Interpretación de lenguas (1Cor
12,8-10).
Además
de los famosos 9 carismas hay otros catálogos de dones espirituales en
diferentes sitios del Nuevo Testamento. Si reuniéramos esos carismas
resultarían en conjunto unos treinta dones.
a)
Carismas de “apostolado – enseñanza – gobierno”:
-
Apóstoles (1 Cor 12,28; Ef 4,11)
-
Profetas (1 Cor 12,28; Ef 4,11)
-
Doctores (Ef 4,11; Hech 20,28)
-
Maestros (1 Cor 12,28; Rom 12,7; Ef 4,11)
-
Evangelistas (Ef 4,11; Hech 21,8)
-
Epíscopos, presbíteros, diáconos (Hech 14,23; 15,2; 20,17.28; Flp 1,1; Tit 1,5)
-
Presidentes, dirigentes (1Tes 5,12; Heb 13,17)
-
Diversas diaconías (Hech 6,1-6; Rom 12,7; Ef 4,12; 1Pe 4,11, 1Cor 16,15-16).
b)
Carismas de conocimiento y de palabra:
-
Palabra de sabiduría (1Cor 12,8)
-
Palabra de conocimiento (ciencia) (1Cor 12,8; Col 1,9)
-
Palabra profética (1Cor 12,10; Rom 12,6)
-
Revelaciones (1Cor 14,26)
-
Penetración de misterios (1Cor 13,2)
-
Espíritu de sabiduría y de revelación (Ef 1,17)
-
Visiones (Hech 2,17; 9,3-17)
-
Idiomas extranjeros – xenoglosia (Hech 2,6.11; Mc 16,17)
-
Lenguas o glosolalia (1Cor 12,10.19; Hech 10,46; 19,6)
-
Interpretación de lenguas (1Cor 12.10.30)
c)
Carismas de servicio
-
Funciones administrativas (1Cor 12,28)
-
Presidir (Rom 12,8)
-
Asistencia en las necesidades (1Cor 12,28)
-
Exhortación y consuelo (Rom 12,8)
-
Obras de misericordia (Rom 12,8)
-
Distribución de los propios bienes (1Cor 13,3)
-
Entrega de la propia vida (1Cor 13,3)
-
Diferentes diaconías (Rom 12,7; Ef 4,12; 1 Pe 4,1; 1Cor 16,15-16)
d)
Carismas de poder
-
Fe obradora de milagros (Hech 14,9; 1Cor 12,10.28)
-
Obras de poder (Hech 4,30; 1Cor 12,10.28)
-
Exorcismos (Mc 16,17)
e)
Carismas de estados de vida
-
Matrimonio (1Cor 7,7)
-
Celibato, virginidad, soltería consagrada (1Cor 7,7.34)”.
Los
“dones” y los “carismas” del Espíritu Santo
Hay
una doctrina común en al Iglesia, que dsitingue los “dones” del Espíritu Santo
de los “carismas”.
“Los
dones del Espíritu Santo son hábitos sobrenaturales infundidos por Dios en las
potencias del alma. Capacitan al hombre para seguir rápida y fácilmente las
iluminaciones e inspiraciones divinas para obrar con facilidad ante las
mociones del propio Espíritu. Completan
y llevan a la perfección las virtudes de quienes los reciben. Hacen a los
fieles dóciles para obedecer con prontitud a la voluntad divina.
Los
siete dones del Espíritu Santo son: sabiduría,
inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios.
Pertenecen plenitud a Cristo, hijo de David (ver Is 11,1-2).
Mientras
los CARISMAS SON PARA EDIFICACIÓN DE LA IGLESIA, LOS DONES PARA SANTIFICACIÓN
PERSONAL” (Biblia carismática citada,
41c).
3.
Mi puesto en la Iglesia bajo la acción del Espíritu Santo
Soy
hijo de Dios, miembro de la Iglesia, soy Iglesia de Jesús
Uno
de los goces más puros que el Señor nos puede dar es el de sentirnos Iglesia,
hijos de la Iglesia. La Iglesia es nuestra Madre. Todos los bienes que el
Espíritu, al resucitar a Jesús, ha traspasado a la Iglesia, son míos…, míos…
A
nadie tengo que envidiar. Le comprendo perfectamente a san Pablo, cuando
escribe a la Iglesia – Comunidad de Filipos
(los Filipenses) y les propone este ideal de crecimiento en el Espíritu
todos juntos, avanzando ma´s y más en el discernimiento espiritual.
“Esta
es nuestra confianza: que el que ha inaugurado entre vosotros esta buena obra,
la llevará adelante hasta el Día de Cristo Jesús. Esto que siento por vosotros
está plenamente justificado: os llevo en el corazón, porque tanto en la prisión
como en mi defensa y prueba del Evangelio, todos compartís mi gracia. Testigo
me es Dios del amor entrañable con que os quiero, en Cristo Jesús. Y esta es mi oración: que vuestro amor
siga creciendo más y más en penetración y en sensibilidad para apreciar los
valores. Así llegaréis al Día de Cristo limpios e irreprochables, cargados
de frutos de justicia, por medio de Cristo Jesús, para gloria y alabanza de Dios”
(Flp 1,6-11).
El
Espíritu Santo en mi vida personal
No
necesito mirar a nadie, compararme con nadie. Puedo ver la presencia del
Espíritu de Jesús en mi vida de dos formas.
-
Si soy capaz de leer mi “historia de salvación” (historia salutis) como una historia conducida por Dios en todo el
curso de mis días. Dios nos da ojos para ver, y al mirar con la mirada de Dios,
descubrimos que, pese a todos los pesares, a todos los errores… Dios ha sido el
verdadero protagonista de mi vida. Él estaba allí. Y por eso le alabo y le
bendigo.
Santa
clara murió el 11 de agosto de 1253. Unos meses después se hizo un proceso
canónico para su canonización. Sor Felipa, compañera en el mismo monasterio
durante la mayor parte de los años de la vida de santa Clara, declaró: “Dijo
también la testigo que, estando la dicha madonna y santa madre cercana a la
muerte, una noche, al comienzo del sábado, la bienaventurada madre comenzó a
hablar, expresándose así: «Vete segura
en paz, porque tendrás buena escolta: el que te creó, antes te santificó, y
después que te creó puso en ti el Espíritu Santo, y siempre te ha mirado como
la madre al hijo a quien ama». Y añadió: «¡Bendito seas Tú, Señor, porque me
has creado!» Y dijo muchas cosas hablando de la Trinidad, tan sutilmente,
que las hermanas no la podían entender bien” (Proceso de santa Clara, Testigo III, núm. 20).
-
Por otra parte, a medida que la vida avanza, uno puede notar que vivir en Dios,
con Dios, es lo normal. Es la vida de oración, que da testimonio de nuestra madurez
y armonía. La oración es el primer fruto del Espíritu Santo en nuestro corazón.
4.
Una maravilla del Espíritu Santo: Emilia, la Canastera, Gitana analfabeta,
madre en la cárcel y mártir, a los 24 años (1939)
Dios está
presente en su Iglesia y está obrando maravilla, que, a lo mejor, están junto a
nosotros y no las conocemos. He aquí un último caso que hace llorar. El sábado
pasado (25 de marzo de 2017) fueron beatificados en España el sacerdote José
Álvarez-Benavides y de la Torre y de otros 114 compañeros asesinados por «odio
a la fe» entre 1936 y 1939. Uno de estos mártires es una Gitana, que nació en
una casa-cueva, como antes había en España, que fue bautizada sí, pero nunca
fue a la escuela, ni hizo la primera Comunión. El Obispado de Almería ha
editado una semblanza, sin poder poner una foto real, porque nunca la tuvo. He
aquí un resumen (Religión en Libertad, con esta ocasión).
Su nombre era
Emilia Fernández Rodríguez, nacida y bautizada en la parroquia de Santa María
de Tíjola el 13 de abril de 1914 con los nombres de Emilia, Gregoria y
Margarita. Era la segunda de tres hermanos y vivía, como tantos gitanos, en las
casas-gruta. Tenía 4 años cuando la gran gripe tras la Guerra Mundial (la de
1918, la que llamarían "gripe española") mató a unos 50 niños del
pueblo: ella sobrevivió. Sus padres le enseñaron a hacer cestos de mimbre y los
vendían en los pueblos.
Casada
en plena guerra
Llegó la Guerra
Civil. Tíjola fue territorio republicano durante toda la guerra y los gitanos
trataban de no sentirse involucrados en el conflicto. De hecho, en plena
guerra, en febrero o marzo de 1938, Emilia
se casó con su pariente Juan Cortés, un año menor que ella, por el rito gitano.
Pero al poco llegaron milicianos insistiendo en alistar a
Juan para el frente. Ella ya estaba embarazada. Idearon un plan
para que él no fuese a la guerra. Prepararon una sustancia que pusieron en los
ojos de Juan para dejarlo temporalmente ciego y mostrarlo incapacitado para el
servicio. Pero cuando un tiempo después los milicianos vuelven y comprobaron
que el joven gitano volvía a ver, constataron el engaño y los encarcelaron en
prisiones separadas. A él, en la antigua azucarera "El Ingenio",
reconvertida en prisión. A ella, en la cárcel de mujeres llamada Gachas
Colorás, donde ingresó el 21 de junio.
Hambre
en la prisión de mujeres
Su compañera de
prisión María de los Ángeles Roda Díaz describiría así las condiciones en esta
prisión republicana con unas 40 presas "de derechas", que a veces
eran simplemente mujeres cristianas.
Por las mañanas,
"agua sucia" (café) y un pedazo de pan; para comer, "lentejas
con gusanos, habas cocidas con sus cáscaras y una torta de arroz cocido";
como cena, pan y agua. "Allí dentro todas
nosotras estábamos más bien delgadas y desnutridas, pues el
alimento que nos daban era apenas suficiente para vivir. A la gitana le daban la misma ración que a las
demás, sin tener en consideración que llevaba un hijo en el seno.
Algunas de nosotras en las comidas le pasábamos algo de los víveres que nos
traían las familias. Lo mejor que nos llegaba de casa era para ella".
Emilia,
embarazada, con su vientre hinchándose, fue juzgada el 9 de julio de 1938: se
la condenó a seis años de cárcel.
Al principio, la
joven gitana se sentía sola y no hablaba con las otras reclusas. Muchas veces
hablaba en caló y sus compañeras ni la entendían. Pero su juventud y su estado
despertaron enseguida la simpatía de las presas. Una chica de su misma edad, Dolores del Olmo
Serrano, Lola, trabó amistad con ella. Era la que llevaba más
tiempo presa allí por su militancia política en Acción Popular, el partido
conservador fundado por el Siervo de Dios Ángel Herrera Oria. Al principio de
la guerra se había significado demasiado visitando presos y celebrando algunas
excarcelaciones.
Las mujeres
solían rezar en grupo por las tardes y Emilia
pidió a Lola que le enseñase las oraciones y a hacer correctamente la señal de
la cruz.
Ángeles Roda
cuenta que Emilia era "una persona muy buena, humilde y religiosa",
una mujer "fascinante". En prisión, con Lola, aprendió el
padrenuestro, el avemaría y el Gloria, todo el rezo del rosario. Las letanías
en latín no consiguió memorizarlas, pero a ella le bastaba con responder el
"ora pro nobis".
Entonces empezó
el martirio propiamente dicho: el testimonio bajo persecución por la fe.
Interrogada
por rezar
La directora de
la cárcel, Pilar Salmerón Martínez, supo que la joven gitana había aprendido a
rezar el rosario y llamó a Emilia para que
delatara a su catequista. A cambio le ofrecía un mejor trato, e incluso
interceder por su libertad o intentar sacar a Juan de prisión.
Probablemente, consideraba que la gitana era la menos integrada en el grupo o
la más débil y presionable.
Ninguna de las
dos lo sabía, pero dos años antes se había dado una escena similar en Barbastro
(Huesca), cuando otro gitano encarcelado, Ceferino "el Pelé", rechazó
deshacerse de su rosario -como le proponían algunos mediadores- a cambio de ser
liberado. Pero el caso del beato Ceferino, el otro gitano español en los
altares, es distinto en el sentido de que él era ya un hombre de 74 años, un
cristiano firme y comprometido de toda la vida, y apreciado en la vida pública
como comerciante honrado, concejal, hombre generoso y pacificador. Su hija
adoptiva ya estaba crecida. En cambio, Emilia no era nadie, sólo una gitana
joven. Espiritualmente, ella apenas
estaba empezando a crecer en la fe, era una joven recién casada y a punto de
dar a luz.
Emilia se negó a
delatar a Lola, que ya había estado antes en celdas de aislamiento. Y la
directora decidió castigar a la gitana embarazada con esas celdas terribles.
Lola, que era vista como la cabecilla evidente y veterana de 3 años de prisión,
también fue encerrada en esas celdas que ya conocía.
Encarnizamiento
con la gitana
Con
encarnizamiento, la directora mantuvo a Emilia en la celda de castigo en el
frío invierno y le recortó la comida. Aunque
Emilia pidió al gobernador civil que la liberasen por su embarazo y su delicado
estado, no hubo respuesta.
El 13 de enero,
a las dos de la madrugada, Emilia dio a luz en el suelo de la celda a una niña,
ayudada por algunas reclusas. Su amiga Lola bautizó a la pequeña esa tarde: se
llamó Ángeles.
Madre e hija
fueron llevadas al hospital, pero 4 días después ambas vuelven a la misma celda
de castigo pese a sus hemorragias. Emilia empeoró. El 25 de enero una carroza de caballos la
llevó moribunda al hospital donde murió. El certificado médico
lo atribuye a una infección postparto sumada con una bronconeumonía.
Para la Iglesia
está claro: su caso es como el de otros mártires del siglo XX, por ejemplo en
los campos nazis o comunistas, que mueren
por el trato inhumano en prisiones a causa de su fe. En este caso
está claro que si ella hubiera delatado a su catequista y hubiera renunciado a
una vida cristiana visible habría sido premiada con mejores condiciones.
Está registrado
que el cuerpo de Emilia fue arrojado a la fosa común del cementerio municipal
de Almería. Juan, el joven viudo, quedaría libre al acabar la guerra y se
casaría con Isabel, la hermana pequeña de Emilia. Ambos han muerto ya, al
parecer sin hijos.
¡Bendito sea el
Señor por su maravillosa misericordia! Amén.
Guadalajara,
Jalisco, 29 de marzo de 2017.
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