jueves, 13 de abril de 2017

921. Cartas a Lidia. Eucaristía de Jueves Santo



Eucaristía de Jueves Santo

(Nota al lector. “Cartas a Lidia”, aludiendo a la primera mujer de Europa que recibió el Evangelio por la predicación de Pablo en Filipos, según Hech 16,14, son unos escritos dirigidos, años atrás, a las hermanas clarisas capuchinas de la “Casa de Formación Santa Verónica”, Lago de Guadalupe, Cuautitlán Izcalli, Edo. de México).

Amada hermana:
*. Jueves Santo lleva dentro y produce una sensación que no tiene otro día del año. ¿Qué es esto? Lo que tú sientes y yo comparto.
¿Me lo puedes explicar tú? Pues yo tampoco. Pero tratemos de aproximarnos al aura del misterio... Lo acabo de decir, y quizás sea la puerta áurea para empezar hablar. Jueves Santo está bañado con el aura del misterio. Y el misterio de esta tarde es que Jesús, que se va, se ha quedado entre nosotros.
Mira, querida Lidia, la Eucaristía no es que Jesús se ha quedado; no. El misterio de la Eucaristía es que Jesús se ha quedado porque se ha ido. La Eucaristía une dos presencias en una: que Jesús se va y que Jesús se queda. Está el que se ha ido; se ha ido el que se queda. Es pues, querida hermana, esta tensión de “irse” y “quedarse” el misterio constitutivo del sacramento.

*. Vamos a compartirnos este misterio que tenemos los cristianos, solo los cristianos. Nuestra religión es histórica, porque se basa en la presencia histórica (es decir, nacimiento, vida y muerte) de Dios humanado. Un Dios historia como la mía, con la sublime diferencia de que él es Dios y yo soy puramente hombre; hombre, ciertamente abierto a la inenarrable plenitud de lo divino.
Llega un momento en que esta historia se concluye. No…, no puede concluirse. Es una historia que avanza hacia el misterio eterno, pero historia nuestra, historia enraizada en esta tierra, y que, por tanto, tiene que seguir siendo.
Abre tu corazón, hermana mía, al asombro. Creo que no seré un hereje anatema, si digo con humildad, no con solemnidad, que, desanclada la Encarnación como historia de Dios con nosotros, no puede haber Encarnación sin Eucaristía. La Encarnación es de cielo a cielo, desde el día en que Dios Amor la decreta hasta el día en que regresa a su origen, cuando Dios sea todo en todos. La Encarnación abarca el inicio, el medio y el retorno.

*. Van a terminar los días breves de Jesús, en los cuales él hizo su historia de amor, Se va: ¡no puede irse! Eso es la Eucaristía: la historia de la Encarnación latiente, no puede irse; tiene que estar en toda la trayectoria de la Encarnación, porque él es Dios encarnado y definitivamente para siempre.
Pues vean, el último tramo de la encarnación, se llama eucaristía. ¿Me comprendes? Me parece que estamos en sintonía. ¿Qué otra cosa, si no, puede significar el primer testimonio de la Eucaristía, el que nos dio Pablo en la primera a los Corintios, como hemos leído esta tarde? Escuchemos:

“Porque yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, tomó pan y, pronunciando la Acción de Gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía». Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía». Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva” (1Cor 11,23-26).

*. Así pues, podríamos decir que, dentro de la fe, la Eucaristía es la pura historia de Dios con nosotros, historia que pertenece al misterio mismo de la Encarnación.
Desde la Encarnación podemos hablar de la Eucaristía.
El Antiguo Nuevo Testamento nos ha mostrado una verdad central, que es esta: la Inmanencia de Dios en la historia. Esta es la vedad-real que impregna todas las páginas de la biblia. Dios es no “Dios en sí”; Dios es “Dios con nosotros”. Por lo mismo, Dios revelado, es Dios amor, Dios esperanza, Dios principio, Dios destino, Dios es “mi Dios”, Dios es “nuestro Dios”. El Dios a quien se puede orar y adorar; el Dios por quien se puede morir, porque es el Dios a quien se puede amar. Es el Dios de la Encarnación.

*. La Eucaristía nos está diciendo: creed en la Encarnación, historia inmanente de Dios con el hombre. La Eucaristía no puede desparecer, porque desaparecería la Encarnación.
Esto es la Eucaristía, amadísima Lidia. La Eucaristía es para celebrarla, ante todo para celebrarla; y al celebrarla, la comulgamos. La Eucaristía es para contemplarla, adorarla, agradecerla… y para eso la guardamos en el Sagrario, receptáculo  de nuestra celebración.

*. Con todo esto, quiero decirte que la Eucaristía debe llevarnos, de su propia mano, a un éxtasis de amor, dado que la Eucaristía es misterio unitivo.
Si Dios es historia, y la historia real de Dios con nosotros, es el alma de la Eucaristía, abramos los ojos: la historia es encuentro.  Encontré al amor de mi alma y no lo soltaré, dice el Cantar de los cantares.
Una vivencia personal de la Eucaristía es esto: haber encontrado al amor de mi alma y no soltarlo jamás.
Se comprende que la Eucaristía sea el último sacramento que recibe un cristiano, antes de cruzar la barrera de la muerte, y entrar en el abrazo.
El encuentro – bien lo sabemos, Lidia, si entiendes de amor, ¡que sí entiendes! – es un dejarse llevar en balanceo: yo y él, él y yo, sin nada decir, flotando en alas de ese sentimiento que nos diviniza. Las raíces divinas que trajimos a este mundo se remueven, y quieren ser floración. Nacer del amor para el amor, vivir en el amor, abocados al amor infinito, sin noche ni variaciones. La Eucaristía contemplada nos lanza al Dios de la luz.

*. Pensamientos de Jueves Santo, te decía, pensamientos que se gustan y no se acaban.
Si un día nos encontramos tu y yo, en el amor de Cristo, te diré (te recordaré) lo que dice la Plegaria Eucarística para que se realice: “seamos en Cristo (tú yo, la comunidad santa de Jesús) un solo cuerpo y un solo espíritu”. ¡Cómo me inspiró hace muchos años esta frase cultual, de lo que busca la Eucaristía en la comunidad cristiana! Hacer de esta comunidad la comunidad celestial de Jesús Mesías, de Jesús, pionero de la Nueva y eterna alianza.

*.  Noche de Jueves Santo. Quiero terminar antes de dar reposo a los ojos cansados.
Cuanto de amor se puede pensar por los audaces amadores de esta peregrinación humana, amada Lidia, nosotros lo tenemos en la Eucaristía. Misterio de los Misterios, carne de nuestra carne, cercanía hasta la pura y simple intimidad.
Callen las palabras. Quede en silencio la poesía. Suene la música con otra melodía de los adentros.
Dios es amor, porque es Encarnación-Eucaristía.
Lidia, recibe mi abrazo más sincero
Rufino María Grández

Guadalajara, Jalisco, Jueves Santo 2017.

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