2/5 - Dios se me
está entregando en su Hijo Jesucristo:
Quién es Jesús
Hermanos:
La última frase
del Evangelio según san Juan dice así. Muchas
otras cosas hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni el mundo
entero podría contener los libros que habría que escribir (Jn 21,25). Esta
frase es una frase afectiva que dice mucho y sugiere mucho más. No se trata de
una exageración; es otra cosa. Es una declaración de amor de quien escribió ese
capítulo final del Evangelio, que seguramente, como sugieren nuestras Biblias,
es un apéndice añadido a la obra que terminaba en el capítulo anterior con
estas palabras: “Muchos otros signos, que
no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos
han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y
para que, creyendo, tengáis vida en su nombre” (Jn 20,19-20).
En este plan que
nos hemos propuesto de ir a los puntos esenciales de nuestra fe, siempre desde
Dios, hoy nos hacemos esta pregunta: ¿Quién es Jesús? O más exactamente: ¿Cómo
nuestros primeros hermanos testigos de la fe nos han transmitido la persona de
Jesús, es decir sus hechos y palabras, todo lo que él hizo y enseñó?
No es una
pregunta de clase de Universidad; es una pregunta de la vida y de la fe para la
vida, porque en la respuesta a tal pregunta nosotros, discípulos de Jesús, nos
jugamos nuestra propia existencia. Tenemos los Evangelios, tenemos las cartas
de los Apóstoles.
1. ¿Quién es Jesús? Respuesta de los cuatro Evangelios
Escuchemos una
respuesta en síntesis, según cada uno de los cuatro evangelio: Marcos es el más
antiguo, Juan es el mas reciente.
1. Marcos define
a Jesús en la primera línea: Comienzo del
Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios (Mc 1,1). El lector que va a leer este Evangelio, el más breve de los
cuatro, ya sabe que todas y cada ua de la escenas que nos narre se refieren a
Jesús, “Hijo de Dios”.
2. Viene el Evangelio de Mateo, que se abre con
una tabla cronológica de los antepasados: Libro del origen de Jesucristo,
hijo de David, hijo de Abrahán (Mt 13,13).
Con san Mateo va san Lucas.
¿Quién es Jesús para Lucas, tercer evangelista? Es un personaje histórico de la
familia humana, que aparece en el mundo en unas coordenadas concretas de la
historia: “Sucedió en aquellos días que salió un decreto del emperador Augusto,
ordenando que se empadronase todo el Imperio. Este primer empadronamiento se
hizo siendo Cirino gobernador de Siria. Y todos iban a empadronarse, cada cual
a su ciudad. También José, por ser de la casa y familia de David, subió desde
la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en
Judea, para empadronarse con su esposa María, que estaba encinta” (2,1-5).
Fechas históricas que vuelven a precisarse cuando el comienzo de la vida
pública. “En el año decimoquinto del imperio del emperador Tiberio, siendo
Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano
Filipo tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanio tetrarca de Abilene, bajo el
sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de
Zacarías, en el desierto. Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un
bautismo de conversión para perdón de los pecados” (Lc 3,1-3).
Más abajo nos da la genealogía de Jesús. “Jesús, al empezar, tenía unos
treinta años, y se pensaba que era hijo
de José, que a su vez era de Helí, 24 de Matat, de Leví, de Melquí, de
Jannaí, de José, 25 de Matatías, de Amós, de Nahún, de Eslí, de Nagái, 26 de
Maat, de Matatías, de Semeín, de Josec, de Jodá, 27 de Joanán, de Resá, de
Zorobabel, de Salatiel, de Nerí, 28 de Melquí, de Addí, de Cosán, de Elmadán,
de Er, 29 de Jesús, de Eliezer, de Jorín, de Matat, de Leví, 30 de Simeón, de
Judá, de José, de Jonán, de Eliacín, 31 de Meleá, de Mená, de Matatá, de Natán,
de David, 32 de Jesé, de Jobed, de Booz, de Salá, de Naasón, 33 de Aminadab, de
Admín, de Arní, de Esrón, de Fares, de Judá, 34 de Jacob, de Isaac, de Abrahán, de Tare, de Nacor, 35 de
Seruc, de Ragau, de Fálec, de Eber, de Salá, 36 de Cainán, de Arfaxad, de Sem,
de Noé, de Lámec, 37 de Matusalén, de Henoc, de Járet, de Maleleel, de Cainán,
38 de Enós, de Set, de Adán, de Dios” (Lc
4,23-38).
En resumen, Jesús es
- un hijo de la familia humana,
- y un hijo de Israel, ascendiendo por David, por Abraham por Adán hasta
Dios.
4. Y para el Cuarto Evangelio, el Evangelio
de san Juan, ¿quién es Jesús? Escuchemos el primer versículo: “En el
principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios”
(Jn 1,1).
¿Quién es el Verbo? La segunda persona de la Santísima Trinidad. No es ese
el pensamiento de san Juan. El Verbo es ni más ni menos que un ser concreto de
carne y hueso; el Verbo es Jesús de Nazaret, el que va a circular ahora por
cada escena del Evangelio.
2. Jesús de Nazaret es un hijo de
Israel
La primera aproximación que tenemos para entender “quién fue”
históricamente Jesús y luego saber “quién es” hoy para mí y para nosotros, es
afirmar lo que encontramos en los Evangelios como un dato evidente y de grandes
consecuencias:
1) Jesús fue un hijo de Israel,
2) cuyo Dios es el Dios de la
Alianza, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob,
3) sintiéndose como Mesías, incluso
el Enviado escatológico de Dios su Padre.
4) Su predicación fue el Reino de
Dios, anunciando en los Salmos y en los profetas,
5) porque él se sintió enviado a las
ovejas perdidas de la Casa de Israel, y no salió de Israel para anunciar (como
un día Pablo) el mensaje del Reino a las naciones.
6) Sus obras fueron las obras que
correspondía a este Reino que él anunciaba,
7) cuya muerte y esperanza fue en el
cuadro de las esperanzas de Israel,
8) y que definitivamente se vio como
el Hijo del hombre que había de
venir en poder y gloria el Día final de la victoria de Dios.
Es decir: ¿Quién
Jesús de Nazaret era Dios?
Efectivamente,
así es.
Y entonces nace
esta clave de comprensión, que van a trabajar lentamente los Concilios de la
Iglesia, y que va a ser la base de la doctrina oficial y de la espiritualidad
que se alimenta de esta dcotrina:
- Jesús de
Nazaret era (y es) todo Hombre.
- Jesús de
Nazaret era (y es) todo Dios.
De aquí, de la
Teología hecha Espiritualidad arranca la
comprensión mística de Jesús que en san Pablo, muy particularmente (lo
mismo en San Juan y en todos los autores del Nuevo Testamento) y que llega a
nosotros, y de modo totalmente personal, totalmente real, llega hasta mí.
- Jesús es Jesús
Resucitado.
- Jesús
Resucitado es el Hijo
- en el cual
existe su Comunidad, que es la Iglesia,
- y en el cual
existo yo.
- En suma, Jesús
es: “en Cristo Jesús”; Jesús es el Viviente; Jesús es “Cristo en mí”.
3. Para acceder a Jesús, los Evangelios: los Evangelios nacidos de la
proclamación, vividos en la asamblea litúrgica, desmenuzados en las múltiples
vivencias de los discípulos de Jesús
1. Yo quiero
conocer a Jesús.
Conocer a Jesús
no es tener muchos conocimientos de Jesús, sino uno solo, que es la experiencia
de un encuentro. Solo el que se ha encontrado con Jesús conoce a Jesús. Solo el
que se ha encontrado con Jesús puede hablar de Jesús. Solo el que se ha
encontrado con Jesús puede hablar del proyecto de Jesús.
Y ¿qué es
encontrarse con Jesús? Encontrarse con Jesús es haberlo visto, oído, palpado,
abrazado en la fe (no en la razón). Encontrarse con Jesús es un acto de
comunión de toda mi persona con él. Es haber entendido que mi vida recomienza
en él, con él y para él. En una palabra, “encontrarse” con Jesús – o haber sido
encontrado en él – es enamorarse de Jesús, el Señor.
2. Para conocer
a Jesús hay que ir principalmente a través de los Evangelios, volviendo a ellos
por el camino por el que ellos han llegado hasta nosotros
Los Evangelio no
son:
- la biografía
psicológica de Jesús
- la historia
crítica de Jesús en medio de su tiempo
- la sociología
de Jesús en medio de su pueblo y bajo la dominación de los romanos.
Los Evangelio
son la proclamación del hecho de Jesús Resucitado, muerto y crucificado pro
nosotros según las Escritura:
- recogida en el
Kerigma y la Catequesis de los primeros cristianos
- transmitida en
la vida de las comunidades cristianas
- confesada en
la sagrada Liturgia de la Iglesia santa de Dios.
Si nos olvidamos
de este origen, si no leemos los santos Evangelios en comunión con toda la
Iglesia – la de antes, la de hoy y la que esperamos cuando Dios sea todo en
todos – los Evangelios no tienen sentido. Son “manipulaciones científicas” de
acuerdo a los intereses que nos interesa destacar.
Si, por el
contrario, recibimos los santos Evangelios como documentos de fe que pasan a
nuestro corazón y vivimos el contenido de los Evangelios, movidos por el
Espíritu Santo, entonces de nuestras vivencias personales
- pueden nacer
muchas vivencias auténticas,
- muchas
devociones variadas en torno a la santa humanidad del Señor
- muchas
visiones y revelaciones personales
- y “devociones”
provechosas,
- que, siendo
“legítimas” en sí, no podemos imponer a nadie como el camino del verdadero
conocimiento de Jesús, el Señor.
De momento,
puede parecer que hacen mucho bien, pero a la larga este devocionalismo crea un ambiente enrarecido en la Iglesia.
4.
Hacia “una” Presentación y “una” Síntesis” de Jesús de Nazaret que por nosotros
murió y resucitó y vive a la derecha del Padre y ha de venir un día a consumar
el Reino de Dios
Cada
uno va en busca de una imagen de Jesús, conforme a su propios conocimientos y
vivencias, tratando de vibrar con la fe de toda la Iglesia. He aquí “una”
imagen de Jesús, que quiere ser completa, pero que no es más que “una”.
El
Papa Benedicto XVI nos dio una imagen maravillosa de Jesús de Nazaret desde su
propia vivencia de cristiano creyente, desde sus extraordinarios conocimientos
de Teología, desde su sensibilidad de Pastor de la Iglesia, como papa humilde y
sencillo. (Ver su obra en tres volúmenes, Jesús de Nazaret 2007-2012).
El
Papa Francisco (sincero admirador de Benedicto, de quien ha dicho que escribe
la Teología de rodillas) nos está dando una visión de Jesús en torno a dos
núcleos principales:
-
Jesús es la misericordia del Padre, toda la misericordia del Padre;
-
Jesús es el que ha ido a las “periferias existenciales” y el que vive en esas
“periferias existenciales”.
En
torno a estos dos ejes gira el pontificado de nuestro Papa, el cual, conscientemente,
no ha modificado ningún punto doctrinal de la fe de la Iglesia, si bien es
cierto que para algunos puntos invita al “discernimiento” sin dar una última
palabra.
1)
Comprender sin terminar de comprender; la fe es abandono al poder de Dios
a)
Jesús era Hijo de Dios
desde el vientre de su madre María. ¿Cómo se comprendió Jesús a sí mismo como
Hijo de Dios, como Hijo amado del Padre? Lo ignoramos en absoluto.
b)
María, según el
testimonio de los Evangelios, era virgen. ¿Cómo vivió María su maternidad
virginal? Lo ignoramos totalmente. Nuestra fe se rinde suavemente en adoración.
c)
Incluso, la Iglesia,
meditando a través de los siglos, en la totalidad del misterio de María, ha
definido que fue concebida sin pecado original, lo cual quiere decir que ni
tuvo el pecado (que en nosotros desaparece con el bautismo) ni tuvo el “fomes peccati”, la inclinación al pecado
(que no es pecado, pero que nace del
pecado y nos inclina al pecado, por ejemplo, el espíritu de soberbia, de
envidia, de lujuria…). ¿Cómo vivió María en su interioridad esto que la Iglesia
proclama? Lo ignoramos totalmente. Solo sabemos que María vivió en fe, y avanzó
en fe toda su vida, fe con respecto a su Hijo, fe con respecto a sí misma.
d)
Cómo vivió Jesús su
vida hasta el momento del Bautismo y manifestación a Israel: qué hizo, en qué
se ocupó… Lo ignoramos. Un solo episodio traído por Lucas (2,41-52), a los 12
años, episodio deslumbrante en que se manifiesta como Hijo de “mi Padre”. Adolescencia y juventud contenida en una
confesión de humanidad divina: “y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura
y en gracia ante Dios y ante los hombres” (v. 52).
2)
Jesús entra en acción, cuando concluye Juan el Bautista, como Hijo de Israel y
para Israel por el Bautismo y la victoria del Diablo en el desierto
a)
Jesús tiene la conciencia de que el Bautismo de Juan concluye el Antiguo Nuevo
Testamento y que a partir de él, Dios comienza la etapa definitiva de la
llegada del Reino. “La Ley y los Profetas llegan hasta Juan; desde entonces se
anuncia la buena noticia del reino de Dios y todos se esfuerzan por entrar en
él” (Lc 16,6).
“En
verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista;
aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él. Desde los
días de Juan el Bautista hasta ahora el reino de los cielos sufre violencia y
los violentos lo arrebatan. Los Profetas y la Ley han profetizado hasta que
vino Juan; él es Elías, el que tenía que venir, con tal que queráis admitirlo. El
que tenga oídos, que oiga” (Mt 11,11-14). Esta es la auténtica imagen del modo
en que se sitúa Jesús de Nazaret.
Jesús
tiene la conciencia de que el único plan de Dios, iniciado en el Antiguo Nuevo
Testamento, concluye con su persona, que inaugura el advenimiento escatológico
del Reino.
Jesús
es, desde sí mismo:
-
La última palabra de Dios en la Historia.
-
La última obra de Dios en la Historia.
En
suma, Jesús es la obra de Dios, el Reino de Dios.
a)
Jesús inicia la última obra de Dios con dos signos:
-
el signo de su propio Bautismo llevado por el Espíritu
-
y el signo de la victoria sobre el Diablo, anunciando que el Reino de Dios es
Reino de Dios y solo de Dios, que el Diablo
no tiene poder en él.
3)
Jesús toma un nombre profético-escatológico para sí: el Hijo del Hombre
El
título de “Hijo del Hombre” está tomado del libro de Daniel, de un pasaje
apocalíptico, que nos habla del triunfo final de Dios:
“Seguí
mirando. Y en mi visión nocturna
vi
venir una especie de hijo de hombre entre las nubes del cielo.
Avanzó
hacia el anciano y llegó hasta su presencia.
A
él se le dio poder, honor y reino.
Y
todos los pueblos, naciones y lenguas lo sirvieron.
Su
poder es un poder eterno, no cesará.
Su
reino no acabará” (Dan 7,13-14).
Esta
fe absoluta ante la victoria de Dios, de Dios en él, la expresará Jesús principalmente
al abrazar la condena a muerte.
“Pero
él callaba, sin dar respuesta. De nuevo le preguntó el sumo sacerdote: «¿Eres
tú el Mesías, el Hijo del Bendito?». Jesús contestó: «Yo soy. Y veréis al Hijo
del hombre sentado a la derecha del Poder y que viene entre las nubes del
cielo»” (Mc 14,61-62).
4)
Jesús realiza las obras del Reino
La
misión de Jesús es implantar ya, de modo irreversible, el Reino, la soberanía
de Dios, anunciada en la Ley y los Profetas. Y esto lo hace por medio de obras
y de palabras. Las obras del Reino son de dos clases:
-
obra del Reino es la victoria sobre el Demonio, anuncio de la victoria sobre el
pecado y la muerte. Y esto es el significado de todas las expulsiones de
demonios, que no se pueden suprimir del Evangelio.
-
Y obras del Reino son los milagros de Jesús, con múltiple significado: la
misericordia de Dios y el perdón de los pecados que ha llegado con el
advenimiento del Reino; la nueva vida que corresponde al Reino (todos los tipos
de sanación); la acogida de los desprotegidos, de los pobres y sencillos; el
establecimiento de la comunidad escatológica (el banquete de la multiplicación
de los panes); el triunfo propio de Jesús en la fe (Jesús sobre las aguas)…
5)
Las palabras del Reino
Las
palabras del Reino son, ante todo, las Bienaventuranzas del Reino; todo el
Sermón de la montaña, que anuncian la nueva justicia; y son las Parábolas del
Reino…, catequesis de lo que vivimos ya en el Reino inaugurado. Jesús está
llevando a cabo lo que ningún profeta anunció. Ha comenzado el Reino con la
autoridad personal que Jesús se atribuye.
6)
La palabra definitiva del Anunciador del Reino: Padre
La
síntesis del Evangelio está contenida en la palabra “Padre”, que es la
revelación total del Dios del Reino. Es la palabra de la oración personal de
Jesús, y la palabra que él ha concedido a los discípulos, que san Juan llama
“los suyos”.
El
“Padrenuestro” es clave de todo el proyecto de Jesús. Con la oración de Jesús
(Mt 6,9-13; Lc 11,2-4) entramos en la intimidad de Dios, en cuanto se puede
entrar en esta fase del Reino:
-
entramos en la “santificación” del Nombre de Dios, en la pura santidad de Dios;
-
entramos en el dinamismo de la llegada del Reino de Dios que Dios mismo lo está
trayendo a la tierra;
-
entramos igualmente en la órbita de su Voluntad en el cielo y en la tierra,
donde Jesús ha vivido y ha muerto.
En
una palabra, entramos en la pura vida de Dios. Y desde esa entrada, amorosa,
humilde y reverente, formulamos nuestras súplicas, que son las súplicas de la
comunidad orante y de toda la humanidad.
7)
Jesús anhela la consumación del Reino en él
Los
discursos escatológicos de los Evangelios Sinópticos, tan difíciles de
interpretar, nos abren los ojos a un mundo de misterio que late en el corazón
de Jesús.
“Porque
aquellos días habrá una tribulación como jamás ha sucedido desde el principio
de la creación, que Dios ha creado, hasta hoy, ni la volverá a haber. Si el
Señor no acortase aquellos días, nadie podrá salvarse. Pero en atención a los
elegidos que escogió se abreviarán” (Mc 13,19-20).
Justamente
en ese final que no se puede describir y del que “en cuanto al día y la hora,
nadie lo conoce, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, solo el Padre” (Mc
13,32), justamente entonces se consumará el triunfo del Hijo del hombre que
vendrá al par de la gloria del Padre: “Entonces verán venir al Hijo del hombre
sobre las nubes con gran poder y gloria; enviará a los ángeles y reunirá a sus
elegidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo
del cielo” (Mc 13,26-27).
8)
Entretanto la Comunidad mesiánica vive para el anuncio del Evangelio y la
reunión en torno al cuerpo y la sangre de Cristo
Llegará
el triunfo de Jesús y del Padre. Entretanto la Comunidad vive congregada en
torno al cuerpo y la sangre de la Alianza. “Mientras comían, tomó pan y,
pronunciando la bendición, lo partió y se lo dio diciendo: «Tomad, esto es mi
cuerpo». Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias, se lo dio y
todos bebieron. Y les dijo: «Esta es mi sangre de la alianza, que es derramada
por muchos. En verdad os digo que no volveré a beber del fruto de la vid hasta
el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios»” (Mc 14,22-25).
La
comunidad existe anunciando el Evangelio hasta los confines de las naciones: “Y
les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El
que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado” (Mc
15,15-16).
Esta
es la razón de la Iglesia en el mundo, bajo el signo de la presencia de Jesús.
Recordemos
que Jesús dijo: “Es necesario que se anuncie antes el Evangelio a todos los
pueblos” (Mc 13,10).
5. Acoger a Jesús en su integridad
Y
aquí me encuentro yo, discípulo de Jesús, como discípulo suyo, habiendo asumido
mi vocación como Anunciador de su Evangelio, y especialmente inmerso en el
misterio del cuerpo y de la sangre por el humilde ministerio del sacerdocio (en
este caso personal).
¿Qué
significa todo esto para mí? Y ¿qué significa para mi comunidad, la santa
Iglesia, en la que respiro y vivo?
1)
Significa, ante todo,
que para comprender a Jesús y el mensaje que nos trae del amor del Padre, al
darnos por gracia el Reino, significa que, a ser posible, yo debo meterme en el
mismo dinamismo personal que vivió Jesús entre los hombres. He de perderme en
sus vivencias y esperanzas a esta altura de la historia humana. Yo sé que antes
de mí alguien luchó primero por Dios, de quien esperó todo y a quien se
abandonó totalmente en sus abrazos, llamándole Padre.
2)
Por otra parte, hoy
Jesús es el Viviente que vive y reina en los cielos con el Padre y el Espíritu
Santo. Desde allí él es uno conmigo; me asume y me identifica consigo. Y desde
allí me inspira mi puesto y misión en este hoy de la historia humana.
Guadalajara, martes, 28
marzo 2017
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