Bautismo del Señor – Identidad y misión
Mc 1,7-11
Texto evangélico:
[Juan] 7 Y proclamaba: «Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo y no merezco agacharme para desatarle la correa de sus sandalias. 8 Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo».
9 Y sucedió que por aquellos días llegó Jesús desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. 10 Apenas salió del agua, vio rasgarse los cielos y al Espíritu que bajaba hacia él como una paloma. 11 Se oyó una voz desde los cielos:
«Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco».
Hermanos:
1. El Domingo del Bautismo del Señor es la coronación del ciclo de Navidad, para pasar el domingo siguiente al tiempo que llamamos “tiempo ordinario”. En la tradición espiritual de la Iglesia, si a la adoración de los magos venidos de Oriente se le llama Epifanía, es también epifanía o manifestación de Dios, que llega hasta nosotros.
2. Para entender lo que acontece en el Bautismo, la Iglesia nos introduce en este misterio presentándonos como primera lectura un pasaje del libro de Isaías: “Mirad a mi Siervo, | a quien sostengo; | mi elegido, | en quien me complazco. | He puesto mi espíritu sobre él, | manifestará la justicia a las naciones. | No gritará, no clamará, | no voceará por las calles. | La caña cascada no la quebrará, | la mecha vacilante no la apagará. | Manifestará la justicia con verdad” (Is 42,1-3).
Jesús tiene el Espíritu de Dios, porque el Padre se lo ha otorgado. Veamos cómo ocurrió esto, en un texto lleno del misterio divino.
Esas experiencias que disfrutan los santos cuando Dios entra hasta el fondo de sus corazones son momentos de transformación que acontecen y no se pueden narrar: faltan palabras y emociones de transmisión; ni tampoco se pueden revivir, como si uno fuera dueño de sentimientos y acontecimientos que suceden porque Dios está actuando.
3. El Bautismo de Jesús fue un hecho central y supremo de su vida, al que nosotros nos acercamos con respeto y adoración. Ni hoy ni nunca lo comprenderemos. Cierra una etapa de su vida – la vida oculta – y abre otra, la etapa de su vida pública.
Bien podemos decir que el Bautismo nos da la identidad íntima de Jesús, le constituye oficialmente ante Israel como el Enviado portador del Espíritu, y nos muestra la auténtica misión para la que Jesús ha venido y el Padre lo ha enviado: mostrarnos a nosotros lo que acontece en él, la filiación divina, el tener todo el agrado de Dios, porque lo mismo que Jesús tiene el agrado del Padre Dios, lo mismo, esas palabras deben llegar a nosotros, para experimentar esa transformación divina, sintiendo en el corazón: Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco. Vayamos por partes.
4. Jesús viene al bautismo de Juan. El bautismo es para perdonar los pecados y preparar la entrada de Dios en el mundo, inaugurando la etapa definitiva, la era escatológica de Dios. Jesús reconoce esta acción de Dios, la legitimidad del profeta Juan el Bautista, y va al bautismo. Él no se siente pecador; no lleva consigo la herida del pecado. Pero asume que es el más pecador de todos, porque asume en sí todo el pecado del mundo.
Cuando uno el día pasado ha visto en la televisión la escena del asalto al Capitolio - pura violencia, agresión y destrozo – con un saldo final de cuatro muertos, aparte de varios heridos, uno piensa: Dios mío, ¿en qué mundo vivimos?
Pero seguramente que ninguno de nosotros dirá: Yo tengo la culpa de todo eso. ¿Cómo voy a tener yo la culpa, si yo no he participado en eso, ni nadie me ha pedido la opinión, ni tenía por qué pedirla?
En el Bautismo de Jesús hemos de pensar que Jesús ve el mundo con distintos ojos que nosotros. Este es el Cordero de Dios, había dicho Juan. Es el Cordero sacrificial que ah de morir. En el Bautismo Jesús baja hasta el fondo último de su identidad, que es asumir su condición de hermano de todos los hombres.
5. Pero en el Bautismo de Jesús sucede algo que no había ocurrido con nadie. Al salir del agua se rasgan los cielos. ¡Oh, si rasgaras los cielos y vinieras…!, había dicho el profeta (Is 63,19). Se rasgan los cielos y desciende el Espíritu; incluso desciende de una manera visible ante la faz del mundo; desciende en forma de paloma. El Espíritu era el ave que incubaba el mundo al principio de la creación; era la paloma que después del diluvio trajo en su pico el ramo de la paz, una ramita de olivo. El Espíritu es el ave que revolotea sobre nuestros corazones queriendo infundir una palabra que solo Él puede decir, y una misión que Él solo puede confiar.
El Espíritu y Jesús van a ser una sola cosa, y toda palabra que Jesús hable será palabra de Dios, porque con él habita Dios sustancialmente. En la Cena él podrá promete el Espíritu con consolador y defensor, como palabra que enseñe todo, porque ha de ser su propia palabra.
6. Y toda esta manifestación divina que transforma el ser de Jesús tiene una coronación. Es la voz del padre que cae dentro e Jesús y dentro de nosotros. El Padre declara la filiación única de Jesús: Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco.
Todo el ser de Jesús se concentra en el ser de su propia filiación divina. Jesús es el Hijo, y ha venido para que nosotros seamos “hijos en el Hijo”. En su bautismo fuimos bautizados, iniciados en el misterio de la filiación divina, y hechos partícipes de la plenitud de la santísima Trinidad. Definitivamente acaba de comenzar la vida total de Jesús, dentro de la cual nosotros estamos inmersos.
7. Hermanos, en el día de hoy una llamada llega a nuestros corazones, para que apreciemos nuestro Bautismo, lo vivamos como el verdadero arranque de nuestra vida. ¿Sabemos qué día nos bautizaron? ¿Quién fue el ministro que vertió el agua sobre nuestra cabeza? Hasta podríamos tener un cuadro como un diploma con estos datos, que marcan la fecha de gracia más feliz de nuestra vida.
Señor Jesús, tú fuiste bautizado un día en las aguas del Jordán y la santa Trinidad exultó en tu corazón. Que mi bautismo sea el gozo supremo de mi vida, y que ante todos sea testigo de la filiación divina que se me otorgó: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco». Amén.
Madrid, viernes 8 de enero de 2021
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