En la divina unidad
20 No solo por
ellos ruego,
sino también por los que crean en mí por la
palabra de ellos,
21 para que todos
sean uno,
como tú, Padre,
en mí, y yo en ti,
que ellos
también sean uno en nosotros,
para que el
mundo crea que tú me has enviado.
22 Yo les he dado
la gloria que tú me diste,
para que sean
uno, como nosotros somos uno;
23 yo en ellos, y
tú en mí, para que sean completamente uno,
de modo que el
mundo sepa que tú me has enviado
y que los has
amado a ellos como me has amado a mí.
(Jn 17,20-23)
En la divina unidad
que la forman Padre e Hijo,
quiso Jesús que nosotros
tengamos allí cobijo.
Y fue esta su oración,
su deseo puro e íntimo,
y la oblación de su vida
que entregaba en sacrificio.
Que la dulzura del cielo
fuera dulzura aquí mismo,
que muchos fuéramos uno,
libres de todo egoísmo.
Somos familia de Dios
cada quien don exquisito,
hermano para el hermano
por providencia y designio.
Compartir en unidad
la presencia de Dios Trino
es el gozo celestial
del bautismo recibido.
Hermanos, seamos uno,
que así lo pidió y quiso
Jesús que pensó a su Iglesia
como nuevo Paraíso.
A ti, Jesús, compasivo,
con piedad hoy te pedimos,
la gracia de la unidad
tu gloria, tu sello y signo. Amén.
Madrid, Domingo 24 de enero de 2021
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