Es suave sin
nunca herir
Es suave sin nunca
herir,
y deja segura al
alma,
deleitosa con
deleite
que sacia y que no
empalaga.
Es el yo en el
propio yo,
que anula sospecha
mala,
es simple estar
sin cansar
como el agua clara
y mansa.
El miedo se
desvanece,
y el pasado entra
en calma,
la muerte no es
enemiga,
sino enfermera y
hermana.
Y en este instante
divino
se juntan hoy y
mañana,
con Dios, ternura
a la vista
no hay balance,
sino gracia.
Jesús presente me
tiene
muy hermosa la
mirada,
divina serenidad
y el gozo que el
cuerpo baña.
Humildemente
feliz,
no busco ni quiero
nada;
a ti te tengo,
Jesús,
tú serás mi sola
fama.
¡Sea mi Dios
admirable,
todo Dios aquí en
mi entraña,
por los siglos de
los siglos,
seré gloria y
alabanza!
24
de abril de 2017, lunes de la II semana de Pascua
(San
Fidel de Sigmaringa, capuchino)
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