Jesús, el anuncio y los discípulos
Mc 1,14-20
Texto
evangélico:
14 Después de que Juan fue
entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; 15
decía: «Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y
creed en el Evangelio».
16 Pasando junto al mar de
Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón, echando las redes en el
mar, pues eran pescadores. 17 Jesús les dijo: «Venid en pos de mí y
os haré pescadores de hombres». 18 Inmediatamente dejaron las redes
y lo siguieron. 19 Un poco más adelante vio a Santiago, el de
Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. 20
A continuación los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los
jornaleros y se marcharon en pos de él.
Hermanos:
1. Entramos de lleno en el Evangelio
cuando vemos a Jesús que entra en acción, que comienza a dar su anuncio a Israel y al mundo
entero. El anuncio es una proclamación, como el toque de trompeta: que el mundo tiene que enterarse de la Palabra de Dios que trae a la tierra el Hijo amado.
La proclamación, anuncio, mensaje de Jesús son cuatro verdades que caen del
cielo como la nueva creación del nuevo mundo, y estas verdades – si queremos
emplear un lenguaje de definiciones jurídicas – son los cuatro dogmas iniciales
de nuestra fe Cristian:
- Primero: El tiempo se ha cumplido. Hemos llegado a la cima de la historia: el tiempo ha madurado, el tiempo se ha cumplido.
- Segundo: El Reino de Dios irrumpe. Esta viniendo, está en marcha y llegada; es la acción de Dios sobre el mundo, es la nueva creación, como un día se hizo la primera.
- Tercero: Convertíos, es decir, volved vuestra vida al Reino de Dios que se abalanza.
- Cuarto: Creed en el Evangelio; rendíos a la Palabra soberana y última de Dios, que es el Evangelio. Frase que podríamos traducir correctamente de esta manera: “Convertíos, creyendo en el Evangelio”.
2. Hermanos, estamos ante el Evangelio. “Evangelio” es la primera palabra de este libro que comienza diciendo: Evangelio de Jesús, Cristo, Hijo de Dios. Y es palabra final, cuando Jesús, a la mesa – que nos evoca la mesa de la Eucaristía – les dice: Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación (Mc 16,15). Evangelio es la palabra sagrada que encierra y resume toda la obra de Jesús en la tierra y hoy en al Iglesia. San Pablo la escogió como el centro de su vida y el motor de toda su actividad. El hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo. No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio! (1 Cor 9,16).
2. Hermanos, hoy es el tercer domingo del tiempo ordinario, y el Papa ha querido que este Domingo sea en todo mundo cristiano el Domingo de la Sagrada Escritura. Es el segundo año que lo celebramos. En la carta apostólica en que se establecía este Domingo en la Iglesia como Domingo de la Palabra de Dios el Papa nos decía expresamente:
“3. Así pues, establezco que el III Domingo del Tiempo Ordinario esté dedicado a la celebración, reflexión y divulgación de la Palabra de Dios. Este Domingo de la Palabra de Dios se colocará en un momento oportuno de ese periodo del año, en el que estamos invitados a fortalecer los lazos con los judíos y a rezar por la unidad de los cristianos. No se trata de una mera coincidencia temporal: celebrar el Domingo de la Palabra de Dios expresa un valor ecuménico, porque la Sagrada Escritura indica a los que se ponen en actitud de escucha el camino a seguir para llegar a una auténtica y sólida unidad.
Las comunidades encontrarán el modo de vivir este Domingo como un día solemne. En cualquier caso, será importante que en la celebración eucarística se entronice el texto sagrado, a fin de hacer evidente a la asamblea el valor normativo que tiene la Palabra de Dios. En este domingo, de manera especial, será útil destacar su proclamación y adaptar la homilía para poner de relieve el servicio que se hace a la Palabra del Señor. En este domingo, los obispos podrán celebrar el rito del Lectorado o confiar un ministerio similar para recordar la importancia de la proclamación de la Palabra de Dios en la liturgia. En efecto, es fundamental que no falte ningún esfuerzo para que algunos fieles se preparen con una formación adecuada a ser verdaderos anunciadores de la Palabra, como sucede de manera ya habitual para los acólitos o los ministros extraordinarios de la Comunión. Asimismo, los párrocos podrán encontrar el modo de entregar la Biblia, o uno de sus libros, a toda la asamblea, para resaltar la importancia de seguir en la vida diaria la lectura, la profundización y la oración con la Sagrada Escritura, con una particular consideración a la lectio divina”.
3. Un año después, al cumplirse el XVI centenario de la muerte de san Jerónimo, Lamentablemente, en muchas familias cristianas nadie se siente capaz —como en cambio está prescrito en la Torá (cf. Dt 6,6)— de dar a conocer a sus hijos la Palabra del Señor, con toda su belleza, con toda su fuerza espiritual. Por eso quise establecer el Domingo de la Palabra de Dios [38], animando a la lectura orante de la Biblia y a la familiaridad con la Palabra de Dios [39]. Todas las demás manifestaciones de la religiosidad se enriquecerán así de sentido, estarán orientadas por una jerarquía de valores y se dirigirán a lo que constituye la cumbre de la fe: la adhesión plena al misterio de Cristo.
4. Hermanos, como fruto de esta homilía que en el que, al eco del Evangelio, estoy proclamando la Palabra de Dios, yo les pudo proponer una devoción, que es mucho más que devoción, incluso – con absoluto respeto y amor a la santa madre de Dios – algo que es más que la devoción a la Virgen María por la práctica del santo rosario, o de otras oraciones que la Iglesia ha recomendado, dignas de toda estima. Me refiero a la lectura diaria del Evangelio del día, y ojalá fuera posible hacerlo en familia.
La Biblia editada por la Conferencia Episcopal Española, tiene al final un registro de citas: cuál es el Evangelio que se ele cada domingo, cuál es el Evangelio que se lee cada día. Y más de una editorial edita el libro particular del Evangelio de cada día. Evangelio del día, para saber, sí, lo que dijo Jesús predicando el Reino de Dios hace 2.000 años, y, sobre todo, para saber qué me está diciendo hoy a mí a través del Evangelio de este día.
5. En aquella ocasión, con la fuerza del Evangelio, Jesús llamó a los primeros discípulos, a los hermanos Andrés y Simón, y a los hermanos Santiago y Juan. Más tarde dirá san Marcos que Jesús le cambió el nombre a Simón, y le llamó Pedro, que significa, Piedra, Roca; Y a Santiago y a Juan los llamó Boanerges, que significa: “hijos del trueno”. El hijo del trueno, en la tormenta, es el rayo, para significar la energía, la fuerza, la valentía con que debían anunciar el Evangelio.
Señor Jesús, aquí tienes a tu siervo, a tu sierva. Quiero ser discípulo tuyo, y tú regalas el don de tu Palabra divina con el don de la Eucaristía. Quiero ser lector del Evangelio de cada día. Amén.
Madrid, viernes, 22 enero 2021
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