jueves, 6 de abril de 2017

916. Pascua 2017



Preparando la Pascua

antes de comenzar la Semana Santa

Cuando hay tantas cosas para estar abatido
hay una más para explotar de alegría.
A todas las personas a las que quiero,
las de años atrás,
y las de esta encrucijada de mi vida:
a los talleristas de Talleres de Oración y Vida,
a los de la Renovación Carismática…
y “Casa Cornelio”,
a todos…, a todos…, como hijo de Dios
y hermano vuestro.


Jesús, el solo Tú,
el ámbito habitado de mis días,
recinto del Espíritu,
del Padre el corazón que en ti latía.
Jesús, aliento puro,
fontana y surtidor de mi alegría.

Porque has resucitado,
amor que eres la vida en demasía,
torrente presencial
y el íntimo silencio que extasía.

Jesús, el suave roce de mis labios,
quisiera yo dejar en esa fimbria
de tu celeste y nueva vestidura,
de ti, carne de Dios y carne mía.

A tus divinas plantas yo me llego,
seguro de beber Sabiduría,
pues quiero releer los Evangelios,
saberte como nunca te sabía.
¿Quién eres tú, mi Dios,
tú, prisionero en páginas divinas?
¿Qué me cuentan de ti,
en prosa o poesía,
en griego o en latín o en castellano
de la cuaderna vía?

Y un no sé qué me dice y va diciendo
que tú eres estadía,
que toda la Escritura, es un Huerto,
y tú, Jesús, presencia amanecida,
que todas las escenas son lo mismo,
que todas te respiran
que tú eres el Viviente Creador
que tú eres el Yo soy, la luz del día.

En tu Resurrección, mi Dios, vivimos,
y médula de ti son los carismas,
que tu Iglesia, incorrupta y perfumada,
lleva tu beso ardiente en sus mejillas.
Quisiera proclamarte,  
decir que vives y eres cercanía,
que no eres pensamiento,
que eres táctil, prodigio y medicina,
en mi cuerpo caduco
eterno manantial de la energía.

Quisiera yo narrarte bellamente,
hoy, antes de cruzar mi travesía…
Quisiera…, oh Jesús de mis locuras,
mirarte con mis ojos y pupilas,
y sepan cuanto miren mi semblante
que era verdad: la tumba está vacía.

Guadalajara, Jalisco, ante el Viernes de Dolores,
6 de abril de 2017.

¡Ha resucitado...!

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado P. Luís:

Después de leer los distintos artículos de la revista de este mes, me he detenido especialmente en su titulado "ERA VERDAD, HA RESUCITADO", y por ello le remito algunas reflexiones.

Es curioso que el apóstol san Pablo llegase a las mismas conclusiones....hace ya dos mil años.

Escuchemos a nuestro apóstol san Pablo: SI CRISTO NO RESUCITÓ, VANA ES ENTONCES NUESTRA PREDICACIÓN Y VANA ES TAMBIÉN VUESTRA FE. Si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó;y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana: aún estáis en vuestros pecados. Entonces también los que murieron en Cristo perecieron. SI SOLAMENTE PARA ESTA VIDA ESPERAMOS EN CRISTO, SOMOS LOS MÁS DIGNOS DE LÁSTIMA DE TODOS LOS HOMBRES.

Pero ahora CRISTO HA RESUCITADO DE LOS MUERTOS; PRIMICIAS DE LOS QUE MURIERON.

La sabiduría de san Pablo se resume en un pensamiento tan sencillo como contundente: CRISTO MURIÓ POR NUESTROS PECADOS, CONFORME A LAS ESCRITURAS; QUE FUE SEPULTADO, Y QUE RESUCITÓ AL TERCER DÍA, CONFORME A LAS ESCRITURAS; que se apareció a Cefas, y después a los doce. Después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen. Después se apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; y al último de todos, como a un abortivo, se me apareció a mí.

Así pues, el eje de la fe cristiana es, precisamente, EL HECHO DE LA RESURRECCIÓN DE JESÚS. No otro suceso. No busquemos otra causa ni otra docta sabiduría. Sin ella, como dice san Pablo, nuestra fe sería vana, y los creyentes seríamos dignos de la mayor lástima. San Pablo predica a Cristo crucificado, muerto, sepultado y resucitado al tercer día, noticia que es tropiezo para unos y locura para otros. Para unos resulta imposible un mesías doliente, para otros un absurdo. Pero para los sencillos de corazón resulta una verdadera maravilla, y una feliz esperanza. Las grandes verdades se ocultan a los sabios y se dan a los humildes. Los sabios quedan confundidos, mientras que los humildes son iluminados.

La resurrección de Cristo es “verdad de fe”, sí, pero testificada por quinientos hermanos que lo vieron con sus propios ojos. Esto es lo verdaderamente extraordinario. No es una fe “etérea”, mítica, intangible. No es una suposición piadosa. Es una fe que se fundamenta en un hecho histórico, corroborado, lo mismo que su muerte en la cruz.

Esta es la fe de los cristianos de todos los tiempos.

Cordiales saludos.

Juan José



 
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