martes, 18 de abril de 2017

926. Cartas a Lidia. Jesús Resucitado, el racimo de todas las verdades



Cartas a Lidia.
Jesús Resucitado, el racimo de todas las verdades

(Al lector inteligente, sobre la identidad de Lidia 
Hech 16,14, véase en el blog, núm. 921)
De Marco Ivan Rupnik, s. j. 

Amada Lidia:
Quiero compartir contigo pensamientos pascuales. La semana pascual es única en el año; no acabamos de salir del divino trance de la resurrección, de ese momento sin tiempo en que Jesús surge del sepulcro y el corazón se queda sencillamente con él pues él lo ha atraído a sí. Cada día de esta semana proclamamos y contemplamos en la Eucaristía una escena evangélica de la resurrección. Semana contemplativa, semana que unifica nuestro corazón en él; en suma, semana de luz de gozo y de paz. Nuestra psicología es lábil y tornadiza; no puede uno, bajo su propia égida, retener sentimientos placenteros que en determinado instante lo transportan y sacian, como si fuese atisbo de una gracia espiritual, y acaso ellos mismos gracia del Espíritu. Mis propios sentimientos, parte de mi yo, no son todavía mi último yo. En los 50 días de Pascua ni se lee el Antiguo Nuevo Testamento, solo el Nuevo, cumplimiento de las promesas de Dios. Pero esta semana es del todo singular.
Lidia: El Señor ha resucitado, y nuestro deseo más puro es contemplarle, amarle…, sencillamente dejarnos llevar…
En esta fe que compartimos tenemos los textos de la Escritura, día a día, y podemos disfrutar de maravillosas páginas de la tradición sagrada. La Liturgia ha rescatado a S. Melitón, Obispo de Sardes (Asia Menor), siglo II. Sublime el texto de ayer, “Encomio de Cristo” en una especie homilía Pascual hímnica (La misma homilía de la que leemos un fragmento en Jueves Santo. Son los Dios textos que tenemos de Melitón de Sardes en la Liturgia). Quería citar alguna frase…, pero me parece un pecado no trasladar el texto entero (si bien sea extracto) y disfrutarlo, leyéndolo juntos, tú y yo. Tú y yo, sí, en medio de la asamblea cristiana.
* * *
Entendedlo, queridos hermanos: el misterio pascual es algo a la vez nuevo y antiguo, eterno y temporal, corruptible e incorruptible, mortal e inmortal.
Antiguo según la ley, pero nuevo según la Palabra encarnada; temporal en la figura, eterno en la gracia; corruptible en cuanto a la inmolación del cordero, incorruptible en la vida del Señor; mortal por su sepultura bajo tierra, inmortal por su resurrección de entre los muertos.
La ley, en efecto, es antigua, pero la Palabra es nueva; la figura es temporal, la gracia es eterna; el cordero es corruptible, pero incorruptible es el Señor, que fue inmolado como un cordero y resucitó como Dios.
Dice la Escritura: Era como cordero llevado al matadero, y sin embargo no era ningún cordero; era como oveja muda, y sin embargo no era ninguna oveja. La figura ha pasado y ha llegado la realidad: en lugar del cordero está Dios, y en lugar de la oveja está un hombre, y en este hombre está Cristo, que lo abarca todo.
Por tanto, la inmolación del cordero, la celebración de la Pascua y el texto de la ley tenían como objetivo final a Cristo Jesús, pues todo cuanto acontecía en la antigua ley se realizaba en vistas a él, y mucho más en la nueva ley.
La ley, en efecto, se ha convertido en Palabra, y de antigua se ha convertido en nueva (y una y otra han salido de Sión y de Jerusalén); el precepto se ha convertido en gracia, la figura en realidad, el cordero en el Hijo, la oveja en un hombre y este hombre en Dios.
El Señor, siendo Dios, se revistió de naturaleza humana, sufrió por nosotros, que estábamos sujetos al dolor, fue atado por nosotros, que estábamos cautivos, fue condenado por nosotros, que éramos culpables, fue sepultado por nosotros, que estábamos bajo el poder del sepulcro, resucitó de entre los muertos y clamó con voz potente: «¿Quién me condenará? Que se me acerque. Yo he librado a los que estaban condenados, he dado la vida a los que estaban muertos, he resucitado a los que estaban en el sepulcro. ¿Quién pleiteará contra mí? Yo soy Cristo -dice-, el que he destruido la muerte, el que he triunfado del enemigo, el que he pisoteado el infierno, el que he atado al fuerte y he arrebatado al hombre hasta lo más alto de los cielos: yo, que soy el mismo Cristo.
Venid, pues, los hombres de todas las naciones, que os habéis hecho iguales en el pecado, y recibid el perdón de los pecados. Yo soy vuestro perdón, yo la Pascua de salvación, yo el cordero inmolado por vosotros, yo vuestra purificación, yo vuestra vida, yo vuestra resurrección, yo vuestra luz, yo vuestra salvación, yo vuestro rey. Yo soy quien os hago subir hasta lo alto de los cielos, yo soy quien os resucitaré y os mostraré el Padre que está en los cielos, yo soy quien os resucitaré con el poder de mi diestra.»

* * *

Feliz día en que la renovación del Breviario nos trajo abundancia de páginas que desconocíamos (Esta homilía, conocida en parte, se descubrió en 1940, texto escrito en un papiro).
Lidia: Hoy en la Iglesia se está prestigiando a la Mujer Teóloga, y mucho más desde que en el cielo de la Sagrada Cátedra tenemos a Mujeres Doctoras. Teresa de Jesús, Catalina de Siena, Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz… ¡Enhorabuena, muy bienvenidas! La voz femenina tiene un algo que no tiene la voz del varón, como es diferente un “Victimae paschali laudes” entonado por un coro de recios varones, o angélicamente cantado por voces de mujer, ¡tan diferente con la misma letra, y con la misma música!
Ojalá que tu propia experiencia, tu vivencia tuya, pueda trasvasarse en Teología, ser escanciada en este licor que renueva nuestra juventud. Pero déjame decirte, con la verdad pura del amor: Si eres Teóloga, no comiences por el feminismo, por la Liberación, por las Periferias existenciales… Si eres Teóloga, no pretendas que tu firma vaya a los periódicos. Si acaso sentiste esta llamada carismática – pues hacer teología es “carisma” desde san Pablo – empieza por el camino de la pureza, del amor, de la humildad; empieza, continúa y termina por este camino. ¿Se puede ser teólogo o teóloga, con una mente esplendente, y con una vida quebrada por la infidelidad? Solo los humildes pueden hacer teología, solo los santos… La teología no es biblioteca y erudición, a la que instintivamente somos proclives, con un sutilísimo anhelo de reconocimiento y vanidad… Estoy diciendo estas gruesa verdades, que pueden espantar, al tiempo en que me dispongo a tejer el bastidor de la Teología de la Resurrección. Compréndeme, hermana; es puramente el anhelo de esa figura de teólogo lo que ahora me impulsa a no cortar este escrito y seguir amorosamente pensado sobre el Cuerpo del Señor Viviente, racimo de todas las verdades. Sigamos, pues,

* * *
1. La verdad central de nuestra fe no es el Misterio Trinitario: Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo, tres Personas distintas y un solo Dios verdadero. La verdad central de nuestra fe es la Historia de Dios con nosotros. Y esta verdad tiene un punto cenital: Jesús-Mesías de Israel ha resucitado.

2. El hecho de que Jesús haya resucitado es la verdad total y originante de las demás: En la resurrección de Jesús hemos conocido su divina filiación, y hemos tenido acceso al Padre y al Espíritu Santo. La Trinidad se nos ha descubierto en la Resurrección.

3. Y en la resurrección se nos ha descubierto el sentido de la revelación, todo lo que Jesús nos dijo y nos quiso decir, en la Resurrección… En la resurrección ha quedado patente lo que querían decir la Escrituras. En la Resurrección de Jesús cobra sentido la Alianza, columna vertebral del Antiguo Nuevo Testamento. El Dios de la Alianza es el Dios fiel. Ahora, sí, podemos leer este Antiguo Nuevo Testamento.

4. Y más en particular: Ahora sí podemos leer el Evangelio, o mejor, escribirlo y leerlo. Solo desde la Resurrección se pudo escribir la Historia de Jesús, lo que él “hizo” y “enseñó”. Solo desde la Resurrección pudo Marcos escribir la primera línea de su Evangelio: COMIENZO DEL EVANGELIO DE JESUCRISTO, HIJO DE DIOS.

5. Desde la Resurrección, solo desde la Resurrección, puedo identificar a la “madre de Jesús”. Y solo en la resurrección he podido ver que la que conoció verdaderamente al Hijo de Dios es Virgen y es verdaderamente Madre. (Luego en la Resurrección descubriremos que María es Asunta y glorificada con su Hijo). Toda la mariología es esencialmente mariológica, puro despliegue de Cristo Resucitado. Separada de él, “a se” María no existe.

6. Solo desde la Resurrección puedo leer a San Pablo – primer Creyente Teólogo del Misterio cristológico – a San Pedro, a San Juan (Cartas y Evangelio), al Apocalipsis.

7. Solo desde la resurrección puedo celebrar la Eucaristía, núcleo de todos los Sacramentos de la Iglesia.

8. En suma, solo desde la Resurrección de Jesús, puedo pronunciar la palabra “Ekklesía”, que es la comunidad del Resucitado en espera de la Parusía…

9. Y, si quieres, solo desde la Resurrección de mi Señor Viviente un día me encontré a mí, y un día te encontré a ti, Peregrina de la  misma fe, comensal en el mismo banquete de amor.

Y cuando llegues aquí, amada Lidia, háblame, sí, de las Periferias existenciales y del puesto de la Mujer en la Iglesia. O, mejor: No me hables, hazte tú misma periferia existencial, desaparece…, y consagra tu vida a los más humildes de la tierra. Quizás, sin palabras, lo estás haciendo.

Es lo que quería decirte en la santa Pascua del Señor Jesús. Al decírtelo, me lo estoy diciendo a mí; porque tu acogida cristiana es para mí una inmensa concha de resonancia, y mi voz, a través de tu escucha, regresa a mí, hermoseada por tu propio eco.
Unidos en el Señor, recibe mi abrazo pascual

Rufino M.

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