sábado, 18 de marzo de 2017

904. Retiro espiritual sobre el Venerable Sacramento Cuaresmal



El Venerable Sacramento Cuaresmal
De la vivencia mística de Cuaresma
a la renovación ascética de mi vida


Puntos de este Retiro
1.      A modo de entrada: Desde el Hoy de Dios en nuestra Historia
2.      Venerable sacramento: mística sacramental
3.      Los signos sacramentales de la Cuaresma
4.      Desde el seno materno de la Iglesia y desde su corazón esponsal
5.      El signo penitencia por excelencia: el sacramento de la reconciliación, que es el Sacramento de la Misericordia
6.      La Cuaresma única y las etapas naturales de la vida
7.      Una Cuaresma en el Hoy de mi comunidad
8.      La ascesis cuaresmal que deriva de la mística
9.      Subsidios para Cuaresma

1. A modo de entrada: Desde el Hoy de Dios en nuestra Historia

Constitución apostólica “Vultum Dei quaerere”
El día 29 de junio de 2016 el Papa Francisco firma la “constitución apostólica
Vultum Dei quaerere sobre la vida contemplativa femenina”. El inicio de esta Constitución descubre el anhelo profundo de todo corazón humano de la búsqueda de Dios. Podemos tomar este anhelo como la esencia misma de la Cuaresma.

1. La búsqueda del rostro de Dios atraviesa la historia de la humanidad, llamada desde siempre a un diálogo de amor con el Creador.[Nota 1] El hombre y la mujer, en efecto, tienen una dimensión religiosa indeleble que orienta su corazón hacia la búsqueda del Absoluto, hacia Dios, de quien perciben la necesidad, aunque no siempre de manera consciente. Esta búsqueda es común a todos los hombres de buena voluntad. Y muchos que se profesan no creyentes confiesan este anhelo profundo del corazón, que habita y anima a cada hombre y a cada mujer deseosos de felicidad y plenitud, apasionados y nunca saciados de gozo.
En las Confesiones, San Agustín lo ha expresado con claridad: «Nos hiciste Señor para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que no descanse en ti».[2] Inquietud del corazón que brota de la intuición profunda de que es Dios el que busca primero al hombre, atrayéndolo misteriosamente a sí.
La dinámica de la búsqueda manifiesta que nadie se basta a sí mismo e impone encaminarse, a la luz de la fe, por un éxodo del propio yo auto-centrado, atraídos por el rostro de Dios santo, y al mismo tiempo por la «tierra sagrada del otro»,[3] para experimentar una comunión más profunda.
Esta peregrinación en busca del Dios verdadero, que es propio de cada cristiano y de cada consagrado por el Bautismo, se convierte por la acción del Espíritu Santo en séquela pressius Christi, camino de configuración a Cristo Señor, que la consagración religiosa expresa con una singular eficacia y, en particular, la vida monástica, considerada desde los orígenes como una forma particular de actualizar el Bautismo.

2. Las personas consagradas, quienes por la consagración «siguen al Señor de manera especial, de modo profético»,[4] son llamadas a descubrir los signos de la presencia de Dios en la vida cotidiana, a ser sapientes interlocutores capaces de reconocer los interrogantes que Dios y la humanidad nos plantean. Para cada consagrado y consagrada el gran desafío consiste en la capacidad de seguir buscando a Dios «con los ojos de la fe en un mundo que ignora su presencia»,[5] volviendo a proponer al hombre y a la mujer de hoy la vida casta, pobre y obediente de Jesús como signo creíble y fiable, llegando a ser de esta forma, «exégesis viva de la Palabra de Dios».[6]

El mensaje del Papa Francisco para esta Cuaresma:
La Palabra es un don. El otro es un don

El Papa Francisco escribe el mensaje anual para la Cuaresma de 2017, fechado el 18 de octubre de 2016, fiesta de San Lucas Evangelista. Desde entonces – es cierto – han ocurrido otros sucesos muy significativos en el ámbito eclesial y de la humanidad, que describen el hoy de Dios (inicio del año conmemorativo de los 500 años de la Reforma, 1517-2017; crisis económica de México y malestar producido por “el gasolinazo”; nuevo presidente de los EE UU y amenaza progresiva con la construcción del Muro de División entre EE UU y México).
He aquí un párrafo inicial y un párrafo final del mensaje del Santo Padre.

“La Cuaresma es un tiempo propicio para intensificar la vida del espíritu a través de los medios santos que la Iglesia nos ofrece: el ayuno, la oración y la limosna. En la base de todo está la Palabra de Dios, que en este tiempo se nos invita a escuchar y a meditar con mayor frecuencia. En concreto, quisiera centrarme aquí en la parábola del hombre rico y el pobre Lázaro (cf. Lc 16,19-31). Dejémonos guiar por este relato tan significativo, que nos da la clave para entender cómo hemos de comportarnos para alcanzar la verdadera felicidad y la vida eterna, exhortándonos a una sincera conversión”.

“Queridos hermanos y hermanas, la Cuaresma es el tiempo propicio para renovarse en el encuentro con Cristo vivo en su Palabra, en los sacramentos y en el prójimo. El Señor ―que en los cuarenta días que pasó en el desierto venció los engaños del Tentador― nos muestra el camino a seguir. Que el Espíritu Santo nos guíe a realizar un verdadero camino de conversión, para redescubrir el don de la Palabra de Dios, ser purificados del pecado que nos ciega y servir a Cristo presente en los hermanos necesitados. Animo a todos los fieles a que manifiesten también esta renovación espiritual participando en las campañas de Cuaresma que muchas organizaciones de la Iglesia promueven en distintas partes del mundo para que aumente la cultura del encuentro en la única familia humana. Oremos unos por otros para que, participando de la victoria de Cristo, sepamos abrir nuestras puertas a los débiles y a los pobres. Entonces viviremos y daremos un testimonio pleno de la alegría de la Pascua”.

2. Venerable sacramento: mística sacramental
1. La liturgia nos dice que la Cuaresma es “el venerable sacramento Cuaresmal”. La expresión latina se ha diluido al verterla al español:
- per annua quadragesimalis exercitia sacramenti (por los ejercicios anuales del sacramento cuaresmal. Collecta, Dom. I in Quadragesima);
- quisbus ipsius venerabilis sacramenti celebramus exordium (con los cuales celebramos el exordio de ese mismo venerable sacramento. Super oblata, Dom. I in Quadragesima)
Puede ser una pérdida significativa, con lo que perdemos el sentido íntimo, “mistérico” que tiene la Cuaresma, y que la hace que sea repetible. La Cuaresma como “sacramentum” actualiza un aspecto del “mysterium Christi” (lo que en griego es mysterion en latin es sacramentum), que se hizo de una vez para siempre (“eph-apax”, según dice Hebreos).
La liturgia es el lugar natural de la Cuaresma, y su genuina matriz. De la vivencia litúrgica la Cuaresma adquiere su aspecto ascético: antropológico y social.
2. Este carácter mistérico de la Cuaresma nos lleva hasta el seno de la Trinidad para entrar en el misterio. En la Cuaresma, igual que en el culto cristiano
- está presente el Padre
- el Hijo
- y el Espíritu Santo.
Entrar en el secreto de la presencia de las tres divinas personas en entrar en el secreto de la Cuaresma.
El Bautismo de Jesús, que es el coronamiento del ciclo navideño, es el pórtico natural, en la vida de Jesús, de la propia Cuaresma de Jesús
Jesús ha vivido su Cuaresma llevado por aquel Espíritu manifestado en el Bautismo. He aquí al secuencia que ah establecido el Evangelio:
“Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz de los cielos que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco» (Mt 3,1-17).
Y a renglón seguido: “Entonces Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo” (Mt 4,1).

3. El domingo I de Cuaresma es Jesús en el desierto; el domingo II es Jesús transfigurado. Es el mismo misterio: “Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía: «Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo». Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levantaos, no temáis». Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo” (Mt 17,4-40).
El centro de la Cuaresma está en el amor del Padre que se manifiesta a su Hijo, por obra del Espíritu. Sin esta revelación que late en el corazón del cristiano no hay Cuaresma.
Hacia aquí apuntamos cuando decimos que la Cuaresma es el Venerable Sacramento Cuaresmal.

4. Si la Cuaresma es “sacramentum”, el sujeto y eje del misterio es Cristo, no es el hombre. El cambio de perspectiva es total: No soy yo
- el que emprendo el camino penitencial
- el que me convierto a Dios
- el que dejo el pecado
- el que se desborda en obras hacia el próximo.
Por el contrario, es el Crucificado, protagonista de Cuaresma,
- el que me hace y nos hace entrar en su camino
- el que vence al demonio en nosotros
- el que nos lleva a la donación total al próximo
- el que prepara en nosotros la acogida de las Pascua.
La imagen de Jesús Crucificado es importante para captar mejor el aspecto mistérico de la presencia real de Cristo en la liturgia: “Igualmente sobre el altar, o cerca del mismo, debe haber una cruz adornada con la efigie de Cristo crucificado. Los candeleros y la cruz adornada con la efigie de Cristo crucificado pueden llevarse en la procesión de entrada” (Instrucción general del Misal Romano, 117).

3. Los signos sacramentales de la Cuaresma:
1. El silencio, que adquiere su expresión máxima el Sábado Santo, dentro del triduo pascual.  “Durante el Sábado Santo la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su pasión y muerte, y se abstiene del sacrificio de la misa, quedando por ello desnudo el altar hasta que, después de la solemne Vigilia o expectación nocturna de la resurrección, se inauguren los gozos de la Pascua, cuya exuberancia inundará los cincuenta días pascuales” (Misal Romano, rúbricas del Sábado Santo).
Es el silencio de la esposa que llora a su esposo Crucificado, Muerto y Sepultado, y no tiene ganas de comer…

2. La contemplación, que adquiere su valor desde Jesucristo, el Señor. Jesús fue al desierto para estar con el Padre.

3. La Palabra, significada en la Biblia, tanto del Antiguo Nuevo Testamento como del Nuevo Testamento.
Es esencial vivir la Cuaresma desde la Palabra divina. Yo, como persona, nosotros, como comunidad, nos tenemos que dejar conducir y moldear espiritualmente por el “ordo lectionum” de la celebración eucarística. El leccionario bíblico ha sido cuidadosamente trabajado, día a día, por expertos en Sagrada Escritura, Teología sacramental y pastoral. Y debemos pensar que, en el Oficio divino, aparte del leccionario bíblico, tenemos el leccionario patrístico-espiritual, adonde han ido a parar los tesoros de una tradición que nos pertenece.
Puede ser altamente interesante tener apuntados, día a día, los titulares de las cuatro lecturas que nos tocan, para ser evangelizados y catequizados:
1) Primera lectura de la Misa (en unidad armónica con el Evangelio)
2) Evangelio de la Misa.
3) Lectura bíblica del Oficio divino
4) Lectura patrística o de la Tradición espiritual del Oficio divino.

4. El ayuno, que queda justificado no desde nosotros, sino desde Jesús. Nosotros ayunamos porque Jesús ayunó.

5. Las obras de misericordia corporales y espirituales, anticipando de esta manera las obras de la vida pública de Jesús, que pasó haciendo el bien.

6. La imagen de Jesús Crucificado, portador del amor del Padre y de la victoria alcanzada en su Hijo amado.

4. Desde el seno materno de la Iglesia y desde su corazón esponsal
1. La Cuaresma ha nacido en el corazón amante de la esposa, que es la Iglesia. La Cuaresma no es un programa organizativo, táctico que ha ideado la Iglesia. Si así fuera, estaríamos fuera del sentido místico del que partimos.
Si Cristo se ha considerado a sí mismo esposo, su esposa es su comunidad, la Iglesia (soy yo).
Jesús les dijo: «¿Acaso podéis hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el esposo está con ellos? Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, entonces ayunarán en aquellos días»” (Lc 5.34-35).
Al parecer, Jesús se identificó como “eunuco por el reino de los cielos”, reivindicando su celibato. “Hay eunucos que salieron así del vientre de su madre, a otros los hicieron los hombres, y hay quienes se hacen eunucos ellos mismos por el reino de los cielos. El que pueda entender, entienda” (Mt 19,12). Ahora bien, ¿podemos avanzar y seguir pensando que Jesús ha vivido su celibato como bellísima vivencia esponsal en aras de la comunidad mesiánica que nacía de su mensaje?
Jesús se siente esposo, y hasta se ha atrevido a decirlo. En realidad, esto lo ha aprendido de Dios, su Padre. Su sentimiento de filiación (que no podemos capturar en nuestro análisis) y su sentimiento de ser esposo, proceden de la misma fuente: del Padre, en el Espíritu. Jesús pasa a ser esposo, como el Dios de la Alianza es esposo de la esposa amada de Israel. Para Jesús la esposa es la comunidad santa que él ofrece, purificada por su sangre, al Padre celestial. ¡Jesús es realmente el esposo de la Iglesia! Y, si tengo valor para decirlo. ¡Jesús es mi esposo! Desde ahí entenderé mui ayuno y mi oración.

2. Desde esta conciencia esponsal de la Iglesia – esposa de su Señor Jesús – la Cuaresma está toda impregnada de la presencia del Espíritu Santo y de la presencia de la Virgen María.

3. Desde esta misma conciencia percibimos mejor cómo la Cuaresma, que concluye como tiempo litúrgico en la tarde del Jueves Santo, nos lleva a la cumbre cenital de nuestra fe que es el Misterio pascual de Cristo: Pasión – Muerte y Resurrección del Señor.
La Cuaresma culmina con el abrazo a Jesús Crucificado.

5. El signo penitencial por excelencia: el sacramento de la reconciliación, que es el Sacramento de la Misericordia

Nos place citar por extenso un texto de ayer (17 de marzo) del Papa Francisco en su alocución a la Penitenciaría apostólica:

El “buen confesor” es, ante todo, un verdadero amigo de Jesús, el Buen Pastor. Sin esta amistad, será muy difícil que madure esa paternidad, tan necesaria en el ministerio de la Reconciliación. Ser amigos de Jesús significa, sobre todo, cultivar la oración. Que sea una oración personal con el Señor, pidiendo sin cesar el don de la caridad pastoral; que sea una oración específica para el ejercicio de la tarea de confesores y por los fieles hermanos y hermanas que se acercan a nosotros en busca de la misericordia de Dios.
Un ministerio de la Reconciliación “envuelto en oración” será un reflejo creíble de la misericordia de Dios y evitará esas asperezas e incomprensiones que, a veces se podrían generar también en el encuentro sacramental. Un confesor que reza sabe muy bien que él mismo es el primer pecador y el primer perdonado. No se puede perdonar en el Sacramento sin ser consciente de haber sido perdonado antes.
Por lo tanto, la oración es la primera garantía para evitar cualquier actitud de dureza, que juzga inútilmente al pecador y no al pecado. En la oración es necesario implorar el don de un corazón herido, capaz de entender las heridas de los otros y de curarlas con el aceite de la misericordia, aquel que el Buen Samaritano derramó sobre las heridas de aquel desgraciado, de quien nadie tuvo piedad (cf. Lc 10,34).
En la oración debemos pedir el precioso don de la humildad, para que quede siempre claro que el perdón es un don gratuito y sobrenatural de Dios, del que nosotros somos simples, aunque necesarios, administradores por la misma voluntad de Jesús; y Él se complacerá ciertamente si hacemos un uso extensivo de su misericordia.
En la oración, además, invoquemos siempre al Espíritu Santo, que es Espíritu de discernimiento y compasión. El Espíritu nos permite identificarnos con el sufrimiento de nuestros hermanos y hermanas que se acercan al confesionario y acompañarlos con discernimiento prudente y maduro y con verdadera compasión en sus sufrimientos, causados por la pobreza del pecado.
El buen confesor es, en segundo lugar, un hombre del Espíritu, un hombre del discernimiento. ¡Cuánto hace daño hace a la Iglesia la falta de discernimiento! ¡Cuánto daño causa en las almas un actuar que no hunda sus raíces en la escucha humilde del Espíritu Santo y de la voluntad de Dios!
El confesor no hace su propia voluntad y no enseña su propia doctrina. Está llamado a hacer siempre y sólo la voluntad de Dios, en plena comunión con la Iglesia, de la que es ministro, es decir servidor.

6. La Cuaresma única y las etapas naturales de la vida
La Cuaresma por su propia naturaleza describe un camino completo de purificación, iluminación y unión.
La vida es un camino progresivo que se hace y no se vuelve a repetir. El ser viviente – dice la Biología – tiene cuatro etapas: nace, crece, se reproduce y muerte. Y la vida luego repite el mismo ciclo. Una persona es bebé, es niño, es adolescente, es joven, es novio (novia), es esposo (esposa), es padre (madre), vuelve a ser padre (madre…), es anciano, y concluye. Las etapas son sucesivas; una plenitica la anterior, si bien con matices distintos. La vida no se repite; queda plenificada conforme avanza.
Una pareja no dice: este año en el mes de marzo vamos a vivir nuestro amor como novios para sentir el amor matrimonial en abril. Y el año que viene haremos lo mismo…
Este es un esquema referencia y básico que hay que tenerlo en cuenta…
Los pasos que se van dando en la vida de por sí son irreversibles, y cada uno va marcando una etapa superior. No puedo regresar “como si no hubiera verificado” el paso que ya fue dado.
Es claro que no puede ser lo mismo la Cuaresma de uno que inicia el camino del Señor que la de aquel que, por misericordia, ha permanecido fiel en ese camino y va envejeciendo en él.  El punto de partida es diferente; quizás el lenguaje sea entendido de otro modo; la praxis cuaresmal ha de ser distinta.
El hecho de que la Cuaresma sea un Venerable Sacramento posibilita el que la podamos repetir año tras año, como repetimos la celebración del único Misterio Pascual cumplido en Jesucristo.

7. Una Cuaresma en el Hoy de mi comunidad
1. Principios. Cada hermano es un “tú” para mí y un nosotros para todos; y yo soy un “tú” para cada hermano y un nosotros para todos.
Soy consciente de que debo a mi hermano cinco dones:
1)    El don de mi oración: orar por cada uno, nominalmente por cada uno.
2)    El don de mi reverencia, reverencia hacia cada uno, respetando el misterio de su ser.
3)    El don de mi apertura, a cada uno. A cada uno brindo, abierto, mi corazón, y lo manifiesto en actitudes de servicio; apertura que puede llegar al grado de amistad, por cuanto que se hace recíproca, leal y sólida.
4)    El don de mi silencio: reconozco en mi hermano que tiene derecho a que yo no aborde su intimidad comunicándome sus confidencias. No hablamos, obviamente, de confidencias sacramentales, sino de confidencias de situaciones personales, de carácter positivo o negativo.
5)    El don de mi disponibilidad para una situación de emergencia, en la cual, si él lo desea, puede contar conmigo.

A esto se añade que si me siento verdaderamente hermano – o, mejor, como soñó en su utopía san Francisco, “hermano-madre” – no exijo a mi hermano nada a cambio de lo que yo entrego o brindo.

8. La ascesis cuaresmal que deriva de la mística
En esta mi comunidad yo hago “mi retiro personal” y me pregunto sobre lo que el Señor me pide a mí, me lo manifieste por el conducto que sea.
Y hemos de pensar que del aspecto místico de la Cuaresma deriva su aspecto ascético, no a la inversa. No hay Cuaresma sin mística, pero, aquí, no hay mística sin ascética: autodisciplina, silencio, soledad. Aspectos que cada quien los define en su caso personal y que la fraternidad los ordena igualmente como vivencia comunitaria.
1)    ¿Qué ha de ser para mí el sacramento de la reconciliación en esta Cuaresma y sucesivamente?
2)    ¿Llevo dirección espiritual? ¿Me lo pide el Señor?
3)    ¿Cómo concibo para mí el silencio y la soledad, que son dos notas características de la Cuaresma de Jesús?
4)    ¿Qué me pide el Señor en cuanto cultivo de la oración como trato incesante con mi Dios?
5)    ¿Qué me pide el Señor en el uso del tiempo?
6)    ¿Qué me pide el Señor en el servicio gratuito a mis hermanos de dentro y de fuera?
7)    ¿Qué me pide mi Señor Crucificado en cuanto a identificación con el misterio doliente de la Cruz?
Y así en otros puntos que se susciten en mi conciencia.

9. Subsidios para Cuaresma

He aquí unos subsidios para Cuaresma que presentamos como colaboración personal para expresar la fe de la Iglesia.

El camino cuaresmal. Parece que tuvo cierta fortuna porque El camino cuaresmal (CPL, Barcelona, 1994, 2ª ed. 1996) fue traducido al catalán: El camí quaresmal Centre de Pastoral Litúrgica, 1994; al italiano: Il cammino quaresimale (Libreria Editrice Vaticana 1996) y al portugués O Caminho quaresmal (Paulinas 2003). Ahí se describen, de una manera suficientemente orgánica, los elementos litúrgicos y espirituales que configuran la Cuaresma. - Los capítulos de esta pequeña obra son los siguientes: Apertura de Cuaresma: Miércoles de ceniza, convocatoria de conversión - Las seis etapas del camino - El recio itinerario del Antiguo - El día a día de la Cuaresma a la escucha de la - Palabra - Semana Santa - Los tres ejercicios cuaresmales: el ayuno, la oración y la limosna - Como busca la cierva corrientes de agua: Cuaresma y bautismo - Últimos consejos: persona y comunidad cara a la Cuaresma.

Un Himnario cuaresmal en mercaba.org: El pan de unos versos / Año Litúrgico / Cuaresma: I. Inicio de Cuaresma -  II. Himnos en torno a los Domingos de Cuaresma- III. Himno sobre el ayuno – IV. Himnos varios de Cuaresma – V. Himnos para la Hora intermedia de Cuaresma – VI. Himnos para Pasión y Semana Santa – VII. Himnos cuaresmales sobre el Éxodo – VIII. La Virgen María en el misterio de Cuaresma y Pasión – IX. Himnos sobre el Vía Crucis – X. Catecismo de la Santa Cuaresma
El valor espiritual de estos himnos está, seguramente, en que han sido compuesto a lo largos años y tras un recorrido teológico - espiritual que los ha suscitado. De alguna manera, son el fruto de mi vida. Cada himno tiene su “didascalia”, su mistagogía para introducirse en el contenido y vivencia del mismo.

Guadalajara, Jalisco, 18 marzo 2017



CUARESMA TRINITARIA

Oh Padre, confidente de mi ser,
oh Luz sin fin de todos mis deseos,
a ti me arrojo, amor irresistible,
muy suave y dulcemente en ti me pierdo.

Espíritu que mueves cielo y tierra,
Espíritu de Dios, Dios verdadero,
tú fuiste de Jesús el mero guía,
de su divino afán feliz desierto.

Jesús de Nazaret, el Peregrino,
el hijo de María y siempre el Verbo,
tú entras en combate contra el Malo
y sales vencedor en el encuentro.

Cuaresma en Trinidad es mi Cuaresma,
en soledad, a Dios del todo abierto,
y humanidad, un hombre entre los hombres,
que soy un corazón en puro anhelo.

Cuaresma, intimidad, pureza y llanto,
en comunión con todo el universo,
en oración de amor y de alabanza,
Cuaresma, venerable Sacramento.

¡A solo Dios, la gloria y santa paz,
festín que nos convoca, bello eterno,
a solo Dios, adoración y gozo,
oh Dios Bondad, misterio de silencio! Amén.

Guadalajara, 18 de marzo de 2018.
Fr.  Rufino María Grández, OFMCap.  

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