Domingo de Ramos, leyendo los Evangelios
Sabiendo el Evangelio en castellano, no es pasmar a
nadie, copiar del Internet el texto del día en griego (en estas nos andamos los
amantes de la Biblia) y hacer del texto original texto de meditación, tocando
con las yemas de los dedos cada palabrita. Entonces el texto sagrado resulta
ser una secreta carta de amor. ¿Lectura subjetiva y caprichosa? El amor es el
capricho de Dios.
Aquí va, al final de Ramos, Mateo 21,1-11.
Yo
lo he sentido venir
suave
sobre una borrica,
la
burrita iba ataviada
con
mantos de tela fina.
Parecía
un caminito
cada
línea de mi biblia:
por
aquellos senderillos
yo
veía que venía.
Decídselo
que ya viene
mi
corazón repetía,
a
la hija de Sión
como
dijo Zacarías.
Yo
iba leyendo y leyendo
en
griego y… en poesía,
y
para verle mejor
de
nuevo a leer volvía.
Las
pezuñas del burrito
marcaban
música linda
a
compás de no sé qué
pisaban
verbos y líneas.
Y
el texto me iba diciendo
cosas
bellas y sencillas,
era
de noche y los ojos
ya
casi se adormecían.
Era
yo Jerusalén
cuando
esto acontecía;
y
seguro muy seguro
que
Jesús resplandecía.
Venía
con un abrazo,
me
dijo que me quería,
en
el griego de esa hoja
que
en mis manos yo tenía.
La
hoja se me ha volado
y
dentro va la homilía,
Gracias,
Jesús Nazareno.
mi
Rey de la profecía
Ya
me voy a descansar
contigo
en esta Vigilia:
ya
empezó Semana Santa,
seas
tú mi sabio guía.
Domingo
de Ramos, 2017, noche.
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